¿TEORíA DE CONSPIRACIóN O LAVADO DE CEREBRO?: Una canción de la banda Scorpions para la CIA.

El 16 de julio del 2010 estuve en el concierto de Ratt y Scorpions que tuvo lugar en el Bayfront Park de la ciudad de Miami. Ratt abrió el programa, un buen comienzo para recordar un grupo que estuvo en los listados de éxitos sobre todo en los 80. Luego, le siguió Scorpions, con el cual cantamos y «rockeamos» aquellos éxitos que han paseado a esta banda alemana desde los 70, llevados de la voz de Klaus Meine y la guitarra de Rudolf Schenker , compitiendo con el sonido ensordecedor de aquel sistema de audio.

Entonces, encuentro este artículo escrito por Andrea Marks para Rolling Stone  online en julio de este año: «¿Pudo la CIA  haber sembrado propaganda de hair-metal durante la Guerra Fría?» El hair metal o glam metal es un subgénero musical del heavy metal que combina aspectos sonoros del heavy metal tradicional, hard rock , punk y del pop, con la apariencia visual del glam rock.

El artículo cita un archivo de audio para internet producido por Spotify, Pineapple Street Studios, and Crooked Media, titulado Wind of Change, colgado por el colaborador de The New Yorker nombre Patrick Radden Keefe. Según el autor, la canción homónima del grupo Scorpions podría haber sido una invención de la CIA para penetrar el este europeo en la lucha de las potencias occidentales contra el comunismo.

Esta balada, que considero ser muy hermosa en el rock, se le atribuye al cantante de Scorpions, Klaus Meine, quien la habría escrito durante el Moscow Music Peace Festival de 1989, cuando bandas como Bon Jovi, Mötley Crüe, y Skid Row, entre otras, tocaron allí.

Klaus se habría inspirado en los «aires de cambio» que estaba experimentando Europa del este en su paso al capitalismo, por eso la alusión en la letra a cosas como «unión» y «los niños del mañana». Sin embargo, esa publicación aduce que el cantante podría no ser al autor.

En el género rock, Wind of Change es clasificada como power ballad. Aparece en el onceavo álbum de estudio de la banda, titulado Crazy World de 1990. Fue puesta en el mercado como el tercer sencillo del mencionado disco, en enero de 1991, convirtiéndose en un éxito internacional que vendió alrededor de 14 millones de copias. Esto puso la canción en la lista de los sencillos más vendidos de la historia, y le dio el récord de «sencillo más vendido» para un artista alemán.

Keefe comenta: «Escuchar una canción te afecta emocionalmente, casi psicológicamente. Hay una tendencia natural a desear que exista una interacción entre la canción y quien la escucha. Parte de lo que quise hacer (con el archivo de audio) fue apuntar que, durante la Guerra Fría hubo momentos muy complicados y el gobierno metió su mano». Keefe opinó sobre lo que podría significar que una balada como esta haya sido escrita por el gobierno norteamericano.

La publicación auditiva expone la influencia cultural que el gobierno norteamericano había ejercido antes, como en las décadas de los 50 y los 60, cuando el presidente Eisenhower envió a los jazzistas Dizzy Gillespie y Louis Armstrong  a introducir el arte estadounidense en la audiencia del Medio Oriente y África, respectivamente.

Keefe, en su libro Chatter de 2005 sobre la National Security Agency (NSA – Agencia de Seguridad Nacional), ya había expuesto la infiltración gradual de la música occidental en la Unión Soviética: en los 70, los soviéticos escogieron a los roqueros country del sur de California the Nitty Gritty Dirt Band para dar a conocer el rock & roll en la URSS, tras rechazar el «escandoloso y pasional rock duro» de the Doobie Brothers, y hacer lo mismo con the Beach Boys debido a sus letras llenas de carros y chicas.

A la pregunta de Rolling Stone (RS) «¿Cuál crees que sea el mayor desafío en hacer esto?», Keefe respondió: «Principalmente, el secretismo, contar sobre historias encubiertas sin dar la impresión de que se mira desde fuera. Esta no es una historia sobre Scorpions solamente. Hugh Wilford, un profesor de historia en la California State University de Long Beach, descubrió que Nina Simone  había sido enviada a Nigeria por la CIA en 1961 sin su conocimiento. Esto me conmovió mucho, pues crecí escuchándola. Y estoy seguro de que se hubiese enfurecido de haberlo sabido».

Keefe confesó que él entrevistó, para este trabajo, más exagentes de la CIA de los que se mencionan en la publicación. «Fue un lento proceso», dijo. «Pienso que la comunidad de inteligencia es como cualquier otra subcultura. Fue particularmente espinoso, porque no quisimos decirle a la gente de forma abierta que estábamos haciendo un trabajo para determinar si Wind of Change había sido escrita por la CIA o no. Si tú dices eso al comienzo, nadie va a decir que sí».

