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El abrevadero…

La palabra es tomada de una novela de Daína Chaviano, talentosa escritora, mujer cubana que ha seguido triunfando en el exilio, y bella persona. El libro es una pieza entrañable de mi vida en Cuba antes de emigrar, como las personas especiales, los amigos que siguen siendo hermanos, la familia perdida y los lugares inolvidables. Como La Habana. Cuando pensé en un nombre para el blog, nada me vino a la mente tan rápido como esa palabra. Así que, simplemente, ella estaba esperando a que yo me decidiera a crear este sitio. Y, por fortuna, Daína no pone reparos en que yo busque mi sed entre nuestros dinosaurios.

El empuje me lo dio el escritor y maestro Alejandro Quintana, en cuya academia estoy tratando de pulirme para escribir «algo que merezca la pena leerse» como él mismo dice. Gracias, Alejandro, por avivarme la sed de crear algo que yo pudiera compartir con el resto de la humanidad (o la parte que aquí llegue). porque mi abrevadero, como le comenté a Daína: «no es un oasis en mi desierto para calmarme la sed, sino un modesto motivo para buscar la sed en mi desierto».

En mi país yo diría: no soy de la gran escena, pero me gusta decir lo mío a tiempo y sonriente. Y de eso, precisamente, se trata este sitio: de decir y compartir. Y para avivar las sospechas de haber bebido de El Abrevadero alguna vez en forma de dinosaurio. Al visitante, gracias por acercarte a mi abrevadero, el cual irá mejorando en lo que pase el tiempo. Como los buenos vinos, espero.

Así que: ¡gracias por llegarte!

Operación Paperclip: en el lado oscuro de la intervención estadounidense en la II Guerra Mundial (IX).

Todo lo expuesto en el capítulo anterior tuvo su basamento en investigaciones que desclasificaron archivos de la CIA. A partir de ahí, funcionarios gubernamentales, la prensa y personalidades civiles comenzaron a hacer pública la verdad oculta. He aquí cómo la preocupación se desarrolló y decantó en denuncia.

LA TAJADA DE LA CIA (III)

La exposición de la verdad sobre la inteligencia estadounidense

George Lardner Jr., en su artículo del 2001 para washingtonpost.com, nos deja saber que la CIA se había negado a reconocer la existencia de los registros hasta que el Congreso aprobó una ley de 1998 que requería su desclasificación.

En el National Security Archive Electronic Briefing Book No. 146 —Informe electrónico del Archivo de Seguridad Nacional, libro #46— del National Security Archive Posts Secret CIA History —Archivo de Seguridad Nacional Público, Historia Secreta de la CIA—, editado por Tamara Feinstein en 2005 para nsarchive2.gwu.edu, se señala que la documentación desenterrada por el Grupo de Trabajo Interinstitucional —IWG por Interagency Working Group— revela amplias relaciones entre criminales de guerra nazis y organizaciones de inteligencia estadounidenses, incluida la CIA.

Este fue un grupo de académicos, funcionarios públicos y ex oficiales de inteligencia estadounidenses designado por el presidente William «Bill» Jefferson Clinton, que ayudaron a preparar los registros de la CIA para la desclasificación.

Los registros actuales muestran que, al menos, cinco asociados del notorio nazi Adolf Eichmann trabajaron para la CIA, otros 23 nazis fueron contactados por la CIA para su reclutamiento, y al menos 100 oficiales dentro de la organización Gehlen eran exoficiales de SD o de la Gestapo.

El IWG contó con la ayuda de académicos clave para consultar durante el proceso de desclasificación, y estos historiadores publicaron su propia interpretación del material desclasificado en mayo del 2004 en una publicación llamada US Intelligence and the Nazis (en la foto). La introducción a este libro enfatiza el dilema de usar a los exnazis como activos:

La noción de que ellos —la CIA, el Cuerpo de Contrainteligencia del Ejército, la organización Gehlen— emplearon solo unas pocas manzanas podridas no resistirá la nueva documentación. Algunos funcionarios de inteligencia estadounidenses no podían o no querían ver cuántos oficiales de inteligencia alemanes, oficiales de las SS, policías o colaboradores de los nazis —que no eran ya alemanes— estaban comprometidos o incriminados por su servicio pasado.
La retrospectiva nos permite ver que el uso estadounidense de criminales de guerra reales o supuestos fue un error en varios aspectos (…) no había ninguna razón convincente para comenzar la era de la posguerra con la ayuda de algunos de los asociados con los peores crímenes de la guerra. La falta de atención suficiente a la Historia —y, a nivel personal, al carácter y la moralidad— sentó un mal precedente, especialmente para las nuevas agencias de inteligencia.
También trajo a las organizaciones de inteligencia a hombres y mujeres que antes eran incapaces de distinguir entre sus creencias políticas y/o ideológicas y la realidad. Como resultado, tales individuos no pudieron y no entregaron una buena inteligencia.
Finalmente, debido a que sus nuevas y profesadas «convicciones democráticas» eran, en el mejor de los casos, inseguras, y su pasado podía usarse en su contra (algunos podrían ser chantajeados), estos reclutas representaban un problema de seguridad potencial. 

A propósito de la investigación, Martin A. Lee en su artículo del 2001 publicado en ips-dc.org, escribió que los informes de la CIA mostraban que los funcionarios estadounidenses sabían que estaban subsidiando a numerosos veteranos del Tercer Reich que habían cometido horribles crímenes contra la humanidad, pero estas atrocidades se pasaron por alto a medida que la cruzada anticomunista adquirió su propio impulso.

Para los nazis, que de otro modo habrían sido acusados de crímenes de guerra, firmar con la inteligencia estadounidense les permitió evitar una pena de prisión o de muerte.

Eli M. Rosenbaum (en la foto), director de la Oficina de Investigaciones EspecialesOSI por Office of Special Investigations—del Departamento de Justicia, principal cazador de nazis de Estados Unidos y miembro del IWG, expresó:

«Los verdaderos ganadores de la Guerra Fría fueron los criminales de guerra nazis, muchos de los cuales pudieron escapar de la justicia porque el Este y el Oeste se centraron tan rápidamente después de la guerra en desafiarse mutuamente».

El equipo de IWG, después de publicar 18,000 páginas de material redactado de la CIA, declaró que «muchos criminales nazis recibieron un castigo leve, ningún castigo en absoluto, o recibieron una compensación porque las agencias de espionaje occidentales los consideraron activos útiles en la Guerra Fría».

Para la excongresista Elizabeth Holtzman (en la foto), miembro del panel que examinó los archivos de la CIA, estos «no son meros documentos históricos», pues ellos plantean preguntas críticas sobre la política exterior estadounidense y los orígenes de la Guerra Fría.

La decisión de reclutar agentes nazis tuvo un impacto negativo en las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética y preparó el escenario para la tolerancia de Washington de los abusos contra los derechos humanos y otros actos criminales en nombre del anticomunismo. Con ese fatídico abrazo, se lanzó la suerte de una letanía de intervenciones antidemocráticas de la CIA en todo el mundo.

En su análisis de las premisas que llevaron a este escrutinio de la agencia, Kevin C. Ruffner de jewishvirtuallibrary.org parte del libro de 1988 de Christopher Simpson, Blowback: America’s Recruitment of Nazis and Its Effects on the Cold War, —«Retroceso: El reclutamiento de nazis en Estados Unidos y sus efectos en la Guerra Fría»—, donde el autor afirma que «las agencias de inteligencia de Estados Unidos sabían, o tenían buenas razones para sospechar, que muchos agentes contratados durante la Guerra Fría habían cometido crímenes contra la humanidad en nombre de los nazis».

La CIA, el Departamento de Estado y la inteligencia del Ejército de los Estados Unidos, crearon programas especiales con el propósito específico de traer a los Estados Unidos a exnazis y colaboradores seleccionados. Otros proyectos protegieron a esas personas colocándolas en las nóminas de Estados Unidos en el extranjero».

La agencia se puso bajo un particular escrutinio debido a su secreto y reputación ya que, a lo largo de los años, los observadores han acusado que:

  • La CIA, y sus organizaciones predecesoras como la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, 1942-45), la Unidad de Servicios Estratégicos (SSU, 1945-46) y el Grupo Central de Inteligencia (CIG, 1946-47), emplearon personal de inteligencia alemán como fuentes de información. Después, la CIA patrocinó el nuevo servicio de inteligencia de la República Federal Alemana, una organización bajo el control de oficiales del extinto estado mayor alemán. Las filas de la organización albergaban a muchos oficiales de las SS y SD alemanas cuya lealtad al nuevo gobierno de Alemania Occidental permanecía en duda.
  • La CIA y sus organizaciones predecesoras emplearon a antiguos colaboradores del Tercer Reich, principalmente de Europa del Este y del Sur, inicialmente como fuentes de información y más tarde como activos operativos para las actividades detrás de la Cortina de Hierro.
  • La CIA, incluida la Oficina de Coordinación de Políticas (OPC, 1948-52), trajo alemanes y europeos del este a los Estados Unidos para proporcionar información detallada sobre la Unión Soviética.
  • La CIA, incluida la OPC, formó «ejércitos secretos» de varios grupos de emigrados en Europa y los entrenó en los Estados Unidos. Las filas de estos grupos incluían numerosos antiguos colaboradores de la Alemania nazi, y algunas de estas personas permanecieron activas en otros proyectos de la CIA.
  • La CIA evacuó a los criminales de guerra y colaboradores nazis a través de «líneas de ratas» en el sur de Europa, lo que les permitió escapar de la justicia al reubicarlos de incógnito en América del Sur.
  • La CIA abusó de su autoridad legal para traer desertores soviéticos y del bloque soviético y otras personas de interés a los Estados Unidos.
  • La CIA le encubrió sus actividades al Congreso y a otros investigadores federales.

Frustrado por la lentitud del INS —el Servicio de Inmigración y Naturalización— en la revisión de sus propios registros, el Congreso finalmente exigió que la GAO —U.S. Government Accountability Office— determinara si el INS o cualquier otra agencia gubernamental había conspirado para obstruir las acciones legales contra los presuntos criminales de guerra nazis que vivían en los Estados Unidos.

El Congreso hizo esta solicitud en enero de 1977, marcando el comienzo de la primera investigación de la GAO. La Unidad de Litigios Especiales, una nueva oficina dentro del INS y predecesor inmediato de la OSI, también comenzó una investigación por su cuenta al unísono.

