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El abrevadero…

La palabra es tomada de una novela de Daína Chaviano, talentosa escritora, mujer cubana que ha seguido triunfando en el exilio, y bella persona. El libro es una pieza entrañable de mi vida en Cuba antes de emigrar, como las personas especiales, los amigos que siguen siendo hermanos, la familia perdida y los lugares inolvidables. Como La Habana. Cuando pensé en un nombre para el blog, nada me vino a la mente tan rápido como esa palabra. Así que, simplemente, ella estaba esperando a que yo me decidiera a crear este sitio. Y, por fortuna, Daína no pone reparos en que yo busque mi sed entre nuestros dinosaurios.

El empuje me lo dio el escritor y maestro Alejandro Quintana, en cuya academia estoy tratando de pulirme para escribir «algo que merezca la pena leerse» como él mismo dice. Gracias, Alejandro, por avivarme la sed de crear algo que yo pudiera compartir con el resto de la humanidad (o la parte que aquí llegue). porque mi abrevadero, como le comenté a Daína: «no es un oasis en mi desierto para calmarme la sed, sino un modesto motivo para buscar la sed en mi desierto».

En mi país yo diría: no soy de la gran escena, pero me gusta decir lo mío a tiempo y sonriente. Y de eso, precisamente, se trata este sitio: de decir y compartir. Y para avivar las sospechas de haber bebido de El Abrevadero alguna vez en forma de dinosaurio. Al visitante, gracias por acercarte a mi abrevadero, el cual irá mejorando en lo que pase el tiempo. Como los buenos vinos, espero.

Así que: ¡gracias por llegarte!

11 de septiembre de 1973, un día infame en la Historia: golpe de estado contra Salvador Allende (II).

«Mucho más temprano que tarde, de nuevo, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor».

El golpe militar.

Con pequeñas discrepancias en horarios en varias ocasiones, las fuentes de información que consulté desglosan el golpe como se describe debajo.

El 10 de septiembre, a las 4 de la tarde, zarpó la escuadra chilena, tal y como estaba previsto, ya que debía participar en las maniobras navales internacionales UNITAS XVI.

En la madrugada del 11 de septiembre, Allende es informado que tropas militares se trasladan desde el norte a Santiago; el Ejército se acuarteló.

Cuando el Ministro de Defensa Orlando Letelier consultó a la Comandancia General de la Guarnición de Santiago, Herman Brady le dio el pretexto que el probable desafuero de Carlos Altamirano y Manuel Antonio Garretón «podía causar disturbios, por lo que se hacía necesario el acuartelamiento».

Brady, Altamirano y Garretón.

Sobre las 4:30 se puso en marcha la «Operación Silencio» que acallaría a los medios afines al Gobierno y la Unidad Popular que unían al puerto con la capital, y con la cual los golpistas prepararían su propia cadena de transmisión a través de radio Agricultura.

Asimismo, se inutilizaron los teléfonos y autos del depuesto Comandante en Jefe de la Armada, el almirante Raúl Montero (foto), quien es detenido en su domicilio en Santiago.

Sergio Arellano —el asesino que lideró en 1973 la «Caravana de la muerte»— decide que el lugar destinado a la concentración de detenidos será el Regimiento Tacna.

Arellano en la foto.

Así que, ya a las 5 a.m. el coronel Roberto Guillard (foto) se instaló en el quinto piso del Ministerio de Defensa  a fin de hacerse cargo de la cadena de transmisión de las fuerzas golpistas.

El general César Mendoza, que ha dado su propio golpe en Carabineros, se encuentra en el edificio de la institución en calle Amunategui. El general Gustavo Leigh se instaló en la Academia de Guerra Aérea (AGA) en Las Condes.

A las 6 de la mañana comenzó el «Plan A» desde la Escuela Militar, que estableció un estado de alerta ante posibles desórdenes de la población. La escuadra reapareció en Valparaíso y los efectivos navales ocuparon las calles del puerto, la Intendencia y las plantas de la Compañía de Teléfonos de Viña del Mar y de esta ciudad.

El prefecto de la ciudad, Luis Gutiérrez, realizó una llamada por el único teléfono que funcionaba en el puerto, el suyo —que fuera una línea dejada libre a propósito por los golpistas—, para avisar al subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, que la infantería de marina estaba en las calles y había empezado a tomar posiciones de combate.

Sergio Arrellano se instaló en el Ministerio de Defensa a 30 minutos para las 7, donde ya estaba gran parte del Alto Mando golpista: Patricio Carvajal, Nicanor Díaz Estrada, Herman Brady y Sergio Nuño.

Patricio y Nicanor.

A la misma hora Enrique Kirberg (foto), rector de la Universidad Técnica del Estado, se despertó con un llamado que lo alerta del ataque de civiles en las instalaciones de la radio de la universidad.

En 15 minutos más, en la base Carriel Sur de la Fuerza Aérea de Concepción terminaban de alistar una docena de aviones de combate Hawker Hunter de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) —los que bombardearían La Moneda—, que partirían a Santiago.

Gracias al director de investigaciones, Alfredo Joignant, Allende se puso al tanto del despliegue uniformado en Valparaíso. Letelier intentó comunicarse infructuosamente con los comandantes en jefe —Ricardo Montero, Augusto Pinochet y Gustavo Leigh—, por lo que decidió partir a su oficina, en donde, sin esperarlo, le atendió el almirante Patricio Carvajal que debía estar en Valparaíso. Luego de su conversación, Letelier decidió ir personalmente al Ministerio.

El presidente Allende ya sabía que algo ocurría.

Por eso llamó personalmente al Ministerio de Defensa Nacional para pedir explicaciones de los movimientos de las fuerzas armadas, y pese a que Herman Brady intentó calmarlo, no fue suficiente.

Salvador Allende se retira de su casa presidencial de Tomás Moro en Las Condes a las 7:20, acompañado de sus asesores Augusto Olivares y Joan Garcés, el jefe de la escolta de Carabineros, capitán José Muñoz (en la foto), y algunos integrantes del GAP.

A las 7:25 cuatro aviones Hawker Hunter despegaron desde Concepción a Santiago, con la misión de silenciar las antenas de radioemisoras de la capital.

Cinco minutos después, Allende y sus seguidores llegan a La Moneda.

Y con cinco más lo hace Pinochet al comando de telecomunicaciones, en Peñalolén, con capacidad de anular las comunicaciones de algunas emisoras de radio.

Las redes de comunicaciones se organizaron con las demás ramas de las Fuerzas Armadas, especialmente con Leigh, quien sería el coordinador de todo el golpe.

El director general de Carabineros, José María Sepúlveda (foto), llegó a La Moneda, y le aseguró al presidente que Carabineros le seguiría siendo fiel al gobierno, sin saber que ya aquellos estaban controlados por los generales Mendoza y Arturo Yovane.

En breve, el mandatario se dirigió a la nación en la primera confirmación oficial de que algo estaba sucediendo. No llamó al pueblo a las armas ni a la violencia, sino a la prudencia. Lo hizo a través de Radio Corporación con estas palabras:

Allende anuncia en la radio el golpe militar.

La mayor parte de la información auditiva utilizada en este trabajo parece haber sido material desclasificado y adquirido por BBC (lo cual tiene cierta lógica si se conoce sobre las estrechas relaciones entre la dictadura pinochetista y los gobiernos conservadores de Inglaterra).

Al mismo tiempo, Letelier llegó a su oficina y su ayudante, el coronel Sergio Arredondo González (foto), —otro asesino, quien sería luego el segundo al mando en la «Caravana de la muerte»—, le anunció que había sido depuesto de su cargo. Sergio Arellano lo detuvo y dispuso su traslado al Regimiento Tacna: así se convirtió en el primer detenido de ese día.

El almirante Merino, quien se había autodenominado comandante en jefe de la Armada menos de doce horas antes, proclamó a las 8 de la mañana: «Esto no es un golpe de Estado (…) sólo se persigue el restablecimiento de un Estado de derecho acorde con las aspiraciones de todos los chilenos».

En la Escuela Militar, a las 8:10 el general César Raúl Benavides (foto) les informó a los casi veinte oficiales que formaban el cuartel general del Ejército, que a partir de ese momento se hacían cargo del país y que en todas las unidades estaban dadas las órdenes para que tomasen las gobernaciones, las intendencias, junto a todas las oficinas y dependencias gubernamentales.

José Domingo Ramos Albornoz es el único coronel que se retira.

Este oficial le dijo NO a Pinochet y renunció aquel 11 de septiembre, porque «el golpe implicaba romper un juramento solemne de los soldados, cual es respetar la constitución y las leyes y también quebrar el sentido profesional de las fuerzas armadas». 

Miren el tono del titular de este artículo a propósito de la publicación en 2001 de los libros «Las cartas del coronel» y «El piloto Wenche y otros relatos» escritos por él.

Precisamente, en el segundo el coronel reflexiona:

«¿Qué explicación dará la historia militar de ese período de atentados en una guerra concebida y llevada adelante como una revolución, para pasar de una Constitución a otra que no termina de interpretar los mejores conceptos de la democracia y de la seguridad?».

A decir de un artículo de piensaChile.com, «ni siquiera la presidenta Bachelet, quien lo conoce claramente y sabe de su ejemplo, ha dado ni un paso en rescatarlo del olvido».

Pero recién pasadas las 8, y mientras bombardeaban los estudios de la radio Corporación, donde se encontraba Erich Schnake, y allanaban las instalaciones de los medios que apoyaban a la Unidad Popular, las Fuerzas Armadas y Carabineros cambiaron su discurso, y exponen su verdadera cara «de parte de la junta militar de gobierno» en voz de Roberto Guillard.

Los golpistas hacen su primer pronunciamiento por radio.

Lo firmaron quienes integrarían la primera junta militar: los comandantes en jefe del Ejército, Augusto Pinochet, la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, y los autoproclamados jefes de la Armada, José Toribio Merino, y general director de Carabineros, César Mendoza.

Por eso exigían la renuncia del presidente. La Guardia de Palacio abandonó La Moneda. Tras el llamado de los militares, Salvador Allende volvió a dirigirse a los chilenos:

Allende se pronuncia en contra de su rendición y de los golpistas.

A las 9 de la mañana el automóvil en el que viajaba la secretaria privada del presidente, Miria Orea Contreras —«la Payita», como era conocida popularmente—, fue interceptado a un bloque del Palacio de la Moneda por un grupo de Fuerzas Especiales de Carabineros, quienes detuvieron a todos los integrantes de la camioneta y del auto que los seguía.