Algunos de los encuestados no fueron muy abiertos, pero otros, como Jonna Mendez, la ex jefa de cambios de identidad de la CIA (Chief of Disguise) en la Oficina de Servicio Técnico (Office of Technical Service), a quien se le comparaba con el personaje “Q” en las novelas de Ian Fleming, y que también trabajó como especialista de fotografía clandestina, ha dado incluso entrevistas para TED Talks, una organización mediática norteamericana que publica conversaciones online gratis, bajo el eslogan «las ideas merecen ser difundidas».

No obstante, Jonna tampoco podía ser muy abierta en todas sus declaraciones. Según Keefe, Jonna podía dar todo tipo de información, pero cuando se le preguntaba en qué país había estado, ella decía: «Tienes que borrar eso. No te puedo decir dónde yo vivía hace veinticinco años porque es información confidencial».

A la pregunta de RS, «¿Te sentías como siguiendo una teoría de conspiración o una pieza en la historia de la música?», Keefe respondió: «A veces sentía que estaba persiguiendo una información fascinante sobre historia de la música, otras como si estuviese detrás de una loca y duradera teoría conspirativa del gobierno, y a veces pensaba que era uno de esos teóricos de la conspiración llevando un casco de aluminio contra las ondas de control de la mente».

Keefe tenía poco conocimiento del tema antes de hacer su publicación, aunque había hecho ciertas investigaciones. Se había leído el libro de Frances Stonor Saunders, Who Paid the Piper?: CIA and the Cultural Cold War —publicado en 1999, traducido en español en 2013 bajo el título «La CIA y la guerra fría cultural»—, en el que se cuenta sobre una élite de blancos forjados en Yale que trabajaban para la CIA durante los cincuenta y sesenta, enfocados en el expresionismo abstracto, el Paris Review, y el jazz, para quienes el uso de «alta cultura» debía ser el vehículo de penetración. Solo que, para los noventa, la CIA no podía confiar en usar las pinturas de Jackson Pollock para ganar la Guerra Fría.

«Lo que me aterra», continúa diciendo Keefe, «es cuestionarme la reacción natural que tengo al escuchar una canción por saber que el gobierno está detrás de ella».  

Keefe le comentó a RS que mucha gente, incluyendo agentes de la CIA, se asombraron de lo impresionante que sería reconocer esa teoría como válida: «¡Qué clase de operación psicológica!». Qué nivel de maestría: sacar la canción y enviarla a Rusia, y de pronto la mitad del país la estaba escuchando. Mas, para Keefe, es algo inquietante.

RS: ¿Piensas que esto es todo lo que harás sobre este rumor, o continuarás persiguiéndolo?

Keefe: Todavía no lo sé. Siento que he hecho lo que he podido como periodista, pero todavía quedan preguntas en mi cabeza. Me estás preguntando eso en un día bueno, porque acabamos de hacer la publicación. Pienso que esta parte del trabajo está hecho, aunque veremos cómo me siento cuando me preguntes de nuevo dentro de un tiempo.

Hay cientos de teorías conspirativas volando por el planeta desde hace mucho tiempo. Sobre todo en nuestros días de globalización y redes sociales en que —¡madre mía!— millones y cualquiera cuelga algo dondequiera diciendo lo que sea.

Si esta fuera cierta, me hace pensar que es una paradoja peor que las de los viajes en el tiempo: el rock fue influencia satánica-progresista desde sus inicios —por allá, cuando Chuck Berry hizo de la guitarra eléctrica su núcleo, y las raíces se consideraban de corte «racial»—y hasta los setenta, cuando se manipuló para enterrar el Disco, al que también condenaron. Las administraciones también trabajaron para impedir su influencia sobre las jóvenes generaciones que querían modelar según el statu quo.

¿Y luego usaron el rock para inyectar la doctrina occidental? Como dije: una paradoja. Claro: es una ironía.

Espero y deseo que esta historia de Keefe termine siendo otra teoría conspirativa de alguien que quiere tener su tiempo de fama en la internet. ¿Por qué? Pues:  

  • Porque detesto que mi género musical preferido se haya manipulado para cumplir una agenda política.
  • Porque detesto que Scorpions, una de mis bandas preferidas, se haya prestado para dejarse manipular en aras de cumplir una agenda política.
  • Porque detesto que Wind of Change, una de mis baladas preferidas de Scorpions, que debió haber sido un canto a los cambios y la hermandad, sea un producto manipulado para cumplir una agenda política.

Lo alarmantemente significativo —para mí— es que uno de los temas favoritos de Klaus Meine es la política. Mmmm…

Pero, como ya dije, espero que sea otro invento, porque si no… ¡Qué chasco, Scorpions!

NOTA: Las fotos de Scorpions y Klaus Meine fueron tomadas por mí durante el concierto.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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