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El abrevadero…

La palabra es tomada de una novela de Daína Chaviano, talentosa escritora, mujer cubana que ha seguido triunfando en el exilio, y bella persona. El libro es una pieza entrañable de mi vida en Cuba antes de emigrar, como las personas especiales, los amigos que siguen siendo hermanos, la familia perdida y los lugares inolvidables. Como La Habana. Cuando pensé en un nombre para el blog, nada me vino a la mente tan rápido como esa palabra. Así que, simplemente, ella estaba esperando a que yo me decidiera a crear este sitio. Y, por fortuna, Daína no pone reparos en que yo busque mi sed entre nuestros dinosaurios.

El empuje me lo dio el escritor y maestro Alejandro Quintana, en cuya academia estoy tratando de pulirme para escribir «algo que merezca la pena leerse» como él mismo dice. Gracias, Alejandro, por avivarme la sed de crear algo que yo pudiera compartir con el resto de la humanidad (o la parte que aquí llegue). porque mi abrevadero, como le comenté a Daína: «no es un oasis en mi desierto para calmarme la sed, sino un modesto motivo para buscar la sed en mi desierto».

En mi país yo diría: no soy de la gran escena, pero me gusta decir lo mío a tiempo y sonriente. Y de eso, precisamente, se trata este sitio: de decir y compartir. Y para avivar las sospechas de haber bebido de El Abrevadero alguna vez en forma de dinosaurio. Al visitante, gracias por acercarte a mi abrevadero, el cual irá mejorando en lo que pase el tiempo. Como los buenos vinos, espero.

Así que: ¡gracias por llegarte!

Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal (IV).

En una ocasión confesó: «Soy un hombre enteramente feliz, he vivido con felicidad en Cuba y en Miami, porque en ambas partes he sentido la admiración de la gente y el calor de los amigos. He luchado para llegar hasta aquí y creo que voy a estar un poquito más todavía, a ver si puedo seguir hasta los 100, más lejos no se puede ir».

En enero de 2013, Wilfredo Cancio publicó esto en cafefuerte.com:

Con esa naturalidad de hombre campechano, dicharachero y cubanísimo, Miravalles (La Habana, 22 de enero de 1923) celebró los 90 años el pasado fin de semana, acompañado de antiguos colegas, amigos y admiradores que se congregaron en el club Cuba Ocho, en pleno corazón de la Pequeña Habana de Miami, para escucharle sus anécdotas y recuerdos mejores.
Fue una jornada de reencuentros y rico anecdotario, con Miravalles haciendo gala de memoria y dicción impecable, dueño de una vitalidad no común para un nonagenario. Impresiona aún el paso erguido y la prestancia del actor, que se ha impuesto vivir una ancianidad vital y útil. No me explico que el XXX Festival Internacional de Miami no lo haya incluido entre los homenajeados, porque estamos ante una de las luminarias indiscutibles de la cinematografía iberoamericana y no todos los días se llega en pleno ejercicio a los 90.
“En el Escambray se pasó tremenda hambre haciendo esta película, pero acepté participar bajo la condición de hacer este papel, que era un personaje pequeño en el guion y que yo vi con más posibilidades de enriquecer en la historia”, contó.
También se refirió a la comedia Los pájaros tirándole a la escopeta (1983), de Rolando Díaz, una película que sigue viendo con muchísimo gusto: “Cada personaje tiene una fuerza tremenda, una alegría, un conflicto, todo el mundo brilla, y eso es lo que la hace vital y atractiva para el público… disfruté mucho haciéndola”.
Díaz, que realizó Cercanía (2006) con Miravalles en Miami, filma actualmente un documental sobre la vida del actor.
El homenaje en Miami -organizado por la Fundación Apogeo- reunió a una pléyade de artistas cubanos del exilio: los actores Ana Viñas, Diana Rosa Suárez, Grettel Trujillo, Carlos Cruz y Orlando Casín; los realizadores Rolando Díaz y Orlando Jiménez Leal; el editor Jorge Abello y el director de fotografía, Luis García.
Miravalles planea regresar a Cuba para el estreno de Esther en alguna parte.

Con 93 años, Miravalles residía en los Estados Unidos desde 1994, si bien, como declaró en una de las entrevistas que dio, dejó «la mitad de su corazón en Cuba».

Se apaga la estrella

Miravalles falleció el 31 de octubre de 2016. No hacía tanto el público lo había visto en «Esther en alguna parte», y regresar a La Habana lo llenó de emociones. Las personas lo fueron recordando, algunos se sacaron fotos y, en la mayoría de los casos, el cariño fue unánime.

Al hacerse eco de la noticia en noviembre, Cubarte entrevistó a Ciro Lazo, integrante de la Oficina de Atención a Personalidades del Ministerio de Cultura, a fin de poder conocer con mayor amplitud los pormenores de la estancia en Cuba de Miravalles, su enfermedad y posterior fallecimiento. Esta fue la entrevista publicada:

¿Cuándo es que él llega a Cuba, los motivos de su viaje?
Miravalles y su esposa arriban a Cuba el 5 de octubre por motivos personales. Tuvimos conocimiento cuando se agrava su salud y es ingresado en el Hospital Nacional en terapia intensiva y sus familiares se acercan a nuestra oficina.
A partir de ese momento nos involucramos poniendo a sus servicios todos los medios a nuestro alcance, siempre en coordinación y con la anuencia de la familia.
¿Ciro, podría Ud. ampliarnos detalles de la visita a Cuba de Reynaldo Miravalles?
Debemos partir del delicado estado de salud del actor, que requería de oxígeno asistido constante producto de una disnea cardiaca, no obstante mejora en la terapia del Hospital Nacional momento en que la familia decide el alta médica a petición y su traslado a la casa.
A la falta de una terapia de salud consecuente con el estado en que se encontraba, vuelve a ingresar esta vez en el Hospital Fajardo, directo a terapia. Recibiendo la familia y nosotros los partes médicos con la exactitud y frecuencia requerida.
Se agravó, ellos quisieron regresarlo a Estados Unidos, pero los médicos consideraron que no era factible el traslado por peligrar su vida. Se pensó la posibilidad que un médico intensivista lo acompañara en el viaje por las condiciones especiales que requería, como la extracción de flema y el suministro de oxígeno. No se encontró en ese momento uno con la visa actualizada, sumado a que era fin de semana por lo que no era posible gestionarla con la embajada del país de destino, exigencia imprescindible.
Ellos debían haberse ido hace 15 días, pero debido a su enfermedad, nosotros propusimos cambiar y asumir los costos del cambio de fecha del pasaje y del médico acompañante. Su tratamiento en los hospitales, por supuesto, fue totalmente gratuito.
Hasta el triste momento de su fallecimiento en la tarde del lunes.
En ese momento nos reunimos con los familiares y le manifestamos nuestra disposición de ayudar, colaborar, socorrer en todo lo fuera necesario; esos han sido los términos en todo momento.
Se habló con sus familiares de las exequias finales, se le propuso velarlo en la funeraria de Calzada y K y enterrarlo en el panteón del sindicato de trabajadores de la cultura; si su decisión fuese cremarlo, se pondría a su disposición esa posibilidad. Los familiares de Reynaldo consultaron entre sí y tomaron finalmente la decisión de llevárselo para su sepultura final en EE.UU.
Debido a ello, nos pusimos en coordinación con Medicina Legal a través de su vicedirectora y de los encargados de los trámites para movimiento de salidas y entradas de fallecidos fuera del territorio nacional, a fin de colaborar con ellos.  Nos expresaron su agradecimiento la viuda, la hija y el nieto. Se agotaron todas las posibilidades para salvar su vida, pero su salud delicada y los padecimientos que tenía, lo llevó a la muerte.
Estamos muy sentidos por su deceso, era una importante figura de la cultura cubana, un actor muy querido por el pueblo cubano.

El actor Alberto Pujols declaró que Miravalles habría fallecido a causa de una neumonía, citando a fuentes familiares. «La situación es bien compleja», dijo Pujols, y agregó que la familia estaba desconsolada. «Las autoridades cubanas exigen $10.000 dólares para que el cuerpo sea trasladado a Estados Unidos».

Cibercuba.com, por su parte, enfocó el final del actor de esta manera, bajo el título «Autoridades cubanas esperaban despedir con todos los honores a Reynaldo Miravalles»:

El cuerpo del célebre actor cubano Reynaldo Miravalles sería enterrado con todos los honores en Cuba, pero su familia decidió repatriarlo hacia Estados Unidos, donde residía desde 1994. 
Para comenzar el proceso de repatriación el hijo del actor inició una campaña con el objetivo de recaudar 10.000 dólares para cubrir todos los trámites del proceso.
«Son momentos muy difíciles para nuestra familia, pero tenemos que comunicar que Reynaldo Miravalles falleció hace apenas unas horas en la Ciudad de La Habana, Cuba, a donde fue llevado en contra de su voluntad. Yo sabía que no debía ser, pero mi madre insistió, lamentablemente tuvo una recaída que no pudo superar, y ahora los funcionarios del Ministerio De Cultura nos hacen saber que la única forma para que el cadáver de mi padre regrese a los EUA es pagando la suma de $10,000. 00. De lo contrario solo nos envían sus cenizas», publicó en las redes sociales el hijo del veterano actor, fallecido este lunes en La Habana a los 93 años. 
Miravalles, quien regresó a La Habana en 2013 después de 18 años para filmar la cinta «Esther en alguna parte», se encontraba junto a su esposa de visita en la capital cubana, donde se agravó su estado de salud y fue ingresado en dos ocasiones hasta su fallecimiento.
(…)
El funcionario afirmó que «a falta de una terapia de salud consecuente con el estado en que se encontraba, vuelve a ingresar esta vez en el Hospital Fajardo, directo a terapia». 
En la instalación —indicó— tanto el Ministerio de Cultura (Mincult) como su familia recibieron «los partes médicos con la exactitud y frecuencia requerida».
Agregó López que, en el momento de peor pronóstico de la enfermedad, los familiares del actor quisieron regresarlo a Estados Unidos, pero «los médicos consideraron que no era factible el traslado por peligrar su vida».
(…)
López apuntó además que el tratamiento en los hospitales del querido actor fue, «por supuesto, totalmente gratuito».
Cuando la familia tomó la decisión de trasladar al cadáver hacia la Miami, Cuba puso todos los medios a su disposición, comentó López.
(…)
En 2013 años el realizador cubano Ian Padrón propuso al actor para el Premio Nacional de Cine, pero hasta hoy las autoridades del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos no se han pronunciado sobre esa posibilidad. 

El 1ro de noviembre de 2016, Prensa Latina publicaba esta nota:

Se ha ido, sin embargo, sin recibir un premio que se merecía más que nadie, el Premio Nacional de Cine, aunque ganar ese premio nunca le causó noches de insomnio, porque sabía que era querido y respetado tanto por el público como por sus compañeros.
Mientras vivía con su familia en los Estados Unidos durante una década, los viajes de Miravalles a su tierra natal se hicieron más frecuentes, porque siempre dejó en claro que podía vivir en cualquier parte del mundo, pero su patria era Cuba.
De hecho, nació aquí y murió aquí, aunque vivirá para siempre en los tantos personajes que forman parte del imaginario popular y de la educación sentimental de generaciones de cubanos que hoy lloran a un auténtico titán de la cultura nacional.

Miravalles a través de otros

A raíz de la muerte de Reynaldo Miravalles, varias reconocidas personas vinculadas al arte y los medios de difusión hablaron sobre el actor. Abajo he dejado los enlaces a los que puede irse para leer esos artículos:

José María Vitier:

http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/11/01/sobre-reynaldo-miravalles/

Tomás Gutiérrez Alea (Titón):

https://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com/2010/08/03/titon-sobre-reynaldo-miravalles/

Camilo Venegas:

https://elfogonerovenegas.blogspot.com/2016/11/reynaldo-miravalles-cara.html

Gerardo Chijona y Lilo Vilaplana conversan con Rosa Tania Valdés de Martí Noticias:

https://www.radiotelevisionmarti.com/a/cuba-cine-reynaldo-miravalles-fallecimiento/132765.html

Alexis Valdés:

https://www.cibercuba.com/noticias/2016-11-01-u146802-alexis-valdes-habla-reynaldo-miravalles-quien-llama-justicia-rey

El siguiente enlace te llevará a un buen artículo que recoge las opiniones de muchos que hablan sobre cómo lo recuerdan:

https://elcineescortar.com/2016/11/01/reynaldo-miravalles-cara/

Entrevistas

Por supuesto que no son todas las que habrá concedido —de hecho, no creo que haya manera nunca de dar con aquella de la revista Bohemia donde dijo que Marlon Brando era, para él, el mejor actor—, pero aquí les dejo algunas entrevistas que encontré durante la investigación.

Con Elizabeth Mirabal para la revista Surco Sur. La puedes leer en el punto 7 del Apéndice si utilizas el enlace que te dejo a continuación: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102.

Con Ariadna Ruiz Alamanza, publicada en oncubanews.com. https://oncubanews.com/cultura/cine/yo-soy-una-sola-cosa-actor/

Con Carlos Eduardo Maristany Castro para cubanartnewsarchive.org. La traducción del artículo en inglés lo puedes leer en el punto 8 del Apéndice si utilizas este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102.

Con Armando López para cubaencuentro.com.

https://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/he-dejado-en-cuba-la-mitad-del-corazon-153773/(page)/2

Con Charly Morales Valido publicada en oncubanews.com. La traducción del original en inglés la puedes leer en el punto 9 del Apéndice si sigues este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102.

Con Alexis Valdés en la televisión de Miami.

Con Jaime Bayly en la televisión de Miami.

Reynaldo Miravalles celebró su 90 cumpleaños con Tony Cortes en Punto Final dando una entrevista exclusiva al periodista de Newsweek En Español, Santiago Baltasar Martin, en el segmento Gente de Verdad.

Cuando Miravalles viajó a La Habana en 2013 para el estreno de su más reciente película «Esther en alguna parte», en el encuentro que este sostuvo con el pelotero Javier Méndez y los músicos Israel Rojas y Yoel Martínez, del dúo Buena Fe, un grupo de reporteros de OnCuba fue invitado también:

Premios y reconocimientos

La lista oficial incluye:

El Premio Coral para Miravalles pareció ser una demostración de reconocimiento a la grandeza de un actor. Charly Morales lo vio así al expresarlo en oncubanews.com:

Lo vi en el lobby de Chaplin, impecable en su traje gris y repartiendo sonrisas a diestra y siniestra, sospeché que Reinaldo Miravalles se robaría el espectáculo en la noche de los Corales del 35 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, y tenía razón: Coral de Honor por ser, sin duda, la mayor leyenda viva en acción en Cuba.
Me acerqué a él hace aproximadamente medio año, cuando hablamos en su casa junto con el dúo Buena Fe y el beisbolista Javier Méndez, y tuvo la amabilidad de ocultar el hecho de que no se acordaba de mí, pero resumió en una palabra cómo se sentía esta noche: «Cheverísimo…»
Posó con quien se le pidió y se refugió en la sala, en una ventana donde encontró paz porque todos se le acercaban para saludarlo y abasto con una dosis de la sonrisa más expresiva del cine cubano.
En una noche de premios que comenzó tarde y brilló por las numerosas ausencias —incluso los encargados de entregar los premios fueron un no show—, Miravalles fue el momento más emotivo. Cuando Laura de la Uz anunció un interino para entregar un Coral de Honor, no necesitó decir el nombre para que el público se levantara a animar a los legendarios Melesio Capote, Cheíto León o Domingo Carmona.
Con los brazos en alto, repitió el paseo triunfal que hace medio año realizó en el estreno de «Esther en alguna parte», película de Gerardo Chijona que marcó su regreso al cine cubano después de 19 años, con monstruos actores como Enrique Molina y Daysi Granados, que acaban de entregar el galardón esta noche.
El reconocimiento sin preámbulo —merecido— parece un preámbulo para darle el Premio Nacional de Cine que muchos consideran que se merece, pero el actor no lo espera, entre otras cosas porque lleva mucho tiempo viviendo fuera de Cuba, por razones familiares.
De todos modos, el otro ganador del Coral de Honor de este año fue Juan Padrón, que tiene en su colección dos premios nacionales: Cine (2008) y Humor (2004), gracias a su prolífica herencia de vampiros, cavernícolas y mambises hilarantes y brillantes.  
El resto de la velada destaca la inesperada cosecha de la película uruguaya «El lugar del hijo», dos premios de «La Habana Boccaccerías» de Arturo Sotto, y el Gran Coral para «Heli», un sombrío retrato de la violencia en México, tema recurrente pero siempre duro.
Así que el primer Festival del Nuevo Cine Latinoamericano terminó sin su fundador Alfredo Guevara, cuyo rigor organizativo se echó de menos casi tanto como su chaqueta sobre el hombro, pero lo que parecía un sueño, como dijo Iván Giroud, resultó ser cierto: 533 largometrajes proyectados en 741 proyecciones en 11 días, lo que si no un récord, es un buen promedio…

También radiorebelde.cu se hizo eco de este evento a través de una nota internacional publicada en inglés:

El actor cubano Reynaldo Miravalles recibió el Coral de Honor en el 35 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que otorgó sus premios este domingo durante su sesión de clausura en el cine Charles Chaplin de La Habana. Miravalles recibió la distinción de la reconocida actriz Daysi Granados como un reconocimiento por parte de las instituciones cinematográficas cubanas a la destacada labor del actor en el mundo del cine. El experimentado actor, que ha trabajado en casi todas las películas cubanas importantes, reside en la ciudad estadounidense de Miami y regresó a las pantallas de cine cubanas en 2012 en el largometraje «Esther en alguna parte», en el que comparte su actuación con Daysi Granados, Enrique Molina y Eslinda Nuñez. Miravalles dijo recientemente al sitio web Cubadebate que dondequiera que viva, Cuba siempre es su país mientras que él siempre preferirá el cine cubano, porque son las películas hechas en su tierra natal. El Festival, que se llevó a cabo del 5 al 15 de diciembre, también otorgó otro Coral de Honor al fabricante de dibujos animados cubano Juan Padrón, quien creó personajes populares, como Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana.