Todos estos hombres aparecerían muertos acribillados el 19 de septiembre, a las orillas del río Mapocho.

Alrededor de esa hora, también fue tomada San Antonio, a 120 kilómetros de La Moneda.

Los militares golpistas le habían achacado a la UP la «inminencia de una guerra civil debido al incremento de grupos paramilitares armados». Pero pese a la supuesta amenaza, en las calles de Santiago en un comienzo sólo hubo focos de resistencia aislados, en lugares como la fábrica textil Sumar y el barrio popular La Legua.

De hecho, poco después de las 9 de la mañana, el Consejo Directivo Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, en alocución radial, pidió la ocupación de puestos de trabajo, fábricas e industrias con miras a resistir a los militares y defender el gobierno de Salvador Allende.

Anuncio de la Central Unica de Trabajadores. Este apoyo no se daría jamás, con excepción de algunas escaramuzas muy aisladas en centros de trabajo y en una calle.

Ante este pronunciamiento, los golpistas amenazaron a la población con estas palabras:

Anuncio de prohibición de movimiento civil y ruidos del ataque.

Noten la clara amenaza de asesinar a los opositores sin miramientos ni otorgándoles ninguna garantía constitucional. Además, la exhortación a denunciarlos. Típico de las tiranías, y esta ya estaba naciendo.

Alrededor de esta hora también el mandatario se entrevistó con sus tres edecanes, quienes le plantearon la inutilidad de toda resistencia. El edecán aéreo, Patricio Carvajal, le ofreció un avión de la Fuerza Aérea para salir del país, pero Allende rechazó la oferta y propuso dialogar con los comandantes en jefe bajo ciertas condiciones.

Entonces, comenzó el ataque por tierra hacia el palacio presidencial.

Curiosamente, en un audio del libro-CD «Interferencia secreta», se escucha a Augusto Pinochet exigiendo la renuncia incondicional del presidente y haciendo alusión al posible accidente de la nave que lo sacaría del país.

Un cínico total.

A las 10:00, a través de la cadena de radios golpistas, Guillard irrumpió con un nuevo bando militar y un ultimátum: «Si no hay rendición, la Moneda será bombardeada a las 11 de la mañana».

Con este ultimátum, Allende pidió una tregua para que pudieran salir las 11 mujeres que se encontraban en el recinto, incluida su hija Beatriz. Allende congregó a quienes estaban con él y les informó que se acordaba una tregua de 10 minutos para el abandono del lugar.

Las órdenes para las maniobras y movimientos en esos momentos quedaron registradas en este archivo sonoro:

Intercambio de información entre los golpistas para atacar La Moneda.

En el palacio presidencial sólo quedaron los miembros del GAP y otras 25 personas, entre dirigentes y asesores cercanos que se negaron a abandonar al presidente.

Esta es una de las últimas 6 fotos que se le tomaron a Allende. La fuente indica que se desconoce la identidad del suboficial que en ella aparece.

Consciente de que La Moneda sería atacada y radio Magallanes, cuyos estudios se ubicaban a pocas cuadras de La Moneda, era la única emisora afín a la UP que seguía transmitiendo, Allende llamó a su director, Guillermo Ravest, y le pidió que lo sacaran al aire inmediatamente.

Eran las 10:30 cuando Salvador Allende pronunció su último discurso:


Último discurso de Salvador Allende, pronunciado desde el palacio presidencial de La Moneda.

En los días siguientes, Ravest y un radio controlador copiaron el discurso en cintas magnéticas para distribuirlas entre la dirección clandestina del Partido Comunista chileno y corresponsales extranjeros, rescatando un audio que se convertiría en el testamento político del mandatario.

Los tanques completaron el cerco al palacio de gobierno y quienes permanecían junto a Allende lo instaron a abandonar el recinto. Las tropas militares atacaron frontalmente el Palacio de la Moneda sobre las 11:00, enfrascándose con los francotiradores que defendían al gobierno.

A las 11:52 comenzó el bombardeo aéreo a la casa de gobierno, dando paso a un incendio y acompañado de ataques de bala y bombas lacrimógenas. En 16 minutos, los aviones lanzaron 18 bombas sobre el edificio. Se inicia el incendio y el segundo piso resulta parcialmente destruido.

Es uno de los momentos más dramáticos de la jornada.

También las fotografías tomadas durante el suceso nos gritan toda la tragedia que se vivía en aquel momento en aquel lugar.

Es uno de los momentos más dramáticos de la jornada.

Minutos más tarde, dos aviones bombardearon la residencia del presidente, de la que logran escapar los miembros del GAP que aún se encontraban ahí; Hortensia Bussi la había abandonado horas antes.

A las 12:10 la infantería ataca el palacio presidencial con artillería y armas pesadas.

El teniente coronel Roberto Guillard hizo un anuncio a las 12:20: «Desde las 10:30 horas se ha requerido la rendición de Salvador Allende, y ante la negativa de este, se inició ataque aéreo y terrestre contra La Moneda. Con esta acción se persigue evitar el derramamiento de sangre». 

El cinismo no termina.

Cerca de las 12:40, el bando militar número 8 prohibió el tránsito de personas y vehículos en las calles de Santiago.

Anuncio de prohibición de movimiento civil y ruidos del ataque. Se escuchan los disparos de artillería de los golpistas, de ametralladoras y el de las sirenas de los bomberos.

En medio del caos, los capitalinos intentaban volver a sus casas y comunicarse con sus seres queridos.

A la 1 de la tarde, con La Moneda en llamas y en medio del combate, Osvaldo Puccio Huidobro, Carlos Fernando Flores Labra y Daniel Vergara salieron del edificio y fueron al Ministerio de Defensa para conversar algunas condiciones de rendición: no más bombardeos, formación de un gobierno de civiles y respeto de las conquistas sociales.

Al llegar al Ministerio son apresados, sin aceptar ninguna de sus condiciones.

Osvaldo y Carlos.

El presidente Salvador Allende pide la rendición y salida de quienes aún lo acompañan a la 1:30. Todos debían salir sin armas, caminando y con una bandera blanca. Allende se despide de sus colaboradores, que avanzan en una columna hacia la puerta de La Moneda en calle Morandé 80, donde se entregan a los militares.

La última en salir es Payita, a quien el presidente entrega el Acta de Independencia, la que minutos después será destruida por uno de los soldados al detenerla.

A la 1:40, después de exclamar «¡Allende no se rinde, mierda!», el presidente Salvador Allende se suicida con su fusil AKMS.

Tras la muerte de Allende, los golpistas están preocupados con qué suerte darle a su cadáver.

Mucho preocupó a los golpistas, al parecer, lo que debía hacerse con el cadáver de Allende. La conversación deja entrever que ninguna idea giraba en dejar llegar el cadáver al pueblo chileno que seguía a su presidente constitucional. Además, escuchen bien lo que se ordena hacer con los prisioneros.

Finalmente, no hubo respuesta por parte del pueblo contra los golpistas, quienes hicieron su declaración de toma del poder por la radio.

Los golpistas de la primera junta: César Mendoza, José Merino, Augusto Pinochet y Gustavo Leigh.

Los medios también se hicieron eco de la muerte del presidente:

«El holocausto nuestro marcará la infamia de los que traicionan la patria y el pueblo»

(Salvador Allende en su discurso final en La Moneda)

En la foto, fragmento de los espejuelos que Salvador Allende llevaba puestos el día del golpe.

Hay más que contar sobre este evento de 1973. No te pierdas los siguientes. Deja tus comentarios sobre este artículo.

11 de septiembre de 1973, un día infame en la Historia: golpe de estado contra Salvador Allende (I).

Por esa fecha yo estaba esperando la celebración de mi décimo cumpleaños. Entonces, aparece esta nefasta noticia: Allende muere en La Moneda. Por supuesto que no recuerdo si fue la televisión y la radio las que primero lo hicieron saber —lo más probable—, porque en mi memoria lo que más fuertemente se arraigaron fueron las imágenes del periódico Granma y la revista Bohemia:

el odio, el humo, la destrucción, los asesinos, el monstruo, y Salvador Guillermo Allende Gossens, el presidente elegido constitucionalmente, con su AK-47, defendiendo su presidencia legítima, la Constitución y la libertad de los chilenos.

Les parezca ridículo o no, hubo hasta dudas de cómo calificar el golpe, pues partidarios y detractores discrepaban en cuanto a su clasificación: los primeros lo han calificado de «pronunciamiento militar», mientras los últimos rechazan esta clasificación. La explicación que, en mi opinión, lo clarifica, aparece en el artículo de Alicel Belmar Rojas, «Estado de Derecho: ¿Cuándo se vulneró?», que fue mostrada en la guía titulada «¿Golpe militar o pronunciamiento?» (Proyecto Enlaces MINEDUC en conjunto con la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso):

Visión Nº 2: Golpe militar

(…) de ninguna forma, conforme a la doctrina del derecho más puro, corresponde a las Fuerzas Armadas y de Orden la restauración de las instituciones que aseguran un Estado con los requisitos y condiciones que conforme a las instituciones políticas son inherentes a la democracia. Uno de ellos es el plebiscito que se ha asegurado, con documentación y testimonios fidedignos (…) al «pronunciamiento militar» se le llama, no por ser más peyorativo sino más preciso: «Golpe de Estado». Precisamente es en este, donde se impone un «Gobierno de Facto» que se aleja, por doctrina y praxis, de un verdadero Estado de Derecho. Si en el gobierno de Salvador Allende existía un claro debilitamiento y deterioro grave de las instituciones, fue en el gobierno de la Junta Militar y luego en el de Augusto Pinochet en donde efectivamente, se pone término a un Estado de Derecho. Los fundamentos están en el Derecho Constitucional, en el Positivo y, especialmente, en el Derecho Comparado.

El presidente constitucional de Chile.

Salvador Allende estaba fuertemente comprometido con el proyecto del Frente Popular —al que los socialistas se integraron tras un Congreso general realizado en 1936—, y pronto se convirtió en presidente de esta organización en Valparaíso.

(Foto: Allende en su uniforme de militante socialista)

Sus enemigos dentro del Partido Socialista —al que pertenecía desde que fuera cofundador en 1933— intentaron alejarlo de la vida política, para lo cual, en las elecciones de 1961 lo enviaron a la circunscripción de Aconcagua y Valparaíso, donde era difícil que ganara ya que los votos de la izquierda los controlaba Jaime Barros, comunista y médico de los pobres, que ocupaba el escaño. Allende triunfó al sobrepasar a su compañero y le dio suficientes votos para que ambos salieran electos.