En mayo de 1978, la GAO publicó su informe formal, Widespread Conspiracy To Obstruct Probes of Alleged Nazi War Criminals Not Supported by Available Evidence–Controversy May Continue —«Conspiración generalizada para obstruir las investigaciones de presuntos criminales de guerra nazis no respaldados por la evidencia disponible: la controversia puede continuar»—. Con respecto a la participación de la CIA, la GAO encontró que, en su búsqueda de información sobre 111 presuntos criminales de guerra nazis, la Agencia no tenía registros sobre 54. De los 57 restantes, la CIA tenía referencias, como artículos de periódicos y correspondencia general con otras agencias federales, sobre 35.

Eso dejó a 22 personas con las que la CIA admitió a los investigadores de la GAO que tenía una relación más sustancial. En un caso no identificado, la CIA patrocinó la inmigración de un «alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán durante la era nazi» a los Estados Unidos. Los 21 restantes tuvieron contacto con la CIA en el extranjero o después de su inmigración a Estados Unidos; a algunos se les pagó, mientras que el organismo se negó a utilizar otros.

El congresista Joshua Eilberg (en la foto) criticó al Gobierno Federal porque «este informe deja en claro que la CIA y el FBI estaban más interesados en usar a estas personas y obtener información de ellas que en realizar cualquier investigación de antecedentes sobre sus actividades en tiempos de guerra o perseguir acusaciones de que eran criminales de guerra».

Como resultado de la continua frustración con el curso de las investigaciones criminales de guerra nazis, la congresista Holtzman fortaleció las leyes de inmigración estadounidenses para «excluir de la admisión en los Estados Unidos a los extranjeros que han perseguido a cualquier persona por motivos de raza, religión, origen nacional u opinión política, y para facilitar la deportación de tales extranjeros que han sido admitidos en los Estados Unidos».

Holtzman también pidió la formación de la OSI —Office of Special Investigations u Oficina de Investigaciones Especiales— en la División Penal del Departamento de Justicia. Esto hizo que ese departamento, y no el INS, fuera responsable de las investigaciones criminales de guerra nazis.

La investigación criminal de guerra nazi es ahora la investigación más larga en la historia de la CIA.

Estas dieron un giro inesperado en mayo de 1982, cuando John Loftus (en la foto), un ex abogado de OSI, anunció en 60 Minutes de CBS-TV que numerosas ramas del gobierno de los Estados Unidos, incluidos el Ejército, el FBI, la CIA y el Departamento de Estado, habían empleado a nazis y los habían traído a Estados Unidos después de la guerra.

Además, Loftus acusó a estas mismas agencias de haberse negado a apoyar la investigación de la GAO de 1977-78. Estas acusaciones provocaron una respuesta inmediata en el Capitolio y generaron una considerable atención de los medios.

El resultado fue una nueva investigación de la GAO que tomó otros tres años y desenterró miles de documentos de numerosas agencias. Esta vez, la Agencia otorgó a los investigadores de la GAO acceso completo a sus registros en un esfuerzo por evitar la controversia que empañó el primer examen de la GAO.

Mientras la GAO surcaba montañas de registros, nuevos eventos plantearon más preguntas sobre las actividades de inteligencia de Estados Unidos durante los primeros años de la Guerra Fría.

En 1983, Bolivia extraditó a Klaus Barbie Altmann (en la foto), «el carnicero de Lyon», a Francia para ser juzgado por sus crímenes en ese país durante la ocupación alemana. Los reporteros se dieron cuenta rápidamente de que Barbie, de hecho, había escapado de la Alemania de la posguerra con la ayuda de la inteligencia estadounidense. Seguía sin estar claro si los Estados Unidos seguían apoyándolo en América del Sur.

En la primavera de 1983, el director de OSI, Allan A. Ryan (hijo) asumió el liderazgo en la investigación de Barbie. Varios meses después, Ryan emitió un informe que demostraba claramente que el Ejército de los Estados Unidos había empleado a Barbie como agente en Alemania y había patrocinado su escape de Europa.

El informe de Ryan absolvió a la CIA de cualquier irregularidad, pero destacó las intrincadas redes de los servicios de inteligencia aliados en Austria, Alemania e Italia en la década posterior a 1945. Ryan también exploró el uso por parte del Ejército de las «líneas de ratas» de Europa, las rutas de escape que aparentemente sirvieron para varios propósitos.

Una serie de otros casos importantes de crímenes de guerra siguieron al caso Barbie, tantos que la década de 1980 puede denominarse «la década de los criminales de guerra nazis».

Tan pronto como se secó la tinta en las páginas del informe Ryan, OSI emprendió el examen de Robert Jan Verbelen (en la foto), miembro de un grupo flamenco de las SS, y su empleo en la inteligencia del ejército estadounidense en Austria y Alemania. Si bien el informe Verbelen no atrajo tanta atención pública como la investigación de Barbie, confirmó que la inteligencia estadounidense, especialmente el Cuerpo de Contrainteligencia, había sido descuidada en su reclutamiento de agentes.

En el verano de 1985, la GAO publicó su segundo informe, titulado Nazis and Axis Collaborators Were Used to Further US Anti-Communist Objectives in Europe-Some Immigrated to the United States —en español «Los nazis y los colaboradores del Eje fueron utilizados para promover los objetivos anticomunistas de los Estados Unidos en Europa: algunos emigraron a los Estados Unidos»—. Después de años de investigación a través de 150,000 archivos y entrevistando a numerosos oficiales de inteligencia estadounidenses sobrevivientes, la GAO concluyó que «la inteligencia estadounidense utilizó recursos anticomunistas que tenían un potencial de inteligencia inmediato». Estos «recursos» incluían ex personal de inteligencia nazi y colaboradores.

La GAO admitió que si bien «no se le negó el acceso a ningún documento solicitado (…) las agencias de inteligencia a menudo asignan a los proyectos nombres inocuos que no reflejan los propósitos de los proyectos y, por lo tanto, no podemos asegurar que solicitamos todos los archivos de los proyectos relevantes».

Con el paso del tiempo, la destrucción de registros y la muerte de participantes, «no podemos estar completamente seguros de que hemos obtenido toda la información relevante o de que hemos identificado a todos los nazis y colaboradores del Eje asistidos por agencias estadounidenses para emigrar a los Estados Unidos».

La naturaleza sensible de las investigaciones criminales de guerra nazis se ilustra mejor en el caso Kurt Josef Waldheim (en la foto) en 1986-87, en el que una figura internacional, un ex secretario general de la ONU y pronto presidente austriaco, fue acusado de ocultar su papel en la Segunda Guerra Mundial.

Si bien Waldheim había admitido durante mucho tiempo su servicio en el ejército alemán, nunca había descrito completamente el alcance de sus actividades en los Balcanes, una región marcada por numerosas atrocidades nazis.

El hecho de que Waldheim se elevara a niveles tan altos después de la guerra llevó a muchos observadores a preguntarse si disfrutaba de una relación especial con los servicios de inteligencia estadounidenses, soviéticos o yugoslavos.

La CIA una vez más cayó bajo sospecha y, a lo largo de los años, ha habido demandas para que la Agencia revele cualquier participación que haya podido tener con respecto al diplomático y político austriaco.

Ya en 1980, el congresista Stephen Joshua Solarz expresó interés en la vida temprana de Waldheim, y formuló preguntas por escrito a Waldheim y al director de la CIA William Joseph Casey.

La Oficina del Asesor Legislativo de la Agencia le dijo al congresista Solarz: «Creemos que Waldheim no era miembro de las Juventudes Hitlerianas, ni estaba involucrado en actividades antijudías». Además, la agencia proporcionó una breve sinopsis del historial militar de Waldheim y dijo que no había indicios de que Waldheim hubiera «participado directa o indirectamente en actividades antijudías».

La respuesta de la Agencia a Solarz fue vergonzosa tanto en las audiencias del Congreso como durante el examen de OSI sobre las actividades de Waldheim en tiempos de guerra. Como resultado del informe de OSI de 1987, el Fiscal General de los Estados Unidos colocó el nombre de Waldheim en la «lista de vigilancia» para evitar su entrada en los Estados Unidos.

OSI concluyó que Waldheim había participado en la transferencia de civiles a las SS para el trabajo esclavo; la deportación masiva de civiles a campos de exterminio; el uso de propaganda antisemita; el maltrato y la ejecución de prisioneros de guerra aliados; y la ejecución en represalia de civiles.

El informe, sin embargo, no abordó si Waldheim tenía conexiones de inteligencia de posguerra con el Este o el Oeste. Por consiguiente, la cuestión de si tuvo algún contacto con los servicios de inteligencia occidentales y orientales sigue siendo una cuestión de conjeturas.

Al final…

Christopher Simpson, en su libro, opina que el final de la Guerra Fría también estimuló las demandas de que la CIA abriera sus archivos al público. La excongresista Holtzman, contralora de Nueva York y luego candidata al Senado de los Estados Unidos, escribió a la CIA en 1992 y pidió la divulgación completa de los registros sobre Klaus Barbie y Otto von Bolschwing.

Ella afirmó: «En el proceso de emplear a estas personas y llevarlas a un refugio seguro en los Estados Unidos y en otros lugares, se violaron las leyes, se dijeron mentiras, y el presidente, el Congreso y otras agencias gubernamentales y el público fueron engañados, pero todavía no sabemos toda la historia. Cuarenta y siete años después del final de la Segunda Guerra Mundial, es hora de que el pueblo estadounidense descubra la verdad».

Por su parte, Scott Anderson opina en el suyo que los vínculos que la CIA forjó con los exnazis a fines de la década del ‘40 finalmente dañaron a la Agencia de varias maneras.

Por un lado, esos vínculos le vinieron de perilla a la propaganda soviética, ansiosa por declamar a su oponente estadounidense como en alianza con los «fascistas» y los «hitlerianos». Para los ciudadanos soviéticos comunes, sobrevivientes del salvajismo de las fuerzas alemanas en la Segunda Guerra Mundial, cada desenmascaramiento de un Otto von Bolschwing transmitía el mensaje de que las acusaciones de su gobierno contra Occidente mostraban la verdad.

Esos lazos también arrojan una mancha en la imagen de la CIA, y por extensión natural, la de los Estados Unidos, que nunca se ha disipado. En las más de seis décadas transcurridas desde su empleo en la CIA, decenas de libros han detallado la «conexión nazi» con la Agencia, algunos afirmando que el número de criminales de guerra involucrados ascendía a cientos, incluso a miles. 

