Textos informativos relacionados con 25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (III).

  1. Tarjeta capciosa escrita a Jane Smith, dice:

¡Jane, Jane, Jane! ¿No sabes de los asesinatos de los soviéticos en Afganistán, Nicaragua, el sudeste asiático, etc.? ¿Por qué te conviertes en un peón de la propaganda del mundo soviético? ¿Eres «roja» (esta palabra es despectiva contra ser ciudadano soviético o de izquierda)? ¿No estás enterada de la lucha de esta nación contra el comunismo? Uno tiene que preocuparse al verte en las noticias de CNN en estos días. Por favor, piénsalo bien y con la mente clara.

2. Conferencia de prensa de Samantha y Jane Smith en Moscú en 1983:

Samantha confiesa que fue tratada muy bien y que recibió muchos regalos.

Lo que más le gustó fue haber estado en Artek: cantó, bailó; hubo buena comida; le gustó el mar verde y le agradaron los niños con quienes estuvo. Deseó pasar más tiempo allá.

Comentó que los soviéticos eran muy agradables, como los estadounidenses.

Alguien le preguntó si los soviéticos querían la guerra, y ella contestó que no (pero una voz fuera de cámara pidió que no le hicieran ese tipo de preguntas).

A la petición de un niño de actuar en una producción soviético-norteamericana de Tom Sawyer, Samantha dijo que tal vez lo haría.

Samantha deseó regresar a la URSS al año siguiente.

Jane Smith también elogió la estancia en la URSS. Consideró la visita a Artek como algo único, pero habló también de las visitas a monumentos, el Hermitage de Leningrado, y los recorridos por esa ciudad y Moscú.

Samantha mencionó los nombres de algunas de las amistades que hizo durante su visita.

Samantha no se decepcionó por no haberse encontrado con Andrópov, sino que se sintió honrada con haber recibido la visita de un representante expresamente enviado por el mandatario.

También pronunció algunas palabras en ruso —dijo que aprendió 23—, y a la pregunta de si estudiaría idioma ruso en Estados Unidos, explicó que quizás cuando estuviese en el grado apropiado en la escuela.

Samantha explicó que Andrópov se había disculpado por no poder ir a verla pues «estaba muy ocupado». Y le aclaró a un periodista que el mandatario no había enviado ningún mensaje específico a nadie en el gobierno norteamericano. Tampoco ninguna nota escrita, en especial, sino muchas tarjetas de felicitación.

En otra intervención, Jane aseguró que presentaría a los ciudadanos soviéticos ante la opinión pública estadounidense como «gente cálida y buena que querían la paz», y opinó que «nosotros deberíamos comunicarnos más como pueblos y gente común».

Jane también apoyó las palabras de su hija al referirse que no se sentía decepcionada por no haberse entrevistado con Andrópov pues algo así podía esperarse, pero que había sido suficiente con haber recibido un enviado especial del mandatario.

Ante otra pregunta, Samantha comentó que algunos estadounidenses tenían una idea errónea sobre la Unión Soviética, pero quienes habían visitado ya este país sabían que los soviéticos querían la paz y no la guerra, como ella misma. Quienes pensaban mal de los soviéticos lo hacían porque no los conocían; por eso ella se decidió a hacerlo.

Algo similar opinó Jane, quien añadió que los líderes de ambos países tenían dificultades para entenderse.

Samantha no se quejó de los reporteros, pero dijo que era difícil andar por la calle porque siempre estaban detrás de ellos. Confesó que en Montreal había tenido la peor experiencia en cuanto a esto, porque «mordió un micrófono» por la cercanía de los reporteros a su persona.

Al momento, Samantha no declaró tener ningún plan cercano para realizar a su llegada a los Estados Unidos con respecto a esta visita, aunque mencionó California como una posibilidad de hacer algo en lo adelante.

Samantha también mencionó los presentes recibidos de Andrópov.

3. Samantha en Artek: video del 11 de julio de 1983.

El narrador le da la bienvenida a Samantha al campo de pioneros de Artek. Dice que, a pesar de la campaña antisoviética en los Estados Unidos, ella decidió ver la Unión Soviética con sus propios ojos. Los pioneros del campamento, orgullosos, le mostraron a la niña el lugar, donde todo estaba concebido para que los niños se sintieran felices y gozasen de buena salud. Le mostraron la plaza donde en 1925 estuviese el primer grupo de muchachos en el área; hoy —en esa fecha— ya el lugar contaba con 4500 escolares. En el museo, Samantha pudo conocer que niños de todo el mundo habían estado en ese lugar. Los niños también contaban con un servicio postal mundial a través del cual enviaban sus cartas a diferentes partes del planeta.

