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El abrevadero…

La palabra es tomada de una novela de Daína Chaviano, talentosa escritora, mujer cubana que ha seguido triunfando en el exilio, y bella persona. El libro es una pieza entrañable de mi vida en Cuba antes de emigrar, como las personas especiales, los amigos que siguen siendo hermanos, la familia perdida y los lugares inolvidables. Como La Habana. Cuando pensé en un nombre para el blog, nada me vino a la mente tan rápido como esa palabra. Así que, simplemente, ella estaba esperando a que yo me decidiera a crear este sitio. Y, por fortuna, Daína no pone reparos en que yo busque mi sed entre nuestros dinosaurios.

El empuje me lo dio el escritor y maestro Alejandro Quintana, en cuya academia estoy tratando de pulirme para escribir «algo que merezca la pena leerse» como él mismo dice. Gracias, Alejandro, por avivarme la sed de crear algo que yo pudiera compartir con el resto de la humanidad (o la parte que aquí llegue). porque mi abrevadero, como le comenté a Daína: «no es un oasis en mi desierto para calmarme la sed, sino un modesto motivo para buscar la sed en mi desierto».

En mi país yo diría: no soy de la gran escena, pero me gusta decir lo mío a tiempo y sonriente. Y de eso, precisamente, se trata este sitio: de decir y compartir. Y para avivar las sospechas de haber bebido de El Abrevadero alguna vez en forma de dinosaurio. Al visitante, gracias por acercarte a mi abrevadero, el cual irá mejorando en lo que pase el tiempo. Como los buenos vinos, espero.

Así que: ¡gracias por llegarte!

Adiós al más grande: La separación de The Beatles. Candlestick Park: el comienzo del fin (IV).

Después del concierto de Candlestick Park, los Beatles volaron de San Francisco a Los Angeles, llegando a las 12:50 de la mañana. Durante el vuelo, a George Harrison se le oyó exclamar: «Eso es todo, entonces. Ya no soy un Beatle». Tres décadas después, Harrison reflexionaba así: «Realmente no me planifiqué para el futuro. Estaba pensando: “Esto va a ser un alivio, no tener que pasar por esta locura más”».

Ya no soy un Beatle.

Después del espectáculo, los Beatles fueron llevados rápidamente al aeropuerto en un coche blindado.

A propósito de su comentario, Harrison dijo más tarde sobre la decisión de la banda de dejar de hacer giras: «Habíamos pasado por cada disturbio racial, y en cada ciudad a la que fuimos se formaba un tranque vehicular, y había control policial, y la gente amenazaba con hacer esto y aquello…, y teníamos que estar confinados a una pequeña habitación o a un avión o a un coche. Nosotros nos teníamos el uno al otro para diluir el estrés, y el sentido del humor era muy importante… Pero llegó un punto en que ya era suficiente».

Este disgusto de Harrison se haría más fehaciente en los años venideros, y sería otro motivo de separación de la banda que él guardara en su latente deseo de acabar con aquella vida. de Harrison se haría más fehaciente en los años venideros, y sería otro motivo de separación de la banda que él guardara en su latente deseo de acabar con aquella vida.

El deseo por el fin.

En el artículo «La historia inédita del último concierto de los Beatles» de Steve Meacham para el Sydney Morning Herald, el autor presenta esta cuestión: «¿Fue John, Paul o George quien decidió que el último concierto de los Beatles se tocaría hace 50 años en el ahora demolido Candlestick Park de San Francisco? Una cosa es cierta: no fue Ringo Starr».

Para Ringo, John Lennon fue el más insistente. El baterista recuerda: «Hubo una gran charla en Candlestick Park que esto había llegado a su fin. Pero nunca me sentí ciento por ciento seguro hasta que volvimos a Londres. John quería renunciar más que los demás. Dijo que había tenido suficiente».

Para Jordan Runtagh en su artículo Remembering Beatles’ Final Concert, McCartney fue menos drástico en su perspectiva. Mientras hablaba con la reportera de Teen Set, Judy Sims, describió lo que vio como el futuro de la banda. «No somos muy buenos tocando en vivo, en realidad. Somos mejores en un estudio de grabación donde podemos controlar las cosas y trabajar en ello hasta que esté correcto».

«En vivo hay tanto que puede salir mal, y no puedes retroceder y hacerlo bien». Recordemos que el próximo lanzamiento, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Bandde1967 tardó cinco meses en grabarse. Fue el tiempo más largo empleado en un álbum de estudio, pero lo hicieron bien.

Ella Atcheson contaba en 2016 en su artículo The Beatles never intended to quit touring for Good para NME que el propio Ringo Starr había revelado que los Beatles nunca tuvieron la intención de dejar de hacer giras para siempre después de que la banda lo hizo por última vez en Candlestick Park, en el apogeo de la Beatlemanía.

En una entrevista en torno al nuevo documental de Ron Howard Eight Days A Week: The Touring Years, Starr le dijo a Mojo: «Los Beatles nunca se fueron. Y podrían haber regresado».

Sin embargo, hasta para Paul McCartney fue suficiente, y él lo explicó: «Para (el concierto de Candlestick Park) estábamos totalmente hartos y nos pusieron en la parte trasera de una caja de acero inoxidable —refiriéndose al camión blindado que los transportara—. Ahora esto es como una cosa de ciencia ficción extraña tipo 2001 (Odisea del espacio) o algo así. Era un lugar muy extraño».

«Lo que me recordaba era… ¿Conoces esos zarandeos a los que la policía te somete cuando estás en la parte trasera de una furgoneta, pero sin cinturón? Y después los acusan de matar al tipo atrás. Bueno, así era».

«De repente, estábamos zarandeándonos en la parte trasera de la furgoneta y fue como: “¡Oh, al carajo con esto!”. Los chicos, John y George, habían estado un poco “Oh, bla-bla-bla” sobre las giras y, finalmente, todos nosotros pensamos: “¡Que se joda esto!”. Así que ese fue el momento. Nos volvimos un poco conflictivos, nos cansamos un poco hacia el final».

Otra cosa fue lo tocante a la actitud de la fanaticada. «Al principio, los gritos eran emocionantes. Era como hacer autógrafos, tomarte una foto, hacer todo eso», opinaba McCartney. «Entonces, después de un tiempo, se volvió más y más aburrido. La gritería era tal, como dijo Ringo, que no te oías. Así que, realmente, lo que hacíamos era movernos y sentirte “Whoo-oooh!”, para demostrar que algo estaba pasando, porque de lo contrario éramos solo hombrecillos haciendo cosas que no se podían oír».

La estrategia oculta.

En ese momento, los Beatles no habían anunciado que este iba a ser su último concierto, así que era un secreto muy bien guardado. Sin embargo, de todo lo que se cantó aquella noche solo una canción había sido escrita en 1966, y esa era Paperback Writerde McCartney. El punto sobre el último concierto de los Beatles es que no había nuevas canciones en la lista de reproducción. Sin embargo, a principios de ese mes habían lanzado Revolver, su séptimo álbum, juzgado por muchas revistas de música como el mejor de todos los tiempos.

Imagínense una banda hoy que no aproveche la oportunidad para mostrar nuevas canciones como: Eleanor Rigby; Here, There and Everywhere; Yellow Submarine; Taxman; I’m Only Sleeping; Good Day Sunshine; Got to Get You into My Life; o Tomorrow Never Knows.

Al salir al terreno hacia el escenario, cada uno llevaba una cámara. McCartney le había pedido a Tony Barrow que hiciera una grabación de cinta de audio desde el campo. Esto confirmó sospechas que ya Barrow tenía, y él expresa así: «Recuerdo a Paul, casualmente, en el último minuto diciendo: “¿Tienes tu grabadora de casetes contigo?” Le dije: “Sí, por supuesto”. Paul entonces dijo: “Grábalo, ¿quieres? Graba el programa”. Eso, ciertamente, nunca había sucedido antes».

Legado.

