Adiós al más grande: La separación de The Beatles. Candlestick Park: el comienzo del fin (II).

En su artículo Remembering Beatles’ Final Concert, Jordan Runtagh describe casi cronológicamente los sucesos del espectáculo en el estadio.  

Gladiadores hacia la arena.

El avión fletado de los Beatles aterrizó en el Aeropuerto Internacional de San Francisco a las 5:30 de la noche siguiente. En lugar de la visión familiar de los fanáticos gritando, todo lo que había allí para reunirse con ellos era un equipo de la policía y miembros poco entusiastas de la prensa local.

Así lo recuerda Barry Tashian: «El semblante de los chicos era el de la anticipación del espectáculo final. Parecían visiblemente aliviados al saber que volverían pronto a casa».

Un autobús los llevó a todos directo al estadio, donde encontraron las puertas cerradas. «Todos nosotros en el autobús nos reíamos como locos», recuerda Tashian. «El conductor se dirigió al perímetro más exterior del estacionamiento y comenzó a conducir más rápido y más rápido alrededor del parque para escapar de los aficionados. De repente, en un intento por alejarse de un creciente ejército de fanáticos que seguían el autobús, salió del estacionamiento y condujo por el barrio cerca del parque. Estábamos paseando por las calles residenciales, casi se pierden».

Una vez dentro, los Beatles descendieron a los vestuarios, que habían sido equipados con pequeños lujos para servir como su área de vestidor privado. «Había un mantel blanco, un poco de comida, cerveza y algunos refrescos», recuerda el fotógrafo del periódico Jim Marshall.

El DJ local de KYA Radio, Emperor (Emperador) Gene Nelson, el maestro de ceremonias del programa, describió así la escena para The Beatles Off The Record de Keith Badman:

«El camerino era un caos. Había un montón de gente. La prensa trató de conseguir pases para sus hijos y el cantante Joan Baez estaba allí. Cualquier celebridad local que estuviese en la ciudad estaba en el camerino haciendo una fiesta. Estaban pasando un tiempo maravilloso, los Beatles se estaban divirtiendo, ¡mientras a mí se me congelaban las bolas en segunda base!».

El escenario estaba situado justo detrás de la segunda base en el campo, tenía cinco pies de altura y estaba rodeado por una cerca de alambre de seis pies de altura. Enseguida se hizo evidente que los fans iban a tener un momento difícil. Era una noche fría, nebulosa y ventosa, y las líneas de visión eran espantosas con el escenario establecido dentro de una jaula.

No obstante, los fieles que llegaron temprano decoraron las barandillas, las paredes delanteras y la parte trasera con cadenetas y carteles caseros en honor a sus héroes. Un «beatlemaniaco» particularmente irreverente mostraba un letrero proclamando: «Lennon nos salva».

Muchos hacían crujir los volantes promocionales que NBC-TV distribuyó por miles para promocionar su nuevo programa sobre una banda «con peinado de calabaza» que se estrenaba el 12 de septiembre que decían: «The Monkees Are Here».

Las actuaciones comenzaron a las 8 p.m., cuando la multitud se puso de pie mientras una banda local tocaba el Himno Nacional. Habría cuatro teloneros: The Remains, Bobby Hebb, The Cyrkle, y The Ronettes.

Había pocos trabajos más ingratos que ser un telonero en un concierto de los Beatles en 1966, pero las bandas de apoyo lucharon con todo contra las feroces ráfagas de viento que soplaban desde la bahía de San Francisco, agitando tormentas de polvo en miniatura a través del cuadro, para ser escuchados.

«No era el tipo de noche que te gustaría salir para un concierto al aire libre», recordaba Tony Barrow. El Emperador Nelson estuvo de acuerdo: «Como cualquier fanático de los Gigantes sabía, Candlestick Park en agosto, por la noche, era frío, brumoso y ventoso».

The Remains fueron los primeros en tomar el escenario. Tashian escribió sobre esto: «Un viento de mar salvaje soplaba en todas direcciones. El público estaba a unos 200 pies de distancia, mucho más lejos de lo habitual. Nos hizo sentir extremadamente aislados del público».

Según Marshall, el escenario estaba muy lejos de la llamativa pirotecnia de hoy y las extravagancias de Jumbotron. «El sonido era bastante primitivo y la iluminación era sólo luces de béisbol».