De hecho, la OSI, ciertamente no una apologista de la CIA, considera a la lista de criminales de guerra nazis alemanes empleados por la Agencia a lo largo de los años estar por debajo de la docena, al tiempo que señala que casi todos estos fueron «heredados» de otras ramas del gobierno, como fue el caso de Gustav Hilger y Otto von Bolschwing. 

No importa; en la imaginación pública, incluso aquellas figuras infames con las que la CIA no tenía ninguna conexión aparente, los Klaus Barbies y Josef Mengeles del inframundo nazi, ahora están firmemente fijados en muchas mentes como si hubieran sido activos de la agencia. 

Es muy dudoso que la CIA alguna vez salga de debajo de esta nube; más bien como un ladrón que admite haber robado a docenas de personas, pero ciertamente no a cientos, por lo que una institución que argumenta que empleó «solo un puñado» de nazis ya está jugando una mano perdedora

Como ha señalado el historiador de la CIA Kevin Conley Ruffner: «En su búsqueda de información sobre la URSS, Estados Unidos se vinculó indeleblemente al Tercer Reich».

Pero quizás el mayor daño que la conexión nazi infligió a la CIA descansa más en el ámbito psicológico, como el de la «puerta de entrada a pecar» que allanó el camino para que otros pecados siguieran.

Yo digo que, aunque en Criminalística y lo Penal no se admite, el fin SÍ justifica los medios. Aquí está la prueba. En la guerra y el amor, todo vale.

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Operación Paperclip: en el lado oscuro de la intervención estadounidense en la II Guerra Mundial (VIII).

Una vez que se seleccionaron los colaboradores para el aparato de inteligencia estadounidense, esta los puso a producir: trabajando y exprimiendo sus conocimientos.

Por cierto, la foto es parte de la imagen comercial de un documental titulado Nazis in the CIA. Muy ingenioso el diseño, ¿cierto?

LA TAJADA DE LA CIA (II)

Los nazis en la inteligencia estadounidense

Martin A. Lee en su artículo del 2001 para ips-dc.org cuenta que en archivos desclasificados de la CIA existe este comentario:

«Honesto e idealista… disfruta de la buena comida y el vino… mente desprejuiciada…»

Es una evaluación de la CIA en 1952 del ideólogo nazi Emil Augsburg, un oficial del infame Instituto Wannsee, el grupo de expertos de las SS involucrados en la planificación de la «Solución Final». La unidad de las SS de Augsburg realizó «deberes especiales», un eufemismo para exterminar judíos y otros «indeseables» durante la Segunda Guerra Mundial.

(en el punto 9 del Apéndice 1 se puede leer una corta información sobre este lugar; sigue este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8667)

Aunque era buscado en Polonia por crímenes de guerra, Augsburg logró congraciarse con la CIA estadounidense, que lo empleó a fines de la década del ‘40 como experto en asuntos soviéticos.

Los registros de la CIA publicados indican que Augsburg estaba en el grupo de criminales de guerra nazis reclutados por las agencias de inteligencia de Estados Unidos poco después de que Alemania se rindiera a los Aliados.

En uno de los documentos publicados por archives.gov en 2004 se revela que, después de la guerra, la lucha emergente con la Unión Soviética dominó los recursos y la atención de los Estados Unidos, incluso a expensas de la tarea de localizar y castigar a los perpetradores del Holocausto.

En el artículo que Ashley Collman escribió para dailymail.co.uk en 2014, se cita que ese año, a través de documentos y entrevistas gubernamentales divulgados, se reveló que al menos 1.000 exnazis fueron reclutados por el ejército estadounidense, el FBI y la CIA para convertirse en espías e informantes en la Guerra Fría, según informó The New York Times.

En la década del ’50, en el apogeo de la Guerra Fría, el director del FBI, John Edgar Hoover, y el jefe de la CIA, Allen Welsh Dulles, estaban de acuerdo en que estos exnazis serían más útiles para los Estados Unidos como espías contra los soviéticos que en prisión.

Acorde a lo contado por Eric Lichtblau a Elias Isquith para Salon en 2014, los funcionarios de la CIA, en un memorando, dijeron que un espía de la agencia que hubiese sido un oficial nazi de las SS y, probablemente, hubiese estado involucrado en crímenes de guerra menores, de todos modos, sería un buen espía.

Acorde a Yeadon y Hawkins, un estudio de la U.S. Government Accountability Office —siglas GAO; en español: Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno, una agencia del poder legislativo que proporciona servicios de auditoría, evaluación e investigación para el Congreso de los Estados Unidos— de 1978 estableció que la CIA tenía una clara relación de trabajo con los criminales de guerra entre los grupos de emigrados.

En una muestra de 111 criminales de guerra, el estudio encontró que el 20% había trabajado como informantes para agencias de inteligencia y seguridad.

De hecho, al menos cinco asociados de Adolf Eichmann, el «Arquitecto del Holocausto», quien diseñó el genocidio sistemático de los judíos europeos, trabajaron para la CIA.

(Adolf Eichmann en juicio en abril de 1961. Fue ahorcado en 1962 por crímenes de lesa humanidad. Fotografía: Colección Hulton-Deutsch/Corbis)

La CIA supuestamente también se acercó a otros 23 nazis para su reclutamiento, y al menos 100 oficiales dentro de la Organización Gehlen eran exoficiales de SD o Gestapo.

Craig Roberts señala en su libro The Medusa File: Secret Crimes and Coverups of the U.S. Government que, según algunas fuentes, el exoficial de la OSS James Jesus Angleton, quien más tarde se convirtió en jefe de Inteligencia de la CIA, fue el hombre responsable de proporcionar a los nazis nuevas identidades antes de su salida de los campos de detención. Angleton trabajó directamente para Dulles.

Los resultados de tales actividades fueron exactamente lo que la comunidad de inteligencia y los militares querían. Truman dejó de recortar el presupuesto militar; aumentó el gasto en investigación de armas, equipo militar, aeronaves y el programa espacial; ordenó un aumento en el desarrollo y la construcción de armas nucleares; y lo más importante para la joven CIA, comenzó a inyectar millones de dólares en el presupuesto «negro» para operaciones encubiertas.

En los diez años que siguieron a la guerra, la CIA consumió más de 200 millones de dólares en fondos que no tenían que ser contabilizados.

Aleksandras Lileikis

Por el artículo de Ashley Collman conocemos que uno de los nazis de más alto rango reclutados por los Estados Unidos fue Aleksandras Lileikis (en la foto), quien estuvo relacionado con el asesinato en masa de 60.000 judíos en un ghetto lituano.

Lileikis también trabajó para la CIA después de la guerra, y la agencia incluso admitió en documentos tener conocimiento de sus crímenes de guerra. Escribieron que Lileikis trabajó «bajo el control de la Gestapo durante la guerra» y que «posiblemente estuvo relacionado con el fusilamiento de judíos en Vilna».

Lileikis fue contratado para espiar en la RDA en 1952, y la agencia le pagó 1,700 dólares al año, y finalmente lo ayudó a emigrar a los EE. UU. cuatro años después, donde vivió durante 40 años antes de ser descubierto en 1994 viviendo en las afueras de Boston; los fiscales se movieron para deportarlo.

Un abogado de la CIA llamó al Departamento de Justicia diciéndoles: «No se puede presentar este caso». La CIA y el Departamento de Justicia supuestamente acordaron que Lileikis no sería juzgado si la agencia entregaba pruebas que mostraran que el exnazi se había convertido en un espía estadounidense.

En última instancia, dejaron que Lileikis fuera deportado antes de hacer público el vergonzoso pasado de la agencia de contratar a exnazis.

Y aunque escribieron sobre su participación en la liquidación del gueto de Vilna en memorandos internos, su comentario oficial fue que no estaban al tanto de ningún crimen de guerra: «No hay evidencia de que esta Agencia estuviera al tanto de sus actividades en tiempos de guerra», dijo la CIA en una declaración de 1995.

Otto Albrecht Alfred von Bolschwing

Otro caso traído a la luz pública por archives.gov a través de Thousands of Intelligence Documents Opened under the Nazi War Crimes Disclosure Act en 2004, fue el de Otto Albrecht Alfred von Bolschwing, quien había trabajado con Eichmann antes de la guerra en la planificación de la expropiación de propiedades judías en Austria y más tarde sirvió como consultor de las SS para las fuerzas que organizaron el sangriento pogromo en Bucarest, Rumania, en 1941.

Como cuenta Scott Anderson en su libroThe Quiet Americans: Four CIA Spies at the Dawn of the Cold War – a Tragedy in Three Acts,en 1949, con la «Operación Rusty» ahora siendo administrada por la CIA, y dado el nuevo nombre en clave de «Operación Odeum», las áreas de experiencia de Bolschwing encajaron con varias iniciativas que la CIA estaba persiguiendo en colaboración con la Organización Gehlen. 

El libro de Scott Anderson

En particular, esta había reclutado a un grupo de viejos «Guardias de Hierro» rumanos, liderados por un hombre llamado Constantin Papanace, que la CIA esperaba utilizar para operaciones de espionaje en su patria controlada por los comunistas. Para aumentar ese esfuerzo, la CIA también quería aprovechar la red de inteligencia de Bolschwing en Austria

En un informe que describe el potencial del aristócrata prusiano, James Hardesty Critchfield (en la foto debajo), el principal enlace de la CIA con Odeum, fue inequívoco:

«Estamos convencidos de que las operaciones rumanas de Bolschwing, sus conexiones con el grupo de Papanace, sus conexiones políticas y de inteligencia internas austriacas, y por último, pero no menos importante, su conocimiento y probable futuro sobre las actividades de Odeum en y a través de Austria lo convierten en un hombre valioso a quien debemos controlar».

A principios de 1950, la policía austriaca comenzó a hacer preguntas sobre Otto von Bolschwing. Por eso, en febrero de 1950, Bolschwing fue contratado lejos de Gehlen y puesto bajo supervisión directa de la CIA. 

Poco después de su paso de esa organización a la CIA, el gobierno austriaco lanzó una investigación de Bolschwing, y pidió a los funcionarios estadounidenses que realizaran una verificación de sus antecedentes en tiempos de guerra revisando los archivos del Partido Nazi en el Centro de Documentos de Berlín, una entidad creada después del final de la Segunda Guerra Mundial, cuya tarea era centralizar la colección de documentos de la época del nazismo que eran necesarios para la preparación de los Juicios de Núremberg contra los criminales de guerra.