Barrow continúa recordando: «En el aeropuerto de San Francisco, mientras nuestro avión se preparaba para despegar, la cabeza de Paul se acercó a la parte superior de mi asiento desde la fila de atrás: “¿Conseguiste grabar algo?” Le entregué la grabadora de casetes: “Tengo el lote, excepto que la cinta se agotó en medio de Long Tall Sally”. Me preguntó si la había dejado grabando entre números para obtener todos los anuncios y los comentarios de los chicos ad lib».

«Le dije: “Todo está ahí, desde la retroalimentación de la guitarra antes del primer número”. Paul estaba claramente a punto de tener un recuerdo único de lo que resultaría ser una noche histórica: el espectáculo de despedida de los Fab Four».

Tristemente, Barrow olvidó voltear la cinta después de los primeros 30 minutos, así que no hay una grabación completa de McCartney cantando la canción final de Little Richard Long Tall Sally.

Tony Barrow escribió en su libro John, Paul, George, Ringo & Me: «De vuelta a Londres, mantuve el casete del concierto bajo llave en una gaveta de mi escritorio de la oficina, hice una sola copia para mi colección personal, y le pasé el original a Paul para que lo guardara. Años más tarde, mi grabación de Candlestick Park reapareció en público como un álbum bootleg. Si escuchas una versión bootleg del concierto final que termina durante Long Tall Sally debe haber venido ya sea de la copia de Paul o de la mía, ¡pero nunca identificamos al ladrón de música

Si te lo perdiste en la segunda parte de esta serie de escritos sobre el último conciewrto en vivo de Beatles en Candlestick Park, este es uno de esos bootlegs que circulan por internet de los que habla Tony Barrow en el párrafo anterior.

Gran parte de las imágenes de películas en color existentes del concierto son las capturadas por Barry Hood. Una cantidad relativamente pequeña de imágenes en blanco y negro fue filmada por noticieros de televisión locales en el área de la bahía de San Francisco y Sacramento. Hood lanzó parte de su película en un documental de edición limitada titulado The Beatles Live In San Francisco, pero la mayoría de las imágenes más raras de Hood permanecen en una bóveda, sin ser vistos por el público desde 2017.

Como escribió Jordan Runtagh: «La canción al fin terminó y quedaron libres. Se acabó. Pero el final de su carrera de giras no ofreció el éxtasis desenfrenado que habían anticipado. De hecho, fue innegablemente triste. Tocar música para la gente era algo que a los Beatles les encantaba. Era lo que los había unido por todos aquellos años. Mucho antes de que se hicieran pioneros del estudio, la actuación se convirtió en la mayor alegría de la banda. Y ahora se había ido, arrancado de ellos por su fama».

Adiós al más grande: La separación de The Beatles. Candlestick Park: el comienzo del fin (III).

En 1966 Barry Hood ganó los premios Kodak de película en edad adolescente por una película de 8 mm de sonido en cinta que hizo en Disneyland. Tenía la costumbre de seguir a Walt Disney por todo el parque. De hecho, opina que por eso Walt creó la seguridad en el lugar. ¿Su primer objetivo? Él, quién más. «Tenía el pelo largo. Ordenado pero un poco largo, sobre las orejas. ¿Y qué? Simplemente lo corté, e igual seguí a Walt por todo el parque todavía más. Cuando salió por la puerta trasera de la estación de bomberos sobre la que tenía un apartamento, allí estaba de nuevo ese maldito chico, acechando a Walt con su cámara de cine».

El concierto de Candlestick Park a través de los ojos de Barry Hood.

Para el año siguiente, Barry Hood, entonces un adolescente, iba a participar en el concurso Kodak con una película sobre The Beatles, pero perdió el interés cuando el cuarteto no volvió a aparecer en otra gira ese año ni nunca más.

«Mi intención era añadir más película a lo que tenía. Y me decepcionó. Pero no fue hasta años más tarde que me di cuenta de la importancia histórica del documento que ya había filmado».

Barry había crecido en San Francisco, pero a los 11 años se trasladó más al norte. En el verano de 1966 compró dos entradas para el concierto de Candlestick Park, las cuales estaban siendo vendidas por radio KYA por correo.

«Monté el autobús Greyhound a 250 millas con mi madre toda la noche del día 27 para llegar a San Francisco el día 28. Me salté el primer día de un campamento de la iglesia para asistir al espectáculo de Candlestick con mi madre el día 29. Salimos de nuestro hotel en la zona de Market Street, alrededor del mediodía. Nuestro autobús Muni llegó a la esquina más lejana del estacionamiento justo cuando la niebla se estaba disipando. Aquí empecé a ver, escuchar y filmar los eventos del día».

«Lo recuerdo como si fuera ayer. Pasamos el día en Candlestick. Incluso trajimos el almuerzo con nosotros. Mientras la música del nuevo álbum Revolver sonaba en los altoparlantes del parque, tomé varios ángulos del escenario que construían sobre la segunda base, junto con el sistema de sonido y dos cercas de alambre que rodeaban el escenario. Otros muchachos estaban ocupados haciendo su trabajo de poner carteles hechos a mano. El equipo de sonido estaba ocupado montando dos enormes columnas de altavoces en el campo».

A medida que los espectadores comenzaron a llenar el parque de pelota, hubo un grito repentino que venía de una zona muy cercana. Barry corrió hasta el final del estadio en sus botas «estilo Beatles».

Justo en ese momento, el autobús de los Beatles pasó por debajo de su posición, y Barry pudo sacar una foto bien clara de George Harrison tomándole una foto a él. Neil Aspinall iba sentado en la ventana justo enfrente de George.

«Imaginen que a los autores de la presentación musical más grande del mundo no se les permita llevar su equipo al escenario. Se vieron obligados a cargar su equipo a través del campo».

Mal Evans y los roadies se enfrascaron en una discusión con el jardinero de los Gigantes. Este les dijo sin rodeos que no podían entrar al campo con su furgoneta de equipo. En su intercambio de palabras y el lenguaje corporal podía entenderse el descontento de Evans.

«En mis imágenes vemos a Evans, Ed Freeman, también al mánager de giras de The Ronettes, y Sandy Scott, el director de gira de GAC, General Artists Corp, la agencia de reservas que concertó la gira».

«Ringo no volteó el micrófono y se puso a cantar en el contrapeso al comienzo del concierto, como dijo el encargado del sistema de sonido. He oído sobre ese malentendido en otros lugares, pero nunca lo desmentí. Puedes ver esto claramente en mi película. El micrófono está en la misma posición que antes de entrar en el escenario. Más tarde, cuando llega el solo de Ringo, el micrófono es colocado delante de él».

«Un caballero vestido con un traje de moda oscuro y camisa blanca se acerca a dos cajas situadas una junto a la otra en el campo, las recoge y las acerca al escenario. ¡Se va por detrás de algunas personas una fracción de segundo más tarde sin ellas! Puedo ver esto claramente, observando la película marco a marco. Tal vez sea Tony Barrow y una de las cajas sea una grabadora, la fuente de la famosa grabación que nunca fue lanzada en audio oficial».

«Los Beatles se inclinan por última vez, y mi metraje termina. Pero vemos a George en la posición de tocar, tanto en cómo está la cabeza y en cómo tiene las manos, y él se queda ahí mientras la mano derecha de John no está en posición de tocar. John camina rápidamente hacia el amplificador y parece desconectar su guitarra. Muchos dicen que se tocaron las primeras notas de In My Life. ¡Si eso es cierto, fue definitivamente George!».

«Mientras George toca, Paul se acerca al micrófono del escenario, pero se detiene, se da la vuelta y le dice algo a George lejos del micrófono, inaudible para el público. George mira hacia arriba y responde. Entonces Paul habla por el micrófono. ¿Cuáles fueron estas últimas palabras? ¿Un último adiós tal vez? ¿Alguien lo sabe? Ahí se corta mi filmación».

