¿De qué color tiene que ser la vida para que tenga importancia?

He hecho un pequeño experimento con varias personas muy cercanas a mí, y es lo que voy a compartirles en este escrito. Consistió en hacer una lista con las cosas —materiales o no— que les sugerían nueve colores: blanco, negro, rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, violeta y carmelita. Como pueden ver, excepto por los dos primeros y el último, el resto son los colores del espectro visible, con la ausencia del cian, que es un tipo de azul. Este fue el resultado —de los que participaron—, con mis propias adiciones y comentarios:

Blanco: paz, tranquilidad, salud, collar de perlas, blusa, medias, alma, dormir, alas, pureza, vestido de novia, olas, espuma del mar, almohadón de plumas, luz natural, transparencia, sinceridad, batas (de profesionales: médicos, científicos, farmacéuticos, ingenieros), dientes sanos, pastillas, otra dimensión, nubes, hielo, nieve, diamante, la Luna.

Rojo: sangre, ojos, espada, amor, pasión, San Valentín, Navidad, herida, cartera, mandarina, naranja, candela, alegría, frutas, zapatos caros, algo intenso y pasional, sexo, calor, ira, rosa, marpacífico, una estrella, rubí, lava, melón, guayaba.

Anaranjado: barco, mango, frutas maduras, puesta del sol, Halloween, calabaza, margaritas del Japón, bijol, alegría, dulce, naranja, mandarina, zanahoria, fruta bomba/papaya.

Amarillo: girasol, caliente, Caridad del Cobre, prosperidad, pulsera, el Sol, oro, día, alegría, calor, perla, ámbar, magma, pirámide, calabaza, mantequilla, mango, manzana, plátano (maduro), melón de Castilla, pollito, yema del huevo.

Verde: suerte, esmeralda  en joyas, naturaleza, envidia, San Patricio, paz, esperanza, vegetación, mar, montaña, sabana, turquesa, jade, aguamarina, algas, aguacate, plátano.

Azul: mar, avión, cielo, ropa, pintura «Aguas territoriales» de Luis Martínez Pedro, calma, ojos, zafiro, lapislázuli.

Violeta: neón, flor, electricidad, San Lázaro, iglesia, vestimenta de los obispos, puesta del sol, agua de colonia, químico marca Fabuloso, sofisticación, relativo a la galaxia/ondas espaciales, flor, amatista, bayas, uva.

Carmelita: cabina (cabaña), bosque, chocolate, café, zapatos, cartera, cinto, tierra /suelo, ropaje de monjas, café (instantáneo), (helado de) chocolate, otoño, montaña, arrecife, Cañón del Colorado, topacio, árbol.

Negro: camisa (le gusta la ropa negra), sombra, espejo, muerte, tristeza, funeraria, reloj, zapatos, azabache, noche, luto, elegancia, tormenta, ébano, zapatos de charol, sobriedad, profundidad, neumático, petróleo, el cosmos, agujero negro, abismo, lo desconocido, carbón, perla, coral.  

En el concepto de color, el blanco es la fusión de los colores. Según explicaciones de la NASA, la luz del sol se ve blanca, pero en realidad está compuesta por todos los colores del arcoíris, del rojo al violeta, pasando por el naranja, amarillo, verde y azul, y todos sus matices. Pero su definición lo cataloga como acromático, o sea, sin color. Así que, me pregunto: ¿no es un color, entonces? El blanco de la luna es el reflejo de la luz que le da el sol, que es amarillo, así que nuestro satélite  no lo crea por sí mismo; es prestado.

El diamante, caro y preciado, es, en verdad, transparente, una vez que se saca de algo mucho más corriente: el carbón.

Pero, ahora, viremos la tortilla. El recurso natural más preciado es el agua, incolora sí, aunque recordemos cuál es la reserva de agua potable que tiene la Tierra: el hielo, los glaciares  que, no tengo que decirlo, son blancos.

El color de la vida, por mayoría, es el rojo, porque es el que tiene la sangre cuando se pone en contacto con el oxígeno. El líquido que oxigena el cuerpo y transporta los nutrientes. Roja es la lava que al ver en una erupción nos demuestra la vida latente en las entrañas del planeta, aunque el magma, la roca fundida dentro, es mayoritariamente amarillo.

Todos nos extasiamos con el cielo. El color del cielo es resultado de la gran interacción de la luz solar con la atmósfera, al dispersarse en todas direcciones y encontrarse con los gases y las partículas del aire. La luz azul se dispersa más fácilmente que otros colores porque está compuesta de ondas cortas y más pequeñas. Este es el motivo por el que vemos el cielo azul la mayoría del tiempo. Por su relación, de aquí podemos saltar al mar, que tanto nos fascina; su color es el reflejo del cielo, aunque, de acuerdo con la profundidad, los tonos pueden variar hasta, incluso, en verde. Ya los temas del Mar Negro y el Mar Rojo es otra cosa. Como dice el viejo cliché: el mar es fuente de vida.

Dos colores que se asocian, precisamente, a la vida son el verde y el carmelita o marrón. El color verde es el que, de entrada, asociamos a la naturaleza, a la flora. Sin dar una lección de botánica, sabemos que las plantas tienen ese tono debido a la clorofila que es, para las plantas, lo que para animales y personas es la sangre. Empuje de vida y genética. La vegetación es el motivo por el cual podemos respirar lo que necesitamos para vivir: oxígeno. Porque ellas nos lo brindan como regalo de su propia respiración. ¿No es eso, asimismo, una fuente de vida?

En la naturaleza las plantas que nos brindan alimentos son de todos los colores imaginables. Y esos alimentos lo son también.