Dados los vínculos de Bolschwing con la CIA, esta solicitud se abrió camino a través de la burocracia estadounidense en Berlín hasta que aterrizó en el escritorio de Peter Sichel.

Centro de documentos de Berlín y Peter Sichel.

(en el punto 6 del Apéndice 3 puedes enterarte qué cambio radical dio este hombre a su vida; sigue este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/9680)

El archivo de personal de las SS de Bolschwing había estado entre los capturados al final de la guerra. Sin embargo, para proteger a este agente de cualquier juicio por sus crímenes, la CIA decidió que a cualquier fiscal que solicitara este archivo se le dijera: «no hay archivos disponibles».

Sichel pronto recibió un curioso seguimiento: la oficina en Pullach ahora quería que la CIA de Berlín retuviera el archivo de Bolschwing del gobierno austriaco o, en la jerga deliciosamente orwelliana de los burócratas, produjera un «archivo negativo».

(en la foto, George Orwell, a quien se le atribuye la existencia del adjetivo)

El 24 de abril de 1950, Sichel respondió a sus colegas en Pullach señalando lo absurdo de tal movimiento, explicando que los archivos del Centro de Documentación sobre la membresía nazi y los exoficiales de inteligencia alemanes eran tan completos que inventarles a los austriacos lo de un «archivo negativo» solo podía despertar sospechas. 

Sichel escribió:

Además de esto, las personas con las que está tratando son tan conocidas y sus antecedentes tan bien publicitados en el pasado que considero improbable que pueda protegerlos de su historia pasada.

En cuanto a la idea de darle a Bolschwing una nueva identidad, Sichel fue mucho más allá: 

«Al final de la guerra intentamos ser muy inteligentes y cambiar el nombre de varios miembros de la SD y de Abwehr para protegerlos de las autoridades alemanas y las autoridades de ocupación. En la mayoría de los casos, estas personas eran tan conocidas que el cambio de nombre las comprometía más que si se enfrentaran a un tribunal de «desnazificación» y se enfrentaran a la sentencia que se les habría impuesto».

Para terminar, y a pesar de su advertencia, Sichel ofreció retener el archivo de Bolschwing si esto seguía siendo lo que la CIA de Pullach deseaba. Lo fue, y la CIA nunca pasó el archivo de Bolschwing en el Centro de Documentación de Berlín al gobierno austriaco.

Sin embargo, este no iba a ser el final de la historia. Con la sospecha de que la CIA estaba obstaculizando, los austriacos pidieron al menos a otras dos agencias de investigación estadounidenses en Alemania —al Cuerpo de Contrainteligencia de los Estados Unidos y a la División de Investigación Criminal del Ejército o CID por Criminal Investigation Division —, que intercedieran en su nombre por el archivo Bolschwing. 

Estas agencias no solo fueron igualmente congeladas, sino que la persistencia de los austriacos finalmente llevó a la CIA a solicitar la ayuda del CID para bloquearlas.

En 1953, en reconocimiento al trabajo de Bolschwing para la inteligencia estadounidense, la CIA presionó al Servicio de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos para que lo dejara ingresar al país.

Los empleadores de Bolschwing se dedicaron a la delicada tarea de preparar sus documentos de inmigración mientras eludían el tema de sus antecedentes nazis. La solución que se les ocurrió a los abogados de la CIA fue eliminar la mención de su pertenencia al Partido Nazi de sus registros oficiales; si las autoridades de inmigración le preguntaran directamente a Bolschwing, aconsejaron: «debería admitir la membresía, pero tratar de explicarlo sobre la base de circunstancias atenuantes».

La estratagema funcionó. Bolschwing se convirtió en ciudadano estadounidense. Durante el siguiente cuarto de siglo, Bolschwing y su familia vivieron tranquilamente en un suburbio de Sacramento, antes de finalmente llamar la atención de la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI), la unidad de caza de nazis del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, a fines de la década de 1970. 

Eso fue cuando el Congreso de los Estados Unidos en la década del ‘70 forzó un examen de la política del país hacia los criminales de guerra nazis, creando la OSI en ese momento. Boschwing fue investigado y luego despojado de su ciudadanía. OSI encontró a Bolschwing por su cuenta, pues la CIA nunca lo entregó a la policía.

Murió en 1982.

Frank Rudolph Emmanuel Olson

Annie Jacobsen destaca el trágico caso del doctor Frank Rudolph Emmanuel Olson como una violación flagrante del Código de Núremberg. Olson era un especialista en guerra biológica, que se convirtió en un conejillo de indias involuntario para los experimentos del doctor Sidney Gottlieb con LSD como parte de un programa secreto de la CIA.

El 18 de noviembre de 1953, después de beber un vaso de Cointreau con la droga, el doctor Olson tuvo una crisis nerviosa. Dos semanas después, presuntamente se suicidó, precipitándose a través de la ventana de una habitación en el décimo piso del Hotel Pennsylvania en la ciudad de Nueva York

Según Jacobsen, la muerte de Olson «casi derriba a la CIA». Pero en el año siguiente a este incidente, la CIA disfrutó de dos de sus mayores «éxitos» en el derrocamiento de regímenes elegidos democráticamente en Guatemala e Irán a través de golpes de Estado muy bien planificados. 

Con su autoridad sin precedentes e irresponsable, los experimentos de la CIA en el control mental en el Proyecto MKUltra continuarían sin control durante otras dos décadas.


El ejército luchó por controlar el grupo mientras los hombres de Gehlen continuaban persiguiendo sus propias agendas, como ayudar a otros criminales de guerra nazis a huir de Europa a través de una red de escape subterránea que incluía campos de tránsito y puertos falsos suministrados por la CIA. El proyecto paralelo financiado por la CIA ayudó a más de 5.000 nazis a huir de Europa a América del Sur y Central.

Irónicamente, algunos de los hombres empleados por Gehlen pasarían a desempeñar papeles de liderazgo en organizaciones neofascistas europeas que desprecian a los Estados Unidos. Una de las consecuencias de la macabra alianza de la CIA con su organización es evidente hoy en día en un movimiento fascista resurgente en Europa que puede rastrear su linaje ideológico hasta el Reich de Hitler, a través de agentes de Gehlen, que colaboraron con la inteligencia estadounidense.

Sin embargo, todo el tiempo la CIA guardó silencio sobre el reclutamiento de espías nazis. El gobierno de EUA nunca reconoció oficialmente su papel en el lanzamiento de la organización Gehlen hasta más de medio siglo después del hecho.

La captura israelí en mayo de 1960 del notorio nazi Adolf Eichmann volvió a centrar la atención pública en aquellos hombres que habían logrado eludir la justicia en el caos del período inmediato de posguerra.

Para la CIA, este evento inesperado obligaría a un nuevo examen de algunos de los exnazis que había reclutado en la prisa por producir resultados de inteligencia durante la Guerra Fría en la década del ‘50.

Los documentos desclasificados han ayudado a responder a la pregunta de cómo y por qué estos criminales de guerra recibieron empleo, asistencia y, en dos casos, la ciudadanía estadounidense por parte de una nación que había perdido más de 300,000 vidas en la Segunda Guerra Mundial.


En el siguiente capítulo hablaremos del inevitable y necesario destape de los devaneos de la CIA con sus amigos nazis.

No te lo pierdas.

Gracias por leer, opinar y compartir. Y seguir mi página.

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Operación Paperclip: en el lado oscuro de la intervención estadounidense en la II Guerra Mundial (VII).

Con los militares repartiéndose a los científicos y especialistas, los cuerpos de inteligencia también se lanzaron a cortar tajadas de esa torta para exprimir lo que los nazis pudieran saber de sus enemigos —comunes, cabe decir— soviéticos y ayudarlos a hacer en su contra.

LA TAJADA DE LA CIA (I)

La inteligencia estadounidense tras los nazis

Por el artículo de Jeffrey St. Clair y Alexander Cockburn de 2017 para counterpunch.org sabemos que, a través de su Misión Técnica en Europa, la Marina también estaba tras la pista de la investigación nazi de vanguardia sobre técnicas de interrogatorio. Los oficiales de inteligencia de la Marina pronto se encontraron con documentos de investigación nazis sobre sueros de la verdad, una investigación realizada en el campo de concentración de Dachau por el doctor Kurt Friedrich Plötner.

Campo de concentración de Dachau. Kurt Friedrich Plötner.

(en el punto 7 del Apéndice 1 puedes leer una reseña biográfica de Plötner; utiliza este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8667)

Plötner les había dado a prisioneros judíos y rusos altas dosis de mescalina y los había visto mostrar un comportamiento esquizofrénico. Los prisioneros comenzaron a hablar abiertamente de su odio hacia sus captores alemanes, y a hacer confesiones sobre su perfil psicológico.

Los oficiales de inteligencia estadounidenses se interesaron profesionalmente en los informes de Plötner. La OSS, la Oficina de Inteligencia Naval —u ONI por Office of Naval Intelligence—, y personal de seguridad en el Proyecto Manhattan habían estado llevando a cabo sus propias investigaciones sobre lo que se conocía como «droga o suero de la verdad» (en inglés se le conoce por las siglas TD, que viene de truth drug).

Como ejemplo del uso de THC —acetato de tetrahidrocannabinol derivado de charas indio, o sea, un cigarrillo saturado en aceite de hachís— se puede citar lo que se hizo por parte del oficial de la OSS George Hunter White con el mafioso August Del Gracio, con quien habían estado experimentando con TD a partir de 1942. 

(en el punto 2 del Apéndice 3 hay una información interesante sobre quién fue este personaje de la OSS; recomiendo enterarse; puedes leerla si usas este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/9680)

Algunos de los primeros sujetos fueron personas que trabajaban en el proyecto Manhattan. Las dosis de THC se administraron a objetivos dentro de él de diversas maneras, con una solución líquida de THC inyectada en alimentos y bebidas, o saturada en un pañuelo de papel.

El equipo de seguridad del proyecto informó con entusiasmo en un memorando interno: «TD parece relajar todas las inhibiciones y amortiguar las áreas del cerebro que gobiernan la discreción y la precaución del individuo. Acentúa los sentidos y hace manifiesta cualquier característica fuerte del individuo».