Lo mandaron después, en los comicios de 1969, a otro «matadero electoral»: Chiloé, Aysén y Magallanes, donde nadie le atribuyó ninguna oportunidad, pero resultó fácilmente elegido. ​

Así, se convirtió en el símbolo nacional del socialismo moderado, llegando a ejercer desde 1966 como presidente del Senado, de una forma tan ecuánime que, cuando lo abandonó, le rindió un homenaje el diario El Mercurio, de tendencia conservadora (que luego conspiró para su muerte).

Allende se postuló por primera vez a la Presidencia de Chile en 1952, pero con la escisión de un sector del socialismo que apoyó a Carlos Ibáñez del Campo y la proscripción del comunismo obtuvo muy pocos votos.

En la elección presidencial de septiembre de 1958, se presentó nuevamente como candidato de la alianza socialista-comunista FRAP (Frente de Acción Popular), y lo derrota la participación de un candidato populista, Antonio Zamorano, que le habría quitado votos de sectores populares.

(Foto: «Tren de la victoria» de la campaña de 1958)

Tuvo una tercera vez en la elección de septiembre de 1964, nuevamente representando al FRAP, que devino en una competencia entre Allende y Eduardo Frei Montalva. Por temor a que triunfara Allende, el electorado de derecha se volcó hacia Frei en lugar de al radical Julio Durán, que era su candidato inicial, por lo cual volvió a perder.

Tras quedar en primer lugar en la elección del 4 de septiembre de 1970 —con lo que se llamó «primera mayoría relativa»—, Allende fue elegido, en definitiva, presidente por el Congreso el 24 de octubre.

Premisas del golpe militar:

La propuesta de Allende y la Unidad Popular era transformar a Chile en un régimen socialista, siguiendo un curso distinto al de otros países, a lo que se le ha llamado «vía chilena al socialismo, con sabor a empanadas y vino tinto».

Esta «nueva vía al socialismo», por medios pacíficos y democráticos, tuvo inicialmente el visto bueno de gran parte de la Democracia Cristiana (DC), que no solo apoyó la elección de Allende en el Congreso en 1970, sino que también, en su anterior gobierno, ya había sentado las bases para procesos de cambios históricos como la reforma agraria o la nacionalización del cobre.

(La foto, precisamente, muestra a Allende en Rancagua en un acto por la nacionalización del cobre)

El apoyo inicial a este modelo —que se reflejó en el 49% de los votos en las elecciones municipales de 1971— se fue perdiendo por el deterioro de la situación económica, debido a la poca feliz medida de imprimir más dinero sin respaldo, lo que produjo un exceso del circulante y, como consecuencia, un incremento en la inflación.

No hay sobreviviente de aquellos días que no identifique las últimas semanas antes del golpe de Pinochet como una progresión hacia la tragedia.

El propio resultado de las elecciones.

La guerra para derrocar al legítimamente elegido y constitucional presidente de Chile comenzó desde la declaración del ganador en las elecciones de 1970. Debido a que ningún candidato alcanzó la mayoría absoluta en la votación popular, le correspondió al Congreso Pleno determinar quién sería el presidente, entre las dos primeras mayorías relativas, el 24 de octubre de 1970.

El triunfo de Allende les planteó a las fuerzas opositoras dos alternativas: se respaldaba a la primera mayoría relativa en el Congreso —como tradicionalmente se había hecho en Chile—, o se trataba de impedir que «el candidato marxista» asumiera el gobierno.

Para la derecha, la opción consistía en que no se respetara la tradición en el Congreso Pleno, de modo tal que, con sus votos más los de la DC, éste eligiese a Jorge Alessandri Rodríguez (en la foto), candidato del Partido Nacional, quien había alcanzado la segunda mayoría.

Su teoría era que Alessandri renunciaría sin asumir y se convocaría a una nueva elección presidencial, en que se presentaría Frei, y vencería con los votos de ambos sectores. La DC no aceptó la fórmula, y en este partido se impuso la tesis de Tomic: reconocer el triunfo de Allende a cambio de un Estatuto de Garantías, el cual posteriormente resultó aprobado como reforma a la Constitución en 1971.

El «tanquetazo».

Este fue un intento de golpe de Estado ocurrido el 29 de junio de 1973. La sublevación fue liderada por el teniente coronel Roberto Souper, del Regimiento Blindado N.º 2, y se le denominó «Tanquetazo» porque en la intentona se usaron primordialmente tanques y carros de combate pesados.

A principios de junio de ese año, se decía que el alto mando de las Fuerzas Armadas de Chile había perdido toda confianza en el gobierno de Allende. Para el resto del mundo, la victoria de Allende supuso un alejamiento de Chile de los postulados de Estados Unidos, en plena Guerra Fría, que lideraba el bloque capitalista. Desde entonces, este país intentó por diversos medios la caída del gobierno de la Unidad Popular, apoyando a la oposición.

Durante la mañana, Allende se dirigió al país desde su residencia presidencial en la avenida Tomás Moro de Las Condes. A las 9:30, el presidente anunció por cadena radial su decisión de defender el gobierno constitucional contra un golpe de estado con estas palabras:

Un sector sedicioso se ha levantado. Es un pequeño grupo de militares facciosos que rompen con la tradición de lealtad. El Blindado Nº 2 dispara contra La Moneda. La guardia de palacio hace frente. Prats tomó las disposiciones necesarias. Llamo al pueblo para que tome las industrias, pero no para ser victimados. Que el pueblo salga a la calle, pero no para ser ametrallado. Que lo hagan con prudencia con cuanto elemento tengan en sus manos. Si llega la hora, armas tendrá el pueblo. Pero yo confío en las Fuerzas Armadas leales al gobierno.

Allende posteriormente se instalaría en la Dirección General de Carabineros, desde donde impartiría órdenes.

El levantamiento militar fue sofocado con éxito por los soldados leales al comandante en jefe del EjércitoCarlos Prats, aunque dejó como saldo 22 muertos —entre civiles y militares— y contribuiría a profundizar la crisis al interior del gobierno de Allende. De hecho, algunos han llamado a esta insurrección como «la antesala del golpe de estado del 11 de septiembre».

Asesinato del general Schneider.

Para evitar la llegada de Allende a la presidencia, el General de Brigada Roberto Viaux —líder del «tacnazo»—, junto a miembros de Patria y Libertad planearon el secuestro del Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider (en la foto), con el fin de provocar la intervención de las fuerzas armadas y evitar la sesión del Congreso Pleno.

La Doctrina Schneider, encarnada por el general chileno, permitió la elección de Salvador Allende como presidente de Chile, y era el principal obstáculo ideológico para un golpe de Estado militar contra él. Esta era un principio de apego al orden constitucional, respeto de la voluntad ciudadana y no intervención en política por parte del Ejército de Chile.

El 19 de octubre de 1970, un grupo de hombres equipados con granadas de gas lacrimógeno intentó secuestrar a Schneider a la salida de una cena oficial. La tentativa falló porque el General abandonó el recinto en su automóvil privado y no en el vehículo oficial previsto por los hombres de Viaux.

El segundo intento de secuestro se realizó a las 8 de la mañana del 22 de octubre de 1970, cuando el automóvil oficial de Schneider fue bloqueado por cuatro vehículos en la esquina de Avenida Américo Vespucio con Martín de Zamora, y un grupo de jóvenes rodeó el del General, destrozando con martillos los cristales traseros y la puerta lateral trasera.

Al percatarse de que Schneider tomaba su arma para defenderse, los secuestradores le dispararon, impactándolo con tres balas, y luego huyeron. El cabo-chófer, Leopoldo Mauna Morales, al ver desangrándose a su superior, lo llevó al Hospital Militar, pero debido a su gravísimo estado, el general sufrió un paro cardíaco y falleció el 25 de octubre.

Fragmento del documental «Salvador Allende».

El periodista John Dinges (en la foto) escribió en el 2002: «(…) el ex Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger ha sido requerido por tribunales en Francia, Argentina y Chile para declarar como testigo en casos de violaciones a los derechos humanos en el Cono Sur, además de una querella criminal en Chile por la “Operación Cóndor”».

«En Estados Unidos, se le cuestiona o acusa de complicidad por su rol en matanzas, crímenes y golpes de Estado desde Asia a Suramérica. Sin embargo, hay un solo crimen en que las huellas de Kissinger (en la foto) han quedado estampadas sin lugar a dudas: el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército chileno, general René Schneider».

Violencia en las calles

La violencia, desatada por grupos radicales de seguidores y detractores del gobierno, como el Movimiento de Izquieda Revolucionaria en la extrema izquierda o Patria y Libertad en la extrema derecha, provocó un clima de confrontación, que se fue expandiendo a todos los ámbitos de la sociedad, llegando incluso a los sectores de élite de esta, que siempre se habían encontrado al margen de las convulsiones sociales, económicas y políticas del país.

Los enfrentamientos callejeros entre estos grupos daban como resultado heridos de diversa consideración y hasta la muerte de algunas personas.

Además, se desataron enfrentamientos de grupos políticos y sindicatos contra efectivos de Carabineros, entre los que destacan los enfrentamientos de los mineros de El Teniente (en la foto, parte de esa área minera) en Santiago, el 15 de junio de 1973, que terminó con la muerte del obrero Milton Da Silva, además de 64 heridos y más de 100 detenidos.

Grupos de ultraderecha surgidos al alero del Partido Nacional, junto al movimiento Patria y Libertad, intentaron por diferentes medios violentos terminar con el gobierno, siendo apoyados y financiados por la CIA, que también conspiraba para terminar con el gobierno de la Unidad Popular.

En 1973, una vez que los métodos democráticos para deponer a Allende fracasaron, intensificaron su campaña de atentados terroristas con bombas y ataques para desestabilizar al gobierno.

Entre las acciones de estos grupos figura el asesinato del comandante de la Armada Arturo Araya Peeters, edecán naval del Presidente Allende; diversos ataques a torres de alta tensión y oleoductos; el asesinato de militantes de izquierda; y varios atentados a embajadas —como las de Cuba y la Unión Soviética—, sedes de partidos políticos de izquierda y radioemisoras.

El 14 de mayo de 1973 fueron allanados varios locales de Patria y Libertad, encontrándose numeroso armamento y explosivos, luego del llamado de su líder Roberto Thieme, desde Argentina, a desencadenar una guerra civil.

Renuncia del general Prats.

