Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal (III).

«Ya no hay historias para viejos»

Wilfredo Cancio Isla publicó en cafefuerte.com que «tras la tormenta de “Alicia en el pueblo de Maravillas” (1991), de Daniel Díaz Torres, y en pleno apogeo del llamado “período especial”, Miravalles abandonó la isla y se radicó en 1994 en Miami, donde ya vivía su hijo. “La situación ‘ambiental’ de Cuba era bien dura”, recordó (Miravalles). “Mi aspiración al salir de Cuba, con unos cuantos años ya, era vivir y trabajar en una situación menos conflictiva y lo he logrado… he podido hacer cine en Venezuela, en Canadá, en España y Estados Unidos, y estoy vivo”».

Aunque Martinoticias.com también publicó que «desde 1994 residía en Miami, adonde llegó tras la polémica que levantó en la isla el filme «Alicia en el pueblo de Maravillas»», las fuentes biográficas no citan la participación de Miravalles en esa película como el motivo de su partida de Cuba, sino la exhortación de su hijo de ir a vivir con él a Miami. Supongo que la necesidad que el padre tenía por su hijo y la situación caótica del país durante el «período especial» hayan sido los verdaderos motivos de la emigración.

El cine fuera de Cuba:

Estando en Miami en 1997, Miravalles obtiene un papel en un capítulo en la telenovela «Aguamarina» de la cadena televisiva Telemundo, que fue dirigida por José Antonio Ferrara y Yaky Ortega.

Nuestro actor estrella vuelve a trabajar en coproducciones en 2003, ahora con la particularidad de hacerlo hablando en inglés.

Una de ellas fue Dreaming of Julia (Cuba Libre), la que en Estados Unidos fue estrenada como «Sangre de Cuba». La película, producida por Estados Unidos, Alemania, y República Dominicana, está clasificada como comedia dramática, y fue dirigida por Juan Gerard. Es una historia sobre Cuba en idioma extranjero. Reynaldo encarna al personaje de Waldo.

Cabe destacar que en este filme trabajaron figuras de renombre internacional como Harvey Keitel y Gael García Bernal.

El misterio Galíndez

De hecho, Miravalles trabaja de nuevo junto a Keitel —y a otra actriz de fama, Saffron Burrows— en el otro filme de ese año en el cual estuvo: «El Misterio Galíndez», producida por España, Reino Unido, Italia, Portugal, Cuba, y Francia. Este trabajo conjunto fue dirigido por Gerardo Herrero y está basado en la novela «Galíndez» de Manuel Vázquez Montalbán. Miravalles aquí interpreta a Don Angelito.

En mi investigación no pude establecer cuál de las dos películas en inglés se hizo primero, pero la que logró formar «revuelo periodístico» fue esta, pues suscitó preguntas en entrevistas concedidas por Reynaldo Miravalles. Aquí les traje unos ejemplos.

Charly Morales Valido escribió en un artículo para oncubanews.com en 2013:

Precisamente, la identidad cubana de sus discursos distingue a Miravalles (…) el veterano actor aseguró a OnCuba que nunca acepta un papel si sus líneas no son creíbles. Con un desafiante «¡ja!», recuerda cuando se metió en una pelea con los productores de «El misterio Galíndez» (…) porque las conversaciones eran «llamativas».
«Tengo una regla de que cuando el guion no me convence, no lo hago. Esas discusiones iniciales fueron muy densas, y discutí con los españoles. Además, querían filmar en inglés y me negué porque mi dicción no sería creíble. Tomé el guion y lo hice cubano, y cuando los españoles lo leyeron, se volvieron locos. Y así fue», dijo.
Aun así, aunque tenía más de 80 años y casi seis décadas como actor, Miravalles buscó para esa película un profesor de inglés y pasó un mes y dos días durmiendo solo una hora diaria, perfeccionando su pronunciación. Eso es rigor…

Wilfredo Cancio Isla, también en 2013, relató lo siguiente en cafefuerte.com:

Una de sus experiencias cinematográficas más retadoras en el exilio fue interpretando un agente de la CIA en el filme «El misterio Galíndez» (2003), junto a los actores Saffron Burrows y Harvey Keitel.
«Yo acepté el papel que me dio Gerardo Herrero y me fui a Canadá a ensayar con Saffron Burrows, confiando en el inglés que sabía, pero cuando me escucharon allí no me entendieron ni papa… Eso obligó a cambiar las escenas con ella al español, pero tuve que hacer de todas maneras escenas en inglés, y a los 80 años tuve que ponerme a estudiar y practicar fonética con un asistente cubanoamericano».