El público tuvo la impresión de que la banda comenzaba a tocar otro número, pero, de repente, nada más se escuchó. Los Beatles se subieron con rapidez al camión blindado Loomis y se fueron del estadio, terminando así su carrera de conciertos programados en vivo para siempre.

«Estoy orgulloso de las viejas imágenes de Kodachrome de 8 mm de color. Todavía brilla, y el color no se ha desvanecido. Con la tecnología actual deberíamos ser capaces de extraer aún más detalles. Además, ¡hay toda una sección de material que nunca ha sido transferido ni presentado, que contiene las actuaciones de apertura! Están Barry Tashian y The Remains, y también Bobby Hebb respaldado por The Remains».

«Mi madre, que ahora tiene 90 años, lo recuerda bien. Incluso asistió al concierto conmigo. Pero se sentó en los asientos más baratos donde se podía gritar bastante».

«Yo estaba en los asientos pegados al terreno de primera base. Podía oír el concierto perfectamente. Algunos dicen que no podían oír nada. Mucho dependía de dónde estabas sentado. Todo tiene que ver con qué forma sopla el viento y, al parecer, el viento soplaba la música directamente hacia mí. Candlestick era famoso por sus vientos circulantes. Esta fue una de las razones por las que los Gigantes de San Francisco construyeron un nuevo estadio».

«Cuando llegué al campamento de la iglesia un día tarde, donde había estado la noche anterior me hizo ser la envidia de cada adolescente, y el objeto de molestia para los consejeros y el personal. 1966 fue ese tipo de año».

El concierto de Candlestick Park de boca de varios asistentes.

El 14 de agosto de 2014 Paul McCartney cerró la trayectoria de servicio del Candlestick Park de San Francisco con su concierto Farewell to Candlestick. En la página SFGATE, Peter Hartlaub escribió un artículo sobre la recopilación de anécdotas que hicieron The Big Event y el San Francisco Chronicle obtenidas de más de tres docenas de fanáticos de Beatles que asistieron al «evento musical más famoso en la historia del área de la bahía».

Así lo contaron algunos de ellos:

Llegar al concierto.

JACKIE BANGO: Planeamos por semanas lo que íbamos a usar y cómo llegaríamos (al estadio). Tomamos un autobús Muni desde North Beach mientras (mis tíos) nos seguían en su coche. Tenían asientos en otra zona del parque. ¡Mi mamá nos hizo sopa de pollo sabiendo que podría ayudar a calmar nuestros estómagos ansiosos! No creo que nada podía ayudar a calmarnos.

ANDREA CAMPOS: Yo estaba allí con mis primos. Teníamos 12,13,14,15 años, y tomamos el autobús de North Beach para el concierto. ¡Era un autobús especial de los Beatles!

JEANNE BROWN: Había mucho tráfico en el entronque con la 101. Junto a la bahía, con Candlestick a la vista, el coche se averió. Estábamos todos fuera del auto con Sue y yo en un estado de pánico. Un coche cargado de adolescentes se detuvo y se ofreció a darnos un aventón. Mi tío y mi papá parecían felices de dejarnos ir con estos extraños, así que nos fuimos.

GUS THAM: Yo era uno de los cargabates y mi hermano un asistente en el banco de los Giants esa temporada, y los Beatles usaron el banco del equipo visitante como su camerino antes del espectáculo. La pasamos muy bien con los Beatles, siendo Ringo el más amistoso, y conseguimos programas firmados por los cuatro, y mi hermana una pelota de béisbol firmada por ellos.

En realidad, hay una gran leyenda urbana en torno a cuántas pelotas de béisbol firmaron los Beatles durante esa última gira por el estadio, y las «pelotas de béisbol Beatle» autografiadas de esa gira son como el Santo Grial para coleccionistas.

Gran expectativa, mucha espera.

JIM NESBITT: Los Beatles emergieron del banco de los Gigantes y subieron las escaleras hasta el escenario, atravesando la segunda base. Desde mi asiento en la planta inferior entre la tercera base y el home pude ver claramente todo en el escenario con prismáticos.

JEANNE BROWN: Cuando finalmente suben al escenario, nadie en nuestra sección gritaba. Sue y yo nos miramos y decidimos empezar. Saltamos y gritamos durante sus 30 minutos en concierto.

ERNIE VASQUEZ: Mis asientos eran maravillosos, justo detrás del home. Los Beatles empezaron a tocar y enseguida empecé a gritar como todas las otras adolescentes. La verdad es que realmente no tenía ganas de gritar, pero grité durante todo el concierto.

JIM LUCAS: La gente dice que no podías oírlos. Pero eso es basura. No sólo se podía escuchar, sino que fueron puntuales armónicamente en un momento en que no existían los monitores de piso ni los aparatos de alta tecnología de hoy en día.

DAN ORTH: El sonido en el lado de la tercera base no era nada bueno. Y los interminables gritos de los fans ahogaron todo el sonido (cantantes e instrumentos). Nunca olvidaré lo corta que fue la actuación de los Beatles. Se cronometró en unos 30 minutos. ¡Pero estaba muy emocionado de estar ahí con los mejores!

Es muy interesante notar que me enteré de un amigo de Facebook que asistió a este espectáculo, que el sonido era mucho del lado de primera base, debido a que los vientos de Candlestick esa noche soplaron hacia ese lado.

NANCY SITTON: De las notas que tomé después del concierto:

«George estaba ronco y cantaba If I Needed Someone demasiado lentamente (…) Tocaba la guitarra casualmente, pero bien. John estaba muy pálido y con la voz débil. Saludó a los chicos que treparon por la valla del jardín central y corrieron al escenario. Apenas lo oí.

¡Paul fue genial! Siempre hacía payasadas y saludaba a los fans (…) Dijo: “Hace un poco de frío aquí afuera” y “Lo siento por el clima”. También: “Esta es nuestra última canción. Queremos que se unan a nosotros o lo que sea, aplaudir o cualquier cosa”».

La irrupción en el concierto por la valla del jardín central.

IRA BRAY: Había una treintena de nosotros (…) Una vez que los Beatles se encendieron y empezaron a tocar, algo extraño sucedió. El grupo comenzó a acercarse a la valla una sección a la vez, primero el grupo a la izquierda, luego el grupo a la derecha, luego el grupo central. Fue la maniobra perfecta para vencer a los tres guardias de seguridad.

En algún momento, y no recuerdo exactamente cuándo o por qué, hubo una carga contra la cerca y los chicos comenzaron a treparla (…) El objetivo estaba justo enfrente de nosotros, llegar a la segunda base, ¡sentarse frente a la banda y ver el concierto (…)!

Gritería, un espectáculo rápido, y un montón de asientos vacíos.

ELLIE SEGAL: Dijeron que los gritos de los adolescentes frente a ellos eran tan fuertes que no podían oír una palabra de lo que se cantaba. Finalmente, tocaron a una de las chicas en el hombro y le preguntaron si ella querría escuchar lo que los Beatles estaban cantando. Ella los miró con desdén y dijo: «Si quisiera escucharlos, compraría su álbum».

MAUREEN PRICE: Mi asiento estaba en la primera fila de la línea de tercera base (…) Cada vez que se detectaba movimiento en el interior del remolque en segunda base, se levantaban gritos en el estadio. Los Beatles estaban ahí, ¡esperando salir! Me acerqué lo más posible: sentada sobre el banco, con los pies colgando, esperando para ver al primer Beatle salir del remolque (…) ¡Los Beatles salieron por debajo de mis pies! ¡Habían estado en el banco todo el tiempo! (…) El concierto fue un borrón de música, gritos, histeria, llanto. ¡Estimulante!

OLLIE WELCH: Yo estaba de pie junto a una adolescente fanática. Una reportera le preguntó por qué lloraba, y dijo: «Porque amo a Paul, y no puedo decírselo».

IRA BRAY: Dos oficiales me escoltaron fuera del campo. Al hacerlo, sentí una repentina avalancha de orgullo por haber intentado un acto tan audaz, por oír los gritos desde las gradas y darles un motivo lujurioso a aquellos que pensaba nos estaban animando.