Pero había un problema. Las dosis de THC hicieron que los sujetos vomitaran y los interrogadores nunca pudieron hacer que los científicos divulgaran ninguna información, incluso con concentraciones adicionales de la droga.

Al leer los informes de Plötner, los oficiales de inteligencia naval de los Estados Unidos descubrieron que había experimentado con cierto éxito con la mescalina como una droga inductora del habla e incluso de la verdad, lo que permitió a los interrogadores extraer «incluso los secretos más íntimos del tema cuando las preguntas se hicieron inteligentemente».

Plötner también informó acerca de investigaciones sobre el potencial de la mescalina como agente de modificación del comportamiento o control mental. Esta información fue de particular interés para Boris Theodore Pash (en la foto) —nacido como Borís Fiódorovich Pashkóvsky, una de las figuras más siniestras en el elenco de personajes de la CIA en esta fase temprana.

(hay una reseña biográfica de este hombre en el punto 5 del Apéndice 3 que puedes leer si usas este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/9680)

Pash era un emigrado ruso a los EUA que había pasado por los años revolucionarios en el nacimiento de la Unión Soviética.

En la Segunda Guerra Mundial terminó trabajando para la OSS supervisando la seguridad del Proyecto Manhattan, donde, entre otras actividades, supervisó la investigación sobre Robert Oppenheimer (en la foto) y fue el principal interrogador del famoso científico atómico cuando este último estaba bajo sospecha de ayudar a filtrar secretos a los soviéticos.

En su calidad de jefe de seguridad, Pash había supervisado el uso de THC por parte del oficial de Hunter White en los científicos del citado proyecto. En 1944, Pash fue elegido por Bill Donovan para encabezar lo que se llamó la Misión Alsos, diseñada para recoger a los científicos alemanes que habían estado involucrados en la investigación de armas atómicas, químicas y biológicas.

Pash se instaló en la casa de un viejo amigo de antes de la guerra, el doctor Niels Eugen Hagen —o Haagen—, profesor de la Universidad de Estrasburgo, donde muchos científicos nazis habían sido miembros de la facultad. Pash había conocido a Haagen cuando el médico estaba en un año sabático en la Universidad Rockefeller en Nueva York, investigando virus tropicales.

De izquierda a derecha: Hagen, la universidad de Estrasburgo y la Rockefeller.

Cuando Haagen regresó a Alemania a finales de la década del ‘30, él y Kurt Blome se convirtieron en jefes conjuntos de la unidad de armas biológicas de los nazis. Haagen pasó gran parte de la guerra infectando a los prisioneros judíos en el campo de concentración de Struthof-Natzweiler con enfermedades como la fiebre maculosa.

El citado campo de concentración.

Sin inmutarse por las actividades de guerra de su viejo amigo, Pash inmediatamente puso a Haagen en el programa Paperclip, donde trabajó para el gobierno de los Estados Unidos durante cinco años proporcionando experiencia en la investigación de armas bacteriológicas.

Haagen conectó a Pash con su excolega Kurt Blome, quien también se alistó rápidamente en el programa Paperclip. Hubo un paréntesis inconveniente cuando Blome fue arrestado y juzgado en Núremberg por crímenes médicos de guerra, incluida la infección deliberada de cientos de prisioneros de la clandestinidad polaca con tuberculosis y peste bubónica.

Pero, por fortuna para el hombre de ciencia nazi, la Inteligencia del Ejército de los Estados Unidos y la OSS retuvieron documentos incriminatorios que habían adquirido a través de su interrogatorio.

(en la foto: Kurt Blome)

La evidencia no solo habría demostrado la culpabilidad de Blome, sino también su papel de supervisión en la construcción de un laboratorio alemán de armas químicas y biológicas para usarlas en las tropas aliadas.

Blome se salvó.

En 1954, dos meses después de la absolución de Blome, oficiales de inteligencia estadounidenses viajaron a Alemania para entrevistarlo. En un memorando a sus superiores, el doctor Harold W. Batchelor —un científico asignado al Departamento Médico del Cuerpo Sanitario del Ejército de los Estados Unidos en Camp Detrick— describió el propósito de esta peregrinación: «Tenemos amigos en Alemania, amigos científicos, y esta es una oportunidad para disfrutar de conocerlos para discutir nuestros diversos problemas».

En la sesión, Blome le dio a Batchelor una lista de los investigadores de armas biológicas que habían trabajado para él durante la guerra y discutió nuevas vías prometedoras de investigación sobre armas de destrucción masiva. Blome pronto firmó un nuevo contrato con Paperclip por 6.000 dólares al año y voló a los Estados Unidos, donde asumió sus funciones en Camp King, una base del ejército en las afueras de Washington, D.C.

En 1951 Haagen fue apresado por las autoridades francesas. A pesar de los incansables esfuerzos de sus protectores en la inteligencia estadounidense, el médico fue declarado culpable de crímenes de guerra y sentenciado a veinte años de prisión.

De la asignación de Paperclip, Pash, ahora en la recién nacida CIA, pasó a convertirse en jefe de la Rama del Programa-7, donde su interés continuo en las técnicas de interrogatorio logró una amplia ocupación. La misión de este programa, que salió a la luz solo en las audiencias del senador Frank Church (en la foto) en 1976, fue responsable de los secuestros, interrogatorios y asesinatos de presuntos agentes dobles de la CIA.

Pash estudió detenidamente el trabajo de los médicos nazis en Dachau en busca de pistas útiles en los métodos más eficientes de extracción de información, incluidos los medicamentos que inducían el habla, el electrochoque, la hipnosis y la psicocirugía.

Durante el tiempo que Pash dirigió la mencionada rama, la CIA comenzó a invertir dinero en el Proyecto Bluebird, un esfuerzo por duplicar y extender la investigación de Dachau. Pero en lugar de mescalina, la CIA recurrió al LSD, que había sido desarrollado por el químico suizo Albert Hoffman (en la foto con la maqueta de la molécula de LSD).

Imitando los métodos de los nazis, los experimentos médicos encubiertos del gobierno de los EE. UU. buscaron a los sujetos más vulnerables y cautivos: los retrasados mentales, los enfermos terminales y, como era de esperarse, los prisioneros.

En 1963, 133 prisioneros en Oregón y Washington tuvieron sus escrotos y testículos expuestos a 600 roentgens —medida de exposición inglesa; culombio/kilogramo (C/kg), unidad internacional— de radiación.

Durante décadas, el pasado nazi de muchos de estos científicos fue un secreto bien guardado. Luego, se firmó una ley de divulgación en 1998. La CIA se vio obligada a publicar todos los documentos sobre los colaboradores nazis contratados por el gobierno de los Estados Unidos.

No obstante, esta organización se ha mostrado reacia a cumplir, y muchos detalles controvertidos detrás de esta historia permanecen ocultos al público estadounidense.

Otros dos ejemplos aparecen en el libro The Quiet Americans: Four CIA Spies at the Dawn of the Cold War – a Tragedy in Three Acts, de Scott Anderson, del cual contó en crimereads.com.

El 19 de octubre de 1948, George Frost Kennan del Departamento de Estado envió una nota amistosa a Frank Gardiner Wisner, el jefe de la rama de operaciones encubiertas de la CIA, u OPC:

Querido Frank,
Me alegra saber que sus esfuerzos para traer a Gustav Hilger a este país para trabajar con la CIA han sido exitosos, lo considero uno de los pocos expertos sobresalientes en economía y política soviéticas. No solo tenía una formación académica sobre temas soviéticos, sino que ha tenido una larga experiencia práctica en el análisis y la estimación de las operaciones soviéticas en el día a día. Espero que el Departamento de Estado pueda recibir copias de cualquier estudio que el Sr. Hilger produzca bajo su dirección.

El sujeto de la carta, Gustav Hilger, de sesenta y dos años, tenía un pedigrí inusual: un ciudadano alemán que había pasado casi toda su vida en la Rusia zarista y luego soviética.

Hilger (en la foto) se esforzó por rendirse a los soldados estadounidenses al final de la guerra. Considerado un «prisionero de alto valor», fue llevado a los Estados Unidos para un extenso interrogatorio por parte de la inteligencia del Ejército, y luego regresó a Alemania en 1946. Allí, encontró trabajo como analista soviético en la Organización Gehlen.

(para saber sobre esta organización, lee el escrito que publiqué en el Apéndice 1, punto 1, utilizando este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8667)

Esta era una posición lo suficientemente segura como para que las autoridades estadounidenses fingieran ignorancia sobre su paradero cuando los soviéticos solicitaron el arresto de Hilger por cargos de crímenes de guerra. Dos años más tarde, después de determinar que Hilger seguía en peligro de secuestro o asesinato por parte de los soviéticos, sacarlo de Alemania y llevarlo a los Estados Unidos se convirtió en una preocupación de la CIA. 

Kennan instó a Wisner a emplearlo como asesor de OPC, y Wisner se alegró de hacerlo. Pero ¿cómo llevar a Hilger al país con una orden de arresto internacional colgando sobre su cabeza? La respuesta de la CIA fue simplemente hacer el tonto, para evitar aprender esos detalles desagradables de la vida de una persona que podrían socavar el concepto de negación plausible.

Hilger tenía pleno conocimiento de la masacre perpetrada en el Frente Oriental

En cambio, al desestimar los cargos establecidos en la orden de arresto soviética como propaganda, y al no buscar los informes de actividad que habían cruzado el escritorio de Hilger en tiempos de guerra, la comunidad de inteligencia estadounidense podría continuar manteniendo al alemán como un erudito respetable

En cuanto a Kennan, ese gran maestro del olvido, escribiría más tarde sobre Hilger: «No recuerdo haber tenido nada que ver ni ninguna responsabilidad por traerlo a este país; tampoco recuerdo saber, en ese momento, por qué arreglos lo trajeron aquí».

¡Qué tremendo descaro!

El otro ejemplo fue el de Otto Albrecht Alfred von Bolschwing.

De una familia aristocrática y firmemente conservadora en Prusia, Bolschwing (en la foto) había sido uno de los primeros reclutas del Partido Nazi. Una vez que Hitler llegó al poder, ascendió constantemente a través de las filas para convertirse en un diputado de Heinrich Himmler en la Oficina Principal de Seguridad del Reich, o RHSA.