4. Textos en ruso y español de la canción «Que siempre brille el sol»:

Солнечный круг,
Небо вокруг –
Это рисунок мальчишки.
Нарисовал он на листке
И подписал в уголке:

Coro:

Пусть всегда будет солнце,
Пусть всегда будет небо,
Пусть всегда будет мама,
Пусть всегда буду я.

Пусть всегда будет солнце,
Пусть всегда будет небо,
Пусть всегда будет мама,
Пусть всегда буду я.

Милый мой друг,
Добрый мой друг,
Людям так хочется мира!
И в тридцать пять
Сердце опять
Не устаёт повтрять…


(Coro)

Тише, солдат,
Слышишь, солдат,-
Люди пугаются взрывов.
Тысячи глаз
В небо глядят,
Губы упрямо твердят:

(Coro)

Против беды,
Против войны
Встанем за наших мальчишек.
Солнце – навек! Счастье – навек!-
Так повелел человек.

(Coro)

Esfera solar,
el cielo alrededor
Este es el dibujo del niño.
Lo dibujo en la hoja
y anotó en una esquina:

Que siempre haya sol,
que siempre haya cielo,
que siempre esté mama
que siempre esté yo.

Que siempre haya sol,
que siempre haya cielo,
que siempre esté mama
que siempre esté yo.

Mi querido amigo
Mi buen amigo
A la gente le apetece tanto vivir en paz.
Y teniendo 35 años
Y corazón otra vez
No se canse repetir…

(Coro)

Silencio, soldado,
escucha soldado,
la gente se asusta de las explosiones
Miles de ojos
miran al cielo,
los labios repiten obstinadamente:

(Coro)

Contra la pena
contra la guerra
levantémonos por nuestros niños
¡Sol para siempre! ¡Felicidad para siempre!
Así venció el hombre.

(Coro)

  1. 5. Aparición en el programa Nightline de ABC con Ted Koppel el 25 de abril de 1983:

Koppel presenta a Samantha como «una niña de 10 años de Manchester, Maine», quien le escribió una carta a Andrópov y recibió, finalmente, respuesta del líder soviético. Samantha se hallaba, en ese momento, en los estudios de la ciudad de Nueva York.

Samantha cuenta que, en su carta, Andrópov la compara con Becky del libro «Las aventuras de Tom Sawyer», porque tenía coraje.

El modulador le pregunta lo que se escribieron en las misivas. Samantha dice que ella solamente le preguntó por qué quería conquistar al mundo, y Andrópov respondió que no deseaba nada parecido, ni tampoco ir a una guerra.

El anfitrión comenta que otros niños también le habían escrito a los líderes del mundo, pero ella decidió escribirle a la Embajada Soviética (en Estados Unidos) tras la primera carta que no había recibido respuesta. Samantha comenta que ella había seguido con la preocupación de la guerra, y Andrópov era más importante, por lo que ella prefirió escribirle al mandatario soviético en lugar de a Reagan.

Así que le dirigió otra carta a la embajada, y así recibió la invitación a viajar a la URSS.

El entrevistador comenta que Samantha ha logrado una de las acciones más efectivas en diplomacia que hayan sucedido en los Estados Unidos, y le pregunta a la niña qué conclusión saca de esto. Samantha responde que ella solo quiere hacer el bien lograr la paz.

A la pregunta de si regresaría a la Unión Soviética tras el primer viaje, Samantha dice que «quizás».

Samantha también comenta que luego le escribiría a Reagan. El modulador bromea sobre la posibilidad remota de que Samantha reciba una respuesta del presidente estadounidense.

Al final, Samantha comenta que sus padres y vecinos estaban contentos y orgullosos de ella.

6. Discurso de Samantha Smith en el Simposio Internacional de Niños para el Siglo 21 en Kobe el 26 de diciembre de 1983:

Tengo que comenzar con una disculpa. Mi padre me ayudó con el discurso, y miren, ¡descubrí que no sabe ni una sola palabra de japonés!