Fue la gran prueba de Miravalles. El asistente le grabó todos los diálogos en que participaba y vinieron interminables horas de estudio y repetición, quitándoselas al sueño. Cuando llegó el momento de la filmación, el personaje tenía una pronunciación perfecta.

En la entrevista de Elizabeth Mirabal (EM) a Reynaldo Miravalles (RM), se encuentra este pasaje:

EM: ¿Qué podría revelarnos de su experiencia en «El misterio Galíndez»? ¿Le fue bien compartiendo la escena con Harvey Keitel?
RM: Esa película está hecha en inglés y español. Gerardo Herrero, el director, vino aquí para buscar un actor cubano de unos setenta años que supiera inglés, pero no lo encontró. Le pusieron unos rushes —el término castellano es «copión»—, me vio y dijo que yo era el actor que quería. Le dijeron: «Pero ese no está aquí». Livia, una productora, le dio el teléfono de mi hija y él me llamó desde España. Me preguntó si sabía inglés y le dije que sí, pensando que realmente sabía. Fui a Canadá a ensayar con la actriz Saffron Burrows, y cuando me escucharon, una asistente de dirección inglesa aseguró que no me entendía una palabra. Se me cayó la cara de vergüenza. Ante esa catástrofe, Herrero decidió que, si yo era cubano y hablaba español, y la protagonista hablaba en el mismo idioma con los dominicanos, ella podía hacerlo también en mi caso. Cambió al español las escenas con Burrows y eso me ayudó. Pero luego, los españoles me tradujeron todos esos fragmentos con su sintaxis. Y eso no daba naturalidad, porque soy cubano, no español y mis acentuaciones son distintas. Le dije al director: «Esto que tú me has dado aquí es un caldo gallego. Voy a respetar palabra por palabra los diálogos, pero las frases las voy a fabricar yo como cubano». Él me lo permitió, me senté con la esposa de mi hijo en la computadora y comencé a dictarle. Cuando llegó mi parte en inglés,
me pusieron un coach de acento. Yo sabía pronunciar, pero mal. Es una lengua con sutilezas, con conexiones necesarias. Se habla en bloques de sonido y yo no lo hacía así. Fui para Miami. Faltaban quince días para la próxima prueba, y le pedí a un amigo que me consiguiera un profesor de fonética. Me propuso a un muchacho cubano, actor también, que marchó de niño a los Estados Unidos y que se dedicaba a eso. Escuchó mis parlamentos y me advirtió que «ni malanga» me iban a entender si hablaba así. Me grabó todos los diálogos, y me aseguró que, si me los aprendía, no tendría ningún problema. Dormía menos de tres horas al día. Escuchaba la grabación, la practicaba sin cesar. Cuando el profesor me escuchó, le pareció bien. Entonces fue que respiré. El día de la prueba, se sentaron conmigo el director, la asistente de dirección y el coach de acento. Empecé a hablar y cuando miré a la asistente, estaba boquiabierta. Repetía: «Perfecto, perfecto». Después, muchos calificaban a mi personaje como un success (éxito). Llevaron la película a San Sebastián, donde no me conocía nadie. Al día siguiente del estreno, ABC, el periódico más popular de Madrid, decía: «A veces esta película tiene timbres mágicos y se debe a un desconocido y extraordinario actor con años para regalar, posiblemente cubano, que coge las escenas de arriba abajo y las maneja como un yoyó para que uno se agarre a la butaca disfrutándola». Otra fue: «Muy bien los actores latinoamericanos, pero un ineludible Oscar para Don Angelito de Reynaldo Miravalles». El director, en broma, se hacía el molesto: «Coño, pero todos los éxitos son para ti». «¿Qué quieres que haga?», le contestaba. Harvey Keitel me consideró mucho. Cuando salíamos en San Sebastián, todos los fotógrafos iban hacia él, por supuesto, y siempre me llamaba a su lado y me abrazaba. Creo que ese personaje fue bien aceptado, porque soy un poquito más estudioso que otros actores. Vamos a decir que más preocupado. Muchos creen que saber decir el texto es suficiente. Las emociones tienen diferentes matices, y si las analizas, el papel sale mejor. Pero hay quienes no lo hacen. Por eso no impactan.
Cuando vio que el diario ABC se refería a usted como a un actor desconocido, teniendo una extensa filmografía, ¿se sintió mal?
En absoluto. No tienen por qué conocerme. Yo sé que he hecho cuarenta películas en Cuba, pero ellos no las habían visto. Allá se exhiben filmes cubanos sólo en festivales.