Una vez fuera del campo comenzó una discusión entre los oficiales. Todo lo que recuerdo fueron las palabras, «llevarlo a la estación» (…) Por suerte (se compadecieron), y en su lugar me dieron un suave empujón hacia fuera (con la advertencia): «¡No intentes volver!»

JACKIE BANGO: Se fueron en el camión blindado y nos dejaron llorando y queriendo más. Algunos de nuestro grupo dijeron que los Beatles no volverían. Habíamos leído lo difícil que era para ellos actuar en vivo.

JIM NESBITT: El espectáculo fue rápido (…) terminó en media hora, con Long Tall Sally, y Lennon prometiendo «¡Nos vemos el año que viene!».

El silencio y el caos.

JACKIE BANGO: Después de un pico emocional, había un silencio espeluznante y una sensación decepcionante ahora que había terminado. Mi hermana, Jeannie, recuerda que la gente repartía volantes promocionando un nuevo programa de televisión. Era un espectáculo llamado The Monkees. ¡Cómo pudieron!

JEANNE BROWN: No recuerdo cómo encontramos a nuestros padres después del espectáculo, pero recuerdo haber subido una valla ciclónica de ocho pies en medio de la fiebre.

DENISE LEONETTI: Había un tipo trabajando en limpieza esa noche con quien fuimos a la escuela (…) Nos dijo que una puerta estaba abierta para que los limpiadores entraran, y entramos… y tomé todas las colillas de cigarrillos del escenario y el cable del amplificador de Paul McCartney. Tocamos los tambores y todo. Nunca olvidaré eso.

Hablan los fanáticos…


Adiós al más grande: La separación de The Beatles. Candlestick Park: el comienzo del fin (II).

En su artículo Remembering Beatles’ Final Concert, Jordan Runtagh describe casi cronológicamente los sucesos del espectáculo en el estadio.  

Gladiadores hacia la arena.

El avión fletado de los Beatles aterrizó en el Aeropuerto Internacional de San Francisco a las 5:30 de la noche siguiente. En lugar de la visión familiar de los fanáticos gritando, todo lo que había allí para reunirse con ellos era un equipo de la policía y miembros poco entusiastas de la prensa local.

Así lo recuerda Barry Tashian: «El semblante de los chicos era el de la anticipación del espectáculo final. Parecían visiblemente aliviados al saber que volverían pronto a casa».

Un autobús los llevó a todos directo al estadio, donde encontraron las puertas cerradas. «Todos nosotros en el autobús nos reíamos como locos», recuerda Tashian. «El conductor se dirigió al perímetro más exterior del estacionamiento y comenzó a conducir más rápido y más rápido alrededor del parque para escapar de los aficionados. De repente, en un intento por alejarse de un creciente ejército de fanáticos que seguían el autobús, salió del estacionamiento y condujo por el barrio cerca del parque. Estábamos paseando por las calles residenciales, casi se pierden».

Una vez dentro, los Beatles descendieron a los vestuarios, que habían sido equipados con pequeños lujos para servir como su área de vestidor privado. «Había un mantel blanco, un poco de comida, cerveza y algunos refrescos», recuerda el fotógrafo del periódico Jim Marshall.

El DJ local de KYA Radio, Emperor (Emperador) Gene Nelson, el maestro de ceremonias del programa, describió así la escena para The Beatles Off The Record de Keith Badman:

«El camerino era un caos. Había un montón de gente. La prensa trató de conseguir pases para sus hijos y el cantante Joan Baez estaba allí. Cualquier celebridad local que estuviese en la ciudad estaba en el camerino haciendo una fiesta. Estaban pasando un tiempo maravilloso, los Beatles se estaban divirtiendo, ¡mientras a mí se me congelaban las bolas en segunda base!».

El escenario estaba situado justo detrás de la segunda base en el campo, tenía cinco pies de altura y estaba rodeado por una cerca de alambre de seis pies de altura. Enseguida se hizo evidente que los fans iban a tener un momento difícil. Era una noche fría, nebulosa y ventosa, y las líneas de visión eran espantosas con el escenario establecido dentro de una jaula.

No obstante, los fieles que llegaron temprano decoraron las barandillas, las paredes delanteras y la parte trasera con cadenetas y carteles caseros en honor a sus héroes. Un «beatlemaniaco» particularmente irreverente mostraba un letrero proclamando: «Lennon nos salva».

Muchos hacían crujir los volantes promocionales que NBC-TV distribuyó por miles para promocionar su nuevo programa sobre una banda «con peinado de calabaza» que se estrenaba el 12 de septiembre que decían: «The Monkees Are Here».

Las actuaciones comenzaron a las 8 p.m., cuando la multitud se puso de pie mientras una banda local tocaba el Himno Nacional. Habría cuatro teloneros: The Remains, Bobby Hebb, The Cyrkle, y The Ronettes.

Había pocos trabajos más ingratos que ser un telonero en un concierto de los Beatles en 1966, pero las bandas de apoyo lucharon con todo contra las feroces ráfagas de viento que soplaban desde la bahía de San Francisco, agitando tormentas de polvo en miniatura a través del cuadro, para ser escuchados.

«No era el tipo de noche que te gustaría salir para un concierto al aire libre», recordaba Tony Barrow. El Emperador Nelson estuvo de acuerdo: «Como cualquier fanático de los Gigantes sabía, Candlestick Park en agosto, por la noche, era frío, brumoso y ventoso».

The Remains fueron los primeros en tomar el escenario. Tashian escribió sobre esto: «Un viento de mar salvaje soplaba en todas direcciones. El público estaba a unos 200 pies de distancia, mucho más lejos de lo habitual. Nos hizo sentir extremadamente aislados del público».

Según Marshall, el escenario estaba muy lejos de la llamativa pirotecnia de hoy y las extravagancias de Jumbotron. «El sonido era bastante primitivo y la iluminación era sólo luces de béisbol».

Después de que The Remains terminaron su presentación, se quedaron en el campo para respaldar a Bobby Hebb, quien cantó su reciente éxito Sunny, de lo cual Nelson recordaba luego: «Lo más gracioso de esa noche fue la actuación de Bobby Hebb. ¡Se puso de pie en el escenario, con la niebla y el viento soplando, a cantar Sunny!».

Sunny es una canción clasificada dentro del género Soul jazz, de seguro nada apropiada para cantarse bajo una ola de gritos que parecían «aviones despegando». En Cuba la recordamos más en la versión disco de Boney M.

Después le tocó el turno a The Cyrkle, una banda representada por el propio mánager de los Beatles, Brian Epstein, quienes habían puesto alto en las listas su éxito Red Rubber Ball, una melodía coescrita por Paul Simon y Bruce Woodley de The Seekers.

Finalmente, llegaron The Ronettes, que habían sido amigas de los Beatles desde antes de su primer viaje a Estados Unidos. Aunque no habían tenido un Top 20 en tres años, las dos bandas disfrutaban de la compañía del otro y los Beatles las trajeron.

La cantante Verónica Bennett fue excluida de la gira por su novio cada vez más celoso —y futuro productor de los Beatles— Phil Spector, quien estaba paranoico con que ella reviviera su aventura latente con Lennon. La prima de Bennett, Elaine Mayes, tomó su lugar.

Nelson recordaba: «Fue difícil de todos modos trabajar un estadio de béisbol como un MC —maestro de ceremonia—, especialmente porque los Beatles se estaban tomando su tiempo para salir. Estaba tratando de entretener a una multitud que gritaba: “Beatles, Beatles, Beatles”».

Mientras tanto, los Beatles mantenían vivo el sueño antes del espectáculo en su camerino, pero Tony Barrow detectó algo diferente en el aire a medida que se cambiaban para actuar. «Había una especie de cosa espiritual de fin de período en marcha. Y también había este tipo de sentimiento entre todos nosotros alrededor de los Beatles, de que este podría ser el último concierto que jamás harían».