Allende llamó nuevamente a los uniformados a integrar el llamado Gabinete de Seguridad Nacional y Prats asumió el Ministerio de Defensa el 9 de agosto de 1973. Los militares golpistas se enfurecieron por la vuelta de Prats al Gobierno.

El 21 de agosto, una manifestación de esposas de generales se produjo frente a su casa para protestar por la actuación de Prats en el Gobierno, a la cual se suman oficiales de civil y uno uniformado. Al ser deshecha la manifestación por Carabineros, ésta se vuelve a organizar con más fuerza.

Tanto los ministros de Allende como Augusto Pinochet, considerado el «segundo» de Prats, llegan al lugar, pero todos son abucheados. A raíz de este hecho, Prats solicita a sus generales que confirmen públicamente su lealtad hacia él, a lo que la mayoría se niega.

Ante estos hechos, el 23 de agosto de 1973, Prats renuncia a la comandancia en jefe y a su cargo de ministro de Defensa, y le recomienda al presidente que el cargo sea ocupado por Augusto Pinochet Ugarte, quien tenía una hoja de vida estimada como limpia, siendo caracterizado como un soldado profesional y apolítico.

Después del golpe de Estado, advertido de que grupos descontrolados le buscaban para asesinarlo, Prats huyó a Argentina la madrugada del 15 de septiembre. El viernes 28 de septiembre de 1974, el estadounidense Michael Townley, agente de la CIA al servicio de la DINA, prepara un coche bomba que mataría, el 30 de ese mes, al general y a su esposa Sofía Cuthbert.

El Congreso declara el grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República.

El 22 de agosto la Cámara de Diputados en la cual la oposición tenía mayoría, aprueba un texto en el que señala la existencia de un grave quebrantamiento del Orden Constitucional y legal de la República, causada por la negativa del ejecutivo a promulgar la reforma constitucional de las tres áreas de la economía, a pesar de haber sido aprobadas por el Congreso, y actuando en contra de la constitución. ​

Existía un solo camino: la acusación constitucional, según el procedimiento expresamente contemplado por la Constitución Política del Estado, mas este procedimiento nunca se llevó a cabo.

Marinos antigolpistas.

Un grupo de cabos, sargentos, suboficiales, marineros y personal civil —sin participación de oficiales— intentaron parar el golpe de Estado en marcha al interior de la Armada, denunciándolo a las autoridades y llegando a la toma de barcos y detención de los oficiales para alertar al país sobre la subversión en desarrollo, y galvanizar así a la opinión pública en defensa del gobierno.

Algunos marinos se reúnen con Carlos Altamirano Orrego (en la foto), secretario general del Partido Socialista, para advertirle de los intentos golpistas, y aquellos involucrados fueron luego los primeros procesados por la Armada. Altamirano lanza el discurso que le ha hecho fama, catalogado de incendiario por los sectores favorables al golpe.

En este discurso reivindica su derecho a recibir informes de cualquiera que denuncie conspiraciones y declara: «Si se intenta un golpe, Chile será un segundo “Vietnam heroico”».

Por su parte, la Corte Suprema determina resolver a la petición de desafuero de Altamirano —pedida por la Armada—, el día 11 de septiembre.

Prensa chilena hacia 1973.

Los medios de comunicación masivos desempeñaron un papel fundamental en cuanto a la formación de criterio de la población. Prensa, radio y televisión apoyaron abierta y directamente a la derecha e izquierda chilenas polarizando las diferencias entre ambos sectores.

Además, manipularon la información con tal de cumplir cualquiera de sus dos fines: desacreditar las acciones y la figura del mandatario chileno o bien, reconocer sus méritos y engrandecer sus esfuerzos por establecer el socialismo como forma de gobierno.

Durante las campañas presidenciales de 1970, la prensa de derecha, por ejemplo, comenzó una campaña publicitaria contra la coalición de la Unidad Popular que tenía como objetivo desacreditar al socialismo y despertar el miedo entre la población chilena.

Una vez que Allende asumió la presidencia, la noticia sirvió como pretexto para defender los intereses de la burguesía, que se encargó de decidir cuáles noticias debían tener una circulación preferencial y manejaron constantemente la ironía, el ridículo, el apodo ofensivo y el insulto.

Incluso, documentos desclasificados de la CIA revelan que el gobierno estadounidense financió periódicos y revistas de derecha en perjuicio del gobierno de Allende.

Sin embargo, la llegada de Allende a la presidencia también favoreció el surgimiento y crecimiento de diversas publicaciones de izquierda cuyo objetivo principal fue apoyar la propuesta socialista del nuevo mandatario. Entre estos se encuentran: las revistas Ramona y Punto Final.

Asesinato del edecán naval del presidente Allende.

El 27 de julio de 1973 militantes del grupo fascista Patria y Libertad asesinan al edecán naval del presidente Allende, comandante Arturo Araya Peeters (en la foto). Con la bala que mató al edecán sumaron seis los disparos hechos en dirección al balcón del segundo piso de su casa, que miraba directo al norte, hacia avenida Providencia.

Un total de 32 miembros de Patria y Libertad, cuyo fundador era Pablo Rodríguez Grez, fueron detenidos y procesados por la Fiscalía Naval, pero todos quedaron libres tras algunos tirones de orejas.

Solo uno de ellos, Guillermo Claverie, luego de haber estado un tiempo prófugo, resultó condenado a tres años y un día de prisión como autor material del crimen, pena que tampoco cumplió ya que, al final, todos los conspiradores fueron indultados en 1981 por Pinochet, con el pretexto cínico «por servicios prestados a la Patria». Guillermo no solo no cumplió cárcel, sino que fue indultado por José Toribio Merino.

El entonces teniente del SINDaniel Guimpert Corvalán, junto con el capitán del Servicio de Inteligencia de Carabineros (SICAR) Germán Esquivel Caballero —quien más tarde participaría en múltiples «desapariciones» cometidas por el Comando Conjunto y el SICAR—, realizaron uno de los aspectos más sucios y cobardes del complot desestabilizador.

​Al otro día del asesinato, estos dos terroristas recorrieron diversas comisarías buscando un «chivo expiatorio» a quién cargarle el crimen.​ El elegido fue un preso por ebriedad,  mecánico de SEAM CORFO, nombrado José Luis Riquelme Bascuñán, que portaba un carnet de militante del Partido Radical, integrante de la Unidad Popular.

Como eso no era muy convincente, ni bastaba para completar sus planes, fabricaron un carné del Partido Socialista e interrogaron privadamente al hombre quien, tras ser sometido a salvajes torturas, se auto inculpó de haber participado en el asesinato con un grupo del GAP (Grupo de Amigos Personales) y cubanos dirigidos por BrunoDomingo Blanco Tarrés—, uno de los jefes de esa guardia de Salvador Allende.

Al día siguiente, los medios opositores y diversos políticos, entre los que destacaron los senadores derechistas Víctor García Garzena y Fernando Ochagavía, junto al diputado demócratacristiano Claudio Orrego Vicuña y al director del diario demócratacristiano La Prensa, Jorge Navarrete, iniciaron una campaña de injurias y acusaciones contra el gobierno de la UP y la representación cubana en Chile. ​

Con esta mezcla de odio, traición, inconstitucionalidad, mentiras, metidas en esa caldera de presión calentada por la insidia, la intolerancia y la intromisión de las garras extranjeras que era Chile en 1973, el futuro aniquilador de chilenos, besando las manos del amo, viola la Constitución y da el golpe de estado.

Sigue leyendo sobre estos acontecimientos con diferente visión en la próxima entrega.

1 diamante de altos quilates que al polvo regresa: adiós a Enrique Molina (II).

El reconocimiento al talento.

En otra parte de la entrevista concedida a «teleyradio.blogia» tuvo lugar esta reflexión de Enrique:

Periodista: Es verdad que el cine es lo que queda, pero en la televisión ha sido multipremiado por Lenin, «El carillón del Kremlin», «En silencio ha tenido que ser»…

Enrique: Es cierto, he recibido varios premios en concursos e importantes reconocimientos, y eso es muy estimulante, pero también representa mayores compromisos. Cuando uno hace un trabajo que medianamente alcanza una calidad, sabe que está obligado a subir la parada un poco más o a mantener ese nivel, por una cuestión de respeto al público, porque él se merece todo lo mejor que uno le pueda dar.  

 Enrique Molina, Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), fue acreedor de muchas premiaciones durante su carrera actoral:

1977 – «El carillón del Kremlin»
Mención especial de actuación masculina en televisión. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
1982 – «En silencio ha tenido que ser»
Mención especial de actuación masculina en televisión. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
1984 – «Relatos sobre Lenin»
Mención especial de actuación masculina en televisión. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
1994 – «Derecho de asilo»
Premio de actuación masculina en cine. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
1995 – Medalla por la Cultura Cubana. Otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba.1998 – «Tierra brava»
Premio Caricato de actuación masculina en televisión. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
1999 – «Un paraíso bajo las estrellas»
Premio de actuación masculina en cine. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
2000 – «Hacerse el sueco»
Premio de actuación masculina en cine. Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Premio Iriondo por su trayectoria artística otorgado por el Centro Provincial de Cine Negro de Ávila.
2014 – Mejor actor extranjero en el Festival del Gallo de Oro y las Cien Flores de China.2015 – Título Honorífico en la 1ra edición del Premio Enrique Almirante.
2016 – Mejor actor extranjero en el Festival del Gallo de Oro y las Cien Flores de China.2018 – Premio ACTUAR por la Obra de la Vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas ACTUAR.
2020 – Premio Nacional de Televisión

En la semana que celebraba su cumpleaños 77, Enrique Molina recibió el Premio Nacional de la TV en Cuba.

Su hijo, Pavel Molina, compartió en Facebook el emotivo instante en que Molina dedicaba el Premio Nacional de la Televisión a Elsa, con la voz entrecortada de la emoción:

«No me puedo desprender de una persona que me acompañó casi 50 años en mi vida profesional, mi esposa. A quien le debo la ayuda, la colaboración que hizo para que yo llegara a ser algo, llegara a ser alguien. Eso, con el permiso de todos ustedes quiero que este premio mío sea compartido para mí y para su memoria».