No obstante, al parecer a Miravalles le quedó un importante premio por recibir que desató polémica y peticiones por parte de la gente del medio artístico: el Premio Nacional de Cine que otorgan anualmente las autoridades culturales cubanas.

Lena Campos publicó esta nota en inglés en cubaheadlines.com en febrero del 2013:

El cineasta Ian Padrón propuso este martes la concesión del Premio Nacional de Cine al actor cubano Reynaldo Miravalles, residente de Miami desde 1994 y actualmente de visita en la isla, informó el sitio web Café Fuerte. En una carta abierta, Padrón cuestionó que Miravalles, de 90 años, nunca haya recibido la más alta distinción otorgada a figuras del cine cubano por las autoridades culturales de la isla por el simple hecho de vivir fuera de Cuba. «Si queremos una Cuba “con todos y para el bien de todos”, honremos a quienes forman parte de la madre Ceiba de nuestra cultura. Abracemos a todos los cubanos de buena voluntad, donde vivan y como piensen», escribió Padrón. Según la nota, en pocas horas, la propuesta fue respaldada por numerosos artistas cubanos de dentro y fuera del país. Miravalles se encuentra actualmente en La Habana, donde asistió al estreno de la película «Esther en alguna parte», de Gerardo Chijona, el pasado 20 de febrero en el Cine Chaplin, donde fue recibido por una ovación en el abarrotado teatro.

Detalles de la controversia y los textos de las cartas de Ian Padrón y Jorge Dalton puedes leerlos en el punto 10 del Apéndice si usas el siguiente enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102.

Al parecer, esta historia no tuvo el final que muchos deseaban, y Havana Times se hizo eco de ello mediante esta nota en inglés en havanatimes.org:

HAVANA TIMES — El jurado que anualmente otorga el codiciado Premio Nacional de Cine terminó por ignorar la solicitud del cineasta Ian Padrón de entregar el premio al actor cubanoamericano Reinaldo Miravalles.
Sin embargo, el nuevo Premio Nacional fue para una película recordada por la destacada actuación de Miravalles en uno de los papeles principales, junto a Sergio Corrieri.
El Premio Nacional de Cine fue entregado este jueves a Manuel Pérez, director de «El Hombre de Maisinicú» (1973), por su «lealtad y aportes a la cultura cinematográfica» de la isla, informaron los medios.
Pérez comenzó como asistente de los galardonados José Massip y Tomás Gutiérrez Alea, mientras que su propio trabajo incluye 31 ediciones del Noticiero ICAIC y la película «Páginas del diario de Mauricio» (2006).

Afortunadamente, Reynaldo Miravalles tuvo más que el amor de sus admiradores entre los espectadores. En el enlace que te dejo continuación, podrás ver el homenaje que se le hizo en el I FESTIVAL INTERNACIONAL CINE CUBANO “FICCU“ en Múnich: http://ficcu.com/archivo/Miravalles.html.

También la UNEAC llegó a hacerle un homenaje bastante «familiar»:


Ya sabemos que, interrogado de cómo le hubiese gustado que le recordaran, Miravalles dijo que, con su trabajo, pero que, llegado el momento, no importaba mucho: «Después que me muera, ¡se acabó la ola!»

¿Tú crees, Miravalles?

¡NO SE PIERDAN ESTO!

Reynaldo Miravalles jamás podrá saber de este homenaje que un humilde admirador de su trabajo y, después de esta investigación, de su persona, le ha dedicado, ni tampoco que una de las fotos que nunca descargo de mi celular es esta, la que me concedió sin conocerme. Por fortuna, ha sido uno de esos pocos momentos de haber estado en el lugar correcto en el momento correcto que se me han dado en la vida; el actor era paciente de nuestro Ramón Castellanos, y yo trabajaba a la sazón en su consulta. ¡Cuántas cosas no quise haberle dicho a Miravalles en ese instante! O haber tenido una conversación sobre su grandeza como actor. Pero, aunque no lo crean, su humildad y disposición me apabullaron y me emocionaron (todavía, ahora, me sucede). De todas formas, para mi beneplácito, la instantánea quedó grabada en el tiempo, como concesión de la buena ventura para que tuviera mi momento junto a nuestro Marlon Brando.

Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal (III).

«Ya no hay historias para viejos»

Wilfredo Cancio Isla publicó en cafefuerte.com que «tras la tormenta de “Alicia en el pueblo de Maravillas” (1991), de Daniel Díaz Torres, y en pleno apogeo del llamado “período especial”, Miravalles abandonó la isla y se radicó en 1994 en Miami, donde ya vivía su hijo. “La situación ‘ambiental’ de Cuba era bien dura”, recordó (Miravalles). “Mi aspiración al salir de Cuba, con unos cuantos años ya, era vivir y trabajar en una situación menos conflictiva y lo he logrado… he podido hacer cine en Venezuela, en Canadá, en España y Estados Unidos, y estoy vivo”».

Aunque Martinoticias.com también publicó que «desde 1994 residía en Miami, adonde llegó tras la polémica que levantó en la isla el filme «Alicia en el pueblo de Maravillas»», las fuentes biográficas no citan la participación de Miravalles en esa película como el motivo de su partida de Cuba, sino la exhortación de su hijo de ir a vivir con él a Miami. Supongo que la necesidad que el padre tenía por su hijo y la situación caótica del país durante el «período especial» hayan sido los verdaderos motivos de la emigración.

El cine fuera de Cuba:

Estando en Miami en 1997, Miravalles obtiene un papel en un capítulo en la telenovela «Aguamarina» de la cadena televisiva Telemundo, que fue dirigida por José Antonio Ferrara y Yaky Ortega.

Nuestro actor estrella vuelve a trabajar en coproducciones en 2003, ahora con la particularidad de hacerlo hablando en inglés.

Una de ellas fue Dreaming of Julia (Cuba Libre), la que en Estados Unidos fue estrenada como «Sangre de Cuba». La película, producida por Estados Unidos, Alemania, y República Dominicana, está clasificada como comedia dramática, y fue dirigida por Juan Gerard. Es una historia sobre Cuba en idioma extranjero. Reynaldo encarna al personaje de Waldo.

Cabe destacar que en este filme trabajaron figuras de renombre internacional como Harvey Keitel y Gael García Bernal.

El misterio Galíndez

De hecho, Miravalles trabaja de nuevo junto a Keitel —y a otra actriz de fama, Saffron Burrows— en el otro filme de ese año en el cual estuvo: «El Misterio Galíndez», producida por España, Reino Unido, Italia, Portugal, Cuba, y Francia. Este trabajo conjunto fue dirigido por Gerardo Herrero y está basado en la novela «Galíndez» de Manuel Vázquez Montalbán. Miravalles aquí interpreta a Don Angelito.

En mi investigación no pude establecer cuál de las dos películas en inglés se hizo primero, pero la que logró formar «revuelo periodístico» fue esta, pues suscitó preguntas en entrevistas concedidas por Reynaldo Miravalles. Aquí les traje unos ejemplos.

Charly Morales Valido escribió en un artículo para oncubanews.com en 2013:

Precisamente, la identidad cubana de sus discursos distingue a Miravalles (…) el veterano actor aseguró a OnCuba que nunca acepta un papel si sus líneas no son creíbles. Con un desafiante «¡ja!», recuerda cuando se metió en una pelea con los productores de «El misterio Galíndez» (…) porque las conversaciones eran «llamativas».
«Tengo una regla de que cuando el guion no me convence, no lo hago. Esas discusiones iniciales fueron muy densas, y discutí con los españoles. Además, querían filmar en inglés y me negué porque mi dicción no sería creíble. Tomé el guion y lo hice cubano, y cuando los españoles lo leyeron, se volvieron locos. Y así fue», dijo.
Aun así, aunque tenía más de 80 años y casi seis décadas como actor, Miravalles buscó para esa película un profesor de inglés y pasó un mes y dos días durmiendo solo una hora diaria, perfeccionando su pronunciación. Eso es rigor…

Wilfredo Cancio Isla, también en 2013, relató lo siguiente en cafefuerte.com:

Una de sus experiencias cinematográficas más retadoras en el exilio fue interpretando un agente de la CIA en el filme «El misterio Galíndez» (2003), junto a los actores Saffron Burrows y Harvey Keitel.
«Yo acepté el papel que me dio Gerardo Herrero y me fui a Canadá a ensayar con Saffron Burrows, confiando en el inglés que sabía, pero cuando me escucharon allí no me entendieron ni papa… Eso obligó a cambiar las escenas con ella al español, pero tuve que hacer de todas maneras escenas en inglés, y a los 80 años tuve que ponerme a estudiar y practicar fonética con un asistente cubanoamericano».

Fue la gran prueba de Miravalles. El asistente le grabó todos los diálogos en que participaba y vinieron interminables horas de estudio y repetición, quitándoselas al sueño. Cuando llegó el momento de la filmación, el personaje tenía una pronunciación perfecta.

En la entrevista de Elizabeth Mirabal (EM) a Reynaldo Miravalles (RM), se encuentra este pasaje:

EM: ¿Qué podría revelarnos de su experiencia en «El misterio Galíndez»? ¿Le fue bien compartiendo la escena con Harvey Keitel?
RM: Esa película está hecha en inglés y español. Gerardo Herrero, el director, vino aquí para buscar un actor cubano de unos setenta años que supiera inglés, pero no lo encontró. Le pusieron unos rushes —el término castellano es «copión»—, me vio y dijo que yo era el actor que quería. Le dijeron: «Pero ese no está aquí». Livia, una productora, le dio el teléfono de mi hija y él me llamó desde España. Me preguntó si sabía inglés y le dije que sí, pensando que realmente sabía. Fui a Canadá a ensayar con la actriz Saffron Burrows, y cuando me escucharon, una asistente de dirección inglesa aseguró que no me entendía una palabra. Se me cayó la cara de vergüenza. Ante esa catástrofe, Herrero decidió que, si yo era cubano y hablaba español, y la protagonista hablaba en el mismo idioma con los dominicanos, ella podía hacerlo también en mi caso. Cambió al español las escenas con Burrows y eso me ayudó. Pero luego, los españoles me tradujeron todos esos fragmentos con su sintaxis. Y eso no daba naturalidad, porque soy cubano, no español y mis acentuaciones son distintas. Le dije al director: «Esto que tú me has dado aquí es un caldo gallego. Voy a respetar palabra por palabra los diálogos, pero las frases las voy a fabricar yo como cubano». Él me lo permitió, me senté con la esposa de mi hijo en la computadora y comencé a dictarle. Cuando llegó mi parte en inglés,
me pusieron un coach de acento. Yo sabía pronunciar, pero mal. Es una lengua con sutilezas, con conexiones necesarias. Se habla en bloques de sonido y yo no lo hacía así. Fui para Miami. Faltaban quince días para la próxima prueba, y le pedí a un amigo que me consiguiera un profesor de fonética. Me propuso a un muchacho cubano, actor también, que marchó de niño a los Estados Unidos y que se dedicaba a eso. Escuchó mis parlamentos y me advirtió que «ni malanga» me iban a entender si hablaba así. Me grabó todos los diálogos, y me aseguró que, si me los aprendía, no tendría ningún problema. Dormía menos de tres horas al día. Escuchaba la grabación, la practicaba sin cesar. Cuando el profesor me escuchó, le pareció bien. Entonces fue que respiré. El día de la prueba, se sentaron conmigo el director, la asistente de dirección y el coach de acento. Empecé a hablar y cuando miré a la asistente, estaba boquiabierta. Repetía: «Perfecto, perfecto». Después, muchos calificaban a mi personaje como un success (éxito). Llevaron la película a San Sebastián, donde no me conocía nadie. Al día siguiente del estreno, ABC, el periódico más popular de Madrid, decía: «A veces esta película tiene timbres mágicos y se debe a un desconocido y extraordinario actor con años para regalar, posiblemente cubano, que coge las escenas de arriba abajo y las maneja como un yoyó para que uno se agarre a la butaca disfrutándola». Otra fue: «Muy bien los actores latinoamericanos, pero un ineludible Oscar para Don Angelito de Reynaldo Miravalles». El director, en broma, se hacía el molesto: «Coño, pero todos los éxitos son para ti». «¿Qué quieres que haga?», le contestaba. Harvey Keitel me consideró mucho. Cuando salíamos en San Sebastián, todos los fotógrafos iban hacia él, por supuesto, y siempre me llamaba a su lado y me abrazaba. Creo que ese personaje fue bien aceptado, porque soy un poquito más estudioso que otros actores. Vamos a decir que más preocupado. Muchos creen que saber decir el texto es suficiente. Las emociones tienen diferentes matices, y si las analizas, el papel sale mejor. Pero hay quienes no lo hacen. Por eso no impactan.
Cuando vio que el diario ABC se refería a usted como a un actor desconocido, teniendo una extensa filmografía, ¿se sintió mal?
En absoluto. No tienen por qué conocerme. Yo sé que he hecho cuarenta películas en Cuba, pero ellos no las habían visto. Allá se exhiben filmes cubanos sólo en festivales.

Personalmente, no sabría si darme al asombro o a la indignación tras leer estas líneas de la entrevista. Mas, es cierto: a los profesionales del tercer mundo se nos borran los años de experiencia obtenidos antes de pisar el primer mundo no más lo pisamos. En el caso de la cultura, he visto que mucho depende de a cuál árbol el artista se arrime para que una buena sombra lo cobije. Sin mencionar nombres, muy probable que todos conozcamos algunos con muchos menos logros y calidad que Reynaldo Miravalles, que han obtenido reconocimiento fuera de la Isla.

Miravalles trabaja una vez más con el director Rolando Díaz en la película «Cercanía» del 2008, en el papel de Heriberto, un cubano de 78 años que llega a Miami desde La Habana invitado por su hijo, un balsero al que no ve desde hace 10 años. El sitio contactomagazine.com publicó sobre ella:

Con mucha pasión y muchas dificultades para su distribución, el director de cine Rolando Díaz filmó en Miami el largometraje Cercanía, una cinta sobre la relación de un padre con su hijo, la lucha por la supervivencia de los exiliados cubanos y los eternos y universales sobresaltos del amor. Residente en Canarias, España, Díaz filmó esta película motivado por su experiencia en el sur de Florida, y porque creyó firmemente que se la debía a sus millones de coterráneos radicados en Miami, Cuba y el resto del mundo.

Según un artículo del 2016 de Martinoticias.com, Miravalles regresó a la isla en el 2010 para el estreno de esa película.

Cuestionado por Elizabeth Mirabal sobre qué le inspiró a protagonizar «Cercanía», el actor contestó:

«Se hizo a muy bajo costo, pero me gustó la historia que contaba. Filmábamos durante doce horas todos los días. Cuando único descansábamos era el domingo, y terminamos en mes y medio. A los cubanos les gusta la película. Recrea una situación muy propia de los viejos en Estados Unidos. A los ancianos se les relega. La mayoría de la gente mayor va y tiene que hacer locuras para poder subsistir. Tengo situaciones muy graciosas y algunas que lo son menos. Ahora, soy toda la película, no por el éxito, sino porque aparezco desde el principio hasta el final, siempre estoy en escena, y eso no es muy beneficioso. El espectador se cansa de esa imagen que se repite. La película tiene noventa y tres llamados, y solo no estoy en tres. Rolando y yo somos íntimos amigos, trabajé con él en su primera película “Los pájaros tirándole a la escopeta” y estoy aquí precisamente porque sé que se va a proyectar “Cercanía” y quizás con mi presencia puedo ayudarlo en algo. Así veo a mis hijas, a mis nietos y bisnietos».