El espectáculo de fenómenos.

A las 9:27, cuatro pequeñas figuras salieron del subterráneo de los Gigantes y caminaron a través del diamante bajo una ola de gritos que un asistente de Joan Báez más tarde describió «como nubes estallando». Los Beatles estaban rodeados por una guardia de policía de 200 miembros, y tenían un camión blindado Loomis encendido detrás del escenario en caso de que tuvieran que hacer una rápida salida.

Junto a sus guitarras y baquetas, llevaron cámaras para tomar fotos de la tribuna para la posteridad. En la foto más famosa de ese último concierto programado de los Beatles, sólo se ve a los tres guitarristas escoltados al escenario; McCartney va llevando una de las cámaras que él y Lennon usaron durante su presentación de 11 canciones.

George Harrison dijo en The Beatles Off The Record: «Antes de uno de los últimos números, preparamos esta cámara con el temporizador, creo que tenía un objetivo ojo de pez, una gran lente angular. Nos detuvimos entre melodías, Ringo se bajó de la batería, y nos quedamos frente a los amplificadores de espaldas al público y tomamos fotos, porque sabíamos que era el último espectáculo. Fue una decisión unánime».

Mientras enchufaban sus guitarras y hacían una rápida afinación, Barrow se situó junto al escenario y sostuvo su grabadora en alto. «Aunque no tenía posibilidades de hacer una grabación brillante del concierto, una cosa a mi favor era la gran distancia entre el escenario y las gradas en este lugar en particular», explicó más tarde.

«Debido a esto, supuse que podría ser capaz de capturar el sonido desde el escenario sin recoger demasiado de los gritos sin parar de los fanáticos que venían de las gradas. El hecho de que fuera un concierto al aire libre también ayudó. En un auditorio cerrado habría sido imposible captar el sonido de la música sin captar demasiado ruido de la multitud».

Barrow continúa contando en John, Paul, George, Ringo & Me: «Uno de los DJ estadounidenses en nuestro grupo de viaje, a quien le había impedido grabar un concierto anterior en la gira, me vio sosteniendo mi micrófono en el aire e imitando mis palabras de advertencia me dijo:

“Según órdenes de Brian Epstein no debe haber grabación de las actuaciones. Por favor, apague”. Con un dedo en los labios, le indiqué que se callara, pues no quería voces anexas en mi grabación “oficial” del concierto».

Más allá de luchar contra el viento, la banda lo hizo para ser escuchada por encima de su némesis familiar: los gritos. Era como pararse en una pista de aterrizaje llena de aviones despegando por todos lados. Junto con las armas de fuego, a los guardias de seguridad se les dieron bolas de algodón para taparse sus oídos en un intento por evitarles dolores de cabeza.

De hecho, según cuenta Harry McCune, Jr., el baterista Ringo Starr empujó el micrófono de pie de con contrapeso de tal manera, que cuando estaba listo para cantar, lo hizo por el contrapeso durante dos canciones, como una broma.

Pese a esto, Barrow observó en su John, Paul, George, Ringo & Me que «el espectáculo final vio tal vez una actuación un poco más enérgica de lo habitual de los Beatles, y fue más largo que su acostumbrada duración de 20-25 minutos. Apenas se detuvieron entre canciones, aunque su jugueteo en el escenario era notablemente más suelto y menos guionizado de lo normal».

La locura creció a medida que avanzaba el espectáculo. Cinco chicos corrieron al escenario en medio de Baby’s in Black, y más fans siguieron durante Nowhere Man. Otro grupo invadió el estadio al subir la altísima valla del jardín central. Claramente molesta, la banda miraba al camión blindado. Por si acaso.

Al introducir I Wanna Be Your Man, McCartney hizo una broma dirigida a Brian Epstein, al decir: «Nos gustaría hacer el siguiente número ahora, que es una petición especial de todos los “chicos de la trastienda” en esta gira… ¡I Wanna Be Your Man!».

«Chico de trastienda» —backroom boy— era el argot para homosexual, lo cual Epstein era. Pero el empresario fue el gran ausente de esa noche y la banda de seguro no sabía que todavía estaba en Los Angeles, lidiando con una gran crisis personal: un examante había robado su maletín lleno de píldoras legalmente cuestionables, cartas de amor homosexuales explícitas, fotos Polaroid vaporosas de sus jóvenes amigos varones, y más de 20,000 dólares en efectivo ganado en conciertos que debía ser entregado como un bono a la banda.

Si la noticia de cualquiera de estos artículos se filtraba a la prensa, sería más que suficiente para torpedear su reputación. Así que, para su pesar, el hombre que descubrió a los Beatles en un sótano de Liverpool cinco años antes se perdió lo que sabía que sería su último espectáculo

Finita la comedia.

A medida que se apagaban las notas finales de Paperback Writer, McCartney anunció mecánicamente la última canción, pero ni siquiera se molestó en decir el título: «Nos gustaría pedirles que se unan y, eee, aplaudan, canten, hablen, hagan cualquier cosa. De todos modos, la canción es… buenas noches».

Nadie estaba escuchando, así que tocaron el último número para sí mismos. Fue una canción que había hecho el viaje con ellos desde los clubes sociales adolescentes hasta los estadios: Long Tall Sally de Little Richard. Era como su obra maestra, la que permanecía en su lista a lo largo de su carrera.

Había sido su canción de apertura cuando tocaron en el Ayuntamiento de Litherland en diciembre de 1960, más tarde consagrado como la zona cero para la Beatlemanía. Casi seis años más tarde, sería la que cerrara su vida de giras.

Lennon, quien más exteriorizara su deseo de acabar con las giras, se detuvo en el escenario por un momento. Los que estuvieron allí esa noche insisten en que lo escucharon tocar los delicados acordes de guitarra de In My Life, la balada introspectiva sobre todo lo que había experimentado y amado en su increíble vida de joven. Pasado este momento, se metió en el camión blindado.

En total, los Beatles tocaron once canciones: Rock And Roll Music, She’s A Woman, If I Needed Someone, Day Tripper, Baby’s In Black, I Feel Fine, Yesterday, I Wanna  Be Your Man, Nowhere Man, Paperback Writer y Long Tall Sally.

El auto los llevó al aeropuerto, desde donde la banda iba a volar de vuelta a Los Angeles. Habían estado en San Francisco por un total de cinco horas ese día.

El bootleg -edición no autorizada, tanto en el mundo de la música como en el caso de los libros, los videojuegos, los juguetes, las series de televisión o las películas- «oficial» del concierto de The Beatles en Candlestick Park de San Francisco el 29 de agosto de 1966, grabado por Tony Barrow. Aunque no se ha editado como versión oficial, se filtró en internet.

Esta historia continúa en próximos artículos.

Adiós al más grande: La separación de The Beatles. Candlestick Park: el comienzo del fin (I).

Cuentan que los Beatles funcionaban bajo la regla de «un hombre es un voto». Por tal motivo, cuando en 1966 Paul se quedó siendo el único de la banda que seguía con la idea de continuar tocando en vivo, los otros tres lo convencieron de no hacerlo más. Por casi tres meses el grupo estuvo separado, lo cual le hizo pensar a John: «Bueno, esto es el fin. Sin más actuaciones en vivo, va a haber un espacio en blanco en el futuro. Ahí fue cuando comencé a considerar la vida sin los Beatles. Ahí fue cuando se plantó la semilla de pensar cómo salir (del grupo) sin que los otros me botaran. Pero nunca pude salir del palacio porque era aterrador».

La última actuación en vivo de la banda fue el comienzo de una serie de eventos que llevarían a la ruptura definitiva entre sus miembros.

El escenario para el final de una era: el estadio.

Candlestick Parkfue un estadio de deportes y entretenimiento al aire libre, inaugurado el 12 de abril de 1960 como el primer estadio moderno de béisbol construido enteramente de hormigón en el mundo. Estaba situado en el área de Bayview Heights, parte del parque estatal Candlestick Point en la costa occidental de la bahía de San Francisco, California.