Personalmente, no sabría si darme al asombro o a la indignación tras leer estas líneas de la entrevista. Mas, es cierto: a los profesionales del tercer mundo se nos borran los años de experiencia obtenidos antes de pisar el primer mundo no más lo pisamos. En el caso de la cultura, he visto que mucho depende de a cuál árbol el artista se arrime para que una buena sombra lo cobije. Sin mencionar nombres, muy probable que todos conozcamos algunos con muchos menos logros y calidad que Reynaldo Miravalles, que han obtenido reconocimiento fuera de la Isla.

Miravalles trabaja una vez más con el director Rolando Díaz en la película «Cercanía» del 2008, en el papel de Heriberto, un cubano de 78 años que llega a Miami desde La Habana invitado por su hijo, un balsero al que no ve desde hace 10 años. El sitio contactomagazine.com publicó sobre ella:

Con mucha pasión y muchas dificultades para su distribución, el director de cine Rolando Díaz filmó en Miami el largometraje Cercanía, una cinta sobre la relación de un padre con su hijo, la lucha por la supervivencia de los exiliados cubanos y los eternos y universales sobresaltos del amor. Residente en Canarias, España, Díaz filmó esta película motivado por su experiencia en el sur de Florida, y porque creyó firmemente que se la debía a sus millones de coterráneos radicados en Miami, Cuba y el resto del mundo.

Según un artículo del 2016 de Martinoticias.com, Miravalles regresó a la isla en el 2010 para el estreno de esa película.

Cuestionado por Elizabeth Mirabal sobre qué le inspiró a protagonizar «Cercanía», el actor contestó:

«Se hizo a muy bajo costo, pero me gustó la historia que contaba. Filmábamos durante doce horas todos los días. Cuando único descansábamos era el domingo, y terminamos en mes y medio. A los cubanos les gusta la película. Recrea una situación muy propia de los viejos en Estados Unidos. A los ancianos se les relega. La mayoría de la gente mayor va y tiene que hacer locuras para poder subsistir. Tengo situaciones muy graciosas y algunas que lo son menos. Ahora, soy toda la película, no por el éxito, sino porque aparezco desde el principio hasta el final, siempre estoy en escena, y eso no es muy beneficioso. El espectador se cansa de esa imagen que se repite. La película tiene noventa y tres llamados, y solo no estoy en tres. Rolando y yo somos íntimos amigos, trabajé con él en su primera película “Los pájaros tirándole a la escopeta” y estoy aquí precisamente porque sé que se va a proyectar “Cercanía” y quizás con mi presencia puedo ayudarlo en algo. Así veo a mis hijas, a mis nietos y bisnietos».

Esther en alguna parte

En una de las muchas entrevistas que dio Miravalles, afirmó que, si bien emigró a Estados Unidos hace varios años, dejó «la mitad de su corazón en Cuba».

Acorde a la misma publicación del 2016 de Martinoticias.com, «tras 20 años sin hacer una película en Cuba, (Miravalles) viajó a La Habana en 2012 para el rodaje de «Esther en alguna parte« (2013), bajo la dirección de Gerardo Chijona». Esta fue una coproducción cubano-peruana rodada en Cuba, basada en la novela homónima de Eliseo Alberto.

Siendo este su último trabajo, Miravalles interpreta a Lino Catalá y trabaja junto a otro de los inmensos —ya no digo grandes— actores cubanos: Enrique Molina, de quien también escribí y publiqué un artículo en este blog.

«Si tú no vives en tu país, no hay un estilo de producción para que te seleccionen. Para esta película, no hay mucha gente que tenga la edad que necesita para salir en ella. Los viejos trabajan en el cine porque abren la puerta y solo dicen: “el señor no está”, y cierran la puerta. Los argumentos para viejos no existen en el cine. No para mí, que tengo ya muchos años y ahorita voy a tener un siglo. Actores famosísimos del cine americano no ponen la cara ahora en el cine. Lo que ponen es dinero para que hagan las películas, pero sus caras no se ponen más. ¡Já, já, já! »

«Y, además, para hacer una película, el argumento tiene que estar bueno. Si me ofrecen una película que no esté bien el argumento… ni aquí, ni allá. No la hago tranquilamente. Aquí, no quiero especificar, me han ofrecido películas. Pero las películas que no me interesen, no las hago, porque me parece que es perder prestigio».

«Chijona encontró a un actor que tiene la edad que necesita tener el personaje de esta película, y me invitó a que yo viniera a Cuba. Lo primero que yo le dije fue: me tienes que dar el guion, para yo saber si el guion me conviene. No la economía, sino el guion. Entonces me dieron dos guiones que eran demasiado amplios, y les dije que no. Después me trajeron otra versión. A mí me pareció que era una cosa agradable, y acepté venir a hacerla.»