Esther en alguna parte

En una de las muchas entrevistas que dio Miravalles, afirmó que, si bien emigró a Estados Unidos hace varios años, dejó «la mitad de su corazón en Cuba».

Acorde a la misma publicación del 2016 de Martinoticias.com, «tras 20 años sin hacer una película en Cuba, (Miravalles) viajó a La Habana en 2012 para el rodaje de «Esther en alguna parte« (2013), bajo la dirección de Gerardo Chijona». Esta fue una coproducción cubano-peruana rodada en Cuba, basada en la novela homónima de Eliseo Alberto.

Siendo este su último trabajo, Miravalles interpreta a Lino Catalá y trabaja junto a otro de los inmensos —ya no digo grandes— actores cubanos: Enrique Molina, de quien también escribí y publiqué un artículo en este blog.

«Si tú no vives en tu país, no hay un estilo de producción para que te seleccionen. Para esta película, no hay mucha gente que tenga la edad que necesita para salir en ella. Los viejos trabajan en el cine porque abren la puerta y solo dicen: “el señor no está”, y cierran la puerta. Los argumentos para viejos no existen en el cine. No para mí, que tengo ya muchos años y ahorita voy a tener un siglo. Actores famosísimos del cine americano no ponen la cara ahora en el cine. Lo que ponen es dinero para que hagan las películas, pero sus caras no se ponen más. ¡Já, já, já! »

«Y, además, para hacer una película, el argumento tiene que estar bueno. Si me ofrecen una película que no esté bien el argumento… ni aquí, ni allá. No la hago tranquilamente. Aquí, no quiero especificar, me han ofrecido películas. Pero las películas que no me interesen, no las hago, porque me parece que es perder prestigio».

«Chijona encontró a un actor que tiene la edad que necesita tener el personaje de esta película, y me invitó a que yo viniera a Cuba. Lo primero que yo le dije fue: me tienes que dar el guion, para yo saber si el guion me conviene. No la economía, sino el guion. Entonces me dieron dos guiones que eran demasiado amplios, y les dije que no. Después me trajeron otra versión. A mí me pareció que era una cosa agradable, y acepté venir a hacerla.»

A raíz de su muerte, Prensa Latina News Agency publicó en el sitio en.escambray.cu el 1 de noviembre de 2016:

«Ya no hay historias para viejos», me confesó sin amargura Reynaldo Miravalles en la lluviosa tarde de bienvenida a Prensa Latina en su casa de El Vedado habanero, la misma casa donde falleció el lunes a los 93 años.
«Nadie va al cine a ver a las personas mayores, ni siquiera los estadounidenses. Esa película fue hecha para nosotros, y agradezco a Chijona por haberme tenido en cuenta», me dijo el actor sin saber cómo sería bienvenida la película.
En ese momento, había sido noticia por su regreso a Cuba para actuar en una película centrada precisamente en los adultos mayores, la última película que protagonizó a lo largo de su vasta carrera. Interpretó al personaje de 90 años que Concibió Gerardo Chijona pensando siempre en él, en su carisma y en esa expresividad de gestos cada vez más rara y valiosa.
«Esther en Alguna Parte» fue su reencuentro con el cine cubano.

Wilfredo Cancio Isla lo recordaba así en su artículo del 2013 para cafefuerte.com:

Fue otra batalla por la naturalidad de su personaje, porque Miravalles devolvió dos versiones del guion, inconforme con el tono de irrealidad de los diálogos.
«Entre Enrique Molina y yo trabajamos muy bien, nos sentimos muy cómodos con los diálogos, que son como duelos verbales entre él y yo», comentó. «Si me decidí a hacerla es porque se trata de una película que no tiene una pizca de política, no me interesa la política ni quiero molestar a nadie…; es una película de emociones y sentimientos».

En lo particular, disfruté mucho viendo esta película, que no es de los géneros que más me gustan y busco hoy día. Pero un buen drama con grandes actuaciones «bien valen una misa». Con independencia que Miravalles es mi número 1 en la actuación cubana, siempre hay que quitarse el sombrero con Enrique Molina, que no en balde es mi actor cubano no. 2. Y aquí, sin duda, lleva el mayor peso actoral.

Me he sentido muy complacido de reconectarme con el cine de mi país a través de estos artículos escritos para honrar a Miravalles. He tenido la oportunidad también de ver grandes actrices, aunque en esta historia tengan papeles pequeños. Les digo: RECOMIENDO ver esta película y a los talentos excelsos que hay en ella.

(en el punto 6 del Apéndice encontrarás la valoración de Vancouver Latin America Film Festival sobre esta película; puedes utilizar este enlace que te dejo: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

Según Prensa Latina:

El éxito fue total, más allá de la calidad de la historia y la realización, porque tocó fibras sentimentales de una nación que creció adorando al actor que interpretó a dos personajes memorables como Melesio Capote y el ranchero Domingo Carmona.
La noche del estreno recibió una ovación de pie en el Teatro Chaplin de La Habana como el gran campeón que fue, y al año siguiente, en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, recibió el Premio Coral Honorífico por su contribución a la cultura cubana.
Esa tarde habló sobre el campesino Melesio y cómo estaba concibiendo el personaje mientras se rodaba la película en la Cordillera del Escambray, sobre su pasión por el equipo de béisbol Almendares que más tarde se convirtió en Industriales, y sobre el placer de sentirse un ser humano normal, un cubano humilde.
Conocido por su versatilidad, señaló que cada personaje encarna un conflicto, una actitud que el actor debe desentrañar y que es el caso de «Esther en Alguna Parte». La película estaba tan bien escrita que le fue fácil aprender el guion, la conversación fluye.

Charly Morales Valido lo describió así en su artículo de 2013 para oncubanews.com:

El día del estreno de Esther en alguna parte, Reinaldo Miravalles entró en Chaplin impulsado por un tsunami de fans: impecable en su traje negro, sabía que era la estrella de la noche. Antes de que comenzara la exhibición, los focos se centraron en las últimas filas, y saludó a la multitud con puños, como un boxeador veterano después de noquear a una vida que lo había vencido con fuerza en sus rondas finales. Y el público le dio una ovación de pie, vítores como solo los campeones reciben… Porque Miravalles es sin duda un campeón de la muestra, con algunos de los papeles más memorables de la historia del cine cubano.

Reynaldo Miravalles recibe el Premio Coral Honorífico de manos de otra gran actriz, Daisy Granados, quien también participara en «Esther en alguna parte».


Esta parte termina aquí, pero no la historia sobre nuestro querido actor. Espera la 4ta parte, donde tengo una sorpresa que mostrarles. Gracias por leer, y si compartes, me sigues y/o comentas.

Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal (II).

Durante el rodaje de «Historias de la revolución», Miravalles iba a verse actuar en las proyecciones de las tomas diarias aún sin editar. Mientras lo hacía, el director de fotografía de la película, Otello Martelli, uno de los patriarcas del neorrealismo italiano, lo felicitó por su interpretación. Como lo recuerda el actor:

«De pronto, me tocaron por detrás y era Martelli (foto) para decirme: “Muy buena su representación”, pero en italiano: “Molto bene”. Me quedé caga’o, como decimos los cubanos. Me asusté con el elogio, porque si él lo decía era que había dado en el clavo. Si ese hombre me daba ese criterio, pues era feliz.».

Esta revelación tiene una versión con otro giro según la cuenta Armando López en cubaencuentro.com, pues el autor escribe que Miravalles dijo: «Cuando exhibieron los primeros rushes —filmaciones sin editar— de “Historias de la Revolución” en el cine La Rampa, alguien me tocó por la espalda; era Otelo Martelli, el director de fotografía del filme, quien me dijo: ‘Lo felicito, muy buena su representación’. Y se me salió un ¡Ahhhhhh! de satisfacción, porque un elogio del fotógrafo de La Strada, de Fellini, era mucho más que un premio. Yo nunca me había visto actuar. Había hecho mucha televisión, pero entonces no existía el vídeo, sólo se hacían unas peliculitas llamadas kinescopios para los dueños de las emisoras. “Historias de la revolución” me hizo pasar mi examen de actuación. Me aprobé a mí mismo».

Como quiera que haya sido, las palabras de Martelli fueron como una bendición que lo reafirmaría en el ejercicio de la naturalidad, un don que acompañó desde entonces a Miravalles en el arte de la actuación.

El motor impulsor de este procedimiento está explicado de dos maneras diferentes por dos fuentes distintas.

Wilfredo Cansio lo cuenta así en su artículo: «Todo surgió, el día en que fue a ver la película italiana “Ladrón de bicicletas”, de Vittorio de Sica, en un cine de la calle Consulado, en La Habana. Miravalles dijo: “Me fui con un amigo a ver una película italiana y era «Ladrón de bicicletas» y fue cuando descubrí la forma en que yo quería actuar…, el juego de la conversación de los italianos, la frescura de la expresión, hablar como hablaban las personas, no como los artistas. Eso marcó para siempre mi trabajo y empecé a hablar con la mayor naturalidad posible, sin artistaje”».

Ladrón de bicicletas de 1948.

Elizabeth Mirabal, por su parte, al preguntarle a Miravalles «¿Por qué le impactó tanto “El limpiabotas”?», dice que el actor respondió: «Era un aficionado. Dudaba, porque los actores de la radio me sonaban falsos. No me parecían seres humanos, sino muñequitos. Pero ignoraba los argumentos para defender ese criterio. A fin de cuentas, era un desconocido. La calle Consulado estaba llena de distribuidoras de cine y siempre había alguna que otra salita de exhibición».

«Un amigo me invitó un día a ver una película llamada “El limpiabotas”, de Vittorio de Sica, uno de los creadores del neorrealismo italiano. Descubrí cómo aquella gente circulaba dentro de la pantalla con naturalidad, como auténticas personas. Y me dije: “Ahí está la razón. He ahí lo que buscaba.” Ese fue mi punto de partida para actuar”».

El limpiabotas de 1946.

Cuando llegó «Las doce sillas», Titón le propuso a Miravalles un personaje bueno, pero también muy corto. El actor le dijo al director que tenía que darle alggran o mejor, porque ya había hecho tres escenitas de esas. Además, pagaban mal. Titón le dió a Miravalles el protagónico junto con Enrique Santiesteban y eso fue una emoción para el actor.

En el cine (continuación)

En los ’80, Miravalles se entrega al diseño de personajes populares y contemporáneos, más en sintonía con la realidad de esos años. También concurre a los estudios de la Televisión Cubana en varias oportunidades como invitado en espacios humorísticos y telenovelas.

La primera actuación en cine de Miravalles que se cita en esta década es la de Polvo rojo, de 1981, bajo la dirección de Jesús Díaz. Aquí encarna otro personaje negativo, al ser el representante extranjero, prepotente, de una compañía nacionalizada.

En 1982 Miravalles vuelve a ser dirigido por Littín en la cinta «Alsino y el cóndor», en la cual interpreta a Don Nazario, el pajarero. Esta película fue realizada por Cuba, Nicaragua, México y Costa Rica.

Reynaldo vuelve a actuar en otra coproducción en 1983, cuando lo hace en la cinta «El señor presidente» de Manuel Octavio Gómez, basada en la novela de igual título del Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias. En ella el actor cubano interpreta al Fiscal.

En 1984, Miravalles tiene uno de los protagónicos en una de las comedias más populares de esos años: la película de Rolando Díaz, «Los pájaros tirándole a la escopeta», una crítica picaresca a ciertos estigmas dentro de la sociedad cubana contemporánea.

Miravalles interpretó a un hombre maduro, chofer de ómnibus, quien es la típica semblanza de un machista cubano y que entabla un romance con la madre del novio de su hija.

Esta película fue pródigamente premiada en festivales nacionales e internacionales.

En 1985 a Miravalles se le adjudica haber trabajado en varias producciones.

Una fue «El corazón sobre la tierra» del director Constante «Rapi» Diego (abajo, a la derecha), en la cual interpreta a un campesino serrano que, ante la muerte de su hijo combatiente, retoma la idea de fundar una cooperativa campesina en el corazón de la Sierra Maestra.

Otra fue la coproducción sueco-cubana Svindlande affärer («Asombroso negocio»), dirigida por Peter Schildt y  Janne Loffe Carlsson. En ella, Miravalles tiene el papel de un jefe de policía cubano.

De izquierda a derecha: Un anuncio impreso de la película, Schildt y Carlsson.

(más información sobre esta película la hallarás en el punto 4 del Apéndice si sigues este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

Una tercera fue la colombiana «Tiempo de morir» del director Jorge Alí Triana; nuestro actor interpreta aquí a Casildo.

Probablemente, algunos recordarán la versión mexicana de 1965 que vimos en Cuba.

En 1987 Miravalles regresó al género de la comedia con su personaje de Pedro Quijano —Pedro Cero por Ciento—, en «De tal Pedro tal astilla» del director Luis Felipe Bernaza, una suerte de recreación en tono humorístico de la obra shakesperiana Romeo y Julieta, pero en el campo cubano.

Este papel le mereció a Miravalles un Premio Caracol —galardón ofrecido por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba— a la mejor actuación masculina.

De izquierda a derecha: Un anuncio publicitario de la película; el director; una escena con Miravalles.

De este mismo año es «Cubagua», una coproducción de Cuba, Panamá y Venezuela, dirigida por Michael New e inspirada en la novela de Enrique Bernardo Núñez. La historia es un viaje iniciático a través de los tiempos en que los acontecimientos de las diferentes épocas se refieren a una misma realidad.

Uno de los guionistas fue Luis Rogelio Nogueras (Wichy), de quien, quizás, recuerden la novela «Y si muero mañana», que se hizo tan famosa entre nosotros cuando estudiábamos en la Lenin.

Al centro, la novela que inspiró la película y su escritor. Le siguen nuestro Wichy y su popular novela de acción y espionaje.

Miravalles interpreta a los personajes Stakelum, Carballo y Diego de Ordaz.

En 1988 llega «Vals de la Habana Vieja», la cual nos trae las situaciones que puede desatar ese imprescindible por alcanzar y tener adamante en la sociedad cubana que es celebrar los quince años de una adolescente. Miravalles vuelve a trabajar con el director Luis Felipe Bernaza, ahora en el papel de Epifanio, un proyeccionista de cine venido a menos.

En 1989 participa en un drama dirigido por Emilio Oscar Alcalde: «El encanto del regreso».  

Sinopsis: El mayor del ejército cubano, Roberto Hernández, regresa de una misión internacionalista para encontrar una situación familiar diferente a la que había dejado. Él trata de confrontar eso, pero es solo un simple reflejo de lo que está sucediendo en el país.

Una escena de la película que muestra a todas sus estrellas.

(en el punto 5 del Apéndice he incluido el artículo publicado por Juan Antonio García Borrero sobre esta película; sigue el siguiente enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

En 1991, al comienzo de uno de los períodos más difíciles en términos económicos y políticos para Cuba, Miravalles participó en una de las películas más polémicas del cine cubano: la comedia de humor negro  «Alicia en el pueblo de Maravillas» del director Daniel Díaz Torres, en la que encarnó al líder, de tintes diabólicos, de un remoto pueblo cubano al que son «deportadas» las personas que han sido degradadas de sus cargos.

Miravalles proyecta acertadamente las características de un tipo de funcionario taimado y manipulador que presiona para impedir que una joven graduada como instructora de teatro, ponga en práctica una obra de crítica social.

Una fuente indicó que el crítico cubano Juan Antonio García Borrero tenía pensado incluirla en un libro con el título tentativo de «Diez películas que estremecieron a Cuba». Sin haber podido dar con tal libro, sí encontré que la incluyó en la lista de un artículo publicado en su blog cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com.

Miravalles vuelve a trabajar bajo la dirección de Constante «Rapi» Diego en 1992 cuando actúa en «Mascaró, el cazador americano», por lo cual recibió el Premio Coral a la mejor actuación masculina en el marco del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

El guion está basado en la novela de igual título escrita por Haroldo Conti.

En 1994 Miravalles participa en la película colombiana «El reino de los cielos» bajo la dirección de Patricia Cardoso (foto).

Sinopsis: Bernabé es un hombre mayor, casi ciego, que trabaja como aguatero, es decir trayendo el agua a su pueblo. Debe decidir si se opera de las cataratas. Cuando recupera la visión, después de cincuenta años sin ver, comienzan sus dificultades. Basada en una historia de la vida real.