Entre medallas y reconocimientos cuentan los siguientes:

Medalla «Antero Regalado» otorgada por la ANAP por la interpretación de Silvestre Cañizo en la novela «Tierra Brava».Medalla distinción por la cultura otorgada por el MINCULT.
Reconocimiento del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara por la destacada labor en la promoción y extensión cultural.Reconocimiento de la UNEAC por sus destacados méritos y aportes al desarrollo del arte y literatura cubanos.
Reconocimiento de La Bodeguita del Medio por su aporte a la cultura cubana.Reconocimiento por el Hotel Horizontes Vedado, el Consejo Popular Príncipe, y la dirección Municipal de Cultura de Plaza de la Revolución, por contribuir al desarrollo y enriquecimiento de la cultura cubana.
Medalla «Alejo Carpentier» en reconocimiento a la trayectoria artística y el aporte al desarrollo cultural del país.Reconocimiento del SNTC por la participación en la serie «En silencio ha tenido que ser».

Otra pifia imperdonable contra el actor.

El 26 de agosto de este año, «cubacute» —otra página en línea—, publicó un artículo en que revelaba un error cometido por la prensa cubana con respecto a la salud de Enrique Molina.

Esto fue lo que criticaron en «cubacute» (con pequeñas correcciones que le hice al texto):

La prensa oficialista ha cometido otra pifia imperdonable el día de hoy, cuando confirmó sin contrastar las fuentes, simplemente llevándose por fuertes rumores que circulaban en las redes sociales, que el popular actor cubano Enrique Molina había fallecido con coronavirus, después de varios días luchando contra la enfermedad en un hospital de La Habana.

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la página oficial de Facebook del Portal de la Radio Cubana en Internet publicaron hace solo una hora una nota de condolencia para la familia y amigos de Molina, pero tuvieron que retractarse, borrar sus posts y pedir disculpas a sus lectores por el error cometido.

«El actor Enrique Molina está vivo. Pidamos por su salud. Pedimos disculpas por la nota anterior», indica la escueta nota posteada en la citada red social.

Sin embargo, varios medios de comunicación estatales siguieron la misma línea, y compartieron la noticia en sus muros de Facebook y Twitter, creando una ola de rumores que ahora mismo inunda las redes sociales con esta fake news.

Tal fuerza tomó la información, que el propio doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, aprovechó su intervención esta mañana en la televisión nacional para desmentir tal bulo, aclarando que, aunque el actor aún se encuentra delicado de salud, está vivo y dando una dura pelea para recuperarse de la COVID-19.

«El actor Enrique Molina está vivo, luchando por la vida, contra la enfermedad, pero vivo», confirmó el Dr. Durán.

Hace solo dos días el propio hijo del actor, Pavel Molina, tuvo que utilizar sus redes sociales para desmentir los rumores que aseveraban el fallecimiento de su padre.

«Aquí estoy desmintiendo lo que se dice por las redes. Mi papá está vivo y batallando como un león», escribió el exbajista de Los Van Van.

Lo que sí confirmó Pavel es que le había llegado la noticia de que todos en su familia habían dado positivo a la COVID-19, aunque lleno de fe dijo que todos seguirán peleando para salir adelante.

Las recientes hospitalizaciones por coronavirus del actor Enrique Molina y del músico Adalberto Álvarez han conmocionado a colegas, artistas, amigos y seguidores dentro y fuera de Cuba, quienes han estado enviando sus mejores deseos de recuperación.

El anuncio de su hijo Pavel.

Aquí estoy desmintiendo lo que se dice por las redes. Mi papá está vivo y batallando como un león.

No es solo mi padre, resulta que me ha llegado la noticia que ya todos en mi familia son positivos al COVID. Noticia como para darse un sogazo. Pero de eso nada. Seguiremos peleando los Molina, Gordillo y Hernández.

Solo me queda pedir piedad por mis cubanos. No solo por mi familia, por todos los cubanos. La cosa estaba negra ya, pero de verdad que ya no sé ni por cuál color va.

Ese fin de semana, en un audio compartido por su hijo en redes sociales, a Enrique Molina se le escuchó decir:  

«Nada caballero, estoy bien. Estoy levantando poco a poco. Me cogió la mierda esta, qué voy a hacer, pero de esta salgo bien, sin lío (…) Verán que arranco bien de todo este lío. Yo me voy a cagar en la COVID-19 esta, me voy a cagar en ella».

La indiscutible partida.

¿Qué epitafio podría escribirse en la lápida de este inconmensurable ser para que le llegue como mensaje a los confines de la realeza donde está en un pedestal sentado?

«Enrique Molina es una persona tan feliz de ser cubano, que afirma que nada de lo que ocurra en su país lo asusta o le da miedo», como lo evaluó un artículo.

Quizás la opinión de otro artículo, este de «cubanos.gurú»:

«Enrique Molina es un actor cubano, no de academia o de familia artística, pero sí de talento y trabajo. Es popular y querido por la gente, porque ha sido siempre humilde y porque a cada personaje que interpreta sea grande o pequeño, protagónico o de reparto, le pone el corazón y su genialidad».

Otro escrito en Prensa Latina cuenta que Eduardo Moya, a quien consultaron tras entrevistar a Molina el 14 de septiembre de 2004, lo consideró el «mejor intérprete de carácter» de Cuba, capaz de interpretar personajes de fuerza dramática en distintas obras sin que ninguno se pareciera al otro.

(Un actor de carácter es un actor de reparto que interpreta personajes inusuales, interesantes o excéntricos. El término, a menudo contrastando al de actor principal, es algo abstracto y abierto a la interpretación. En un sentido literal, todos los actores pueden ser considerados actores de carácter, ya que todos interpretan «personajes» —palabra que, en inglés, precisamente, es character—, pero en el sentido habitual es un actor que desempeña un papel secundario distintivo e importante).

Por tanto, estos periodistas consideran a Enrique Molina ser artífice del papel secundario, al que llevó a competir hasta con protagónicos suyos y de otros, cuando se vestía con la dramaturgia de directores y guionistas, y Molina acababa sorprendiéndolos, incluso con criterios sobre el oficio de actuar:

«Al recrear la realidad, el actor debe hacer como los niños: jugar en serio».

En la publicación de «teleyradio.blogia» basada en una entrevista otorgada por Enrique a Juventud Rebelde Digital, podemos palpar la importancia que este actor ya tenía para la dramaturgia cubana:

Periodista: ¿Por qué los directores debutantes quieren tenerlo en su elenco?

Enrique: Mira, no sé, yo tengo un instinto, me gusta participar de las primeras experiencias de la gente, dar mi apoyo de una manera o de otra. Disfrutar de eso es genial. En la película «El Benny», por ejemplo, se estrenó mucha gente: Jorge Luis Sánchez como director de largometrajes de ficción, Renny Arozarena como protagonista absoluto, Olguita como productora ejecutiva, Pepe Riera como director de fotografía, a pesar de tener una carrera internacional envidiable. Un montón de gente, y yo pienso que esa fue una de las cosas más bonitas que le pudo pasar a la película, porque todos estaban muy motivados, porque cuando es la primera vez siempre se pone el extra. Y ahí está el resultado: «El Benny» ha sido una maravilla.

De izquierda a derecha: Jorge Luis Sánchez, Renny Arozarena, José Riera, y el anuncio de la película.

E: «Y sí, como dices, estuve en el debut de Humberto Padrón con “Video de familia”, en el de Manolo Pérez con “El hombre de Maisinicú”, y en el de Daniel Díaz Torres. También en el de Alejandro Moya con “Mañana”. En el caso de Humberto Solás, un cineasta con un historial impresionante, fui yo el que se estrenó con él en “Barrio Cuba”, una experiencia formidable. Con Solás tenía muchas ganas de hacer cine y por fin se dio. Espero que este sea el punto de arrancada para próximos empeños».  

De izquierda a derecha: Humberto Padrón y participantes en «Video de familia», Manuel Pérez, Daniel Díaz Torres y Humberto Solás.

Esta posición de Enrique puede verse fehacientemente en las declaraciones del actor sobre la película «La Cosa Humana», acerca del proceso de filmación y la relación con los jóvenes actores bajo la dirección del destacado cineasta cubano Gerardo Chijona.

Retomando la entrevista de Juventud Rebelde Digital:

P: Últimamente es muy extraño ver una película cubana en cuyo reparto usted no esté.  

E: En Cuba se realiza bien poco cine por los problemas económicos que todos conocemos. Hace algunos años se rodaban 12 películas al año, que no era mucho comparado con los países desarrollados, pero dentro de América Latina se mantenía un buen ritmo. Por lo demás, casi todos los largometrajes eran de producción nacional. Ahora no, ahora hay que contar con ayuda foránea para poder filmar y eso establece muchas limitaciones. Con esto te quiero decir que en la situación actual se puede dar con un canto en el pecho el actor que pueda aparecer en, al menos, una de esas pocas películas que se hacen en el año. En el pasado Festival de Cine de La Habana, tuvimos la suerte de presentar cinco y yo participé en tres: «El Benny», «Páginas del diario de Mauricio» y «Mañana»; por tanto, puedo considerarme un actor dichoso.  

P: ¿Cuál es el método que emplea Molina para lograr tanta organicidad?  

E: El sentimiento y la verdad, no tengo otro porque no estudié, no soy actor de carrera. A mí no me quedó más remedio que aprender con los golpes de la vida. Así me fui dando cuenta de que esta es una profesión en la que hay que ser muy sincero, muy honesto. Cuando no hay sinceridad, cuando no hay verdad en lo que estás haciendo, ni tú mismo te lo crees, y en esas condiciones, ¿qué quedará para el resto? Yo soy de los actores a los que le encanta que el público crea en mí, y para lograrlo a veces tengo que virarme al revés como una media. Es el precio, pero lo pago con gusto. Estoy convencido de que esta profesión a la cual he dedicado tantos años es perfecta para entretener, pero también para formar, para orientar, para sensibilizar a los demás, y a ella me entrego en cuerpo y alma». 

Creo que esta reflexión de un artículo aparecido en «cibercuba» es muy ilustrativo de quién fue Enrique Molina Hernández, así que me apoyo en ella para olvidarme de las palabras que no me salen:

«Es un hombre que se entregó por completo a su preparación desde el primer momento en que se paró frente a una cámara o ante el público de un teatro. Es uno de los artistas más queridos por el público cubano, uno de los más consagrados. Fogueado como profesional sin acercamientos académicos, pero con la vocación necesaria para perpetuar su nombre entre las más importantes personalidades de la pantalla nacional. Su carrera artística constituye una oda perdurable en la memoria de varias generaciones de cubanos».

1 diamante de altos quilates que al polvo regresa: adiós a Enrique Molina (I).