A raíz de su muerte, Prensa Latina News Agency publicó en el sitio en.escambray.cu el 1 de noviembre de 2016:

«Ya no hay historias para viejos», me confesó sin amargura Reynaldo Miravalles en la lluviosa tarde de bienvenida a Prensa Latina en su casa de El Vedado habanero, la misma casa donde falleció el lunes a los 93 años.
«Nadie va al cine a ver a las personas mayores, ni siquiera los estadounidenses. Esa película fue hecha para nosotros, y agradezco a Chijona por haberme tenido en cuenta», me dijo el actor sin saber cómo sería bienvenida la película.
En ese momento, había sido noticia por su regreso a Cuba para actuar en una película centrada precisamente en los adultos mayores, la última película que protagonizó a lo largo de su vasta carrera. Interpretó al personaje de 90 años que Concibió Gerardo Chijona pensando siempre en él, en su carisma y en esa expresividad de gestos cada vez más rara y valiosa.
«Esther en Alguna Parte» fue su reencuentro con el cine cubano.

Wilfredo Cancio Isla lo recordaba así en su artículo del 2013 para cafefuerte.com:

Fue otra batalla por la naturalidad de su personaje, porque Miravalles devolvió dos versiones del guion, inconforme con el tono de irrealidad de los diálogos.
«Entre Enrique Molina y yo trabajamos muy bien, nos sentimos muy cómodos con los diálogos, que son como duelos verbales entre él y yo», comentó. «Si me decidí a hacerla es porque se trata de una película que no tiene una pizca de política, no me interesa la política ni quiero molestar a nadie…; es una película de emociones y sentimientos».

En lo particular, disfruté mucho viendo esta película, que no es de los géneros que más me gustan y busco hoy día. Pero un buen drama con grandes actuaciones «bien valen una misa». Con independencia que Miravalles es mi número 1 en la actuación cubana, siempre hay que quitarse el sombrero con Enrique Molina, que no en balde es mi actor cubano no. 2. Y aquí, sin duda, lleva el mayor peso actoral.

Me he sentido muy complacido de reconectarme con el cine de mi país a través de estos artículos escritos para honrar a Miravalles. He tenido la oportunidad también de ver grandes actrices, aunque en esta historia tengan papeles pequeños. Les digo: RECOMIENDO ver esta película y a los talentos excelsos que hay en ella.

(en el punto 6 del Apéndice encontrarás la valoración de Vancouver Latin America Film Festival sobre esta película; puedes utilizar este enlace que te dejo: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

Según Prensa Latina:

El éxito fue total, más allá de la calidad de la historia y la realización, porque tocó fibras sentimentales de una nación que creció adorando al actor que interpretó a dos personajes memorables como Melesio Capote y el ranchero Domingo Carmona.
La noche del estreno recibió una ovación de pie en el Teatro Chaplin de La Habana como el gran campeón que fue, y al año siguiente, en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, recibió el Premio Coral Honorífico por su contribución a la cultura cubana.
Esa tarde habló sobre el campesino Melesio y cómo estaba concibiendo el personaje mientras se rodaba la película en la Cordillera del Escambray, sobre su pasión por el equipo de béisbol Almendares que más tarde se convirtió en Industriales, y sobre el placer de sentirse un ser humano normal, un cubano humilde.
Conocido por su versatilidad, señaló que cada personaje encarna un conflicto, una actitud que el actor debe desentrañar y que es el caso de «Esther en Alguna Parte». La película estaba tan bien escrita que le fue fácil aprender el guion, la conversación fluye.

Charly Morales Valido lo describió así en su artículo de 2013 para oncubanews.com:

El día del estreno de Esther en alguna parte, Reinaldo Miravalles entró en Chaplin impulsado por un tsunami de fans: impecable en su traje negro, sabía que era la estrella de la noche. Antes de que comenzara la exhibición, los focos se centraron en las últimas filas, y saludó a la multitud con puños, como un boxeador veterano después de noquear a una vida que lo había vencido con fuerza en sus rondas finales. Y el público le dio una ovación de pie, vítores como solo los campeones reciben… Porque Miravalles es sin duda un campeón de la muestra, con algunos de los papeles más memorables de la historia del cine cubano.

Reynaldo Miravalles recibe el Premio Coral Honorífico de manos de otra gran actriz, Daisy Granados, quien también participara en «Esther en alguna parte».


Esta parte termina aquí, pero no la historia sobre nuestro querido actor. Espera la 4ta parte, donde tengo una sorpresa que mostrarles. Gracias por leer, y si compartes, me sigues y/o comentas.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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