Entre otros premios, en 1995 esta película fue merecedora de un Premio Óscar Estudiantil por Mejor Película en el Festival de Cine Óscar Estudiantil, en Los Ángeles, California. Fue así la primera película hablada en español ganadora de un Óscar en tal categoría.

Miravalles vuelve a actuar bajo la dirección de Daniel Díaz Torres en la película «Quiéreme y verás» de 1994.

Una sinopsis cuenta que tres individuos intentan asaltar un banco en La Habana Vieja, el 31 de diciembre de 1958 pero una demora imprevista frustra el gran golpe. 35 años después, en La Habana de los 90, un nuevo incidente despertará la pasión aventurera de estos tres amigos que sienten renacer sus viejas ilusiones perdidas. Divertida comedia de cine negro a ritmo de bolero.

De 1994 es también «El encanto de la luna llena», un corto de Benito Zambrano, coproducción Cuba-España.

Sinopsis: En una noche tranquila, mientras suenan unos viejos boleros, un grupo de singulares personajes viven una historia de amor, de sueños y de muerte. Y todo transcurre bajo el encanto plateado de la luna llena.

En 1995, Reynaldo Miravalles emigra a Estados Unidos, y eso marcaría un importante cambio en su vida y carrera.

Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal (I).

Una de las cosas que siempre puede consultarse en el cine hollywoodense —porque siempre está documentado— son las frases dichas por los actores y actrices en las películas, que ya sea el público o la propaganda hacen icónicas y dignas de perdurar en la memoria de los espectadores.

No tengo conocimiento que haya algo así en nuestro cine cubano. Pero si existiera, estoy seguro de que algunas pertenecerían a Reinaldo Miravalles: «Alberto Delgado, cará», «Mi casa es mía», «¡Pínchalo, cabrón!», «Eres un puñetero», «¿Quién quiere quitarme mis frijoles?»…

Este 22 de enero de 2022, Reynaldo Agustín Miravalles de la Luz —su nombre puede hallarse escrito, indistintamente, con y o con i— cumpliría 99 años. Él nació en La Habana en 1923, en el Callejón del Chorro, junto a la Plaza de la Catedral de La Habana.

Dos fotos del Callejón del Chorro, y una de la Plaza de la Catedral de La Habana.

Primer paso en el arte

La primera manifestación artística por la que se inclinó fue la pintura, por lo que se matriculó, cuando tenía 17 años, en la escuela anexa de San Alejandro en su curso nocturno, sita en Reina y Gervasio según una fuente.

En la entrevista hecha por Elizabeth Mirabal a Reynaldo Miravalles en 2010 para scholarcommons.usf.edu/surcosur, ante la pregunta «¿por qué se inclinó por la carrera de pintura siendo muy joven?», el actor responde:  

«Cuando era niño hacía dibujitos, y mi mamá decía que yo era un artista tremendo. Le creí y matriculé en la escuela anexa a San Alejandro. Cursé el primer y el segundo año, haciendo pinturas estatuarias, grabados y cuando fui a pasar al nivel superior, no pude. Mi familia era de extracción muy pobre, y tuve que trabajar durante el día, es decir, en el mismo horario de las clases. Pero ese período allí fue un nexo».

Se dedicó a esa tarea durante dos años, en las noches. Sin embargo, cuando le tocó el turno regular tuvo que renunciar a la vocación por los problemas económicos de la familia.

Los días eran para mejorar sus condiciones, y por entonces se dedicaba a vender algunos artículos en pos de ayudar a su madre. Con los ahorros y junto a un amigo, compró un café sin amueblar en el que vendía leche.

(en el punto 2 del Apéndice hay una reseña de Elizabeth, para que conozcas su persona y trabajo: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

En la radio

«Uno de mis compañeros quiso hacer un fin de fiesta, como si se tratara de una escuela infantil y no de adultos. Deseaba representar unas obritas para cerrar el curso y me dio el papel de un andaluz. No había actuado nunca, no sabía ni qué era eso. Ya en ese instante tenía un café pequeño en sociedad con otro amigo. Por esa época, un actor aficionado que trabajaba en RHC-Cadena Azul me habló de su trabajo y le dije que a mí me gustaría dedicarme a lo mismo. Él estuvo al frente de un programa y me invitó a participar. Trabajé allí cuatro días y después le pedí mi parte al otro socio. Ya no vendería más café con leche», le contó Miravalles a Elizabeth.

En 1944 hace su primera actuación en la radioemisora «La voz de los Ómnibus Aliados». A partir de esa fecha, trabajó en casi todas las emisoras radiales de La Habana.

En la foto: Miravalles en 1947.

Más tarde, se unió a un grupo de actores muy pequeño, e hizo un programa del que se transmitieron tres capítulos. Decidió que le gustaría la actuación.

Cuando comenzó a trabajar de manera regular en RHC-Cadena Azul en 1947 lo hizo como actor de relleno y de manera gratuita. En los primeros tiempos no recibió un centavo a cambio de sus actuaciones, que realizaba dos veces por día.

«Yo tenía una voz casi infantil, pero quería intentarlo», recordaba el actor. «Me puse a trabajar gratis con grupitos de la radio que no cobraban. Empecé a estudiar por mi cuenta, a observar, porque dicen que, «cortando huevos, se aprende a capar»».

De Cadena Azul continuó a Radio Progreso.

Se mudó a Prado, y alquiló un cuarto por tres pesos. Después de eso, se quedó sin dinero. Iba cada día a la emisora desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche para aprender de todo un poco.

De esta primera etapa de su carrera, hay que destacar su intervención en la más famosa serie humorística —primero radial, luego televisiva— de la Cuba republicana: La tremenda Corte, donde la vena humorística del actor quedó al descubierto. En ella interpretaba a los personajes de Leoncio Garrotín y Rompecocos.

Según un artículo escrito por Armando López en cubanecuentro.com el 2 de junio de 2009, el canal 4, de Gaspar Pumarejo, fue el primero que salió al aire en Cuba. Trasmitía desde un patio en las calles Mazón y San Miguel. Salían al aire todos los sonidos de la calle, hasta el pitorreo de las guaguas. No fue hasta el año siguiente que se hicieron estudios en interiores. 

Ya en 1952, en una selección de los mejores programas de televisión, Reinaldo Miravalles ganó el Premio al Mejor Actor Genérico por su detective en «El Hombre Flaco». Le iba de maravillas sus dramáticos en el Canal 4 y su éxito como presentador de concursos, hasta que en 1956 el canal cerró. Por suerte, en 1956 lo invitaron a ir a Venezuela y le ofrecieron un contrato en Radio Caracas Televisión (RCTV), donde alterna el trabajo de la radio y la televisión.

En 1958 regresa a Cuba de vacaciones y lo sorprende el triunfo de la revolución. Miravalles decide quedarse e incorporarse a su profesión habitual de actor. Así es contratado por CMQ.

El público se acordaba de «El Hombre Flaco», pero Goar Mestre no. Y como Miravalles exigía más dinero, lo despidieron a los tres meses.

De izquierda a derecha: Pumarejo, Mestre y Radiocentro (CMQ).

Lo último que encontré sobre el trabajo de Miravalles en la radio fue su inclusión en el elenco de «Alegrías de Sobremesa» con su personaje de Melesio —traído de la televisión—, gracias a Alberto Luberta.

Izquierda: Una escena de «Alegrías de sobremesa» teniendo lugar en su estudio. Derecha: Alberto Luberta.

En el teatro

Desafortunadamente, la única información sobre este quehacer del actor que pude hallar fue en una sola fuente que aseguraba que «en teatro también actuó en multitud de obras, aunque sin dudas fue en un clásico cubano, Santa Camila de la Habana Vieja, donde logró su mayor éxito».

Eso fue en 1960, cuando dejó la televisión para afiliarse al grupo de teatro Milanés con el cual estrenó esa obra. A la vez, trabajaba en el rodaje de otras películas.

Miravalles no consideraba haber tenido gran éxito en el teatro, y lo expresó así: «He actuado muy poco en el teatro. Hice cuatro o cinco obras en toda mi carrera. Nunca coseché un gran éxito, solo en “Santa Camila de La Habana Vieja”. Tuve la suerte de estrenarla, y la puesta se mantuvo durante tres meses a teatro lleno. Después fue llevada a la pantalla chica. Pero el logro fue colectivo, no particular. No tuve la oportunidad de elegir en teatro. Si me ofrecían un papel y me gustaba, lo hacía y punto».

Del resto de esas obras no hay constancia en línea ni en sus biografías.

En la televisión

Fuentes distintas mencionan fechas diferentes para el comienzo de Miravalles en la Televisión Cubana: algunas dicen que fue en 1951 y otras que en 1952, y que ya en ese último recibió el premio al actor más destacado. Lo cierto es que fue un medio que, como actor, nunca abandonó del todo.

En una entrevista que le hizo la revista «La Gaceta de Cuba» en su ejemplar #4 del 2010, ante la pregunta ¿Cómo se las arregló para comenzar en la televisión?», Miravalles contestó:

«Cuando empiezo en la televisión ya había actuado mucho en teatro. La primera vez fui un extra sentado en una silla y, en la segunda ocasión, logré un protagónico junto a José Antonio Rivero (foto)».

«Al principio, para los actores populares y consagrados, la televisión era una cosa nueva y muchos le temían. Sus figuras no se correspondían con el éxito alcanzado en la radio. Eran galanes, pero de apariencia rechoncha. Otros, demasiado bajitos o feos. No querían afectar su puesto. Por eso, nos daban chance a los que no teníamos nada que perder».

«Los primeros trabajos en «La Tremenda Corte», por ejemplo, siempre eran de contrafigura. La estrella que hacía reír era Leopoldo Fernández (foto). Nosotros lo apoyábamos para que su actuación se destacara».

Después de 1959, interpretó decenas de personajes diferentes en «Teatro ICRT», «El Cuento» y «Grandes Novelas». Su calidad interpretativa le permitió encarnar tanto personajes cómicos como dramáticos: su perfecto Sherlock Holmes, y su socarrón y profundo Melesio Capote. De todos ellos al que más éxito se le atribuye es al de Melesio Capote.

Según Juventud Rebelde y la «Cronología de la televisión cubana» en elblogdepedrazaginori.blogspot.com, Melesio apareció por vez primera en la telenovela «La peña del león» del espacio «Horizontes» de 1976, escrita por Maité Vera (foto), como el testarudo campesino que se negaba a abandonar su rancho para sumarse al sistema de cooperativas que le proponía la Revolución.

Wilfredo Cancio Isla escribió en cafefuerte.com que el actor, al hablarle de este personaje, le contó que había hecho una recreación a partir de observar la cadencia del habla de guajiros de Pinar del Río, «porque no quería hacer el mismo guajiro que todo el mundo hacía».

La «Cronología de la televisión cubana» informa que el 25 de marzo de 1979 se transmite el primer capítulo de la serie del MININT «En silencio ha tenido que ser», en la cual Reynaldo Miravalles interpreta al coronel García. De hecho, él estuvo también en la segunda parte de esta serie «El regreso de David» donde se le da cierre a su personaje.

Una porción del capítulo 2 de la serie original «En silencio ha tenido que ser», donde se ve a Miravalles en su personaje del coronel García.

El18 de febrero de 1982 salió al aire la serie humorística «Si no fuera por mamá», escrita por Enrique Núñez Rodríguez y dirigida por Cuqui Ponce de León. El elenco incluía a Marta del Río, Erdwin Fernández, Ana Luisa Rubio, Noel García, Oscar Caballero, Irela Bravo, Reynaldo Miravalles —en su personaje de Melesio— y Eloísa Álvarez Guedes.

Luego se cita abril de 1989 como su última aparición en televisión al trabajar en la serie «Hermanos» en el espacio «Aventuras», donde Miravalles actuó junto a Rolando Brito, Reynaldo Cruz, Miguel Benavides, Rogelio Blaín y Omar Valdés, con guion y dirección de Eduardo Macías.

En el cine

Según IMDb, Reynaldo Miravalles participó en 35 proyectos audiovisuales e hizo su debut cinematográfico en 1957 con el filme venezolano «Papalepe» —algunas fuentes escriben Papa Lepe—, dirigida por Antonio Graciani (hijo), en la que desempeñaba un rol de poca importancia.

A partir de 1959, con la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), se fue perfilando como uno de los actores de mayor fuerza interpretativa del nuevo cine cubano.

Así, comienza en 1960 con un personaje pequeño en el primer cuento del filme «Historias de la revolución» de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), obra que refleja la lucha que a finales de los años cincuenta derrocó al régimen dictatorial de Fulgencio Batista.

Afiche de la película; Tomás Gutiérrez Alea.

En el relato titulado «El Herido», él encarnó a un humilde lechero que se ve involucrado en la insurrección, cuando esconde en su carro al protagonista herido por la policía que le pide ayuda, quien antes había rechazado ayudar a dos asaltantes del palacio presidencial el 13 de marzo de 1957.

Wilfredo Cansio narra en su artículo de 2013 que Reynaldo Miravalles recordaba con exactitud los momentos en que actuaba en su parte. Él repasaba la escena en su memoria: la concentración, el pánico, la determinación y la naturalidad con que trató de asumir aquel pequeño papel.

Era su primer personaje en el cine cubano y Miravalles no tenía mucho que consultarle a Titón, quien encaraba a la vez su ópera prima como director de largometrajes y se sentía agobiado por los aspectos rutinarios de una producción cinematográfica. El actor pensó que había salido bien de su bautismo en el cine, pero quería comprobarlo viendo las escenas filmadas (el final de esta historia viene en la segunda parte).

Miravalles aparece casi al final de la primera historia, en el minuto 27.

En 1961, sin embargo, representó un personaje diametralmente opuesto, un cruel e inescrupuloso esbirro batistiano, en otro filme de similar temática: «El joven rebelde», dirigido por Julio García Espinosa y concebido por Cesare Zavattini, el mítico guionista del neorrealismo italiano.

Miravalles aparece en el minuto 13.

Apenas un año más tarde, obtiene su primer papel importante en un largometraje de ficción como coprotagonista, nuevamente bajo la dirección de Gutiérrez Alea, en una de las comedias más memorables de los años sesenta cubanos: Las doce sillas, en la que interpretó al picaresco chofer de un aristócrata venido a menos con la Revolución —papel que tuvo a su cargo Enrique Santiesteban— que busca desesperadamente unos diamantes que éste había ocultado en unas sillas confiscadas y subastadas por el gobierno revolucionario.

Afiche de la película, y sus dos protagonistas: Santiesteban y Miravalles.

(si no sabes en qué está basado el argumento de esta película, averígualo en el enlace que dejé en el título de la misma; puede que te sorprenda).

En 1963 tiene un papel en Preludio 11, una película de espías germano-cubana dirigida por Kurt Maetzig, basada en la novela homónima de Wolfgang Schreyer, quien también escribió el guion. Aquí Miravalles trabajó con un largo elenco de actores cubanos.

(sobre esta película y los actores cubanos involucrados en ella, accede a la información en el punto 3 del Apéndice con este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8102)

En 1965 aparece, como se lee en los créditos de apertura, con una «participación especial» en «Desarraigo», dirigida por Fausto Canel. Por cierto, la estrella aquí es Sergio Corrieri, así que esta debe ser la primera vez que ambos actores estuvieron trabajando juntos. Los dos salen en pantalla desde el mismo comienzo de la historia.

Miravalles vuelve a ser dirigido por Fausto Canel en la película «Papeles son papeles» (afiche en la foto) de 1966. Canel vuelve a unir a Miravalles y a Corrieri en una misma cinta.

El actor regresa al cine en la década siguiente con un papel en «Una pelea cubana contra los demonios», la película de 1971 de Tomás Gutiérrez Alea.

1973 marcó, sin dudas, un hito en la carrera de Reynaldo Miravalles. Ese año interpreta a uno de los personajes más memorables del cine cubano: Cheíto León, un bandido que lucha contra el gobierno revolucionario, refugiado en la región montañosa del Escambray —en el centro del país—, en el contexto de la denominada Lucha contra Bandidos de los años sesenta. Aunque no es el personaje protagonista de la historia, su interpretación del mismo revela una genuina calidad histriónica.

Eso lo hizo en la película «El Hombre de Maisinicú» de 1973, dirigida por Manuel Pérez Paredes. El papel de Miravalles, aunque cuenta con pocas apariciones, tal vez le haya merecido obtener mayor popularidad entre el público cubano: Un índice de la relevancia de esta actuación lo constituye el hecho de que tres de las frases de Cheíto León figuran entre las diez más recordadas del cine de la Isla.