El área específica de responsabilidad de Bolschwing estaba en «el problema judío». En 1937, se le ocurrió una propuesta detallada para expulsar a los judíos de Alemania a través de tácticas de terror, y para robarles cuando se fueran.

Como jefe de inteligencia de las SS en Rumania en 1940, alentó a los líderes de la Guardia de Hierro, un grupo paramilitar rabiosamente antisemita, a intentar un golpe de Estado contra el entonces gobierno existente, aliado de Alemania. 

La revuelta de la Guardia de Hierro de enero de 1941 fue sofocada, pero no antes de que los legionarios de ella hubieran arrasado el barrio judío de Bucarest, quemando sinagogas y asesinando a los residentes con una muestra de sadismo que logró conmocionar incluso a los oficiales residentes de las SS

Bolschwing continuó su ascenso en la jerarquía del Tercer Reich, convirtiéndose finalmente en adjunto del principal logista del Holocausto, Adolf Eichmann (en la foto). Al final de la guerra, escapó a la Austria ocupada por Estados Unidos, donde se vinculó con varios de sus amigos exiliados de la Guardia de Hierro, antes de unirse a la Organización Gehlen en 1947. 


Hay más tela por donde cortar en el trabajo de la agencia. Así que espera la continuación de esta historia.

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Apéndice 3 al artículo «Operación Paperclip: en el lado oscuro de la intervención estadounidense en la II Guerra Mundial».

(esta información está conectada al artículo principal en el siguiente enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/9683)

1. Montie Fowler Cone:

El coronel del ejército Montie Fowler Cone, era nativo de Unadilla, estado de Nueva York, y se graduó en 1930 de la Universidad de Cornell. En 1934 lo hizo en la Facultad de Derecho de la Escuela de Derecho de Albany, y luego en el Colegio del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas —hoy Joint Forces Staff College—, la Escuela de Inteligencia Estratégica y el Colegio Nacional de Guerra.

Ejerció la abogacía en Binghamton, estado de Nueva York, en la década del ‘30 y se estableció en el área de Washington después de retirarse del ejército.

Cone sirvió en el ejército de 1941 a 1962, principalmente haciendo trabajo de inteligencia en Europa, Asia y Washington.

Después sirvió en la comisión de planificación de Falls Church a fines de la década del ‘60 y principios de la década del ‘70.

Su interés en los radioaficionados se remonta a su juventud, y fue exdirector asistente de la American Radio Relay League. Usó su radio de aficionado para ayudar en las comunicaciones de emergencia cuando el huracán Camille golpeó la costa del Golfo en 1969.

Cone murió el 24 de agosto en el Hospital Inova Fairfax por cáncer de colon a los 95 años.

2. Sobre George Hunter White:

De la entrevista que Terry Gross (en la foto) le hizo a Stephen Kinzer para Fresh Air —Aire Fresco— he tomado esta porción de la transcripción que se publicó en http://www.npr.org en 2019, a fin de mostrar algo de la personalidad del personaje cuyo nombre se menciona en este subtítulo. Terry presenta a su invitado y el tema así:

Esto es Fresh Air. Soy Terry Gross (TG). Es posible que haya escuchado historias sobre los experimentos secretos de la CIA con LSD, a través de los cuales luminarias de la contracultura de los años 60 como Ken Kesey e (Irwin) Allen Ginsberg fueron introducidos por primera vez a la droga. Hay mucho más en los experimentos de la CIA con LSD, y algunos de ellos son bastante horribles. Mi invitado, el periodista Stephen Kinzer (SK), ha pasado varios años investigando el programa de control mental de la CIA, que se conocía como MK Ultra. El LSD fue solo una de las drogas que alteran la mente que se probaron en el programa para ver si podrían ser utilizadas como armas para controlar el comportamiento humano y cómo hacerlo. Muchos de los sujetos involuntarios de estos experimentos fueron sometidos a lo que equivale a tortura psicológica.

Más adelante, se desarrolla este segmento sobre George Hunter White:

SK: George Hunter White fue uno de los agentes clave de MK Ultra, y se destaca incluso en este elenco extremadamente extraño de médicos y torturadores nazis, y químicos obsesionados. Así que George Hunter White, como usted dice, era un agente de narcóticos en Nueva York, pero era el tipo de agente de narcóticos que no solo vivía al borde de la ley. Cruzó la línea muchas veces. Usó todas las sustancias que le confiscó a la gente. Su consumo de alcohol y narcóticos era legendario, pero también era un policía que perseguía a figuras del jazz, incluida Billie Holiday. Tenía una aversión especial por ella porque decía que la forma en que ella hacía alarde de sus pieles y sus grandes autos era ofensiva para él.
TG: Guau.
SK: A principios de la década del 50, Sidney Gottlieb contrató a este tipo George Hunter White para que dirigiera una casa de seguridad para él en la ciudad de Nueva York a la que la gente sería atraída de la calle y luego se le daría LSD para que los oficiales de la CIA pudieran verlos desde un apartamento contiguo a través de un espejo unidireccional. Más tarde, White fue trasladado a San Francisco, donde estableció uno de los proyectos MK Ultra más locos que se conocía dentro de la agencia como Operation Midnight Climax —Operación Clímax de Medianoche—. Esta fue una operación en la que White reunió a un grupo de prostitutas que llevaban a sus hombres a un apartamento que la CIA rentó y amuebló, les daban de comer LSD, y George Hunter White en un apartamento contiguo se sentaba en un inodoro portátil, bebiendo jarras de Martini, mientras observaba a la gente tener relaciones sexuales bajo la influencia del LSD, con la vaga idea de que esto de alguna manera iba a ayudar a los Estados Unidos a derrotar el comunismo. Así que este era el tipo de personas que naturalmente se veían atraídos por un proyecto como este.
TG: Cuando los hombres estaban teniendo relaciones sexuales con prostitutas y sin saberlo se les dieron dosis de LSD, ¿no se les hicieron preguntas para ver cómo serían sus respuestas bajo el LSD?
SK: Exactamente. Así que White y las personas que trabajaron con él preparaban a estas prostitutas, y decían, queremos averiguar bajo qué circunstancias, bajo qué combinación de sexo y drogas los hombres tendrían más probabilidades de revelar secretos. Así que queremos que te quedes con el chico después de que termine la cosa y hables con él y trates de sacarle sobre su trabajo y preguntarle, por ejemplo, ¿conoces ese avión en el que has estado trabajando? Entonces, ¿qué tan alto vuela, realmente? Y la idea era tratar de extraer información y ver si las drogas podían hacer que la gente hablara, y por supuesto, descubrieron cosas que son muy obvias: que la gente hablaba. Los hombres hablaban después del sexo.
Y las personas que estaban observando estos experimentos, como George Hunter White, no tenían experiencia en psicología ni nada que les permitiera evaluar estas situaciones de una manera clínica. Todo fue muy despreocupado y desordenado, así que no es sorprendente que nunca salieran resultados serios de esto, excepto el hecho de que ahora podemos sentarnos aquí y hablar sobre que nuestros dólares de impuestos se usaron para pagar un burdel dirigido por la CIA en San Francisco al que hombres involuntarios fueron llevados, alimentados con LSD y utilizados como experimentos en la campaña de Sidney Gottlieb para tratar de descubrir cómo penetrar la mente humana y controlarla en interés del gobierno de los Estados Unidos y sus proyectos encubiertos en todo el mundo.

Puedes saber más sobre Terry Gross y Fresh Air si lees más abajo.

3. Terry Gross:

Terry Gross es una periodista estadounidense, anfitriona y coproductora ejecutiva de Fresh Air, un programa de radio basado en entrevistas, producido por WHYY-FM (90.9 FM, 91 FM) en Filadelfia y distribuido a nivel nacional por NPR.

Terry nació y creció en Brooklyn, Nueva York, donde recibió una licenciatura en inglés y una maestría en comunicaciones de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo.

Gross comenzó su carrera en la radio en 1973 en la estación de radio pública WBFO en Buffalo, Nueva York. Allí presentó y produjo varios programas de arte, mujeres y asuntos públicos, incluyendo This Is Radio, un programa de revista en vivo de tres horas que se transmitía diariamente.

Dos años más tarde, se unió al personal de WHYY-FM en Filadelfia como productora y presentadora de Fresh Air, entonces un programa local de entrevistas diarias y música. Desde que se unió a NPR en 1975, ha entrevistado a miles de invitados.

Gross ha ganado elogios a lo largo de los años por su estilo de entrevista discreto y amigable, pero a menudo escudriñador, y por la diversidad de sus invitados. Ella tiene la reputación de investigar el trabajo de sus invitados en gran parte la noche antes de una entrevista, a menudo haciéndoles preguntas inesperadas sobre sus primeras carreras.

Terry ha obtenido varios logros:

Y ha recibido varios reconocimientos:

Gross es autora de All I Did Was Ask: Conversations with Writers, Actors, Musicians and Artists, publicado por Hyperion en 2004.

4. Fresh Air:

Combine un entrevistador inteligente con una lista de invitados que, según el Chicago Tribune, sería apreciado por cualquier presentador de programas de entrevistas, y seguramente obtendrá una conversación interesante.  Las entrevistas de Fresh Air, sin embargo, están en una categoría por sí mismas, distinguidas por el enfoque único del anfitriona y productora ejecutiva Terry Gross. «Una notable mezcla de empatía y calidez, curiosidad genuina e inteligencia aguda», dice el San Francisco Chronicle.

Gross, quien ha sido anfitriona de Fresh Air desde 1975, cuando se transmitió solo en el área metropolitana de Filadelfia, no tiene miedo de hacer preguntas difíciles. Ella establece una atmósfera en la que sus invitados ofrecen voluntariamente las respuestas en lugar de entregarlas. Lo que a menudo tranquiliza a esos invitados es la comprensión de Gross de su trabajo.

Dice Gross: «Cualquiera que acepte ser entrevistado debe decidir dónde trazar la línea entre lo que es público y lo que es privado. Pero la línea puede cambiar, dependiendo de quién esté haciendo las preguntas. Lo que pone a alguien en guardia no es necesariamente el miedo a ser “descubierto”. A veces es solo el miedo a ser incomprendido».

En 1985, WHYY-FM lanzó una edición semanal de media hora de Fresh Air with Terry Gross, que fue distribuida a nivel nacional por NPR. Desde 1987, una edición nacional diaria de una hora de Fresh Air ha sido producida por WHYY-FM.