El estadio fue originalmente el hogar del equipo de béisbol de los Gigantes de San Francisco de las Grandes Ligas que jugaron allí desde 1960 hasta mudarse a Pacific Bell Park (hoy Oracle Park). También fue el campo de origen de los San Francisco 49ers («los 49»), un equipo profesional estadounidense de la Liga Nacional de Fútbol Americano desde 1971 hasta 2013.

Aunque hicieron una aparición en vivo sin previo aviso en enero de 1969 en la azotea del edificio Apple, el último concierto en vivo de Beatles tuvo lugar en este estadio. Según The Beatles Bible,el aforo del parque era de 42.500 personas, pero sólo se vendieron 25.000 entradas, dejando grandes secciones de asientos sin vender. Debido a esto y otros vericuetos del contrato, la empresa local Tempo Productions, organizadora del evento, tuvo una pérdida financiera con él.

El último evento celebrado allí fue un concierto de Paul McCartney el 14 de agosto de 2014, antes de que el estadio fuera demolido en septiembre de 2015. El propio músico bromeó con la audiencia de 49.000 personas, antes de tocar unas 40 canciones, muchas de ellas clásicos de los Beatles, así:

«Nos enojamos tanto (la última vez que tocamos aquí), que nunca lo volvimos a hacer». Para este concierto, McCartney se puso en contacto con Barry Hood y utilizó una parte de su película original de los Beatles de 1966 en una gran pantalla en este último concierto.

La peor gira de su historia.

No era de extrañar que la emoción inicial de las giras se hubiese desvanecido. Las actuaciones en vivo estaban matando a los Beatles en 1966.

Después de tres conciertos en Alemania volaron en medio de amenazas de muerte a Japón. Iban a tocar cinco conciertos en el Budokan Hall, un lugar de artes marciales sagradas. Los estudiantes de derecha japonesa amenazaron con una acción militante contra la «decadencia occidental». Al final no pasó nada y, por el contrario, sus conciertos japoneses conmocionaron a los Beatles. Por primera vez en años pudieron oírse tocar en vivo, sin los gritos adolescentes de la Beatlemanía. Y si tenían alguna duda sobre lo mal que sonaban en vivo, esto lo confirmó.

Desde Japón todo fue cuesta abajo. Manila, Filipinas, fue la siguiente, en los días del dictador filipino Ferdinand Marcos y su esposa, Imelda. Los Beatles llegaron y se separaron del mánager Brian Epstein y su séquito. Al día siguiente, un importante incidente diplomático explotó cuando la banda fue criticada por no asistir a una recepción en el Palacio Presidencial organizada por Imelda, de la cual ellos desconocían.

El desaire involuntario a la primera familia dictatorial provocó una reacción nacional contra el cuarteto. Los Beatles fueron sacados del país por una multitud hostil.

Toda su protección policial fue retirada de repente y ellos tuvieron que defenderse solos de un montón de nacionalistasenojados que los persiguieron y escupieron hasta el aeropuerto, mientras los titulares denunciaban «la afrenta a la Primera Familia».

Sólo después de ser despojados de los ingresos del concierto se les permitió salir del país.

The Beatles tocando en vivo en Manila, Filipinas.

La muerte y el odio acechan en tierra hostil.

Después de esa amarga experiencia, nadie estaba particularmente emocionado por tener que embarcarse de nuevo en una gira, ahora por los Estados Unidos al mes siguiente. George Harrison, resentido, comentaría: «Tomemos un par de semanas para recuperarnos antes de ir y ser golpeados por los estadounidenses».

Pero incluso antes de que la banda llegara a los Estados Unidos, ya habían soportado una horrible gira.

No obstante, no era sólo el peligro físico lo que enfrentaban. Los Beatles se morían como músicos. Tocar para una multitud había sido una vez su vida, pero la fama les había robado todo lo que lo hacía alegre y satisfactorio. Las arenas deportivas eran demasiado grandes y los gritos de un público adorador eran demasiado fuertes para que sus amplificadores Vox de 100 vatios los superaran. Incapaces de escucharse a sí mismos, su musicalidad comenzó a atrofiarse.

«En 1966 el camino —en referencia a viajar para las actuaciones en vivo— se estaba volviendo bastante aburrido», recordó Ringo Starr en el documental de The Beatles Anthology. «Estaba llegando el final para mí. Nadie escuchaba en los espectáculos. Eso estuvo bien al principio, pero estábamos tocando muy mal».

Encaramado en la parte posterior de su batería, fue reducido a seguir el movimiento de las espaldas de los demás en la parte delantera del escenario para determinar por dónde estaban en la canción.

Al menos el público no podía oír lo desigual que se habían vuelto, porque tampoco les preocupaba. «El sonido en nuestros conciertos siempre fue malo. No las pasábamos haciéndonos bromas en el escenario para mantenernos entretenidos», recordó Harrison en la Antología.

Lennon, en especial, se deleitaba en hacerle alteraciones obscenas a sus letras —como en I Want to Hold Your Gland en lugar de Hand; glande por mano—, sabiendo muy bien que nadie tenía idea de lo que estaba diciendo. «No era sino una especie de espectáculo de fenómenos», dijo más tarde. «Los Beatles eran el espectáculo, y la música no tenía nada que ver con eso».

El aburrimiento de tocar la misma docena de canciones cada día también comenzó a rallar en la notoriamente corta capacidad de atención del grupo. Para empeorar las cosas, la mayoría de las canciones eran viejas.

Gran parte de su trabajo reciente había mejorado por el uso de músicos de apoyo y técnicas de estudio innovadoras, por lo que ya era demasiado difícil de realizar dadas las limitaciones técnicas de un entorno en vivo. De hecho, los Beatles nunca tocarían una sola canción de su último álbum Revolver, lanzado pocos días antes de que comenzara su gira.

Ni ellos ni el público podían oír nada, no estaban mejorando sus habilidades, no estaban promocionando su nueva música y no se estaban divirtiendo. Ciertamente, no necesitaban el dinero, así que ¿por qué estaban haciendo esto? La pregunta estaba en la mente de todos durante la gira de 1966 por los Estados Unidos, una excursión maldita, acosada por una serie de desastres sin paliativos.

Llegaron a Chicago para sus dos primeras presentaciones el 11 de agosto con la tormenta mediática tras la famosa entrevista que los Beatles le dieran a Maureen Cleave para el Evening Standard donde Lennon dijo: «El cristianismo se irá. Se desvanecerá y se encogerá. No necesito discutir sobre eso. Tengo razón y se me demostrará que tengo razón. Ahora somos más populares que Jesús».

La declaración ni levantó una ceja en Gran Bretaña cuando se imprimió por primera vez, pero cuando algunos comentarios seleccionados fueron reeditados en el Bible Belt estadounidense —el «Cinturón bíblico» es un término coloquial asociado con una región al sur de los Estados Unidos en la que el protestantismo evangélico de conservadurismo social tiene tal arraigo que juega un papel importante en la sociedad y la política, y la asistencia a la iglesia es más alta que el promedio de la nación—, se desató un infierno.

Incendiaron álbumes de los Beatles, boicotearon canciones, y profirieron un torrente de amenazas de muerte. Los nuevos agujeros de bala en el fuselaje del avión de la banda aclararon cualquier duda: Estaban en peligro.

Lennon desató el pandemonio del conservadurismo religioso de los Estados Unidos.

Lennon se disculpó luego a insistencia de Brian Epstein, y Harrison comentó: «Estoy de acuerdo con lo que dijo John. Eso no significa que esté en contra de la religión. Estaba llamando la atención sobre algo, pero sus comentarios fueron sacados de contexto».

Dos días después de su llegada a los Estados Unidos, Revolver fue al No.1 en las listas de álbumes de Gran Bretaña. Pero, a pesar de las disculpas de Lennon, el odio continuó. El Ku Klux Klan (KKK) amenazó con manifestarse en el concierto en Washington, D.C. Cinco seguidores del KKK con máscaras blancas se presentaron, pero fueron empequeñecidos por los 32.000 fanáticos de los Beatles. Luego vino «el incidente de Memphis».