De izquierda a derecha: un anuncio publicitario del filme; el director, Manuel Pérez; una escena icónica de la película.

A propósito de esto, Miravalles le dijo a Elizabeth Mirabal en su entrevista:

«Los diálogos se construyen en un buró. Pueden estar bien, pero siempre sugieren algo. Y yo improviso. Claro, hay que tener la conciencia de que no siempre lo que se improvisa es bueno. En ocasiones, es una bobería o no sirve. En “El hombre de Maisinicú”, Cheíto León está tratando de sacarle a Alberto Delgado que él es del G2. Lo llamo, empezamos a conversar, pero él es mi enemigo. Están haciendo café y mando a que le den. Él toma y dice: “Buen café”. Y yo le contesto: “Especiaaal pa´ los amigos”. Eso es una estocada. Frases así han quedado, y algunas son producto de la improvisación. He tenido suerte. Quizás es casualidad. El papel que me había dado Manolo Pérez no era el de Cheíto León, sino “El Carretero”, que políticamente tenía más connotación, pero como personaje dentro de la película estaba mal colocado con dos o tres escenas a mitad del film. Pasaba el metraje y lo que había hecho, se lo comía la historia (…) Seguí leyendo y al final apareció Cheíto León, un pequeño papel, pero de más actividad. Le dije a Manolo: “Mira, el que tú me das, a mí no me interesa. Ahora, si me dejas Cheíto León, me voy a pasar hambre allá al Escambray”. Al día siguiente me dijo que sí. Cuando la redacción del diálogo de mi personaje no se acomodaba a su carácter, hablaba con él para ver si era posible recomponerlo. No pedía nada para destacarme, sino para arreglar al personaje».

En 1976 con «Rancheador» de Sergio Giral, historia ambientada en la etapa colonial cubana, se convierte en la estrella absoluta, al aparecer en pantalla durante casi la hora y media de duración del filme. En esta ocasión encarnó a Francisco Estévez, un mercenario cazador de esclavos fugitivos o cimarrones, personaje de carácter, violento, pleno de rasgos negativos, exacerbados por su ambición, que le proporciona la coyuntura para poner de relieve sus dotes artísticas.

De izquierda a derecha: un anuncio publicitario del filme; el director, Sergio Giral; una escena de la película.

Dos años más tarde, dos películas y dos directores reclaman la calidad interpretativa de Miravalles.

Bajo la dirección de Miguel Littin trabajó en «El recurso del método», una historia basada en la novela homónima de 1974 del escritor cubano Alejo Carpentier.

De izquierda a derecha: un anuncio publicitario del filme; el director, Miguel Littín; el escritor de la novela, Alejo Carpentier.

Y volvió a ubicarse bajo la dirección de Gutiérrez Alea en «Los sobrevivientes», donde interpretó a Vicente Cuervo, un oportunista administrador de una aristocrática familia cubana que se recluye en su palacete para refugiarse de las profundas transformaciones impulsadas por el nuevo gobierno socialista.

Esta película volvería a unir a Santiesteban y a Miravalles. A la izquierda: un cartel promocional.

El afán por imitar a su patrón, la idea de pertenecer a esta familia de abolengo y recia estirpe, hacen que construya un personaje servil y sumiso a la espera de un momento para exhibir ante el «cabeza de familia» su competencia para solucionar todas las necesidades de la casa.

Sus actuaciones en la década del ’70 cierran con La viuda de Montiel de 1979, otra vez bajo la dirección de Miguel Littín, junto a la estrella del filme, Geraldine Chaplin.


El comienzo de la década del ’80 trajo ciertos cambios en los personajes de Miravalles y en su propia y real vida personal en lo sucesivo. Así que no te pierdas la segunda parte de este homenaje.

Comentarios son siempre bienvenidos.

Apéndice a «Reynaldo Miravalles: al más grande de la actuación cubana, mi Oscar personal».

(esta información está conectada al artículo principal en el siguiente enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/6384)

1. El Callejón del Chorro:

Según el Editorial del sitio d-cuba.com, el Callejón del Chorro es una popular callejuela sin salida de unos treinta metros de profundidad que tiene su fondo en el Taller Experimental de Gráfica, en el Casco o Centro Histórico de La Habana Vieja, Cuba.

El taller por fuera y por dentro.

Debe su nombre a que en los siglos XVI y XVII era el final de un canal de once kilómetros que suministraba agua desde el Río Almendares, llamado en esos tiempos La Chorrera.

En la antigüedad, al Callejón del Chorro —primero Callejón del Jagüey— concurrían los pobladores de La Habana a abastecerse de agua en la Plaza de la Ciénaga que era como se denominaba la Plaza de la Catedral.

El río Almendares a su paso por el parque homónimo (izquierda). La Plaza de la Catedral de La Habana (derecha).

Hoy, el Callejón del Chorro es un espacio cultural donde pueden encontrarse diferentes atractivos como son los restaurantes Esto no es un Café, Doña Eutimia, la Dulcería Bianchini II, la Galería Víctor Manuel del Fondo de Bienes Culturales, así como el Taller Experimental de Gráfica de La Habana.

Muy cerca se encuentran importantes atractivos culturales, recreativos y turísticos como: la Casa de la Obra Pía, el Museo de Arte Colonial, los restaurantes El Patio y la Bodeguita del Medio, el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, los hoteles Tejadillo y Marques de Prado Ameno.

2. Elizabeth Mirabal:

Elizabeth Mirabal nació en La Habana en 1986. Para el 2009 Se licencia en Periodismo en la Universidad de La Habana. Su novela «La isla de las mujeres tristes» mereció el Premio Iberoamericano Verbum 2014. Ha compilado «La intimidad de la historia» (2013) y «Poesía completa» (2016) de Juana Borrero.

Es coautora de dos libros sobre Guillermo Cabrera Infante: «Sobre los pasos del cronista» —Premio de la Crítica Literaria Cubana 2011—, y «Buscando a Caín» de 2012, así como de la recopilación de entrevistas a escritores «Tiempo de escuchar» de 2011, la investigación «Hablar de Guillermo Rosales» de 2013 y, más recientemente, del volumen «Chakras. Historias de la Cuba dispersa» (Editorial Verbum, 2014)».

3. Preludio 11:

Ficha técnica
PELÍCULA
Título originalPrelude 11
Idioma originalAlemán
Duración91 minutos
ClasificaciónFSK 12
EQUIPO TÉCNICO
GuionGerhard Hartwig (dramaturgia)
ProducciónDEFA , KAG “Red Circle” ICAIC , Habana
MúsicaMarta Valdés
CámaraGünter Haubold
EdiciónBärbel Weigel
REPARTO
Roberto Blanco: MiguelFred Delmare: Esteban
Aurora Depestre: DanielaÁngel Espasande: Comandante Suárez
Günther Simon: Carlos PalominoOlivia Alonso: Bäuerin
Armin Mueller-Stahl: Ramón QuintanaJoachim Tomaschewsky: Optometrista
Gerry Wolff: Sergio FiguerasManfred Ott: Nestor
Carlos Moctezuma: RaveloMarga Legal: madre de Daniela
Rafael Sosa: RicoIberê Cavalcanti: Pedro
Miguel Benavides: PeñaRafael Cervera: Bauer
Helmo Hernández: RodríguezGuillermo Figueroa: niño de 14 años
Günter Ott: McLashEnrique Sosa: High Officer
Alejandro Lugo: MudGerd Staiger: Piloto
Reynaldo Miravalles: Pater Léon 
Argumento

Cuba durante la Guerra Fría:  La revolución triunfa y Fidel Castro está a la cabeza del Estado. Mientras tanto, Estados Unidos está preparando a la contrarrevolución. Bajo la palabra clave «Preludio 11», cuatro cubanos en el exilio y el guatemalteco Rico, liderados por el estadounidense McLash, van a entrar al país a volar un importante puente cerca de la ciudad de Esperanza. El puente pertenece al área de responsabilidad del comandante Palomino, que trabaja como espía para los estadounidenses. 

Además del teniente Ramón Quintana, el personal de Palomino también incluye a Daniela, una madre soltera a quien ama, cuyo amigo Miguel la ha dejado y desertado a los estadounidenses. Miguel está en el grupo de McLash, cuyo barco se estrelló, por lo que tienen que andar un largo camino hasta el puente.

Palomino primero da instrucciones para proteger el puente. El grupo de McLash se abre camino tierra adentro, pero es emboscado por los revolucionarios en una aldea. Hay un tiroteo en el que McLash resulta gravemente herido. Muere un poco más tarde. Sin embargo, el grupo captura al revolucionario Peña, que tiene que seguirlos tierra adentro y lentamente desgasta al grupo con sus historias de los éxitos de la revolución. Sobre todo, puede inspirar a Rico para que se pase a la revolución.

Palomino hace que los guardias del puente vayan a buscar a los contrarrevolucionarios en la zona forestal. Los paracaidistas lanzados por los Estados Unidos inicialmente pueden aterrizar sin ser molestados en el área del puente, pero son combatidos por los agricultores de la zona. Después de que los granjeros incendiaron la marisma junto al puente, numerosos hombres mueren. Sólo el radical Barro puede llegar hasta los infiltrados, ahora liderados por Miguel y el moderado Figueras.

Los contrarrevolucionarios se dan cuenta de que la caminata hasta el puente es demasiado larga para hacerla. Necesitan un todoterreno que Miguel debería obtener a través de su exnovia Daniela. Miguel se disfraza de cubano común y va a ver a Daniela. Al principio ella le cree de su lado, pero pronto se da cuenta de que Miguel está en el bando contrario. Ella se niega a cooperar, pero no puede lograr que arresten a Miguel. 

Como ha fracasado, recurre a Palomino, quien debe decidir sobre su paradero con los revolucionarios. Palomino les ordena que lleven el jeep al grupo de Miguel, pero él establecerá centinelas en la ruta para arrestarlos de inmediato. Al mismo tiempo, instruye a Quintana para que vigile una fábrica de cemento en lugar del puente pues, según las instrucciones de La Habana, los contrarrevolucionarios están planeando un ataque allí. A pesar de las dudas sobre las órdenes de Palomino, Quintana se dirige a la fábrica con sus hombres.

Peña y Rico logran escapar de los contrarrevolucionarios. Ambos se dirigen a la fábrica de Peña, la fábrica de cemento donde ahora está estacionado Quintana. Le dicen que el puente sigue siendo el objetivo de los contrarrevolucionarios. También informan que Daniela les llevará un jeep y Quintana cree que ella ha decidido trabajar con Miguel. Bajo su propio riesgo y después de informar brevemente a Palomino, moviliza a sus hombres para cortar el camino de los contrarrevolucionarios. 

Palomino se da cuenta de que su plan ha fracasado y se suicida. Quintana y sus hombres capturan a los contrarrevolucionarios. Algunos son fusilados y el resto va a prisión. Peña también muere en el enfrentamiento. Quintana quiere confrontar a Daniela, pero se entera de la traición de Palomino por la radio.

Producción

«Preludio 11» fue filmada en Cuba en 1963. La película se estrenó en La Habana en enero de 1964. Tuvo su estreno en la RDA el 19 de marzo de 1964 en el Coliseo de Berlín, y en los cines del país el 27 de marzo de 1964. El 26 de julio de 1974, DFF 2 se emitió en televisión por primera vez.

Crítica

La crítica contemporánea de la RDA, en voz de Rosemarie Rehahn, dijo que «La película contenía diálogos simples, el material estaba diseñado rutinariamente, y ni los revolucionarios ni los contrarrevolucionarios estaban profundamente representados. Que incluso, los propios actores, con la excepción de Gerry Wolff, no pudieron convencer, Günther Simon se quedó sin perfil y Armin Mueller-Stahl (Quintana) solo tiene la tarea de mostrar lealtad a la revolución y un sentimiento de amor en los carteles».

Para el «Léxico del cine internacional», esta película fue «una aventura de espionaje moderada, escenificada en el contexto de la Guerra Fría».

4. Svindlande affärer:

Ficha técnica
Género comedia
Productor Christer Abrahamsen
GuionTheodore Folke, Janne Loffe Carlsson, Gösta Wälivaara
Música originalBengt Palmers
ProductorasSF Studios y otros
Duración 104 minutos
PaísSuecia
Idioma Sueco

«Asombroso negocio» es una película sueca de 1985 dirigida por Peter Schildt y Janne Loffe Carlsson.

La historia cuenta cómo los hermanos Gösta y Rolle se reúnen cuando Rolle regresa a casa desde los Estados Unidos después que le han perdonado una pena de prisión. Justo antes de que Rolle saliera, un conductor de automóvil estafa a Gösta por una gran cantidad de dinero. Rolle y Gösta deciden recuperar el dinero perdido y junto con la compañera de trabajo de Gösta, Rita, organizan una ola de inversiones con promesas de altos rendimientos. Lo inesperado es que los rumores de rápidas ganancias se extiendan enseguida por el inframundo, y esto desate un carrusel que gire cada vez más rápido.

La película fue rodada en el otoño de 1984 en Estocolmo y Cuba, y se estrenó en Suecia el 23 de agosto de 1985, recibiendo críticas consistentemente pobres.

En su idea original, el papel de director también estaba dedicado al entonces joven de 22 años Jonas Frick, pero este se retiró después de unas semanas y fue reemplazado por Peter Schildt.

Pernilla Wahlgren obtuvo un gran éxito con el tema principal de la película Dizzying Business.

5. Sobre «El encanto del regreso»:

Estimado Reynaldo Lastres:
Lamentablemente no tengo copia de “El encanto del regreso” ni idea de donde se pueda ver ahora mismo. En su momento pude apreciarlo en uno de los eventos que se organizan en la provincia de Ciego de Ávila. Pero sigue siendo un filme “sumergido”. Quizás puedas ponerte en contacto con su realizador Emilio Oscar Alcalde, quien tiene un sitio en Internet.
Hace poco volví a escribir algo sobre ella, a propósito de la conferencia “Cine cubano post-68: los presagios del gris”, encargada por el Centro Teorico-Cultural “Criterios”. Tuve la suerte de contar con la gentileza de Alcalde y el guionista Reinaldo Montero, quienes me aclararon algunas dudas. Por supuesto, lo interesante sería apreciar de nuevo la película, ya con otra perspectiva, y discutirla junto a quienes la hicieron. Mientras ese momento llega, te anoto el segmento de la conferencia donde se alude a la misma.
Saludos, y gracias por seguir el blog,
Juan Antonio García Borrero
FRAGMENTO DE “CINE CUBANO POST-68: LOS PRESAGIOS DEL GRIS”
(…) El tema de la guerra de Angola, que hasta ese momento solo había recibido un enfoque unidimensional, y claramente apologético, comenzaría a ser representado de una manera menos maniquea, como ponen en evidencia “Cazador de imágenes” (1989), de Laura López, o antes, “Amigos” (1987) de Jorge Luis Sánchez, esta última una pequeña cinta donde el director se ocupaba de mostrar “las contradicciones de mi realidad cohabitando con los costados heroicos. (…) De un lado, la guerra y sus héroes. Del otro, la cotidianidad y sus antihéroes” , pretensión ética que coincide con la que ese mismo año hacía pública Jorge Fuentes, el director de “Cabinda” (1988), otra producción de los ECTVFAR que se aproxima a la guerra en África, al llamar la atención sobre la necesidad de “presentar hombres y mujeres en lucha, en conflictos con sus propios intereses personales, frente a las exigencias de la colectividad”.
De todas estas películas que, más allá del ICAIC, abordaron el conflicto bélico en el continente africano, tal vez la que más resonancia internacional obtuvo fue “El encanto del regreso” (1991), de Emilio Oscar Alcalde, la cual fue exhibida en el Festival de Moscú correspondiente a aquel año. Se trata de la Tesis de Graduación de su director en el Instituto Superior Cinematográfico de Moscú, que ese mismo año alcanzaría los premios “Caracol” entregados anualmente por la UNEAC en las categorías correspondientes a la mejor película, dirección y fotografía. Sin embargo, todo parece indicar que el guión escrito por Reinaldo Montero (antes había colaborado con Alcalde en “Kalule 5”), el cual prescindía deliberadamente de cualquier manierismo fotogénico a la hora de describir al “héroe internacionalista” que regresa de misión, y encuentra en casa un pequeño infierno, determinó que la cinta se exhibiera públicamente una sola vez; es decir, la noche del 27 de octubre de 1991, cuando se entregaron los premios en el cine Yara.
Desde luego, las circunstancias internacionales de ese año muy poco podían contribuir a una proyección natural del filme. A lo largo de aquellos doce meses, la Unión Soviética había iniciado su imparable desmembramiento, por lo que cuando el 25 de diciembre Gorbachov hizo pública su renuncia a la presidencia de la URSS, al tiempo que declaraba la disolución de la misma, pareció que aquellos axiomas marxistas sobre la necesidad histórica del sistema socialista, no pasaban de ser otra conjura de espejismos, manipulaciones, y equívocos.
La crisis política propició que una vez más hiciera su aparición el bullying mediático, como puso en evidencia ese mismo año el nunca del todo bien repudiado affaire “Alicia en el pueblo de Maravillas”. Releyendo aquellas impugnaciones publicadas en los periódicos “Granma”, “Trabajadores”, “Tribuna de La Habana”, “Bohemia”, “Juventud Rebelde”, por mencionar algunos de los espacios utilizados para satanizar a “Alicia…”, uno no puede menos que pensar en la gozosa e impune resurrección de Leopoldo Ávila. Otra vez salía a relucir lo peor de ese socialismo autoritario que antepone la reprobación ad hominen al debate riguroso.
FICHA TECNICA:
EL ENCANTO DEL REGRESO
(1990)/65’/ Director: Emilio Oscar Alcalde/ Actúan: Enrique Molina, Coralia Veloz, Reynaldo Miravalles, Francisco Gattorno, Marina Arango, Patricio Wood.
Al retornar de una misión en el extranjero, un militar encuentra inesperados conflictos en su casa, en esta cinta producida por los Estudios Cinematográficos y de la TV del MINFAR, que fuera la tesis de grado de su director en la URSS.
PREMIO: Premio Caracol de la UNEAC al mejor filme.