Afortunadamente, he aprendido algo de su idioma. Desde que llegué aquí, he estado tratando de aprender tantas como sea posible. Así que permítanme comenzar diciendo Nihon no minasan Konnichiwa («Hola a todos en Japón»).

Hasta abril pasado, nunca había viajado fuera del este de los Estados Unidos, ¡nunca había oído hablar del sushi!

Luego, debido a que le había escrito una carta a Yuri Andrópov, me encontré en Moscú, Leningrado, y en un hermoso campamento en el Mar Negro cerca de Yalta.  Estuve en aviones que me llevaron a través de muchos países extranjeros. Después de mi viaje a Rusia, que en realidad debería llamársele Unión Soviética, regresé a la misma escuela y a los mismos maestros y a los mismos niños en Manchester, Maine. No pensé que yo hubiese cambiado en absoluto, pero, chico, ¡cómo ellos habían cambiado!  

Pero, hoy, no estamos aquí para rememorar el verano o para mirar hacia atrás en absoluto. Estamos aquí para mirar hacia adelante. Pasé las últimas semanas imaginándome a mí misma en el año 2001, y pensé en todas las cosas que me gustaría que el mundo fuera dentro de dieciocho años.

En primer lugar, no quisiera tener estas pecas, y quisiera que este diente se enderezara, y espero que me guste la idea de tener casi treinta años. Tal vez sea porque he viajado mucho y tal vez sea porque he conocido a tantas personas maravillosas que se ven un poco diferentes de la forma en que me veo, tal vez su piel, o sus ojos, o su lenguaje no es como el mío, pero puedo imaginarlos convirtiéndose en mis mejores amigos.

Tal vez sea por estas cosas que creo que el año 2001 y los años que siguen van a ser simplemente geniales.  

Lo que deseo es algo que llamaré el «Intercambio Internacional de Nietas». Supongo que, si fuera un niño, lo llamaría el «Intercambio Internacional de Nietos». Pero no soy un niño, así que me quedaré con mi nieta. El «Intercambio Internacional de Nietas» haría que los más altos líderes políticos en naciones de todo el mundo enviaran a sus nietas o sobrinas —o, de acuerdo, nietos y sobrinos— a vivir con familias de naciones opuestas. Las nietas de los líderes soviéticos pasarían dos semanas en Estados Unidos. Las nietas de los líderes estadounidenses pasarían dos semanas en la Unión Soviética. Y, siempre que fuera posible, las nietas de otros países opuestos intercambiarían visitas y tendríamos una mejor comprensión en todo el mundo.

Y ahora intentaré mi deseo en japonés: Sekaiju ni heiwa ga kimasu yo mi («Deseo la paz y el entendimiento mundial»).

El verano pasado, tuve la increíble oportunidad de visitar la hermosa e impresionante Unión Soviética. Me encantó hacerme amiga de esas chicas y esos chicos, y creo que disfrutaron el conocer a una niña estadounidense. ¡Sigamos haciéndolo! Encontremos una manera de hacer que algunas de esas niñas y esos niños visiten Japón, Estados Unidos, China y Perú. Y busquemos una manera de visitar a los niños soviéticos y a los niños estadounidenses, niños que no pueden hablar una palabra de japonés, incluso a los niños que conducen en automóviles estadounidenses.

Si comenzamos con un «Intercambio Internacional de Nietas» y seguimos expandiéndola y expandiéndola, entonces el año 2001 puede ser el año en que todos podamos mirar a nuestro alrededor y ver solo amigos, sin naciones opuestas, sin enemigos y sin bombas.

Mis abuelos no son líderes políticos importantes. De hecho, un abuelo mío era médico y otro es ministro religioso jubilado. Pero he tenido el privilegio de ser una nieta internacional, y déjenme decirles que es una experiencia estupenda.  

Mi padre, que está de vuelta en Maine, no ayudó con el final de mi discurso, por lo que probablemente se sorprenderá cuando le diga: ¿Por qué no regresan todos a casa conmigo y se encuentran con mis amigos allí?

Gracias por su atención.  Domo arigato gozai mashita.