Después de que The Remains terminaron su presentación, se quedaron en el campo para respaldar a Bobby Hebb, quien cantó su reciente éxito Sunny, de lo cual Nelson recordaba luego: «Lo más gracioso de esa noche fue la actuación de Bobby Hebb. ¡Se puso de pie en el escenario, con la niebla y el viento soplando, a cantar Sunny!».

Sunny es una canción clasificada dentro del género Soul jazz, de seguro nada apropiada para cantarse bajo una ola de gritos que parecían «aviones despegando». En Cuba la recordamos más en la versión disco de Boney M.

Después le tocó el turno a The Cyrkle, una banda representada por el propio mánager de los Beatles, Brian Epstein, quienes habían puesto alto en las listas su éxito Red Rubber Ball, una melodía coescrita por Paul Simon y Bruce Woodley de The Seekers.

Finalmente, llegaron The Ronettes, que habían sido amigas de los Beatles desde antes de su primer viaje a Estados Unidos. Aunque no habían tenido un Top 20 en tres años, las dos bandas disfrutaban de la compañía del otro y los Beatles las trajeron.

La cantante Verónica Bennett fue excluida de la gira por su novio cada vez más celoso —y futuro productor de los Beatles— Phil Spector, quien estaba paranoico con que ella reviviera su aventura latente con Lennon. La prima de Bennett, Elaine Mayes, tomó su lugar.

Nelson recordaba: «Fue difícil de todos modos trabajar un estadio de béisbol como un MC —maestro de ceremonia—, especialmente porque los Beatles se estaban tomando su tiempo para salir. Estaba tratando de entretener a una multitud que gritaba: “Beatles, Beatles, Beatles”».

Mientras tanto, los Beatles mantenían vivo el sueño antes del espectáculo en su camerino, pero Tony Barrow detectó algo diferente en el aire a medida que se cambiaban para actuar. «Había una especie de cosa espiritual de fin de período en marcha. Y también había este tipo de sentimiento entre todos nosotros alrededor de los Beatles, de que este podría ser el último concierto que jamás harían».

El espectáculo de fenómenos.

A las 9:27, cuatro pequeñas figuras salieron del subterráneo de los Gigantes y caminaron a través del diamante bajo una ola de gritos que un asistente de Joan Báez más tarde describió «como nubes estallando». Los Beatles estaban rodeados por una guardia de policía de 200 miembros, y tenían un camión blindado Loomis encendido detrás del escenario en caso de que tuvieran que hacer una rápida salida.

Junto a sus guitarras y baquetas, llevaron cámaras para tomar fotos de la tribuna para la posteridad. En la foto más famosa de ese último concierto programado de los Beatles, sólo se ve a los tres guitarristas escoltados al escenario; McCartney va llevando una de las cámaras que él y Lennon usaron durante su presentación de 11 canciones.

George Harrison dijo en The Beatles Off The Record: «Antes de uno de los últimos números, preparamos esta cámara con el temporizador, creo que tenía un objetivo ojo de pez, una gran lente angular. Nos detuvimos entre melodías, Ringo se bajó de la batería, y nos quedamos frente a los amplificadores de espaldas al público y tomamos fotos, porque sabíamos que era el último espectáculo. Fue una decisión unánime».

Mientras enchufaban sus guitarras y hacían una rápida afinación, Barrow se situó junto al escenario y sostuvo su grabadora en alto. «Aunque no tenía posibilidades de hacer una grabación brillante del concierto, una cosa a mi favor era la gran distancia entre el escenario y las gradas en este lugar en particular», explicó más tarde.

«Debido a esto, supuse que podría ser capaz de capturar el sonido desde el escenario sin recoger demasiado de los gritos sin parar de los fanáticos que venían de las gradas. El hecho de que fuera un concierto al aire libre también ayudó. En un auditorio cerrado habría sido imposible captar el sonido de la música sin captar demasiado ruido de la multitud».

Barrow continúa contando en John, Paul, George, Ringo & Me: «Uno de los DJ estadounidenses en nuestro grupo de viaje, a quien le había impedido grabar un concierto anterior en la gira, me vio sosteniendo mi micrófono en el aire e imitando mis palabras de advertencia me dijo:

“Según órdenes de Brian Epstein no debe haber grabación de las actuaciones. Por favor, apague”. Con un dedo en los labios, le indiqué que se callara, pues no quería voces anexas en mi grabación “oficial” del concierto».