6. Sobre «Esther en alguna parte»:

Esta es la valoración de la película hecha por Jonathan Holland de Vancouver Latin America Film Festival 4 de septiembre del 2014:

El cubano Gerardo Chijona sigue su premiado «Boleto al Paraíso» con una comedia melancólica sobre el amor y la amistad en la vejez.

Siempre hay algo atractivo en un viejo tipo que todavía cree en el romance, y «Esther en alguna parte» lo sabe. Un hilo cómico suave y anticuado sobre un par de amigos envejecidos en busca del amor perdido, «Esther…» está llena de las viejas virtudes cinematográficas: se basa en una trama satisfactoriamente retorcida, personajes buenos y bien interpretados, y después de haber lanzado un par de excelentes números de boleros, ¿qué es lo que no te gusta? Considerándose una salida radical y convencional para Gerardo Chijona de su drama juvenil Ticket to Paradise, la capacidad de «Esther…» para tirar de las cuerdas universales del corazón la convierte en una candidata adecuada para un remake.

Un año después de su muerte, el viudo Lino (un Reynaldo Miravalles nonagenario, impecable y avergonzado) todavía anhela a su esposa, Maruja (Daisy Granados). Dejando flores en su tumba, conoce a Larry Po (Enrique Molina), un exactor que ahora adopta diferentes roles en su vida cotidiana. Este le dice a Lino que Maruja llevó una vida secreta como cantante de boleros mientras Lino trabajaba por las noches, y que ahora está cumpliendo su promesa a Maruja de hacerle saber a él la verdad. Inicialmente, Lino no acepta algo tan improbable, pero crucialmente el espectador lo hace, arrastrado por el estado de ánimo amable.

En conclusión: una pieza suave y seductora que equilibra con éxito la risa y las lágrimas.

¿Y qué, pregunta Lino, si Larry hubiera muerto antes que Maruja? Maruja había prometido buscar al primer gran amor de la vida de Larry, Esther. Atraídos por la creciente conciencia de Lino sobre la vulnerabilidad de Larry, se propusieron averiguar más sobre la segunda vida de Maruja visitando a las personas que trabajaron con ella, entre ellas la diva y rival Elenita (Eslinda Núñez),  su ayudante de vestuario Huesito (Alicia Bustamante)  y la prostituta de corazón dorado Julieta (Paula Ali), todas actrices de renombre en Cuba y todas las cuales van y vienen lo suficientemente entretenidas durante los pocos minutos que están en pantalla.

Lo que Lino aprenda sobre su exesposa le enseñará nuevas lecciones acerca de los roles de género, la amistad y él mismo. Como Larry le dice, durante los 35 años de su matrimonio no fue «lo suficientemente hombre» para ella, y si eres un hombre cubano, eso duele.

El centro de Esther es la extraña pareja, la relación al estilo Sunshine BoysLa pareja chiflada») entre Lino y Larry. Miravalles deambula y se calma, registrando emociones sobre todo a través de su lúgubre expresión. Molina, sobre quien la película en realidad enfatiza, es un personaje ricamente concebido, agradablemente exuberante, sentimental, que se engaña a sí mismo, y con una resaca de soledad siempre presente. En complejidad, ninguno de los otros personajes se le acerca.

El guion de Eduardo Eimi es satisfactoriamente redondo, volviéndose sutil en lo psicológico al sugerir que el anhelo de Larry por Esther podría ser solo un producto de su imaginación sobreexcitada. Una subtrama que involucra al sobrino de Larry, Ismael (Héctor Medina) y su esposa, Sofía (Danae Hernández), no llega a mucho, lo que sugiere que podría haber sido exprimida para abastecer el proyecto con algunos personajes de menos de la edad de jubilación.

El sencillo y plañidero tema de piano de José María Vitier subraya la angustia, mientras que la fotografía de Rafael Solís juega con una reputación de romance de La Habana ligeramente desbaratada. La edición, sin embargo, es menos que pulida, a veces luchando por mantenerse a tono al tratar con una gama tan amplia de personajes.

7. La entrevista con Elizabeth Mirabal:

Revista Surco Sur, Scholar Commons USF University of South Florida

Reynaldo Miravalles estuvo en Cuba. Vino porque supo que exhibían «Cercanía», de Rolando Díaz, y quiso presenciar ese estreno. Además, como él mismo confiesa, así su esposa Nena y él podían ver a sus hijas, sus nietos y bisnietos. Salió a caminar por los alrededores de 23 y 12, no sin escuchar comentarios muy graciosos («Mira cómo se parece ese hombre a Melesio Capote»). A los ochenta y siete años, sus seis pies y tres pulgadas continúan causando la extraña incertidumbre de no saber si estamos ante un deportista olímpico o el actor memorable de una veintena de películas. Al principio, advirtió por teléfono que las preguntas sobre política no las respondía. Y le dije que no, que iban a ser sobre su carrera como actor. Cuando me vio llegar, confió: «Pero si eres una muchacha».

Conversar con Miravalles es como asistir al collage de sus actuaciones. Todavía recuerda parlamentos completos y cuando los repite, parece posible traspasar la pantalla de la sala oscura y compartir el miedo, la alegría, la tristeza, junto a todos los seres de ficción que ha interpretado. Su locuacidad hace fácil la labor del entrevistador, los flashbacks, las digresiones, la corriente indetenible de una vida que merece ser evocada, dan lugar a un discurso lógico, pletórico de cubanismos, autenticidad. Él mismo invita a reírse de sus chistes con una carcajada contagiosa y carnavalesca. Las manos, de palmas anchas y dedos largos, van de un lado a otro diseñando figuras. Se ve contento.

Casi al final, llega la pregunta sobre qué está haciendo ahora. Habla, habla sin parar, y como una nota al pie, dice: «Después te enseño». Al terminar, se levanta intrépido, mientras me señala con el índice: «¿Creías que se me había olvidado?» Viene con varios collares y pulseras. «Son para mis hijas y mis nietas. Yo mismo los hago. Escoge un juego». Elijo uno de cuentas blancas y negras, y enseguida me lo pongo.

Camino luego por la calle 23, sonrío sin razones aparentes, y de pronto, ¡zas!, se me ha roto el collar obsequiado por Miravalles. Las cuentas ruedan y no se detienen, aunque intente detenerlas con la mirada. Se escapan, se pierden, se esconden, es inevitable el desastre. Por un momento tengo ganas de llorar. Recojo todas las que puedo, las guardo en la cartera y solo entonces recuerdo que aún me queda el pulso. Me lo quito con cuidado y lo coloco junto a lo que queda de collar. Este sí no se va a romper. ¿Será una de esas reliquias «de la patria»?

¿Por qué se inclinó por la carrera de pintura siendo muy joven?

Cuando era niño hacía dibujitos, y mi mamá decía que yo era un artista tremendo. Le creí y matriculé en la escuela anexa a San Alejandro. Cursé el primer y el segundo año, haciendo pinturas estatuarias, grabados y cuando fui a pasar al nivel superior, no pude. Mi familia era de extracción muy pobre, y tuve que trabajar durante el día, es decir, en el mismo horario de las clases. Pero ese período allí fue un nexo. Uno de mis compañeros quiso hacer un fin de fiesta, como si se tratara de una escuela infantil y no de adultos. Deseaba representar unas obritas para cerrar el curso y me dio el papel de un andaluz. No había actuado nunca, no sabía ni qué era eso. Ya en ese instante tenía un café pequeño en sociedad con otro amigo. Por esa época, un actor aficionado que trabajaba en RHC-Cadena Azul me habló de su trabajo y le dije que a mí me gustaría dedicarme a lo mismo. Él estuvo al frente de un programa y me invitó a participar. Trabajé allí cuatro días y después le pedí mi parte al otro socio. Ya no vendería más café con leche.

¿Y ese primer papel fue en la radioemisora «La voz de los Ómnibus Aliados»?

Sí, allí mismo. Yo tenía una voz casi infantil, pero quería intentarlo. Me puse a trabajar gratis con grupitos de la radio que no cobraban. Empecé a estudiar por mi cuenta, a observar, porque dicen que, «cortando huevos, se aprende a capar».

¿Cómo se las arregló para comenzar en la televisión?

Cuando empiezo en la televisión, ya había actuado mucho en teatro. La primera vez fui un extra sentado en una silla, y en la segunda ocasión, logré un protagónico junto a José Antonio Rivero. Al principio, para los actores populares y consagrados, la televisión era una cosa nueva y muchos le temían. Sus figuras no se correspondían con el éxito alcanzado en la radio. Eran galanes, pero de apariencia rechoncha. Otros, demasiado bajitos o feos. No querían afectar su puesto. Por eso, nos daban chance a los que no teníamos nada que perder. Los primeros trabajos en La tremenda corte, por ejemplo, siempre eran de contrafigura. La estrella que hacía reír era Leopoldo Fernández. Nosotros lo apoyábamos para que su actuación se destacara.

¿Por qué le impactó tanto «El limpiabotas»?

Era un aficionado. Dudaba, porque los actores de la radio me sonaban falsos. No me parecían seres humanos, sino muñequitos. Pero ignoraba los argumentos para defender ese criterio. A fin de cuentas, era un desconocido. La calle Consulado estaba llena de distribuidoras de cine y siempre había alguna que otra salita de exhibición. Un amigo me invitó un día a ver una película llamada El limpiabotas de Vittorio de Sica, uno de los creadores del neorrealismo italiano. Descubrí cómo aquella gente circulaba dentro de la pantalla con naturalidad, como auténticas personas. Y me dije: «Ahí está la razón. He ahí lo que buscaba». Ese fue mi punto de partida para actuar.

¿Cómo asumía la actuación para el teatro?

El cine y la televisión son primos hermanos. Los tonos son naturales, de conversación. El del teatro es un tono proyectado. Tanto los gestos como el diálogo deben ser más ampulosos. El cine habla con usted desde sus rodillas, el teatro lo hace a media cuadra.

¿Cuáles son a su juicio los mayores éxitos que obtuvo sobre las tablas?

He actuado muy poco en el teatro. Hice cuatro o cinco obras en toda mi carrera. Nunca coseché un gran éxito, solo en «Santa Camila de La Habana Vieja». Tuve la suerte de estrenarla, y la puesta se mantuvo durante tres meses a teatro lleno. Después fue llevada a la pantalla chica. Pero el logro fue colectivo, no particular. No tuve la oportunidad de elegir en teatro. Si me ofrecían un papel y me gustaba, lo hacía y punto.

¿Ha abandonado el teatro?

Totalmente.

¿Qué recuerda de la preparación para su primer personaje en el cine, en Historias de la Revolución?

Había empezado en la televisión en 1951, es decir, tenía casi diez años de experiencia y varios premios de actuación. Titón hizo un casting y me dio un papel en «El herido», uno de los tres cuentos de la película. Hacía de un lechero, que como los de entonces, depositaba los litros en las puertas de las casas. Me encontraba con unos muchachos que habían realizado un atentado. Uno de ellos estaba herido, y salía a pedirme ayuda. El lechero sabe las consecuencias, el peligro que implica prestarle auxilio, y se niega. Se va a su camión, pero luego regresa por conciencia. Entonces lo recoge y traslada, manejando con un pánico tremendo. Esa era toda mi parte. No había diálogo. Yo no sabía cómo actuaba, no me había visto nunca, porque todavía no existía el video. Recibía los elogios, pero desconocía si lo estaba haciendo bien o mal. El director de fotografía de Historias… era uno de los grandes del cine italiano, Otello Martelli. Yo fui a verme en rushes. Aparecía poco, pero pensaba que estaba bien. De pronto, me tocaron por detrás y era Martelli para decirme: «Muy buena su representación», pero en italiano: Molto bene. Y si ese hombre me daba ese criterio, pues era feliz. Después, hice otro pequeño papelito. Un soldado en El joven rebelde. Vino entonces «Las doce sillas» y Titón me propuso un personaje bueno, pero también muy corto. Le dije que me tenía que dar algo mejor, porque ya había hecho tres escenitas de esas. Además, pagaban mal. Me dejó el protagónico junto con Enrique Santiesteban y fue una emoción grande. Al inicio de la Revolución, cuando se estrenaba una película se exhibía en el cine La Rampa. Se presentaban los intérpretes, empezando por los que tenían papeles secundarios hasta llegar a los principales. Recuerdo que aquella vez mencionaban a cada uno: «Fulano de tal», y la gente aplaudía un momento. «Mengano», igual. Cuando dijeron: «Reynaldo Miravalles», empezaron a ovacionar, y yo me puse a gritar también. Santiesteban era una buena persona, amable con todos, pero tenía mucho vicio de celebridad. Y cuando le tocó a él, vino cojeando. Pero eso era para demorar los aplausos. Al acercarse a mí, le dije: «Descaráo, tú no tienes nada en la pata». Él estaba acostumbrado a la toma uno. Pero el cine no se puede hacer con toma uno, porque si sale mal, el director no puede volver a filmar. Cada vez que terminaba una escena y Titón le decía: «De nuevo», él protestaba: «Buena, buena pa´ mí». Titón le contestaba: «Es buena para ti, pero no para los demás». Santiesteban era muy profesional y cumplidor, si lo citaban a una hora, allí estaba sin falta. Pero lo traicionaba la vanidad. Estaba disgustado en la filmación. Recuerdo que al final de la película, Titón situó una cámara fija detrás de unas cabillas para grabar una escena. La hicimos, pero la cámara principal no había funcionado. Entonces él empezó: «Yo he estado muy mal protegido. Yo he hecho 36 películas». Y Titón, ni corto ni perezoso, le contestó: «Sí, pero todas malas, ¿sabes?».

¿Es cierto que usted era el actor preferido de Gutiérrez Alea?

No es verdad. Titón no tenía preferencias con nadie. Si tenías condiciones para trabajar, te daba el papel, y por eso hice cuatro películas con él. En todo caso, le gustaba más Sergio Corrieri.

¿A qué atribuye que tres frases de Cheíto León figuren entre las diez más recordadas del cine cubano?

Los diálogos se construyen en un buró. Pueden estar bien, pero siempre sugieren algo. Y yo improviso. Claro, hay que tener la conciencia de que no siempre lo que se improvisa es bueno. En ocasiones, es una bobería o no sirve. En «El hombre de Maisinicú», Cheíto León está tratando de sacarle a Alberto Delgado que él es del G2. Lo llamo, empezamos a conversar, pero él es mi enemigo. Están haciendo café y mando a que le den. Él toma y dice: «Buen café». Y yo le contesto: «Especiaaal pa´ los amigos». Eso es una estocada. Frases así han quedado, y algunas son producto de la improvisación. He tenido suerte. Quizás es casualidad. El papel que me había dado Manolo Pérez no era el de Cheíto León, sino El Carretero, que políticamente tenía más connotación, pero como personaje dentro de la película estaba mal colocado con dos o tres escenas a mitad del filme. Pasaba el metraje y lo que había hecho, se lo comía la historia. En el Escambray no pagaban. Yo perdí una camisa y un par de botas: una camisa mía y un par de botas que me dieron y me robaron. Seguí leyendo y al final apareció Cheíto León, un pequeño papel, pero de más actividad. Le dije a Manolo: «Mira, el que tú me das, a mí no me interesa. Ahora, si me dejas Cheíto León, me voy a pasar hambre allá al Escambray». Al día siguiente me dijo que sí. Cuando la redacción del diálogo de mi personaje no se acomodaba a su carácter, hablaba con él para ver si era posible recomponerlo. No pedía nada para destacarme, sino para arreglar al personaje.