El programa se transmite en 566 estaciones y se convirtió en el primer programa sin tiempo de conducción en la historia de la radio pública en llegar a más de cinco millones de oyentes cada semana en el otoño de 2008, una temporada de elecciones presidenciales. En el otoño de 2011, Fresh Air alcanzó los 4.4 millones de oyentes a la semana.

Fresh Air with Terry Gross ha recibido una serie de premios, incluido el prestigioso Premio Peabody en 1994 por sus «preguntas de sondeo, entrevistas reveladoras y una visión inusual».

American Women in Radio and Television otorgó a Gross un Premio Gracie en 1999 en la categoría de Personalidad de Radio de la Red Nacional.

En 2003, recibió el Premio Edward R. Murrow de la Corporación para la Radiodifusión Pública por sus «contribuciones sobresalientes a la radio pública» y por promover el «crecimiento, la calidad y la imagen positiva de la radio».

5. Borís Pash:

Boris Theodore Pash fue un oficial de inteligencia militar del Ejército de los Estados Unidos. Comandó la «Operación Alsos» durante la Segunda Guerra Mundial y se retiró con el rango de coronel.

Nació el 20 de junio de 1900 en San Francisco, California.

Entre 1919 y 1920 sirvió en la armada del Movimiento Blanco en el Mar Negro durante la Revolución Rusa.

En 1924 recibió una licenciatura en Educación Física de Springfield College, y en 1939 una maestría de la Universidad del Sur de California.

Pash fue llamado al servicio activo con el Ejército en 1940, y se convirtió en jefe de contrainteligencia en el cuartel general del Noveno Cuerpo de Presidio en San Francisco dos años después.

Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en 1941, Pash recibió la tarea de investigar las violaciones de seguridad en el Laboratorio de Radiación Berkeley del Proyecto Manhattan, donde los funcionarios estadounidenses sospechaban que los espías soviéticos robaban información secreta de investigación atómica.

Edificio del laboratorio y su equipo de especialistas.

Pash fue convocado a Washington en 1943 por el mayor general Leslie Groves, quien lo puso a cargo de organizar y dirigir la misión ALSOS como una fuerza científico-militar para investigar el programa atómico de la Alemania nazi. Pash fue nombrado comandante militar de Alsos, mientras que el doctor Samuel Abraham Goudsmit fue nombrado jefe del equipo científico de la unidad.

Bajo Pash, la Misión Alsos llevó a cabo operaciones en Italia, Francia y Alemania. Los miembros de la Misión Alsos estuvieron entre las primeras tropas estadounidenses en entrar en París, incautando un considerable alijo de uranio y asegurando información sobre el programa atómico alemán.

En 1944, la fuerza de tarea ALSOS comenzó a operar en Alemania, que culminó con la captura del laboratorio de investigación atómica alemán en Haigerloch, así como otros objetivos valiosos en Hechingen, Bisingen y Tailfingen.

A principios de mayo de 1945, una operación dirigida por Pash en Urfeld am Walchensee, Alemania, resultó en la captura de Werner Karl Heisenberg (en la foto), un destacado físico nuclear alemán que fue trasladado rápidamente junto con los registros confiscados a Heidelberg.

En 1954, Pash testificó en la audiencia de seguridad de Oppenheimer, relatando las dudas que tenía sobre Oppenheimer en 1943.

Su libro The Alsos Mission, en el cual relata su experiencia en tiempos de guerra en Europa, fue publicado en 1969.

El 11 de mayo de 1995 murió en Greenbrae, California.

6. De agente a comerciante:

Peter Max F. Sichel nació en Maguncia el 12 de septiembre de 1922 en una familia judía, donde se había establecido el negocio de vinos familiar de su abuelo, H. Sichel Söhne.

Fue educado en Alemania y luego en 1935 fue enviado a serlo en Inglaterra. Estuvo en St. Cyprian’s School y Stowe School.

St. Cyprian’s School a la izquierda, y Stowe School a la derecha.

Mientras estaba en la escuela en Inglaterra, sus padres escaparon de la Alemania nazi en una artimaña, y la familia se estableció en Francia. La firma tenía oficinas en Londres y Burdeos, y al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, mientras era aprendiz de la firma de Burdeos, fue internado ya que era alemán.

Escapó a los Estados Unidos a través de España y trabajó en la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos —OSS por Office of Strategic Services—, dirigiendo agentes en Alemania, por lo cual recibió la Medalla de Inteligencia Distinguida.

Durante las primeras etapas de la Guerra Fría fue enviado a Berlín para dirigir la Unidad de Servicios Estratégicos Secretos —SSU por Strategic Services Unit—, desde donde informó, a principios de 1946, sobre los métodos que los soviéticos estaban utilizando para controlar los partidos políticos en el sector ruso de Alemania (que se convirtió en República Democrática Alemana).

(más abajo, en el punto 7 de este Apéndice, puedes leer una corta información sobre la USS)

Peter en servicio en la agencia y la medalla recibida.

Sichel continuó trabajando para la CIA, Washington y Hong Kong hasta 1960, cuando se fue, diciendo:

«Me fui porque la CIA hizo cosas que no me gustaron, como enviar gente a Ucrania para trabajar en grupos de resistencia fabricados. Potencialmente, estaban siendo enviados a la muerte. Hice un gran alboroto».

Así, se hizo cargo del negocio familiar de importación de vino en Nueva York, que disolvió, y en su lugar negoció con Schieffelin & Somerset Co., entonces una gran compañía de bebidas. En ese momento, el vino estaba despegando en Estados Unidos, superando al vino fortificado, y anunció Blue Nun como un vino que se podía beber «durante toda la comida», utilizando publicidad generalizada.

En su apogeo en la década del ‘80, las ventas anuales en los Estados Unidos alcanzaron los 1,25 millones de cajas, por lo que durante un tiempo fue la marca de vino internacional más grande del mundo.

El sello del famosos vino y Peter en su faceta de comerciante.

Sichel ha aparecido a menudo en la televisión en Alemania como testigo de los años inmediatos de la posguerra en Berlín, cuando era jefe de la CIA allí, y ha escrito varios libros sobre el vino alemán y una guía del vino.

Se convirtió en presidente de la empresa matriz alemana en 1984.

En la década del ‘90, la compañía Sichel fue vendida a otra compañía alemana, Franz Wilhelm Langguth Erben GmbH & Co. KG, y Peter había arreglado la venta de parte de la compañía Schieffelin a LVMH Moët Hennessy • Louis Vuitton o LVMH.

Fue presidente del Concurso Internacional de Vinos y Licores en 1991.

Hasta 2006 fue propietario del Bordeaux Château Fourcas-Hosten en Listrac-Médoc, que vendió a Hermès.

Es el padre de la fallecida cineasta Alex Sichel y de la guionista Sylvia Sichel.

7. USS:

La Unidad de Servicios Estratégicos fue una agencia de inteligencia del gobierno federal de los Estados Unidos que existió en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Fue creado a partir de las ramas de Inteligencia Secreta y Contraespionaje de la Oficina de Servicios Estratégicos en tiempos de guerra.

El Subsecretario de Guerra John J. McCloy jugó un papel decisivo en la preservación de las dos ramas de la OSS como una empresa en marcha con miras a formar una agencia de inteligencia permanente en tiempos de paz.

La unidad fue establecida el 1 de octubre de 1945, a través de la Orden Ejecutiva 9621, que simultáneamente abolió la OSS. La SSU estaba encabezada por el general John Magruder.

En enero de 1946, se estableció una nueva Autoridad Nacional de Inteligencia junto con un pequeño Grupo Central de Inteligencia. El 2 de abril de 1946, la Unidad de Servicios Estratégicos fue transferida al nuevo grupo como la Oficina de Operaciones Especiales y el personal también comenzó a transferirse inmediatamente.

En 1947, la Agencia Central de Inteligencia se estableció bajo la Ley de Seguridad Nacional de 1947, incorporando el Grupo Central de Inteligencia.

En agosto de 1952, la Oficina de Operaciones Especiales se combinó con la Oficina de Coordinación de Políticas para formar la Dirección de Planes.

Operación Paperclip: en el lado oscuro de la intervención estadounidense en la II Guerra Mundial (VI).

La posición oficialista

Jacobsen cuenta en su libro que, en lugar de negar la historia, el Departamento de Guerra decidió hacer pública una versión saneada de su programa. También pondrían a varios científicos de Wright Field «a disposición de la prensa, la radio y los servicios pictóricos».

Se organizó una jornada de puertas abiertas con censores del ejército que publicaron detalles y fotografías que fomentarían la apariencia de que todos los científicos alemanes en los Estados Unidos eran benignos.

(en la foto, una vista aérea de la base aérea en aquellos tiempos)

En Wright Field, el «experto en dirigibles», Theodore Knacke, dio una demostración con un paracaídas.

De izquierda a derecha: Theodore Knacke; un manual escrito por él; tipo de paracaídas del que fue coinventor.

El octogenario Hugo Eckener, ex presidente de la Luftschiffbau ZeppelinGmbH —la Compañía Zeppelin—, explicó a los periodistas que gracias a su contrato con el ejército ahora estaba trabajando con Goodyear en un nuevo diseño de dirigible.

De izquierda a derecha: Hugo, el LZ127 Graf Zeppelin, y uno de los dirigibles de Goodyear.

Alexander Lippisch, inventor del caza a reacción Messerschmitt Me 163 Komet, fue fotografiado en traje, sosteniendo un modelo a escala de un elegante y futurista avión de ala delta. El científico no hizo énfasis en que su caza a reacción tuviera récords de derribos aliados en la guerra, sino en que este estableció récords internacionales de velocidad.

Lippisch y su Messerschmitt Me 163 Komet.

Ernst Eckert (en la foto), un experto en combustibles para aviones, habló sobre las turbinas de gas de alta velocidad con su marcado acento alemán. Fue por error que el Departamento de Guerra permitiera que Eckert conversara con los periodistas, considerando que el archivo JIOA lo tenía como un ideólogo nazi y exmiembro de las SS y las SA.

(en los puntos 4 y 5 del Apéndice 1 puedes leer reseñas biográficas de Knacke y Eckert, respectivamente; sigue el enlace que te dejo a continuación: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/8667)

El programa se estaba volviendo difícil de manejar, y no importaba cuánto intentara el JIOA mantener el control, no podían vigilar todas las cosas. Un oficial estadounidense, asignado como portavoz de los alemanes, dijo a los periodistas que disfrutaba mucho trabajando con científicos alemanes y añadió: «Ojalá tuviéramos más de ellos».