Hace poco estábamos en casa hablando de grandes interpretaciones y actores cubanos y yo decía que, para mí, uno de los mejores era Enrique Molina, y el ejemplo que usé para apoyar a este candidato fue su papel de Lenin en una serie televisiva (yo nunca he visto la obra de teatro). Que no es el único que puede usarse.

Por eso, al enterarme de su fallecimiento, no pude sino pensar en presentarle mi respeto y admiración a este actorazo con un escrito en mi página. Decir lo mío a tiempo y sonriente.

Irónicamente, de un hombre que dio tanto en vida la internet está repleta de noticias de su muerte. De un actor tan extraordinario de lo que más se encuentra es de su final ordinario como otra víctima de ese flagelo tan común hoy —no por eso menos odiado—: infectado de COVID-19.

Nace una vida.

Varias fuentes dicen que Enrique Molina Hernández, de origen muy humilde, nació en Santiago de Cuba, Oriente, pero otras, como «cubanos.gurú» lo sitúan en Bauta. Eso sí, todos coinciden en la fecha: 31 de octubre de 1943. Se dice que en esta ciudad vivió los primeros 15 años de su vida.

A Santiago se fue con su abuela, quien lo crio tras la muerte de su madre cuando tenía tan solo 4 años. Tuvo una niñez muy dura, junto a sus abuelos y 10 primos: abandonó la escuela a los 10 años para trabajar y hacía cualquier cosa para sobrevivir. Cuando se casó con Marta Mestre, una santiaguera, todavía era adolescente. Con ella tuvo sus primeros tres hijos.

Nace el actor.

En la década de los 60 es cuando la necesidad lo lleva a optar por la actuación. Así que se inició dentro de un grupo perteneciente al Sindicato de Trabajadores Gastronómicos en 1963, para ingresar después en aquel colectivo fundador, el Conjunto Dramático de Oriente en 1964.

En un artículo publicado por «teleyradio.blogia» el 23 de mayo del 2007, así es como lo recuerda Molina:

«Supe de una convocatoria del Conjunto Dramático de Oriente, que así se llamaba en aquella época, y me presenté; sin embargo, me desaprobaron. Pienso que ese interés por la actuación nació de una situación económica, porque entonces ganaba 69 pesos mensuales (como dependiente de cafetería), y tenía un hijo —me casé muy joven, a los 18 años ya era papá—. Me enteré de que en el grupo de teatro les pagaban 150 pesos a los actores, y eso acabó por decidirme: la posible mejoría económica, tanto fue así que volví a insistir».

«Félix Pérez me dijo que regresara, que él hablaría con los directores. Y parece que sí, porque me aceptó el mismo que me había rechazado anteriormente. Quizá él también se sensibilizó con mi problema».  

«Recibí realmente muchísima ayuda de los actores y las actrices que estaban allí, fundamentalmente de Félix, de Raúl Pomares, de Luis Carreres, y muchos otros. De ese modo fui descubriendo poco a poco la actuación, la fui sintiendo, hasta el día de hoy».

Félix Pérez Ortis, Raúl Ramón Pomares Bory y Luis Carreres de izquierda a derecha.

Al crearse en Santiago la emisora de televisión Tele Rebelde, se integra en 1968 a este medio, en el cual permanece hasta 1970, fecha en que se va a La Habana.

Despunta el profesional.

Enrique Molina le dijo a teleyradio.blogia: «Ya estando en teatro, empecé a asistir a la CMKC para hacer la programación dramática y aprender la lectura interpretativa que se hacía en los espacios radiales, pero la verdad es que nunca fui ni regular, es un medio donde nunca di pie con bola».

«Más tarde, el mismo grupo de teatro hizo una selección de seis actores que envió a la capital para que recibiéramos un seminario impartido por Humberto Arenal (en 1969)».

«A nuestro regreso ya se fundaba Tele Rebelde, y los compañeros del canal comenzaron a visitar al grupo de teatro, al Guiñol, al Conjunto Folclórico de Santiago para conformar la plantilla. Me probaron, me preguntaron si quería pasar y acepté».

«El teatro fue muy fugaz».

No obstante, sería en el teatro donde por vez primera Enrique Molina demostraría y establecería qué tipo de actuaciones nos iba a entregar en su carrera, al interpretar a Vladímir Ilích Lenin en la inolvidable pieza «El carrillón del Kremlin» en 1967.

Por eso se fue a La Habana, adonde se dice que llegó con un maletín en el que solo traía dos pantalones y tres camisas, además de 28 pesos en el bolsillo y una carta de recomendación que decía que era actor en Santiago de Cuba y que si era posible que le dieran trabajo en La Habana. Al decir de Molina: «con un maletín lleno de sueños me detuve frente al edificio del actual ICRT».

A los pocos días de llegar, empezó una nueva relación con su segunda esposa, Elsa Ruiz, con quien vivió hasta su fallecimiento en el 2020.

A partir de esa fecha fue desarrollando una extensa e importante obra artística, actuando en obras de teatro, en múltiples programas seriados y no seriados de la radio y la televisión cubana y en trece largometrajes.

La interpretación de Lenin.

De ella se dice ser «el Lenin más convincente que se haya visto en el mundo hispano». Encontrar información de cosas como esta que recuerdo de cuando era niño es harto difícil. Hay más chance de encontrar a Buster Keaton y el cine mudo que lo necesario para hacer mejor este artículo.

Es probable que la representación que Molina hizo de Lenin que yo recuerde sea la de la miniserie «Relatos sobre Lenin» de televisión —pues yo nunca vi la versión teatral—, que varias fuentes la colocan en 1971, pero otra, como «cubadebate» lo hacen en 1982.

En resumen, Molina hizo un estudio exhaustivo de Lenin para interpretarlo. Recuerdo que él mismo explicó que había visto todo el material fílmico que pudo sobre Lenin para poder imitar su voz —Molina contaba que el líder soviético tenía una peculiaridad al hablar—, su físico, su expresión corporal.

Esa actuación —hasta donde recuerdo— recibió la felicitación de la Embajada de la URSS —hoy simplemente Rusia— en Cuba

El actor también participó en los siguientes montajes:

Santiago 57El algodón ciego a los pájaros
El herrero y el diabloTres historias para ser contadas
El último visitanteJuego eterno
Se secó el arroyito

Entrada en la televisión.

Luego de una breve incursión en las llamadas «teleclases» para estudiantes locales, que comenzaban por entonces, Molina hace su debut en televisión con el papel de un agente de inteligencia en «Los comandos del silencio», junto a Salvador Wood, Rogelio Blaín, Miguel Navarro, Iván Colas, Manolín Álvarez, Carlos Gili, Annia Linares.

¿Recuerdan el tema de esa «Aventura»?

Como recordarán, canta Sara González.

Su icónico personaje Silvestre Cañizo —gracias a quien se dice que todo el mundo reconocía a Enrique Molina en la calle—, en la telenovela «Tierra Brava», inspirada en la novela «Medialuna» de Dora Alonso, apenas tiene relevancia en la obra original.

Sin embargo, Molina se dio a la tarea de darle importancia, incluso investigando con doctores sobre el físico del personaje.

Por cierto, debido al maquillaje del ojo deformado, el actor se infectó con estafilococo.

En su paso por los más variados espacios de la programación dramatizada, sobresale su rol dentro del serial «El regreso de David», la segunda parte de «En silencio ha tenido que ser».

«Cuando el director de la serie, Jesús Cabrera, me llevó a Nicaragua para filmar, me dijo que mi personaje, Matías, debía morir en el primer capítulo. Pero acabó “viviendo” durante todo el serial», contaba Molina.

El actor también dijo, en alguna entrevista, que para preparar su personaje estuvo viviendo con los campesinos nicaragüenses que vivían en la zona donde serían las filmaciones. De esa manera, Enrique aprendió las inflexiones en el habla y las expresiones de los lugareños.

La lista de personajes en series televisivas es extenso, acorde a su participación en ellas:

RebeliónEl Cacique Arimao
Los comandos del silencioEl pampino
La guerrilla del altiplanoViva Puerto Rico libre
De cara a todos los huracanesLa retaguardia del enemigo
Soledad en compañíaComo un sol de fuego
HermanosDescamisados
El carrillón del KremlinRelatos sobre Lenin
El retorno de DavidLa gran rebelión
Algo más que soñarPor el mismo camino
El tiempo joven no muereLa delegada
Historias de hombres durosEl capitán Rolando
Su propia guerraPrimavera con una esquina rota
Tierra BravaOperación
CorajePolvo en el viento

Pero Enrique Molina se declaraba incapaz de preferir a alguno por encima de otros, como le dijo a un periodista: «Tú, como espectador, sí puedes hacerlo, pero yo, que les doy vida los quiero a todos».

En la pantalla grande.

Enrique hace su debut en el cine en 1973 con «El hombre de Maisinicú», del realizador Manuel Pérez Paredes, otra historia de espionaje sobre el agente de la seguridad cubana Alberto Delgado Delgado.

En la foto, Alberto y su esposa Tomasa del Pino.

«Esa fue mi primera película, mi primer contacto con Manuel Pérez para quien también era su ópera prima», le dijo Enrique a teleyradio.blogia. «Para mí fue una experiencia muy impactante, independientemente de que asumí un personaje que no tenía mucha trayectoria en la película».

«Lo que más me interesó de aquella historia fue conocer a Manolo como realizador, como ser humano, sus inquietudes, su manera de dirigir a los actores. Luego tuve la suerte de acompañarlo en “La segunda hora de Esteban Zayas”, y más recientemente en “Páginas del diario de Mauricio”».

«De sus cuatro películas, yo he estado en todas, excepto en “Río Negro”. Manolo es de esas personas con las que uno siempre quisiera seguir trabajando, por su talento, por su capacidad, por el rigor con el que se desempeña». 

Por cierto, en la película, Maisinicú, con esa «i» entre la «a» y la «s», no es el nombre original. Fue estrategia para hacerlo más grato al oído al pronunciarlo y más “pegajoso” el nombre del lugar. Luego, el literato cienfueguero Luis Ramírez utilizó el nombre real de la finca, al narrar la historia en su libro. Pero Masinicú y Maisinicú se refieren al mismo paraje.