Memphis es territorio de Elvis Presley. La ciudad de Graceland, el hogar de su ídolo. El 19 de agosto, los Beatles iban a tocar dos conciertos. Antes del primero, su preparador recibió una llamada anónima diciendo que «uno o todos los miembros de la banda serían asesinados durante la actuación». Nadie tenía ninguna duda de cuál beatle sería el objetivo principal.

El Klu Klux Klan, todavía indignado por el comentario mencionado, se manifestó contra algunos conciertos, mientras que otros espectáculos sonaban a la par que los disturbios raciales cercanos. Todo salió bien en el concierto de la tarde.

Pero dentro del estadio esa noche, un petardo fue arrojado al escenario, haciendo que la banda creyera que un pistolero al fin había materializado las amenazas de asesinato.

Según Tony Barrow, oficial de prensa inglés que trabajó con la banda y acuñó la frase “los Fab Four”: «Todos nosotros al lado del escenario y los tres Beatles encima de él miramos de inmediato a John Lennon. No nos habríamos sorprendido si en ese momento lo hubiésemos visto caer».

Fuera del estadio, el KKK clavó un disco de los Beatles en una cruz de madera, jurando venganza.

Un montaje de fragmentos de la actuación de los Beatles en Memphis en 1966.

El día después de Memphis debían actuar en Crosley Field, Cincinnati, pero de nuevo había preocupación por su seguridad, esta vez debido a la lluvia torrencial y los rayos en un concierto al aire libre; los promotores no habían podido construir el pabellón prometido.

Esto puso a la banda en la posición nada envidiable de cancelar el espectáculo y propiciar un motín entre los 35.000 espectadores, o actuar según lo programado en medio del riesgo real de electrocución.

Nat Weiss, el abogado de la banda, le dijo al autor Philip Norman: «Fue aterrador. La multitud seguía gritando “¡queremos a los Beatles!”, y Paul se molestó tanto por la perspectiva de tener que salir y ser electrocutado en el escenario, que se sintió mal. La tensión era demasiado grande. Y vomitó en el camerino».

Después de que el roadie —personal de apoyo de las bandas en las giras— Mal Evans recibió un shock tan severo como para lanzarlo a través del escenario, el espectáculo fue pospuesto hasta el día siguiente, la única vez en la carrera de la banda.

«El único concierto que nos perdimos!», señaló un orgulloso Harrison. Mas, eso significaba que tenían que actuar dos veces en un día en dos ciudades a 550 kilómetros de distancia (la segunda actuación fue en Missouri).

Los Beatles en la reposición del pospuesto concierto la noche anterior en Crosley Field, Cincinnatti, en 1966.

Terminado el programa de reposición esa tarde en Cincinnati, los Beatles volaron a St. Louis, donde se enfrentaron a otra catástrofe lluviosa. El refugio improvisado construido con prisa al aire libre en el Busch Stadium hizo poco para protegerlos.

Paul McCartney recordaba: «Pusieron trozos de hierro corrugado sobre el escenario, así que se sentía como el peor concierto en el que habíamos tocado incluso antes de que comenzáramos como banda. Teníamos que preocuparnos por la lluvia que entraba en los amplificadores y esto nos llevó de vuelta a los días de la Caverna. Fue peor que esos primeros días».

Montaje de sonido e imágenes sobre el concierto de los Beatles en el Busch Stadium de St Louis, Missouri el 21 de agosto de 1966.

Barry Tashian de The Remains, un grupo acompañante en la gira que tocaba en las aperturas de los conciertos tiene un recuerdo muy vívido del destartalado escenario, que plasmó en sus memorias: «Nuestro roadie, Ed Freeman, estaba estacionado en la toma principal de corriente alterna para ver la actuación y poder desconectar todo el escenario si alguien mostraba señales de haber recibido una descarga eléctrica».

El propio Freeman lo confirmaba: «Había chispas volando por todo el lugar. Recuerdo que cada vez que Paul chocaba con el micrófono, que era en cada canción, salían chispas».

El propio Freeman lo confirmaba: «Había chispas volando por todo el lugar. Recuerdo que cada vez que Paul chocaba con el micrófono, que era en cada canción, salían chispas».

«El coche de escape que esperábamos usar estaba gravemente dañado y fuera de acción», escribió Tony Barrow en su libro John, Paul, George, Ringo & Me. «Los cuatro chicos estaban al borde de la desesperación y discutíamos la posibilidad de que tuviéramos que permanecer encerrados en el estadio durante la noche. Ringo rompió el silencio subsiguiente diciendo con una vocecita: “¿Puedo ir a casa con mi mamá ahora, por favor? ¿Puedo?”».

Fotos y video mano a mano en esta toma original del espectáculo de los Beatles en el Dodger Stadium de Los Angeles el 28 de agosto de 1966. La persona que hizo estas tomas y preparó el material estuvo en ese concierto; fue el primero de su vida.

Tres intentos de sacar a las superestrellas de las instalaciones usando limusinas de señuelo e incluso ambulancias fracasaron antes de que, finalmente, fueran empujadas a un coche blindado similar a un tanque.

Para McCartney esa fue la gota que colmó el vaso: «Recuerdo que nos metieron en un gran vagón vacío de acero, como una furgoneta para transportar escombros. No había muebles allí, nada. Nos zarandeábamos, tratando de aferrarnos a algo, y en ese momento todo el mundo dijo: “Oh, esta maldita broma de gira, ya me llegó hasta aquí, hombre”».

Por suerte, no más les quedaba una presentación: Candlestick Park al día siguiente.

Cavern Club: el inicio de los Beatles. ¿Qué sucede con este ícono de la cultura occidental?

Peter Morris era amigo del primer propietario del club, Alan Sytner, quien modeló el club en el sótano de Le Caveau de la Huchette, un sitio de jazz que había visto en París.

Peter Morris (izquierda) y Alan Sytner.

Él recuerda cómo bebían en The Grapes en Mathew Street cuando se formó la idea: «Alan dijo: “Deberíamos tener un lugar como (Le Caveau). Me encantaría encontrar un lugar, como un sótano o algo así”. Salimos de la taberna y (uno de nosotros) dijo: “Oye Alan, ¿qué tal ese lugar?” Y había un letrero que decía “Sótano en venta, o lo dejamos”. Al día siguiente nos reunimos de nuevo por una pinta a la hora del almuerzo y Alan dijo: “Ya tengo aquel lugar. Lo he comprado”.

La triste noticia.

Me he topado con una noticia que entristece a quienes somos fanáticos de The Beatles, porque algo icónico que recuerda los anales de ese grupo está a punto de cerrar. El artículo aparece en el sitio en línea de la revista Rolling Stone, escrito por Daniel Kreps, con el siguiente titular:

Liverpool’s Cavern Club ‘Could Close Forever’ Due to Covid-19 Impact

“The prospect of losing a national jewel like the Cavern is a horrible scenario for all concerned, be they Beatles fans, music lovers and above all those whose livelihoods depend on it,” mayor says (https://www.rollingstone.com/music/music-news/liverpool-cavern-club-close-forever-covid-19-impact-1045104/)

Es decir, que el club está a punto de ser cerrado por los efectos económicos que la pandemia que vivimos está ocasionándole. Esto es lo que nos informa el periodista:

The Cavern Club, el histórico lugar de Liverpool donde los Beatles tocaron casi 300 espectáculos —en nota personal, no del periodista, agrego que fueron 292 de acuerdo con Alex McKechnie— antes de la invasión británica, está en peligro de cerrarse permanentemente debido al coronavirus, advirtieron los propietarios de clubes y funcionarios del gobierno local este viernes.

