Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal (II).

Durante el rodaje de «Historias de la revolución», Miravalles iba a verse actuar en las proyecciones de las tomas diarias aún sin editar. Mientras lo hacía, el director de fotografía de la película, Otello Martelli, uno de los patriarcas del neorrealismo italiano, lo felicitó por su interpretación. Como lo recuerda el actor:

«De pronto, me tocaron por detrás y era Martelli (foto) para decirme: “Muy buena su representación”, pero en italiano: “Molto bene”. Me quedé caga’o, como decimos los cubanos. Me asusté con el elogio, porque si él lo decía era que había dado en el clavo. Si ese hombre me daba ese criterio, pues era feliz.».

Esta revelación tiene una versión con otro giro según la cuenta Armando López en cubaencuentro.com, pues el autor escribe que Miravalles dijo: «Cuando exhibieron los primeros rushes —filmaciones sin editar— de “Historias de la Revolución” en el cine La Rampa, alguien me tocó por la espalda; era Otelo Martelli, el director de fotografía del filme, quien me dijo: ‘Lo felicito, muy buena su representación’. Y se me salió un ¡Ahhhhhh! de satisfacción, porque un elogio del fotógrafo de La Strada, de Fellini, era mucho más que un premio. Yo nunca me había visto actuar. Había hecho mucha televisión, pero entonces no existía el vídeo, sólo se hacían unas peliculitas llamadas kinescopios para los dueños de las emisoras. “Historias de la revolución” me hizo pasar mi examen de actuación. Me aprobé a mí mismo».

Como quiera que haya sido, las palabras de Martelli fueron como una bendición que lo reafirmaría en el ejercicio de la naturalidad, un don que acompañó desde entonces a Miravalles en el arte de la actuación.

El motor impulsor de este procedimiento está explicado de dos maneras diferentes por dos fuentes distintas.

Wilfredo Cansio lo cuenta así en su artículo: «Todo surgió, el día en que fue a ver la película italiana “Ladrón de bicicletas”, de Vittorio de Sica, en un cine de la calle Consulado, en La Habana. Miravalles dijo: “Me fui con un amigo a ver una película italiana y era «Ladrón de bicicletas» y fue cuando descubrí la forma en que yo quería actuar…, el juego de la conversación de los italianos, la frescura de la expresión, hablar como hablaban las personas, no como los artistas. Eso marcó para siempre mi trabajo y empecé a hablar con la mayor naturalidad posible, sin artistaje”».

Ladrón de bicicletas de 1948.

Elizabeth Mirabal, por su parte, al preguntarle a Miravalles «¿Por qué le impactó tanto “El limpiabotas”?», dice que el actor respondió: «Era un aficionado. Dudaba, porque los actores de la radio me sonaban falsos. No me parecían seres humanos, sino muñequitos. Pero ignoraba los argumentos para defender ese criterio. A fin de cuentas, era un desconocido. La calle Consulado estaba llena de distribuidoras de cine y siempre había alguna que otra salita de exhibición».

«Un amigo me invitó un día a ver una película llamada “El limpiabotas”, de Vittorio de Sica, uno de los creadores del neorrealismo italiano. Descubrí cómo aquella gente circulaba dentro de la pantalla con naturalidad, como auténticas personas. Y me dije: “Ahí está la razón. He ahí lo que buscaba.” Ese fue mi punto de partida para actuar”».

El limpiabotas de 1946.

Cuando llegó «Las doce sillas», Titón le propuso a Miravalles un personaje bueno, pero también muy corto. El actor le dijo al director que tenía que darle alggran o mejor, porque ya había hecho tres escenitas de esas. Además, pagaban mal. Titón le dió a Miravalles el protagónico junto con Enrique Santiesteban y eso fue una emoción para el actor.

En el cine (continuación)

En los ’80, Miravalles se entrega al diseño de personajes populares y contemporáneos, más en sintonía con la realidad de esos años. También concurre a los estudios de la Televisión Cubana en varias oportunidades como invitado en espacios humorísticos y telenovelas.

La primera actuación en cine de Miravalles que se cita en esta década es la de Polvo rojo, de 1981, bajo la dirección de Jesús Díaz. Aquí encarna otro personaje negativo, al ser el representante extranjero, prepotente, de una compañía nacionalizada.

En 1982 Miravalles vuelve a ser dirigido por Littín en la cinta «Alsino y el cóndor», en la cual interpreta a Don Nazario, el pajarero. Esta película fue realizada por Cuba, Nicaragua, México y Costa Rica.

Reynaldo vuelve a actuar en otra coproducción en 1983, cuando lo hace en la cinta «El señor presidente» de Manuel Octavio Gómez, basada en la novela de igual título del Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias. En ella el actor cubano interpreta al Fiscal.

En 1984, Miravalles tiene uno de los protagónicos en una de las comedias más populares de esos años: la película de Rolando Díaz, «Los pájaros tirándole a la escopeta», una crítica picaresca a ciertos estigmas dentro de la sociedad cubana contemporánea.

Miravalles interpretó a un hombre maduro, chofer de ómnibus, quien es la típica semblanza de un machista cubano y que entabla un romance con la madre del novio de su hija.

Esta película fue pródigamente premiada en festivales nacionales e internacionales.

En 1985 a Miravalles se le adjudica haber trabajado en varias producciones.

Una fue «El corazón sobre la tierra» del director Constante «Rapi» Diego (abajo, a la derecha), en la cual interpreta a un campesino serrano que, ante la muerte de su hijo combatiente, retoma la idea de fundar una cooperativa campesina en el corazón de la Sierra Maestra.