¿Cómo le fue en Mascaró, el cazador americano?

Me llevaba muy bien con Rapi Diego. Me ayudó mucho a entender el personaje y por ese papel, se me concedió aquí el Coral. Sentí mucho su muerte. Quería llamarlo por esos días, pero había perdido su teléfono en México.

¿Y considera que esa es su mejor actuación?

No, hay otras que me parecen más logradas. La de Cheíto León, por ejemplo. Está más cerca del pueblo cubano. «Mascaró…» tiene un tema más extranjero. Las películas se hacen para los amigos. Si tienen éxito y van al exterior, bien. Pero los que están cerca son quienes determinan. Y creo que «El hombre…» es la más exitosa de mi carrera. He hecho pequeños personajes que se han destacado, porque me sacan del filme. En la televisión, lo más relevante que he conseguido es Melesio Capote. Mucha gente me llama por ese nombre, no por el mío. En una de las escenas, recuerdo que una maestra me pide: «Dígame una palabra». Melesio responde: «Mi casa es mía». Esa expresión, que es pura ocurrencia, son varios los que aún la repiten y eso me regocija.

¿Cuál es la actuación suya que menos le satisface?

Todas me satisfacen. Porque una vez terminadas, me han servido para mejorar las próximas.

¿Qué podría revelarnos de su experiencia en «El misterio Galíndez»? ¿Le fue bien compartiendo la escena con Harvey Keitel?

Esa película está hecha en inglés y español. Gerardo Herrero, el director, vino aquí para buscar un actor cubano de unos setenta años que supiera inglés, pero no lo encontró. Le pusieron unos rushes, me vio y dijo que yo era el actor que quería. Le dijeron: «Pero ese no está aquí». Livia, una productora, le dio el teléfono de mi hija y él me llamó desde España. Me preguntó si sabía inglés y le dije que sí, pensando que realmente sabía. Fui a Canadá a ensayar con la actriz Saffron Burrows, y cuando me escucharon, una asistente de dirección inglesa aseguró que no me entendía una palabra. Se me cayó la cara de vergüenza. Ante esa catástrofe, Herrero decidió que, si yo era cubano y hablaba español, y la protagonista hablaba en el mismo idioma con los dominicanos, ella podía hacerlo también en mi caso. Cambió al español las escenas con Burrows y eso me ayudó. Pero luego, los españoles me tradujeron todos esos fragmentos con su sintaxis. Y eso no daba naturalidad, porque soy cubano, no español y mis acentuaciones son distintas. Le dije al director: «Esto que tú me has dado aquí es un caldo gallego. Voy a respetar palabra por palabra los diálogos, pero las frases las voy a fabricar yo como cubano». Él me lo permitió, me senté con la esposa de mi hijo en la computadora y comencé a dictarle. Cuando llegó mi parte en inglés, me pusieron un coach de acento. Yo sabía pronunciar, pero mal. Es una lengua con sutilezas, con conexiones necesarias. Se habla en bloques de sonido y yo no lo hacía así. Fui para Miami. Faltaban quince días para la próxima prueba, y le pedí a un amigo que me consiguiera un profesor de fonética. Me propuso a un muchacho cubano, actor también, que marchó de niño a los Estados Unidos y que se dedicaba a eso. Escuchó mis parlamentos y me advirtió que ni malanga me iban a entender si hablaba así. Me grabó todos los diálogos, y me aseguró que, si me los aprendía, no tendría ningún problema. Dormía menos de tres horas al día. Escuchaba la grabación, la practicaba sin cesar. Cuando el profesor me escuchó, le pareció bien. Entonces fue que respiré. El día de la prueba, se sentaron conmigo el director, la asistente de dirección y el coach de acento. Empecé a hablar y cuando miré a la asistente, estaba boquiabierta. Repetía: «Perfecto, perfecto». Después, muchos calificaban a mi personaje como un success. Llevaron la película a San Sebastián, donde no me conocía nadie. Al día siguiente del estreno, ABC, el periódico más popular de Madrid, decía: «A veces esta película tiene timbres mágicos y se debe a un desconocido y extraordinario actor con años para regalar, posiblemente cubano, que coge las escenas de arriba abajo y las maneja como un yoyó para que uno se agarre a la butaca disfrutándola». Otra fue: «Muy bien los actores latinoamericanos, pero un ineludible Oscar para Don Angelito de Reynaldo Miravalles». El director, en broma, se hacía el molesto: «Coño, pero todos los éxitos son para ti». «¿Qué quieres que haga?», le contestaba. Harvey Keitel me consideró mucho. Cuando salíamos en San Sebastián, todos los fotógrafos iban hacia él, por supuesto, y siempre me llamaba a su lado y me abrazaba. Creo que ese personaje fue bien aceptado, porque soy un poquito más estudioso que otros actores. Vamos a decir que más preocupado. Muchos creen que saber decir el texto es suficiente. Las emociones tienen diferentes matices, y si las analizas, el papel sale mejor. Pero hay quienes no lo hacen. Por eso no impactan.

Cuando vio que el diario ABC se refería a usted como a un actor desconocido, teniendo una extensa filmografía, ¿se sintió mal?

En absoluto. No tienen por qué conocerme. Yo sé que he hecho cuarenta películas en Cuba, pero ellos no las habían visto. Allá se exhiben filmes cubanos sólo en festivales.

¿Estaba sugerido en el guion o es un aporte suyo que el personaje cínico sea un poco bufón?

El diálogo es palabra muerta, con un millón de acentuaciones si tú se las das. La hipocresía es fabricada por mí para el personaje. A veces, en una situación de ficción tienes miedo, pero le quieres demostrar al otro individuo que no es así. Estás queriendo evitar que él se percate, pero se da cuenta, te tiene que salir a la cara, brotarte. Pero esa sensación no emerge por apretar un pinchito, se nota porque lo sabes administrar.

¿Qué le inspiró a protagonizar «Cercanía»?

Se hizo a muy bajo costo, pero me gustó la historia que contaba. Filmábamos durante doce horas todos los días. Cuando único descansábamos era el domingo, y terminamos en mes y medio. A los cubanos les gusta la película. Recrea una situación muy propia de los viejos en Estados Unidos. A los ancianos se les relega. La mayoría de la gente mayor va y tiene que hacer locuras para poder subsistir. Tengo situaciones muy graciosas y algunas que lo son menos. Ahora, soy toda la película, no por el éxito, sino porque aparezco desde el principio hasta el final, siempre estoy en escena, y eso no es muy beneficioso. El espectador se cansa de esa imagen que se repite. La película tiene noventa y tres llamados, y solo no estoy en tres. Rolando y yo somos íntimos amigos, trabajé con él en su primera película Los pájaros tirándole a la escopeta y estoy aquí precisamente porque sé que se va a proyectar Cercanía y quizás con mi presencia puedo ayudarlo en algo. Así veo a mis hijas, a mis nietos y bisnietos.

¿Cómo estudia un guion?

Lo primero que hago es analizar si mi personaje tiene un conflicto y si ese conflicto es fácil de entender.

¿Por qué cree que, a pesar de su calidad probada como actor, no ha recibido propuestas de trabajo en la industria del cine estadounidense?

Precisamente porque no soy norteamericano. Para trabajar en Hollywood, aunque puedes ser cubano o francés, lo primero que tienes que saber es el idioma. En segunda, debes buscar un agente que te represente, y en tercera, cuando eres extranjero, necesitas un nombre para que te den posibilidades de integrar el cast de una película. No es fácil trabajar en el cine americano. Los actores latinos que lo han conseguido, como Andy García y otros, hablaban inglés desde niños.

¿Usted trabajaría en una película rodada en Cuba si se lo propusieran?

Depende. Me resulta difícil decir «sí» o «no». He rechazado muchísimas películas. Trabajé en cuarenta, pero decliné en más de quince ocasiones, porque no me gustaban los personajes o porque pensaba que no tendría la capacidad de interpretarlos.

 ¿Qué les recomienda a quienes aspiren a su versatilidad, a sus dotes actorales, lo mismo para la comedia que para el drama?

No sé qué recomendarles. Actuar es una profesión que se aprende con el sistema Stanislavski. Se estudia, como la medicina, como cualquier otra carrera. Con talento, se sale adelante. De lo contrario, aunque se conozca el camino a seguir, no se llega a ninguna parte.

¿Cómo es ahora un día en la vida de Miravalles?

Tranquilo. Estoy aprendiendo más inglés. Me entretengo haciendo artesanías que regalo a los amigos y a mi familia. Es muy difícil cuando se llega a viejo trabajar en la actuación. A no ser que el personaje que te ofrezcan sea el de un anciano y este tenga importancia. Estoy retirado. Ya tengo muchos años: ochenta y siete. No es bobería. Estoy bien, pero a veces me falla el trineo. (Se señala la cabeza) Es mejor aquí en un sentido, porque yo soy cubano, pero la vida me es más fácil allá.

¿Está de acuerdo con quienes aseguran que es una leyenda del cine cubano?

Me río cuando me dicen que soy una leyenda. Lo que sí es cierto es que posiblemente he trabajado más que nadie.

La Habana, 21 de febrero del 2010

8. La entrevista con Carlos Eduardo:

«Sin política».
Esta fue la única e inobjetable condición que el actor especificó sobre la entrevista. Para reforzar esta regla básica, Miravalles fijó a su entrevistador con una mirada impresionante, luego rompió el hielo con una frase típica de béisbol: «Tira para el plato, y yo le haré swing a lo que esté buena».
 Alto, casual y jovial, Miravalles recibió a su entrevistador con una actitud al estilo Hemingway, con los pies descalzos en el suelo. Luego se establecieron en lo que los cubanos llaman una conversación «a piernas sueltas».
PERIODISTA (P): Mucha gente piensa que su última incursión en el cine cubano antes de salir del país fue «Alicia en el pueblo de Maravillas» (1991). Pero a esta película le siguieron Mascaró (1992) y «Quiéreme y verás» (1993). ¿Cómo te sientes al volver al cine aquí después de 19 años? 
MIRAVALLES (M): No he hecho ninguna película en Cuba en 19 años porque no vivo en Cuba. Amo Cuba, pero vivo en otro país. Porque necesito tener otra forma de vivir.
«Esta película tiene una historia sobresaliente, creo, extraordinaria. Y he aceptado la historia, el ar-gu-men-tocon énfasis—. Cuando digo la historia, me refiero a todo, ¿lo entiendes? Es un placer para mí y un placer para los que trabajan aquí. Cuando me encuentro con mis amigos es como si los hubiera visto ayer o el día anterior, porque nunca he tenido ningún conflicto con nadie. ¡Nunca!».
«Tengo cierta credibilidad aquí en Cuba, y viendo que tengo eso, si hubiera vivido en este país, mi país, y no hubiera estado viviendo en el extranjero en un país que no es mío —lo que se me permitió hacer por razones familiares—, habría hecho muchas más películas. Ahora que hay una oportunidad de hacerlo, me han invitado a hacer una película. Y me siento satisfecho de hacerla, porque es una muy buena película, la historia está bien escrita, los actores son todos buenos, y la película será un crédito para el cine cubano».
P: Usted tuvo un papel protagónico en varias obras importantes del cine revolucionario cubano, como «Historias de la Revolución» (1960), «El joven rebelde» (1961), «Las 12 sillas» (1962), «El hombre de Maisinicú» (1973), «Los sobrevivientes» (1978). ¿Cómo te acercaste a tus personajes en estas películas? 
M: Construyes esos personajes, cuyas vidas ya están escritas: un tipo con sus propias características y experiencias. El autor me proporciona esto, y yo lo convierto en una persona real. Poco a poco me doy cuenta de que tal vez este tipo se comporta de una manera que yo personalmente no lo hago. Pero lo conozco, lo he visto, así que tomo estos rasgos, como ponerme un abrigo. Así es como lo haces en el cine.
P: No has aparecido en muchas películas últimamente.
M: Si no vives en tu país, es difícil ser elegido. Pero para esta película, no había muchos actores de la edad necesaria. Los ancianos en las películas solo están allí para abrir la puerta y decir: «el dueño no está en casa», y cerrar la puerta. Las historias sobre personas mayores realmente no existen. No solo estoy hablando de mí, soy muy viejo, casi un siglo de edad. Pero muchos actores estadounidenses famosos no aparecen en las películas ahora. Financian las producciones cinematográficas pero sus rostros no aparecen en pantalla. (risas) Además, si me ofrecen una película con una historia que creo que no es muy buena, no la hago. Aquí, me han ofrecido muchas películas, no voy a especificar. Pero si no me interesa una película no la hago, porque me costaría prestigio.
«Así que Chijona encontró a un actor tan viejo como tiene que ser el personaje de esta película, y me invitó a venir a Cuba. Lo primero que dije fue: “Hay que darme el guion para ver si me gusta. No es una cuestión de economía, sino de guion”. Me dieron dos borradores que eran demasiado amplios para mi gusto, y dije que no. Luego trajeron otra versión que pensé que funcionaría, y acepté venir a hacerlo. Antes de esto, había venido varias veces a ver a mi familia, y nunca he tenido el menor problema».
P: Cuéntanos sobre las cosas divertidas que han sucedido durante tus visitas a La Habana.
M: De acuerdo, te diré una cosa que fue inusual. Rolando Díaz está haciendo un largo documental en el que hablo del trabajo que he realizado. Le dio a mi familia cinco entradas para el Teatro Karl Marx para ver el fabuloso espectáculo «Amigas»de Lizt Alfonso. Después del espectáculo, me dijo: «Siéntate allí un rato; esperaremos a que algunas de las personas se vayan». Cuando comenzaron a irse, comenzó a tomarme fotos. Al principio la gente no sabía quién estaba siendo fotografiado, pero finalmente me reconocieron. Y comenzaron a hacer un gran alboroto, muy emocional. La gente agarró a sus hijos y los empujó a abrazarme. Había una señora gorda que me vio y me dijo: «¡Miravalles, estás vivo!» (¡Ja-ja-ja!) Y dije: «¿Por qué no estaría vivo?» (¡Ja-ja-ja!) Empecé a salir del teatro y había mucha gente gritando, saludando y dándome la mano, con mucha alegría al verme.
«Nací en El Callejón del Chorro, en la Plaza de la Catedral. Viví allí hasta los tres o cuatro años. Volví allí, para que la gente supiera que había nacido allí. Más de 60 personas se acercaron para hablar conmigo, hacer bromas conmigo, y yo hice bromas con ellos. Este país está en mí. Soy un hombre feliz porque la gente aquí reconoce mi trabajo. Esto ha sucedido varias veces. Me aplauden calurosamente. Cada vez que vengo aquí estoy feliz. Es mi patria. Dondequiera que viva, esta es mi patria».
P: A sus 89 años, interpretar este papel protagonista en «Esther (en cualquier parte)» debe haber sido un reto para ti.
M: El tipo que escribió el guion es muy inteligente. Molina —la contraparte del papel de Miravalles— es un hombre joven. Cuando era más joven cogí una Biblia y memoricé 15 páginas. Ahora me lleva más trabajo que eso memorizar una página. Así que mi diálogo en esta película no es de discursos largos. De lo contrario, no podría haberlo hecho, porque mi cabeza para eso no es tan buena en estos días. Este es un diálogo conversacional, por lo que es mucho más fácil de aprender. ¿Pero desafíos? No tengo desafíos. Lo que tengo que ver es que el guion está bien escrito, la historia es interesante, que el director y el director de fotografía son buenos, trabajar con actrices y actores brillantes. Una vez que todo eso está en su lugar, hago mi trabajo.
P: Prestigiosas figuras de la escena cinematográfica cubana que completan el elenco de «Esther…»  han dicho que estaban encantados de compartir el crédito con ustedes en esta película.
M: Así es. Todos son mis amigos. Sentí el mismo afecto cuando viví aquí. No tengo dificultades con nadie.
P: Durante el rodaje, Chijona dijo muchas veces que trabajar contigo lo hacía sentir como si estuviera trabajando con su padre, que también era muy longevo. ¿Sentiste esto?
M: Seguro. Tengo la edad adecuada para ser su padre. Pero cuando estoy trabajando, no pienso en nuestras edades, ni en las mía ni en las suya. (risas) Mi única preocupación es la edad del personaje, ¿verdad? Chijona es una persona inteligente. También es muy amable. Él sabe lo que quiere, y lo que quiere es correcto. Así que seguí su ejemplo.
P: ¿Qué esperas de «Esther en alguna parte»?
M: Espero que la película tenga éxito. Pero depende del público decirlo. Es decir, si el público no lo cree así…, nos lo tomaremos emocionalmente. «¡Coño, nos salió mal este pastel!». Por supuesto, la película tiene una trama interesante. Pero el público no va a ver tramas interesantes. Van a ver una película que es entretenida, y tal vez dirán: «¿Qué demonios están haciendo estos dos viejos aquí?» (risas) Y pueden tener razón. Así que tendremos éxito o no. Pero es una película con buenos valores. Veamos cómo va.
P: Interpretar un papel principal en una película a tu edad, ¿podría ser un récord Guinness?
M: Claro, es un récord Guinness. No lo revisé, pero no conozco a ningún otro actor de 89 años que interprete un papel principal en una película.
P: ¿Seguirá actuando Reynaldo Miravalles?
M: No es fácil. El cine, como mencioné, no es para personas mayores. Y si hay un personaje mayor, está ahí por un rato. Las historias en casi todas las películas están escritas para los jóvenes, no para los viejos. Creo que una oportunidad como esta no es común. Después de todo, voy a tener noventa años.
P: Muchos artistas son recordados por un trabajo que ellos mismos no consideran el mejor. En tu caso, está claro que los personajes por los que más te recuerdan son el campesino Melesio —muy popular en la televisión cubana—, y Cheito León en «El hombre de Maisinicú». ¿Estás de acuerdo con eso? Cuando se trata de tu trabajo, ¿el gusto del público coincide con el tuyo? 
M: Todos los personajes que interpreté son mis hijos. Y los amo a todos, sin importar dónde esté. El público elige los personajes y las historias. Hay otros que también son buenos, y son bienvenidos. No todo tiene que ser muy exitoso. Creo que estos son buenos papeles, y otros también, por ejemplo, mi personaje en «Las 12 sillas». Cada uno tiene su importancia, su valor, pero hay algunos que son más populares. En Miami, estaré en mi auto o caminando y la gente gritará: «¡Melesio!» ¡Todos los días! Hay muchos cubanos en Miami que han visto ese programa de televisión.
P: ¿Qué se siente al saber que muchos cubanos que viven en Cuba y en el extranjero lo consideran uno de los mejores actores cubanos de todos los tiempos?
M: No creo que sea mejor que nadie. Tal vez he tenido más suerte que algunos. Pude participar en películas dirigidas por excelentes y conocedores directores, y hay otros que no pudieron. Pero hay otros actores que tienen las mismas fortalezas que yo.
P: Cuéntanos sobre la familia que tienes en Cuba, que también funciona como una especie de oficina para ti aquí.
M: Me aman como parte de la familia. La gente aquí está tranquila, tranquila. Mis dos hijas están aquí, mis nietos y bisnietos. Tengo una gran familia. En los EE.UU. tengo un hijo y una nieta. Y muchos nietos aquí. (risas)
P: ¿Qué nos puedes decir de Nena, una persona que te vigila de cerca, que ha sido muy amable con nosotros durante esta entrevista, a pesar de que no está del todo bien de salud?
M: Nena es mi esposa. Hemos estado casados 50 años. Nos llevamos bien. Tenemos nuestros conflictos, pero somos marido y mujer. Y amigos. Ella es absolutamente esencial en mi vida.
P: Además de actuar, ¿qué otras cosas te gustan hacer?
M: Cuando no tengo trabajo como actor, disfruto haciendo pequeñas tonterías hechas a mano. He hecho collares. Hice esa lámpara allí. Muchas cosas así. Las hago por placer. Durante un tiempo hice collares como loco. ¡Qué cantidad de ellos! No te daré uno porque no lo usarás. Son para mujeres, ¿verdad? (risas)
P: Tu relación con el arte no comenzó con la actuación, sino con la pintura. ¿Por qué no lo seguiste?
M: Porque no pude. Era joven y me encantaba dibujar. A los 17 años me matriculé en la escuela de pintura, en las calles Reina y Gervasio, y estudié allí de noche durante dos años. Pero durante los siguientes dos años, la escuela estuvo ubicada en la calle Dragones y el curso se impartió durante el día. Y durante el día tenía que vender las pequeñas cosas que había hecho, para sobrevivir y ayudar a mi madre. Así que no pude continuar mis estudios. Junté un poco de dinero, unos cien pesos, con un socio, y entre los dos compramos un pequeño café sin nada en él, en la calle San Rafael. Empezamos vendiendo leche, poco a poco.
«Después de un año allí, conocí a un tipo que hacía radio en Cadena Azul, pero solo dos o tres líneas aquí y allá, y ganaba muy poco. Le di café con lechegratis, porque no tenía dinero. Un día le pregunté sobre su trabajo y me dijo: “¡Soy artista!” Le dije: “¡Coño, eso es bueno! Sabes, me gusta eso”. Me gustó todo lo relacionado con el arte. Luego, otro tipo formó un grupo de radio y dijo: “¿Quieres unirte a nosotros?” Le dije: “¡Seguro!” Me dieron un papel, con unas líneas para mí, e hice tres programas que se emitieron. No duraron mucho, pero había hecho tres programas. Y me dije: “¡Coño, quería ser actor, chico!”».
«Había una famosa actriz de radio, Enriqueta Sierra, que daba clases. No a mucha gente, pero ella nos aceptó a mí y a esta chica. Pero después de 20 ó 25 días, se enfermó y nos dijo que ya no podía dar clases. Estaba muy triste, pero ella me envió a otra señora que tenía un grupo de actores de radio. Empecé a trabajar allí en la Cadena Azul, en el Prado. No me pagaron nada. ¡Nada, nada! Hacía dos shows todos los días. Seguí aprendiendo. Todavía tenía que vender café. Vivía en el Prado en un pequeño departamento que costaba tres pesos. Me quedé sin dinero. ¡Me quedé sin nada! ¡No trabajé en absoluto! Comencé a ir a la estación para sentarme allí de 7 a.m. a 8 p.m., solo para aprender. Todos los días, para aprender de las personas. Y así lo hice, poco a poco, poco a poco, hasta que me desarrollé como actor».
«Mi deseo de aprender nunca disminuyó, que es lo más importante. Si quieres ser un profesional debes esforzarte hasta llegar allí. Empecé de cero, hasta que logré cierto reconocimiento. Mi consejo para los jóvenes, aquellos que quieren llegar a algún lugar, es: No se sientan demasiado orgullosos, no traten de ser más intelectuales que nadie. Tal vez al principio no ganarás mucho dinero, pero mejorarás gradualmente. Yo llegué allí. Y mientras siga…, leo guiones, hago un proyecto si quiero, y si no, lo devuelvo. Al principio acepté todo. Todo, todo. Pero aprendí. Ahora, pienso primero».
P: Voy a hacer la última pregunta habitual: ¿Cómo te gustaría ser recordado?
M: Como la gente quiere recordarme. Que digan lo que piensan. Más que eso, no. ¡Después de que muera, la ola ha terminado! (risas)