Más allá de luchar contra el viento, la banda lo hizo para ser escuchada por encima de su némesis familiar: los gritos. Era como pararse en una pista de aterrizaje llena de aviones despegando por todos lados. Junto con las armas de fuego, a los guardias de seguridad se les dieron bolas de algodón para taparse sus oídos en un intento por evitarles dolores de cabeza.

De hecho, según cuenta Harry McCune, Jr., el baterista Ringo Starr empujó el micrófono de pie de con contrapeso de tal manera, que cuando estaba listo para cantar, lo hizo por el contrapeso durante dos canciones, como una broma.

Pese a esto, Barrow observó en su John, Paul, George, Ringo & Me que «el espectáculo final vio tal vez una actuación un poco más enérgica de lo habitual de los Beatles, y fue más largo que su acostumbrada duración de 20-25 minutos. Apenas se detuvieron entre canciones, aunque su jugueteo en el escenario era notablemente más suelto y menos guionizado de lo normal».

La locura creció a medida que avanzaba el espectáculo. Cinco chicos corrieron al escenario en medio de Baby’s in Black, y más fans siguieron durante Nowhere Man. Otro grupo invadió el estadio al subir la altísima valla del jardín central. Claramente molesta, la banda miraba al camión blindado. Por si acaso.

Al introducir I Wanna Be Your Man, McCartney hizo una broma dirigida a Brian Epstein, al decir: «Nos gustaría hacer el siguiente número ahora, que es una petición especial de todos los “chicos de la trastienda” en esta gira… ¡I Wanna Be Your Man!».

«Chico de trastienda» —backroom boy— era el argot para homosexual, lo cual Epstein era. Pero el empresario fue el gran ausente de esa noche y la banda de seguro no sabía que todavía estaba en Los Angeles, lidiando con una gran crisis personal: un examante había robado su maletín lleno de píldoras legalmente cuestionables, cartas de amor homosexuales explícitas, fotos Polaroid vaporosas de sus jóvenes amigos varones, y más de 20,000 dólares en efectivo ganado en conciertos que debía ser entregado como un bono a la banda.

Si la noticia de cualquiera de estos artículos se filtraba a la prensa, sería más que suficiente para torpedear su reputación. Así que, para su pesar, el hombre que descubrió a los Beatles en un sótano de Liverpool cinco años antes se perdió lo que sabía que sería su último espectáculo

Finita la comedia.

A medida que se apagaban las notas finales de Paperback Writer, McCartney anunció mecánicamente la última canción, pero ni siquiera se molestó en decir el título: «Nos gustaría pedirles que se unan y, eee, aplaudan, canten, hablen, hagan cualquier cosa. De todos modos, la canción es… buenas noches».

Nadie estaba escuchando, así que tocaron el último número para sí mismos. Fue una canción que había hecho el viaje con ellos desde los clubes sociales adolescentes hasta los estadios: Long Tall Sally de Little Richard. Era como su obra maestra, la que permanecía en su lista a lo largo de su carrera.

Había sido su canción de apertura cuando tocaron en el Ayuntamiento de Litherland en diciembre de 1960, más tarde consagrado como la zona cero para la Beatlemanía. Casi seis años más tarde, sería la que cerrara su vida de giras.

Lennon, quien más exteriorizara su deseo de acabar con las giras, se detuvo en el escenario por un momento. Los que estuvieron allí esa noche insisten en que lo escucharon tocar los delicados acordes de guitarra de In My Life, la balada introspectiva sobre todo lo que había experimentado y amado en su increíble vida de joven. Pasado este momento, se metió en el camión blindado.

En total, los Beatles tocaron once canciones: Rock And Roll Music, She’s A Woman, If I Needed Someone, Day Tripper, Baby’s In Black, I Feel Fine, Yesterday, I Wanna  Be Your Man, Nowhere Man, Paperback Writer y Long Tall Sally.

El auto los llevó al aeropuerto, desde donde la banda iba a volar de vuelta a Los Angeles. Habían estado en San Francisco por un total de cinco horas ese día.

El bootleg -edición no autorizada, tanto en el mundo de la música como en el caso de los libros, los videojuegos, los juguetes, las series de televisión o las películas- «oficial» del concierto de The Beatles en Candlestick Park de San Francisco el 29 de agosto de 1966, grabado por Tony Barrow. Aunque no se ha editado como versión oficial, se filtró en internet.

Esta historia continúa en próximos artículos.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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