El alcalde de Liverpool, Joe Anderson, dijoal Liverpool Echo que, a pesar de haberse permitido que las sedes del Reino Unido reabran con una asistencia reducida y directrices de distanciamiento social, Cavern «podría cerrar para siempre» si la oferta del club al Fondo de Recuperación Cultural del Gobierno se reduce.

«El hecho de que la mundialmente famosa Caverna pudiera cerrar para siempre debido a la pandemia de COVID-19 debería hacerle entender al Gobierno lo mucho que nuestra industria musical está en peligro. Este virus ha causado un dolor inimaginable, y está demostrando ser una amenaza existencial para nuestra escena cultural», dijo Anderson al periódico.

«El hecho de que la mundialmente famosa Caverna pudiera cerrar para siempre debido a la pandemia de COVID-19 debería hacerle entender al Gobierno lo mucho que nuestra industria musical está en peligro. Este virus ha causado un dolor inimaginable, y está demostrando ser una amenaza existencial para nuestra escena cultural», dijo Anderson al periódico.

«La perspectiva de perder una joya nacional como la Caverna es un escenario horrible para todos los interesados, ya sean fans de los Beatles, amantes de la música o, sobre todo, aquellos cuyos medios de vida dependen de ella».

Uno de los actuales directores del club, Bill Heckle, le dijo al Echo que el Cavern Club ha estado perdiendo 30.000 libras esterlinas (39.000 dólares) por semana desde el comienzo de la pandemia, y que el lugar recientemente dejó cesantes a 20 empleados, con más despidos por esperarse. «Hace unos años tomamos la decisión de guardar la mayor cantidad de dinero posible en el banco para un “día lluvioso”, sin darnos cuenta de que iba a ser una tormenta», dijo Heckle, y a su vez las reservas de efectivo del club han sido cortadas a la mitad por la pandemia.

«Somos una parte muy vibrante de la economía de Liverpool, por lo que estamos llegando a finales de agosto y reabriendo la Caverna durante una semana, virtualmente, y bandas de todo el mundo han enviado mensajes y grabaciones. Sabemos que no vamos a ganar dinero, se trata de recordarle a la gente que estamos aquí y el único objetivo es salir del otro lado. Estoy seguro de que lo haremos, pero se trata de la supervivencia».

El Cavern Club es uno de los innumerables lugares a ambos lados del Atlántico que enfrentan el cierre sin la ayuda de la intervención del gobierno; a principios de esta semana, la Ley de Reinicio y la Ley Save Our Stages —dos proyectos de ley estadounidenses impulsados por la National Independent Venue Association y la National Independent Talent Organization— se quedaron en el aire cuando el Congreso entró en receso sin un nuevo proyecto de ley de socorro contra el Covid-19.

Ícono de la cultura universal.

El caso no es para desdeñarlo, pues estamos hablando de algo que tiene una importancia cultural para la Humanidad, que tampoco tiene pequeña trascendencia. Por ejemplo, existen clubes tributo en Dallas, Buenos Aires, Wellington, Exeter, Costa Teguise en Lanzarote, y anteriormente los hubo en Tokio y  Adelaida.  

Un club de aspecto similar apareció en la secuencia de apertura de la película Across the Universe, en homenaje a los comienzos de The Beatles, aunque el nombre del club nunca fue mencionado. Las imágenes de esta escena fueron filmadas en The Cavern Club. Este club es el primer lugar que aparece en el videojuego The Beatles: Rock Band.

Suzi Quatro fue la última gran figura musical en actuar en The Cavern Club, lo cual hizo justo antes de su sencillo Can the Can de 1973, que permaneció en el No. 1 durante 14 semanas.

Paul McCartney hizo una visita sorpresa en 1968 con su entonces novia Linda Eastman, y tocó la batería con la banda Curiosity Shop, que estaba ensayando.

Un pequeño Stevie Wonder actuó en aquel club cuando tenía sólo 15 años. Su contrato estaba en exhibición en The Beatles Story.

Cuando Ringo Starr filmó un documental para Disney Channel llamado Going Home y visitó The Cavern Club, hizo un guiño a la cámara y dijo: «Esta será una agradable sorpresa para los muchachos», luego autografió dos cuadrados en la icónica pared del escenario que cuentan con el nombre de los Beatles y Rory Storm and the Hurricanes. No fue hasta seis meses más tarde cuando se estrenó la película que se supo que Ringo lo había hecho.

El restaurante y cadena hotelera Hard Rock Cafe posee la marca registrada del nombre «Cavern Club» en los Estados Unidos. Cuando el Hard Rock Cafe fue construido en  Boston en 1991, incluyó una bodega tipo Cavern Club de ladrillo que era una reproducción del club de Liverpool, con un escenario para bandas locales. En 2006, el restaurante de Boston se mudó a una nueva ubicación, y aunque el nuevo restaurante todavía tiene un área para actuación a lo Cavern Club, no se parece a la bodega de Liverpool.

El poeta Roger McGough también mencionó el club en su poema Let Me Die A Youngman’s Death: «O cuando tenga 104 / y se me expulse de la Caverna / que mi amante / me atrape en la cama con su hija / y temiendo por su hijo / me corte en pedacitos y tire cada pedazo menos uno». Norwegian Cruise Lines tiene Cavern Club en dos de sus líneas, la Norwegian Bliss y la Norwegian Epic, que exhiben bandas tributo a los Beatles.

El impactante «club más famoso del planeta».

Alex McKechnie conversó con el reportero de entretenimiento de BBC News Ian Youngs. La Caverna estaba celebrando, entonces, el aniversario cincuenta con una serie de eventos de homenaje. Un documental sobre el primer concierto sería luego transmitido en ITV1. Alex tenía dieciséis años cuando estuvo entre la multitud en ese primer show y luego pasó a ser un habitual en el club. Sobre Cavern Club, él recordaba:

«Vi a The Beatles un par de veces en el extremo norte de Liverpool y estaba trabajando en el centro de Liverpool como mensajero en unas obras de impresión cuando escuché que estaban en la Caverna en una sesión de almuerzo».

«Recuerdo que estaba muy excitado. La música sonaba aún más emocionante (que en los conciertos anteriores) porque The Cavern era un pequeño espacio, por lo que la música sonaba un poco más fuerte, un poco más emocionante y un poco más vital. Entre 20 y 30 personas estaban allí».

«Los Beatles eran el paquete completo: no sólo tenían un gran cantante, tenían dos grandes cantantes. Siempre hacían armonía desde la primera vez que los vi».

«Probablemente sólo podían permitirse dos micrófonos, por lo que cuando uno actuaba como voz principal, los otros dos se paraban uno frente al otro en el micrófono, y era bastante carismático, era agradable mirarlos. Tenían una camaradería entre ellos».

«Por supuesto, cuando volví al trabajo solía detenerme, mirar por la ventana, pensando en los Beatles y las chicas de la Caverna. No podía concentrarme en hacer ningún trabajo».

Pienso que para que algo tenga trascendencia en la historia cultural de la Humanidad no tiene que estar en la lista de la UNESCO de los lugares que han sido declarados ser patrimonio de la Humanidad.

Hay cosas de la cultura popular que debían ser conservados a toda costa como herencia universal de lo que la gente ha hecho en la cultura a lo largo de los años de existencia de la civilización. Un lugar pequeño como Cavern Club marcó el comienzo de la carrera de la mejor banda del mundo en la cultura popular, que revolucionó y marcó pautas en la música contemporánea, en todo lo que siguió detrás de ella.

Ojalá parte del legado de los Beatles no desaparezca como ellos lo hicieron en la película Yesterday. Aún así, yo seré uno de aquellos tres que, entre todo la población del planeta, los recordara.

Esperemos que la maestría empresarial de la actual administración de Cavern Club rebase la crisis con éxito, o que, por carambola, una vacuna contra el coronavirus creada a tiempo salve la honrilla, porque los gobiernos pecan de financiar cosas más «importantes». Así que, ¿qué podrá esperarse para un pequeño espacio en una calle de una ciudad de un país de un continente de un hemisferio de un planeta?

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