7. La historia de Ariela Julie Gross en The Phil Donahue Show:

Ariela Julie Gross había sido seleccionada para el Programa Presidencial de Escolares —el cual se describe como uno de los honores más altos que un estudiante pueda recibir en los Estados Unidos— en 1983, al concluir el bachillerato. Ella, además, lidereaba en aquel momento el esfuerzo de 14 estudiantes como ella por detener la carrera armamentista nuclear. Para ello, escribieron y firmaron una carta que le enviaron a Reagan, que decía:

«Nos sentimos honrados por la confianza que nos tiene como forjadores del futuro de este país. Sin embargo, no podemos aceptar este alto honor sin expresar nuestros temores por ese mismo futuro. Por tanto, le exhortamos a que haga su mayor esfuerzo por detener la proliferación de las armas nucleares que amenaza el mañana en el cual queremos cumplir nuestros sueños de hoy».

La Casa Blanca llamó a casa de Ariela para instar a los padres de la joven a que la convencieran de dejar esas acciones políticas. La prensa fue notificada acerca de esta llamada, que la familia consideró ponía una sutil presión para que la petición no fuese presentada durante la ceremonia de premiación (la del otorgamiento de las medallas del programa antes mencionado).

Al llegar a Washington, Ariela fue montada en una limusina cuyo destino le era desconocido, que la llevó a la Casa Blanca a ver a Reagan en persona.

Tras la ceremonia, Ariela le comenta a un periodista que en su encuentro con el presidente no había escuchado nada que ya no supiera, pero que había sido más terrorífico haberlo hecho en persona. Ariela dice que Reagan creía firmemente que «incrementar es la forma de disminuir». A lo cual Ariela expresó que, a ese ritmo, no tendría un futuro.

En la porción del discurso de Reagan a los homenajeados que Phil Donahue presenta en su programa, aquel dice: «Algunos desean que nos desarmemos unilateralmente, porque así otros seguirían el ejemplo. Hemos intentado eso, pero no funcionó. Ustedes tienen la responsabilidad y el derecho de expresar sus preocupaciones, aquí y en sus casas. Tenemos ese derecho porque somos estadounidenses. Pero, recordemos, que ese privilegio conlleva una responsabilidad: estar en lo correcto».

Después de la porción del discurso, Ariela cuenta que el tono de la llamada no fue sutil: «¿Usted sabe lo que su hija está haciendo?», le preguntaron a la madre, quien contestara el teléfono. Y continuaron: «Su título honorífico podría ser revocado, su nombre marcado como “el de una radical”, todos sus programas cancelados, y hasta amenazar un futuro trabajo».

(Pónganle atención a la cara de Samantha durante estas revelaciones).

Ariela se vio en la disyuntiva de rechazar el dinero que el programa presidencial podría darle para sus estudios en aras de sus principios, o abdicar ante la amenaza y darles la victoria a los lobos de la Casa Blanca. Cuando la joven puso a la prensa en conocimiento de este suceso, el periodista llamó al recinto presidencial y los representantes del Departamento de Educación se retractaron de lo dicho.

Ariela luego comenta que una treintena de quienes iban a recibir la medalla se entusiasmaron con la idea de la petición al presidente, una parte no se decidía, y los menos no estuvieron de acuerdo en firmarla. La joven revela que, ya en Washington, se le recalcó que la ceremonia no se trataba de escuchar su pinto de vista político, sino de una celebración estudiantil; ellos no querían saber de ningún punto de vista.

Sin embargo, quienes apoyaban la petición no pretendían formar un revuelo frente a Reagan en la ceremonia, sino entregarle la carta al secretario de Educación, quien otorgaba las medallas, para que la hiciera llegar a aquel.

Como explica Ariela, la reacción del gobierno provocó, incluso, desacuerdos entre los estudiantes homenajeados, quienes le reclamaron a ella por el alboroto que se había formado y por ponerlos a ellos en una situación indeseada. Esto salió en una reunión que ellos tuvieron antes de la ceremonia, en la cual muchos la acusaron de haberles arruinado la fiesta desde el instante que atrajo la atención de la prensa. Semejante actitud de sus compañeros hizo sentir muy mal a Ariela. Ellos también reconocieron el derecho de la joven a expresarse y actuar, pero si no interfería con sus propios derechos.

Ariela estuvo a punto de regresar a casa en medio de toda aquella desavenencia sin llegar a la celebración.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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