El carmelita o marrón es el color que con más rapidez asociamos a la tierra, la que les posibilita a las plantas existir, pues ella brinda el sustento de la flora, que luego nos va a dar los frutos que necesitamos para alimentarnos. Una cadena  perfecta, llena de colores. Ese color también lo asociamos a los cuerpos leñosos de las plantas, los árboles para ser más específicos. Y ya de ellos no voy a hablar, porque son una parte importante de quienes nos ofrecen los alimentos de la tierra.

Además, la tierra es la fuente de los recursos naturales, esos elementos que estamos exprimiendo hasta agotarlos y que vienen de la roca. Entre esos recursos los colores abundan, lo mismo para los nativos que para los mezclados con mena. De ellos se sacan los metales y no metales, sin los que no tuviéramos ¿cuántas cosas en nuestra vida? Miren a su alrededor. El oro, el platino, el diamante, el hierro, el carbón, todo eso que tanto valoramos está en esa masa que la naturaleza ha cocinado por milenios y milenios. También las que llamamos piedras preciosas, que tanto se persiguen para joyería, de las que mencioné algunas anteriormente.

También la tierra pudiéramos asociarla a las montañas, símbolo indómito en la naturaleza que muchos desean dominar (léase escalar o subir). Las montañas, no obstante, pueden vestirse de variados colores en dependencia de la vegetación que haya o dada la carencia de esta. En el último caso, su composición mineral le daría su color.

He sido recurrente con el diamante, pues lo he mencionado ya un par de veces. Es un elemento que lo ponemos en muy alta estima como de lo más valioso que tenemos. Y proviene del carbón, que es negro. Este color se define como la ausencia de luz. Y ya que menciono una de las fuentes naturales de energía, la cual sigue teniendo importancia económica en nuestros días, cabe recordar que la número uno que mueve nuestra vida, nuestro planeta, sin la cual todavía no podemos vivir, es el petróleo, que es negro.

La naturaleza, de la cual venimos y a la cual regresaremos, no distingue colores en su paleta de pintor perfecto. Tonos y componentes se entremezclan sin establecer primacía de uno sobre otro. Las flores son de disímiles colores. A veces en una misma se combinan varios colores. O diferentes tonalidades.

Los atardeceres y los amaneceres están llenos de colores, a veces entremezclados, sin que se pueda decir dónde comienza uno y sigue el otro. En medio de una noche puede suceder una aurora boreal, que es un espectáculo colorido considerado ser uno de los más bellos que acontece en la Tierra. Sin el día no tenemos ni el sol ni todas las cosas bellas que la naturaleza nos muestra. Sin la noche no tenemos ni la luna ni las estrellas que a tantos inspira para muchas cosas.

Y ya que nos conectamos al espacio sideral, las estrellas tienen varias clasificaciones. Hay enanas blancas, rojas y azules. En contraposición, gigantes que son rojas, estrellas masivas azuladas, y estrellas masivas y protoestrellas violáceas. Las supernovas son un reguero de colores. Y los huecos negros —cuyo color es obvio, pero no tanto— son de lo más perseguido en el cosmos por los astrónomos.

Si nos vamos al reino animal seguimos la rima con los colores. El elefante, el animal terrestre más grande del planeta, es gris. El león, bautizado desde tiempos inmemoriales como «el rey de la selva», es amarillo. El animal más grande del mar es la ballena azul; y ya dije su color. La serpiente marina de Blecher, cuyo cuerpo es una sucesión de anillos claros y oscuros, es la más venenosa del mundo. El halcón peregrino es considerado el animal más veloz del planeta. Su plumaje es una combinación de oscuro y claro. La orca, con fama de letal, lleva en su cuerpo la combinación del negro y el blanco, lo mismo que el teclado del piano, que es un invento del hombre. Y si de letales hablamos, mencionemos al tiburón blanco, el depredador marino más temido por el hombre, o a la viuda negra, que de igual forma lleva su fama de venenosa.

Es el hombre quien le ha asignado simbología a los animales, considerando que la paloma blanca es la representación de la paz. No obstante, animales pacíficos y que nos generan bienestar interior los hay de diferentes colores, como el colibrí, los pollitos, el delfín o una mascota de cualquier color. 

De las invenciones del hombre no voy a hablar, porque su vanidad es el motivo de este escrito. Sin embargo, el símbolo del yin y el yang, por ejemplo, dos conceptos del taoísmo usados para representar o referirse a la dualidad que esta filosofía atribuye a todo lo existente en el universo, va de color blanco y negro. Con él se describe las dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. ​

Hay, finalmente, un color no incluido en la lista pero que tendrá su espacio aquí: el gris, el color de la masa encefálica, el órgano rector del cuerpo. El que usamos para filosofar sobre esa línea difusa entre lo negro y lo blanco: «la vida está llena de grises».

Si hay tanto de maravilloso y diverso en los colores de la Naturaleza, ¿quién le dijo al ser humano que ser blanco o negro o de cualquier otro color de piel es trascendental en este planeta, cuando hay cosas mucho más trascendentales que se visten de miles de colores? ¿Cuán pretensioso puede serse que un tinte monótono, monocromático, parejo casi debería ser premisa de comportamiento y adquisición de derechos? ¿O motivo para etiquetar a una raza de mejor y odiar todo lo demás que no sea esa raza?

  • Si el sol se extingue todos morimos.
  • Si la luna se desploma, morimos.
  • Si el aire se satura de veneno, morimos.
  • Si se acaba el agua, morimos.
  • Si se seca la tierra, morimos.
  • Si se extingue la vida…, ¿podría suceder alguna otra cosa que no fuera fatal?

No importa de qué color sea tu piel.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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