Su lista de largometrajes y cortometrajes para cine tuvo esta extensión:

1973 – El hombre de Maisinicú1981 – Polvo rojo
1984 – La segunda hora de Esteban Zayas
           Jíbaro
1985 – En tres y dos
           Una novia para David
1990 – Alicia en el pueblo de Maravillas
            Caravana
           Hello Hemingway
1994 – Derecho de asilo
1997 – Kleines Tropicana1999 – Un paraíso bajo las estrellas
2000 – Hacerse el sueco2001 – Video de familia
            ¿Quién eres tú? (cortometraje)
            Video de Familia (cortometraje)
            El Último vagón (cortometraje)
2002 – Concurso (cortometraje)2004 – La Revelación (cortometraje)
           ¿La vida en rosa?
2005 – Páginas del diario de Mauricio
           90 millas
           Barrio Cuba
2006 – El Benny
            Mañana
2008 – El cuerno de la abundancia2009 – Lisanka
2016 – La cosa humana

El proyecto frustrado.

El actor le confesó al programa «Al mediodía» que su trabajo como Lenin inspiró a Lillian Llerena, la directora de los cinco relatos sobre Lenin, a realizar algo similar con José Martí. Pero para interpretar a nuestro héroe nacional, Molina tendría que pasar por varias transformaciones y un arduo trabajo de preparación.

«¿Podía aspirar un actor en Cuba a algo mayor: darle mi cuerpo y mi alma a Martí?», le dijo Enrique Molina a Juventud Rebelde en línea, un artículo que José Luis Estrada Betancourt publicara el 19 de mayo del 2015.

Nadie mejor para explicar este fiasco que el propio actor:

«Te lo cuento, porque me lo preguntas, porque es una manera de mostrar cómo los actores también nos sacrificamos para hacer nuestra labor. Y es que somos románticos, soñadores».  

«Fue un hermoso proyecto que se convirtió en el sueño más ambicioso y querido para mí desde que me involucró la directora Lilian Llerena».

La idea surgió a partir de «Relatos sobre Lenin», que cerrara el ciclo comenzado con «El carrillón del Kremlin», cinco años antes.

«(…) la dirección de la TVC le planteó a Llerena (…) la necesidad de que se llevara adelante un proyecto sobre Martí, similar a aquellos valiosos cinco cuentos que se habían rodado, y que recreaban diferentes momentos de la existencia del eminente ruso. Lilian, ferviente admiradora de la vida y obra del Apóstol, enseguida aceptó. Únicamente pidió un poco de tiempo para (…) hallar al actor que asumiría el enorme desafío».

«Me parece estar viendo a Lilian en mi casa pidiéndole nuestro álbum de boda a mi esposa. De repente se detuvo en una foto y me preguntó: “¿Tú serías capaz de ponerte en el peso que tenías cuando se casaron? ¿Te someterías a una operación de la nariz?”».

«Quienes aún conservan fresca la imagen de cuando hice el Matías de “En silencio ha tenido que ser” recordarán que mi nariz actual no tiene nada que ver con la que traje “de fábrica”. Nací con una bien cuadrada».

Ambos visitaron al cirujano esteta William Gil, a quien le pidieron hiciese la operación de la nariz. El resto correría por Enrique —bajar las libras necesarias— y las maquillistas, quienes se responsabilizarían con completar la caracterización.

«Pero William Gil estaba más “loco” que nosotros. “Tráeme fotos tuyas”, me pidió. “De perfil, de frente… Fotos de Lenin de perfil y de frente; de Martí de perfil y de frente… Es para sentarme a estudiar y decidir cómo te opero, de modo que en el futuro puedas volver a interpretar a Lenin y a otros personajes».

«Como al mes, William Gil me mandó a buscar (…) Me ingresó en el Clínico Quirúrgico y me dijo: “Lo primero que toca es bajar casi 40 libras”. Después de una dieta rigurosa, logré perder 42 en el transcurso de un mes».

«El sacrificio fue tremendo. Al punto de que un día me tuvieron que recoger en el piso. Era demasiado lo que estaba haciendo».

«El médico me dijo: “Bueno, yo calculo siete operaciones. Sucede que la nariz no te la puedo reconstruir de una vez, sino en dos partes. Debo separarte las orejas, porque Martí era un poco orejón; rodarte el nacimiento del pelo un centímetro y medio hacia atrás; operarte los ojos, para que se vean abiertos, porque tú eres achinado. Luego someterte a otra cirugía para eliminarte esa piel que te cuelga por las libras perdidas”».

«¡Siete cirugías! ¡Una por mes! Sin embargo, no había nada que pudiera interponerse ante mi empeño de interpretar al Maestro».

«Durante esos siete meses, Lilian Llerena se mantuvo día por día al lado de mi cama con la obra de Martí en sus manos. Porque ella necesitaba que yo dominara al dedillo cada uno de los detalles de la fabulosa vida de ese hombre irrepetible, de su riquísimo mundo interior. Y yo acostado, sin poder salir del hospital, escuchando con absoluta atención».

«Al cabo del tiempo (…) nos volcamos a trabajar en la casa de Lilian. Llegaba allí a las nueve de la mañana y entraba por mi puerta a las nueve de la noche. Trabajando y ensayando como un par de poseídos los dos. Éramos muy conscientes de a qué nos íbamos a exponer».

«Sabemos que cada cubano tiene su propio Martí en la cabeza. Por tanto, debíamos entregar un Martí que complaciera la imaginación de todo un pueblo. A la vez no nos quedaban dudas de que nuestro Martí no debía ser como aquel que vemos en las promociones de la televisión: el soñador, el pensador ensimismado, escribiendo bajo una palma.»

«No, el organizador de la Guerra Necesaria, el extraordinario escritor, el enorme intelectual, no era así. Flaquito sí, pero muy dinámico. Lo afirmaban las personas que convivieron con él 15 años en Nueva York, quienes relataban que jamás lo vieron subir o bajar una escalera de peldaño en peldaño, sino que se saltaba dos o tres, que lograba una velocidad tremenda en su andar»

«No, de ninguna manera podía ser un hombre lento ni demasiado apacible. Martí tenía que ser como una explosión».

«Ya nos encontrábamos en la etapa de las reuniones para determinar el casting en el que seleccionaríamos a los demás actores y actrices (…) En lugar de cinco cuentos, serían 15 largometrajes que se filmarían en 16 milímetros para la televisión, de forma que quedaran para la posteridad; algo que, por supuesto, costaba mucho dinero».

«Empezando porque había que reconstruir muchos de los sitios de La Habana vinculados con la adolescencia y la juventud del Apóstol; una etapa que interpretaría Rolando Brito. Yo asumiría el personaje a partir de que pusiera sus pies en Estados Unidos hasta su regreso a Cuba, y su prematura y dolorosa muerte».

«Jamás olvidaré aquella terrible tarde en que (…) se apareció alguien a pedirnos a Lilian y a mí que nos comunicáramos con urgencia con la presidencia del ICRT».

«Nos dirigimos hasta allí creyendo que se trataba de problemas con el vestuario o las telas (…) Y entonces me dijeron esas palabras que todavía hoy, a pesar de los muchos años transcurridos, puedo repetir de memoria: “Molina, si estuviera en mis manos, por el sacrificio que has hecho para interpretar a Martí, yo convocaba a todos los cubanos en la Plaza de la Revolución y les hacía saber lo que has hecho. Pero debo decirte que se suspendió el proyecto. Nos acaban de reunir para informarnos que en breve comenzará el período especial y que no habrá dinero ni para hacer medio capítulo”».

«Nadie puede imaginar lo que pasó por mi cabeza y mi corazón en ese instante. Salí de allí sin decir media palabra. Bajé los nueve pisos del ICRT como atolondrado, porque ni el elevador cogí».

«Comencé a caminar, pero no me sentía ni los pies. Por aquel tiempo vivíamos al lado del hotel Riviera, así que enfilé buscando la calle Línea. Sí notaba que la gente me miraba como si hubiera en mí algo raro. Cuando por fin llegué a casa, mi mujer se percató de que el mundo se me había caído encima: Entré llorando».

«(…) había vencido todo el trayecto sin poder evitar que las lágrimas salieran solas. El trauma fue violento. Son de esas vivencias que a uno le duele mucho recordar».

«Algunos se refieren al período especial como aquella etapa angustiosa de tantas vicisitudes, mas en lo personal significó la pérdida de mi más grande sueño: poder interpretar a Martí, tal y como lo había pensado, tal y como lo habíamos trabajado».

«Y el dolor y la vergüenza no acaban. Me duele que han pasado los años y continuamos sin ofrecerle a este pueblo, desde la pantalla, la imagen verdadera de José Martí».

«Por supuesto que le agradezco infinitamente al maestro Fernando Pérez, que con su maravillosa película “José Martí: el ojo del canario” nos entregara a un niño y a un adolescente verosímil, vivo. Pero nos sigue faltando el adulto. Lo tenemos hasta en el billete de un peso, pero es una imagen fría, lejana, como la del busto o el pedestal».

«Duele. Dolió. Me sentí medio perdido, como que ya en esta profesión nada más tendría verdadero sentido. Entonces le anuncié a mi esposa: “Voy a pedir la jubilación; me retiraré. No puedo seguir como actor. Lo que acabo de vivir ha lacerado mi alma”».

«Me encerré en la casa sin querer salir a ninguna parte. Pero es difícil renunciar a lo que en verdad se ama. Lo supe cuando se me apareció el director Eduardo Macías, que ya no estaba viviendo en Cuba. “Vámonos. Te llevo para Camagüey a hacer las aventuras de los hermanos Iznaga”».

«Me fui para Camagüey a filmar aquella serie que se llamó “Hermanos”, con Rogelio Blaín y un equipo maravilloso de actores y técnicos, con los que estuve como siete meses en esa provincia».

«Cuando regresé a La Habana me enrolé en otras cosas y la vida tomó nuevamente su cauce».  

Ahí vino la experiencia estelar de Silvestre Cañizo en «Tierra Brava» de 1997.

No te pierdas la continuación de este mi modesto reconocimiento lleno de cariño y respeto por este gigantesco actor cubano.

25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (V).

«Todavía me preocupa que el día de mañana sea el último día en la Tierra».  

Samantha Smith

Mientras regresaban a casa después de filmar junto a Robert Wagner un segmento para el nuevo drama de televisión de ABC, Lime Street, el 25 de agosto de 1985, Samantha Smith, con 13 años, y su padre, Arthur, murieron en un accidente de avión en Auburn. El legado de Samantha Smith fue inmortalizado por este accidente fatal que le quitó la vida a esta joven solo dos años después de su gira soviética.

El accidente aéreo.

Así lo hizo uno de los noticiarios que informó sobre la muerte de Samantha.

El avión de pasajeros era un Beechcraft Modelo 99, un avión turbohélice bimotor que hacía el vuelo 1808 de Bar Harbor Airlines entre el Aeropuerto Internacional Logan, en Boston, y el Aeropuerto Internacional de Bangor, en Maine (ambos en Estados Unidos).