A los reporteros se les mantuvo alejados de otros científicos alemanes en Wright Field, particularmente de aquellos que habían sido miembros de escuadrones paramilitares del Partido Nazi como las SS y las SA.

Por ejemplo, en el archivo de inteligencia del experto en Aerodinámica, Rudolf Hermann (en la foto), se escribió que, durante la guerra, mientras trabajaba dentro de los túneles en Kochel, Baviera, Hermann había realizado pases de lista por la mañana con su uniforme marrón de las SA, y que a menudo daba discursos en apoyo de Hitler.

La información en el informe de seguridad OMGUS del ingeniero investigador de aviación nazi Emil Salmon era aún más incriminatoria. En la fábrica de aviones donde había trabajado, se sabía que Salmon llevaba un rifle y vestía un uniforme de las SS. Un memorando decía: «También perteneció a las Tropas de Asalto (SA) de 1933 a 1945 y ocupó el cargo de Líder de Tropa (Truppführer)».

Al traerlo a Estados Unidos, el ejército declaró: «Este Comando es consciente de las actividades nazis del señor Salmon y de ciertas acusaciones hechas por algunos de sus asociados en Europa». Se refería a que durante la guerra Emil Salmon había estado involucrado en el incendio de una sinagoga llena de mujeres y niños judíos en su ciudad natal de Ludwigshafen am Rhein; su caso fue uno de los más despreciables.

Pero Emil estaba ahora en la Base de la Fuerza Aérea de Wright Field en Ohio porque estos militares encontraron su conocimiento y experiencia «difíciles, si no imposibles, de duplicar». Salmon construía bancos de pruebas para motores. Salmon fue protegido por funcionarios estadounidenses después de ser condenado por delitos por un tribunal de «desnazificación» en Alemania.

Para varios eventos de prensa, el ejército proporcionó fotografías de hombres canosos jugando al ajedrez, comprando en una tienda de juguetes en Dayton, Ohio, fumando cigarrillos y tomando el sol en los terrenos del ejército.

Imágenes de los científicos alemanes de paperclip en la base aérea de Wright Field, Ohio, Estados Unidos.
Imágenes de los científicos alemanes de paperclip en la base aérea de Wright Field, Ohio, Estados Unidos.

Los militares colocaron su propio artículo en el periódico Stars and Stripes, pretendiendo contar la historia oficial: Ninguno de los alemanes había sido nazi; los hombres estaban bajo estricta supervisión aquí en los Estados Unidos; todos ellos eran destacados científicos y técnicos «vitales para la seguridad nacional»; y eran hombres de familia con buena moral.

Un pragmatismo similar al de Wev fue expresado por uno de sus colegas, el coronel Montie Fowler Cone (en la foto), jefe de la división de explotación del G-2 mucho tiempo después: «Desde un punto de vista militar, sabíamos que estas personas eran invaluables para nosotros. Solo piense en lo que tenemos de su investigación: todos nuestros satélites, aviones a reacción, cohetes, casi todo lo demás».

Después que 1.600 científicos alemanes, como mínimo, llegaron a los Estados Unidos, se podía imaginar que alguien iba a tomar nota de eso y el gobierno decidió que necesitaba una campaña de propaganda.

(hay una reseña biográfica de este coronel en el punto 1 del Apéndice 3 que puedes leer con un click en el enlace que te dejo a continuación: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/9680)

Jacobsen señala en su libro: «Se le dijo al público que, gracias a los científicos del Reich, los fabricantes de bebidas ahora podían esterilizar el jugo de fruta sin calor. Las mujeres podían disfrutar de medias largas de nylon que no perdían hilos. La mantequilla podría batirse a razón de 1,500 libras por hora. Estas listas parecían no terminar».

Los columnistas de counterpunch.org informan que, en 1947, había suficiente preocupación pública causada por Drew Pearson como para exigir un juicio preliminar por crímenes de guerra para Rickhey y algunos otros.

Georg Johannes Rickhey fue enviado de regreso a Alemania Occidental y sometido a un juicio secreto bajo la supervisión del Ejército de los Estados Unidos, que tenía todas las razones para liberarlo, ya que la condena reveló que todo el equipo de Mittelwerk, ahora en los EE. UU., era cómplice del uso de la esclavitud y la tortura, y el asesinato de prisioneros de guerra, por lo que también eran culpables de crímenes de guerra.

Así que el ejército saboteó el juicio de Rickhey, ocultando las grabaciones que estaban en los Estados Unidos e impidiendo cualquier interrogatorio a von Braun y otros de Dayton. Al final, Rickhey fue absuelto.

(hay una reseña biográfica de este nazi en el punto 6 del Apéndice 2; usa este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/9680)

Sin embargo, dado que algunos de los materiales de prueba se referían a Rudolf, von Braun y Walter Robert Dornberger (en la foto), toda la grabación se clasificó y se mantuvo en secreto durante cuarenta años, almacenando así evidencia que podría enviar a todo el equipo del cohete a la horca. Altos oficiales del Ejército de los Estados Unidos sabían la verdad.

Hermann Becker-Freyseng recibió la responsabilidad de editar para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos el enorme volumen de investigación de aviación realizada por sus compañeros nazis. Para entonces había sido localizado y llevado al juicio en Núremberg.

El trabajo de varios volúmenes, titulado German Aviation Medicine: World War II, fue finalmente publicado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, completo, con una introducción escrita por Becker-Freyseng desde su celda de la cárcel de Núremberg.

El trabajo omitió mencionar a las víctimas humanas de la investigación, y elogió a los científicos nazis como hombres sinceros y honorables «con un carácter libre y académico», que trabajaban bajo las limitaciones del Tercer Reich.

Uno de sus colegas prominentes fue el doctor SS Sigmund Rascher, también asignado a Dachau. En 1941, este hombre le informó a Heinrich Himmler de la imperiosa necesidad de realizar experimentos a gran altitud en sujetos humanos.

Rascher, quien había desarrollado una cámara especial de baja presión durante su mandato en el Instituto Kaiser Wilhelm, le pidió permiso a Himmler para que le entregaran «dos o tres criminales profesionales», un eufemismo nazi para judíos, prisioneros de guerra rusos y miembros de la resistencia clandestina polaca. Himmler rápidamente aceptó y los experimentos de Rascher comenzaron un mes después.

Los registros de Rascher fueron recogidos por agentes de inteligencia estadounidenses y entregados a la Fuerza Aérea.

En su entrevista con Salon, Eric Lichtblau expuso:

Se trataba de la Guerra Fría. Se trataba de volverse muy, muy rápidamente hacia el nuevo enemigo, los soviéticos, después de la guerra y olvidarse muy rápidamente del viejo. Dos de las principales figuras de la inteligencia estadounidense que realmente defendieron esa mentalidad fueron Allen Dulles en la CIA y J. Edgar Hoover en el FBI durante años y años. Ambos eran ardientes «Guerreros Fríos» que creían que estos tipos eran útiles.
Dulles, de hecho, durante la guerra, antes de ser jefe de la CIA, pero trabajando para OSS, la agencia predecesora, se reunió con el jefe de personal de Himmler (…) Lo vio útil a corto plazo para traer, tal vez, un temprano cierre de la guerra en un punto en el que los alemanes ya estaban destinados a perder, y terminó haciendo que el jefe de personal de Himmler, Karl Wolff, depusiera las armas un par de semanas antes que el resto de los alemanes.
A largo plazo, por lo que quería a Wolff y a los demás era su valor de inteligencia contra los soviéticos. Vio, increíblemente, a Wolff y a los demás como «nazis moderados», que, tal vez, no eran tan malos como algunos de los otros tipos. A pesar de que Wolff fue quien participó activamente en la creación de la red de trenes que llevaron a los judíos a Auschwitz y otros campos.
Dulles no solo ayudó a Wolff a evitar los cargos de crímenes de guerra en Núremberg, sino que lo protegió de los cargos de crímenes de guerra durante años y años después, pues estas eran personas que Dulles pensó podrían ayudar a los Estados Unidos en la Guerra Fría.
Del mismo modo, Hoover pensó que eran útiles. Tomó un rumbo ligeramente diferente: si las acusaciones se presentaban contra los informantes del FBI por su supuesta colaboración nazi, Hoover lo descartaba todo como propaganda soviética. No había nada en estos cargos, diría inevitablemente. Él vendría en su defensa. Esto fue solo una conspiración de la Guerra Fría que estaba siendo lanzada por los rusos, esa fue su respuesta instintiva (…) el FBI reconoció que Hoover era demasiado desdeñoso con la evidencia de los cargos de crímenes de guerra.
Obviamente, Hoover es ahora una especie de figura deshonrada, y el FBI se ha distanciado de él, pero esa era la mentalidad. La expresión era, entre las agencias de inteligencia, que nadie odiaba más a los soviéticos que los nazis, y la idea era que tenían los recursos, las habilidades, el odio a los comunistas para ayudar de alguna manera a los Estados Unidos.
Quiero asegurarme de enfatizar que no estoy diciendo que nada de lo que la CIA está haciendo en este momento alcance el nivel de odiosidad moral de trabajar y proteger a los nazis, pero ¿siente que la lógica que sustentó la decisión —«el enemigo de mi enemigo es mi amigo»— sigue siendo algo que domina el pensamiento de las agencias de inteligencia?
Un colega mío aquí en el Times hizo la comparación, que en realidad creo que está a tono con lo que está preguntando, que sería como si supiéramos dentro de 20 ó 30 años que cientos y cientos de miembros de ISIS no solo habían entrado en los Estados Unidos y vivían libremente, sino que algunos de ellos eran espías para Estados Unidos porque en el camino dejamos de preocuparnos por ISIS y recordamos que ISIS odiaba a Irán e Irán odiaba a ISIS, así que los estamos usando como espías contra Irán porque es el nuevo enemigo y esa es nuestra preocupación.
Eso es obviamente muy hipotético, pero es la misma analogía. Es la misma situación, excepto que las atrocidades nazis fueron obviamente mucho peores que cualquier cosa que ISIS haya hecho. Se trata de olvidar el pasado y enfrentarte a tu nuevo enemigo casi imprudentemente, y olvidar todo lo que vino antes.

En la próxima entrega, hablaremos de «la agencia». No te lo pierdas.

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