Otra fue la coproducción sueco-cubana Svindlande affärer («Asombroso negocio»), dirigida por Peter Schildt y  Janne Loffe Carlsson. En ella, Miravalles tiene el papel de un jefe de policía cubano.

De izquierda a derecha: Un anuncio impreso de la película, Schildt y Carlsson.

(más información sobre esta película la hallarás en el punto 4 del Apéndice si sigues este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

Una tercera fue la colombiana «Tiempo de morir» del director Jorge Alí Triana; nuestro actor interpreta aquí a Casildo.

Probablemente, algunos recordarán la versión mexicana de 1965 que vimos en Cuba.

En 1987 Miravalles regresó al género de la comedia con su personaje de Pedro Quijano —Pedro Cero por Ciento—, en «De tal Pedro tal astilla» del director Luis Felipe Bernaza, una suerte de recreación en tono humorístico de la obra shakesperiana Romeo y Julieta, pero en el campo cubano.

Este papel le mereció a Miravalles un Premio Caracol —galardón ofrecido por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba— a la mejor actuación masculina.

De izquierda a derecha: Un anuncio publicitario de la película; el director; una escena con Miravalles.

De este mismo año es «Cubagua», una coproducción de Cuba, Panamá y Venezuela, dirigida por Michael New e inspirada en la novela de Enrique Bernardo Núñez. La historia es un viaje iniciático a través de los tiempos en que los acontecimientos de las diferentes épocas se refieren a una misma realidad.

Uno de los guionistas fue Luis Rogelio Nogueras (Wichy), de quien, quizás, recuerden la novela «Y si muero mañana», que se hizo tan famosa entre nosotros cuando estudiábamos en la Lenin.

Al centro, la novela que inspiró la película y su escritor. Le siguen nuestro Wichy y su popular novela de acción y espionaje.

Miravalles interpreta a los personajes Stakelum, Carballo y Diego de Ordaz.

En 1988 llega «Vals de la Habana Vieja», la cual nos trae las situaciones que puede desatar ese imprescindible por alcanzar y tener adamante en la sociedad cubana que es celebrar los quince años de una adolescente. Miravalles vuelve a trabajar con el director Luis Felipe Bernaza, ahora en el papel de Epifanio, un proyeccionista de cine venido a menos.

En 1989 participa en un drama dirigido por Emilio Oscar Alcalde: «El encanto del regreso».  

Sinopsis: El mayor del ejército cubano, Roberto Hernández, regresa de una misión internacionalista para encontrar una situación familiar diferente a la que había dejado. Él trata de confrontar eso, pero es solo un simple reflejo de lo que está sucediendo en el país.

Una escena de la película que muestra a todas sus estrellas.

(en el punto 5 del Apéndice he incluido el artículo publicado por Juan Antonio García Borrero sobre esta película; sigue el siguiente enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

En 1991, al comienzo de uno de los períodos más difíciles en términos económicos y políticos para Cuba, Miravalles participó en una de las películas más polémicas del cine cubano: la comedia de humor negro  «Alicia en el pueblo de Maravillas» del director Daniel Díaz Torres, en la que encarnó al líder, de tintes diabólicos, de un remoto pueblo cubano al que son «deportadas» las personas que han sido degradadas de sus cargos.

Miravalles proyecta acertadamente las características de un tipo de funcionario taimado y manipulador que presiona para impedir que una joven graduada como instructora de teatro, ponga en práctica una obra de crítica social.

Una fuente indicó que el crítico cubano Juan Antonio García Borrero tenía pensado incluirla en un libro con el título tentativo de «Diez películas que estremecieron a Cuba». Sin haber podido dar con tal libro, sí encontré que la incluyó en la lista de un artículo publicado en su blog cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com.

Miravalles vuelve a trabajar bajo la dirección de Constante «Rapi» Diego en 1992 cuando actúa en «Mascaró, el cazador americano», por lo cual recibió el Premio Coral a la mejor actuación masculina en el marco del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

El guion está basado en la novela de igual título escrita por Haroldo Conti.

En 1994 Miravalles participa en la película colombiana «El reino de los cielos» bajo la dirección de Patricia Cardoso (foto).

Sinopsis: Bernabé es un hombre mayor, casi ciego, que trabaja como aguatero, es decir trayendo el agua a su pueblo. Debe decidir si se opera de las cataratas. Cuando recupera la visión, después de cincuenta años sin ver, comienzan sus dificultades. Basada en una historia de la vida real.

Entre otros premios, en 1995 esta película fue merecedora de un Premio Óscar Estudiantil por Mejor Película en el Festival de Cine Óscar Estudiantil, en Los Ángeles, California. Fue así la primera película hablada en español ganadora de un Óscar en tal categoría.

Miravalles vuelve a actuar bajo la dirección de Daniel Díaz Torres en la película «Quiéreme y verás» de 1994.

Una sinopsis cuenta que tres individuos intentan asaltar un banco en La Habana Vieja, el 31 de diciembre de 1958 pero una demora imprevista frustra el gran golpe. 35 años después, en La Habana de los 90, un nuevo incidente despertará la pasión aventurera de estos tres amigos que sienten renacer sus viejas ilusiones perdidas. Divertida comedia de cine negro a ritmo de bolero.

De 1994 es también «El encanto de la luna llena», un corto de Benito Zambrano, coproducción Cuba-España.

Sinopsis: En una noche tranquila, mientras suenan unos viejos boleros, un grupo de singulares personajes viven una historia de amor, de sueños y de muerte. Y todo transcurre bajo el encanto plateado de la luna llena.

En 1995, Reynaldo Miravalles emigra a Estados Unidos, y eso marcaría un importante cambio en su vida y carrera.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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