9. La entrevista con Charly Morales:

El día del estreno de Esther en alguna parte, Reinaldo Miravalles entró en Chaplin
En medio de nuestra conversación, los integrantes del dúo Buena Fe se acercaron a saludarlo y cantar el sencillo Melesio tenía razón, inspirado en el personaje popularizado por Miravalles en la radio y televisión cubanas…
– ¿Cómo estás, maestro? – Israel saludó, seguido por Yoel.
– ¿Ustedes son Buena Fe? ¡Jaaaaaa!
Miravalles preguntó sobre el reciente concierto en Miami, e Israel dijo: «Hubiera sido un honor tenerlos en el concierto». Cortés y rápido, el actor respondió: «Hubiera sido tan feliz». Yo también…
Contaron cómo llegaron a cantar a Melesio, gracias a ese «expediente errante» que es Frank Delgado, sobre el campesino reacio a afiliarse a cooperativas. Los muchachos de Guantánamo, por decir lo menos, los muchachos de Buena Fe estaban locos por hacer un changüí, y la historia de ese campesino les dio la base.
«Melesio nació filmando en el Escambray —Miravalles evocado— con condiciones terribles, apenas tres dólares para el almuerzo, y el personaje fue una historia en su vida. Escuchando a la gente, un día me encontré con un campesino que me dio el tono que quería. Bueno, en Miami la gente nunca me llama por mi nombre cuando me reconocen en la calle, siempre me llaman Melesio».
A un lado escuchando en silencio está Javier Méndez, excentral de Industriales y del equipo de Cuba, y viejo amigo de Miravalles. Nos cuenta que cuando estaba en Italia y tenía nostalgia solía ver online «El hombre de Maisinicú» y «Los pájaros tirándole a la escopeta» (dos películas protagonizadas por Miravalles).
«Javier me dio muchas alegrías en la pelota. Recuerdo cuando arruiné un no-hitter de René Arocha, jugando en el municipio de Regla. Pasé algún tiempo divino, porque la gente me volvió loco. Además, Javier fue el único en jugar a la pelota dura. Esos chicos, Javier, El Duque, jugaban una pelota preciosa», dijo Miravalles, hincha incondicional de Industriales, como todos los buenos hinchas de Almendares…
Ya más lento, hablamos de su salud y de la película que lo trajo de vuelta a Cuba. Antes de la proyección a la prensa, cuando le pregunté qué criterios esperaba, me espetó «vamos a tirarle piedras a los que no les guste», y soltó una de sus repentinas risas.
En serio, comentó que no se siente como una estrella, solo como un ser humano normal, un cubano que está satisfecho, pero sin pomposidad. Conocido por su versatilidad, dijo que cada papel implica un conflicto, una actitud que depende del intérprete desentrañar. Sobre «Esther …» dijo que está muy bien escrito, es fácil de aprender y que la conversación fluye.
¿Y cuánto tiempo actuarás?
«Mira, estoy feliz de haber llegado a 90 años en forma. No sé cuánto tiempo voy a filmar, porque ya no hay historias para personas mayores. Nadie va al cine a ver a los ancianos, ni siquiera a los estadounidenses. Esta película fue hecha para nosotros, y agradezco a Chijona por haberse acordado de mí», respondió.
¿Cómo se siente al regresar a Cuba?
«Me fui en 1994 por asuntos familiares, y pasaron 15 años sin que volviera, porque no podía. Cuando me lo permitieron, vine, porque soy padre, y mi país es este. Para ser claros, puedo vivir en cualquier país, pero mi país es este, es Cuba», concluyó.
 

10. Las cartas de Padrón y Dalton:

Aquí está el texto del artículo como fue publicado en marzo de 2013 en thecubanhistory.com:

El realizador Ian Padrón lanzó este martes la propuesta de otorgar el Premio Nacional de Cine que otorgan anualmente las autoridades culturales cubanas al actor Reynaldo Miravalles, residente en Miami.
En una carta abierta distribuida en la internet, Padrón se cuestionó que Miravalles, que cumplió 90 años el pasado enero, no haya recibido la máxima distinción otorgada a los cineastas cubanos por el simple hecho de residir fuera de la isla.
“Ante la historia y mi tiempo, dejo clara mi inconformidad con esta triste omisión y le pido al ICAIC [Instituto cubano del Arte e Industria Cinematográficos] de Cine] y al jurado elegido que tengan en cuenta a Reynaldo Miravalles para la próxima votación del premio. Como cineasta cubano lo propongo en el cupo que supuestamente tengo cada año para escoger un candidato”, escribió Padrón, director del filme Habanastation.
El Premio Nacional de Cine fue instituido en el 2003 para homenajear la trayectoria y el conjunto de la obra de un creador cinematográfico vivo y residente en Cuba. Desde entonces se entrega cada marzo, coincidiendo con la fundación del ICAIC en 1959.
Miravalles se encuentra actualmente de visita en La Habana, adonde viajó para asistir al estreno de Esther en alguna parte, de Gerardo Chijona, presentado en premiere el pasado 20 de febrero en la sala Charles Chaplin. Su presencia en el lugar fue recibida con una ovación a sala repleta, con el público puesto de pie.
Es la primera película cubana en la que participa Miravalles tras su salida de Cuba en 1994. el actor regresará a Miami el próximo 3 de marzo.
“Si queremos una Cuba ‘Con todos y para el bien todos’, honremos a las personas que forman parte de la Ceiba Madre de nuestra cultura y abracemos a todos los cubanos de bien; vivan donde vivan y piensen como piensen”, escribió Padrón.
En pocas horas, la propuesta ha recibido ya respaldo de numerosos artistas cubanos de dentro y fuera de Cuba. Desde El Salvador, el realizador Jorge Dalton apoyo la iniciativa.
A continuación, reproducimos el texto de las cartas de Padrón y Dalton:

IAN PADRON, CINEASTA CUBANO
Seamos honestos:
Reynaldo Miravalles se merece el Premio Nacional de Cine
(Carta abierta del cineasta Ian Padrón a la Cultura Cubana)
Personalmente he visto a Reynaldo Miravalles una sola vez y fue hace una semana frente al ICAIC. No soy su amigo. Solo pertenezco a los millones de admiradores que en Cuba y el mundo han disfrutado la obra de este actor que ronda ya los 90 años de edad.
Mencionaré solo tres de los grandes personajes interpretados por Miravalles a lo largo de una carrera de más de 50 años en el audiovisual cubano: El inolvidable guajiro Melesio Capote junto a Eloísa Álvarez Guedes, el guagüero machista enamorado de Consuelito Vidal en Los Pájaros tirándole a la escopeta y su magistral Cheíto León… antagonista de Sergio Corrieri en El hombre de Maisinicú. Bastarían estos para proclamar inobjetablemente que Miravalles es un maestro imprescindible a la hora de narrar la historia del Cine Cubano.
Aun así, Reynaldo Miravalles no ha recibido aún el PREMIO NACIONAL DE CINE que cada marzo entrega el ICAIC.
A mi juicio, La Cultura Cubana y sus autoridades tienen ante sí un dilema histórico:
Miravalles está en Cuba,
trabaja con Cuba,
está vivo con 90 años… en Cuba,
y ha dado su vida por el Cine de Cuba…
y por no residir en Cuba… no es elegible para EL PREMIO NACIONAL DE CINE…
¡Eso es ridículo!
Desde hace unos años no reside en Cuba… pero siempre ha estado ligado a su nación e incluso por estos días estrena en La Habana su más reciente filme en el cine cubano, dirigido por Gerardo Chijona.
Ante la historia y mi tiempo, dejo clara mi inconformidad con esta triste omisión y le pido al ICAIC y al jurado elegido que tengan en cuenta a Reynaldo Miravalles para la próxima votación del premio. Como cineasta cubano lo propongo en el cupo que supuestamente tengo cada año para escoger un candidato.
Si queremos una Cuba “Con todos y para el bien todos”, honremos a las personas que forman parte de la Ceiba Madre de nuestra cultura y abracemos a todos los cubanos de bien; vivan donde vivan y piensen como piensen.
Insto además a todos los actores, escritores y artistas a batallar juntos por romper el arcaico precepto de medir la estatura moral de un cubano por su lugar de residencia en el mundo.
Miravalles quizás no piense en estos detalles y no creo los halagos sean su prioridad en la vida, pero el público cubano y el ICAIC le debemos respeto a este gran artista. Hoy -y no mañana-, démosle a Miravalles el estímulo de nuestra ética, nuestro agradecimiento y nuestro aplauso eterno.


JORGE DALTON, CINEASTA CUBANO-SALVADOREÑO
Yo también me uno a la justa petición de Ian Padrón y al mismo tiempo propongo, que algún día no muy lejano, un certamen nacional de poesía pueda llevar el nombre de Heberto Padilla u otros encuentros literarios se llamen Guillermo Cabrera Infante o Reynaldo Arenas. Hacer monumentos a Celia Cruz o Chano Pozo. Que la Cinemateca de Cuba lleve el nombre de Enrique Díaz Quesada, el pionero del Cine Cubano y de la misma forma, construir un Rincón de la Fama, un sitio grandioso, alegre, que sea un símbolo para los encuentros de aquí y de allá, más grande y más importante que el Comité Central del Partido Comunista, pero muchísimo más grande, señores!!!, donde estén: Guillermo Portabales, La Lupe, Tres Patines, Los Hermanos Rigual, Anibal de Mar, Paquito D’Rivera, Patato Valdez y miles y miles de cubanos y cubanas que fueron, son y serán parte de la Cultura Nacional y de la patria. Y para que nunca más se le ocurra a alguien por muy poderoso que sea, en los años y siglos que se avecinan, volver a desterrar sus cuerpos, talentos y sus nombres de la faz de Cuba.
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