Mientras intentaba aterrizar en el Aeropuerto Regional Lewiston-Auburn en Auburn, Maine, donde tendría una parada en ruta, el avión perdió la pista por 200 yardas.

Azotado por la lluvia atravesó un bosque de pinos, derrapó durante unos 100 pies, se estrelló contra un terraplén y estalló en llamas a aproximadamente media milla de la pista, matando a los seis pasajeros y dos tripulantes a bordo

El doctor Henry Ryan, médico forense del estado, trabajó en la identificación de los cadáveres. «Creo que vamos a tener que trabajar a la luz y creo que vamos a necesitar un dentista, eso es con lo que estamos lidiando», declaró. Los cuerpos, algunos desmembrados, se quemaron con severidad, lo que dificultaba su identificación.

Minutos después del accidente, Janet Mills, la fiscal de distrito del condado de Androscoggin, dio la noticia a familiares y amigos que esperaban en el aeropuerto. Mills llevó a los miembros de la familia a un salón y dijo que no había sobrevivientes.

El accidente ocurrió en Christian Hill mientras el avión estaba llegando para un aterrizaje, pero en apariencia no pudo evitar la colina boscosa, que está directamente en la ruta de vuelo.

Según un artículo en internet, hasta el 2019 las preguntas que rodeaban la prematura muerte de Samantha en el accidente aéreo seguían sin respuesta.

En circunstancias normales difícilmente se habría reportado más allá de la región de Nueva Inglaterra, pero la presencia de la colegiala Samantha Reed Smith no solo hizo llegar esta noticia al conocimiento nacional, sino que encontró cobertura mundial.

Impacto inmediato.

Si bien el interés en el trabajo de Samantha como defensora de la paz había disminuido notablemente en los medios estadounidenses en 1984, su inesperada muerte en el verano de 1985 una vez más elevó su perfil.

Esto llevó a una efusión de dolor amplificada por la amplia cobertura de los medios de comunicación durante los siguientes meses.

El periódico de Maine, Bangor Daily News, anunció el 27 de agosto: «La nación está afligida por Samantha Smith».

En Augusta, la capital de Maine, a pocos kilómetros de su ciudad natal de Manchester, más de mil personas se reunieron para un servicio conmemorativo tres días después del accidente. Entre los asistentes se encontraban Robert Wagner y Vladimir Kulaguin, primer secretario de Asuntos Culturales de la Embajada Soviética en Washington, D.C.

Expresiones de dolor llegaron desde el Kremlin, desde la oficina del gobernador en Augusta y desde Hollywood, todo un testimonio del meteórico ascenso a la fama de la niña que se convirtió en embajadora de la paz.

En un comunicado desde Londres, donde Samantha estaba filmando, Robert Wagner dijo que él y la compañía de producción estaban devastados por los informes de la muerte de la niña.

La agencia de noticias soviética TASS dijo de ella: «Vio por sí misma el sincero deseo del pueblo soviético de vivir en paz y evitar una guerra nuclear».

La afligida madre de Samantha recibió condolencias del líder soviético Mijaíl Gorbachióv —en aquel entonces recién nombrado Secretario General del PCUS—, y del presidente Ronald Reagan.

Este último, cabe señalar, nunca la había reconocido públicamente durante su vida y a la ceremonia no asistieron representantes de la administración Reagan. El presidente estadounidense se limitó a enviar sus condolencias por escrito, diciendo: «Tal vez pueda servir de consuelo saber que millones de estadounidenses, de hecho, millones de personas, comparten la carga de tu dolor. También apreciarán y recordarán a Samantha, su sonrisa, su idealismo y la dulzura intacta de su espíritu».

La Unión Soviética, por su parte, estaba dispuesta a hacer oír su presencia. Kulaguin le leyó a la multitud reunida el telegrama de Gorbachióv, en el que este escribió: «Todos los que en la Unión Soviética han conocido a Samantha Smith recordarán para siempre la imagen de la niña estadounidense que, como millones de jóvenes soviéticos, soñaba con la paz y con la amistad entre los pueblos de los Estados Unidos y la Unión Soviética».

El enviado soviético terminó con una observación personal: «Deberían saber que millones de madres, padres y niños en Rusia comparten esta trágica pérdida. Lo mejor sería que continuáramos lo que empezaron con buena voluntad, amistad y amor. Samantha brilló como un brillante rayo de sol en un momento en que las relaciones entre nuestros dos países estaban nubladas».

La muerte de Samantha desató mucha especulación con respecto a la causa del accidente. Las acusaciones de juego sucio circularon ampliamente en la Unión Soviética. Pero la investigación del accidente y el informe oficial, que no mostró evidencia de juego sucio, se hicieron públicos.

En un comunicado, la madre de Samantha dijo: «Cada generación contribuye con un bloque de construcción para la próxima generación. Como individuos, somos las partículas de tierra a partir de las cuales se forman los bloques. Espero que Samantha y Arthur nos hayan ayudado a darnos cuenta de lo importante que puede ser cada uno de nosotros. Samantha no podía aceptar la inhumanidad del hombre hacia el hombre. Ella se mantuvo firme en la creencia de que la paz puede ser alcanzada y mantenida por la humanidad».

Los restos de Samantha y de su padre fueron incinerados, y sus cenizas fueron enterradas en el cementerio de Estabrook, Amity, Maine.

Reconocimiento subsiguiente.

Estados Unidos de América:

Jane Smith, cuya vida había cambiado sin duda por la trágica muerte de Samantha y su marido, estaba decidida a mantener vivo el recuerdo de su hija.

A los pocos días de su muerte nació la idea de una «Fundación Samantha Smith», la cual se creó en octubre de 1985 para «promover la diplomacia ciudadana y el sueño de un nuevo clima internacional».

Con ella se organizaron intercambios escolares entre los Estados Unidos y la URSS —más tarde Rusia—, y contribuyó al desarrollo del entendimiento mutuo entre estos países.

En el verano de 1986, se organizó un campamento de paz para niños en Maine; 20 escolares soviéticos tuvieron la oportunidad de pasar tres semanas y media con un compañero estadounidense, no sólo practicando deportes y haciendo senderismo juntos, sino también aprendiendo a resolver conflictos en una cultura de paz.

Además, los escolares estadounidenses tuvieron la oportunidad de visitar los campamentos infantiles de la URSS, en particular Artek. En el verano de 1986, 20 compañeros de clase de Samantha lo visitaron.

La estrecha cobertura de los medios de comunicación continuó durante el resto del año. Comenzaron a organizarse intercambios entre los Estados Unidos y la URSS por organizaciones como «Voces del Futuro» y «Los niños como pacificadores». Cynthia Lazaroff creó su programa de intercambio juvenil.

El 23 de noviembre de 1985 en Nueva York se celebró un concierto infantil en memoria de Samantha.

En diciembre de 1985, cientos de personas asistieron al concierto Holiday for Peace («Fiesta por la paz») en memoria de Samantha, auspiciado por Linda Smith —quien no guarda relación con Samantha—, una madre de La Jolla, California, quien fundó MEND (Mothers Embracing Nuclear Disarmament – «Madres que abrazan el desarme nuclear»).

Ella dijo: «El deseo de Samantha por la paz mundial y la amistad encierra el espíritu de esta temporada. Queremos expresar nuestra esperanza de que el sueño que ella abrazó en su corta vida fructifique en la nuestra».

Al concierto asistieron personalidades conocidas como el actor David Ogden Stiers, la soprano de la Ópera de San Diego, Pauline Tweed, el Suzuki Strings de san Diego, y el conjunto vocal de Mesa College.

El concierto cerró con una vigilia de luces.

A mediados de la década de 1980, se escribió un guion para una película para televisión titulada The Samantha Smith Story («La historia de Samantha Smith»), que sería una producción conjunta soviético-estadounidense producida por Robert Wagner.

Columbia Pictures Television y R.J. Wagner Productions habrían acordado producir la película para NBC, con la compañía soviética Sovin Film interesada en coproducirla.

En última instancia, Columbia Pictures Television decidió no filmarla debido a la falta de interés de cualquier red por mostrarla.  

En 1985, se estableció un jardín de paz en Michigan a lo largo del río St. Clair  para conmemorar sus logros. 

El 22 de diciembre de 1986, se inauguró un 22 de diciembre de 1986 en el Museo Estatal de Maine en Augusta, erigido por iniciativa de Glen Michaels, director del centro comercial en Auburn, cerca del cual se estrelló el Beechcraft 99 en 1985.

El autor del monumento, el escultor Glenn Hynes, representó a Samantha en pleno crecimiento, liberando una paloma de sus manos. Un cachorro de oso, el santo patrón de Maine —e ícono con el cual se identificaba a «Rusia» en Estados Unidos—, se presiona contra sus pies.

En el pedestal del monumento hay una placa con la inscripción «Samantha Reed Smith 29 de junio de 1972 – 25 de agosto de 1985. La joven embajadora de la buena voluntad de Maine».

Los 25 mil dólares necesarios para la construcción de este monumento se recaudaron en todo el país.

Maine designó oficialmente el primer lunes de junio de cada año como el «Día de Samantha Smith» por la ley estatal. 

En 1986, se celebró el tele-puente «Les deseamos felicidad» entre Moscú y Minnesota en memoria de Samantha y se interpretó un musical conjunto Child of the World utilizando esta tecnología. Posteriormente, esto se organizó en muchas escuelas de los Estados Unidos.

En la película de 1987 Superman IV: The Quest for Peace se incluyó una escena en la que un niño le escribe a Superman una carta para controlar la carrera de armamentos nucleares; según Christopher Reeve, esta escena se inspiró en la historia de Samantha.

Un episodio de la tercera temporada de la comedia de situación estadounidense The Golden Girls, titulado «Carta a Gorbachov» en 1987, se inspira en la historia de Samantha.

El artista estadounidense Robert Shetterly incluyó un retrato de Samantha en la serie Americans Who Tell the Truth («Estadounidenses que dicen la verdad»); el libro del mismo nombre se publicó en 2005.

En 2008, el director estadounidense Greg Marshall puso en escena la obra Stars of Samantha.

En 2008, Smith recibió póstumamente el Premio al Valor de Conciencia de la Abadía de la Paz (Peace Abbey Courage of Conscience Award),

por «ayudar a lograr un mejor entendimiento entre los pueblos de los Estados Unidos de América (USA) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y como resultado, reducir la tensión entre las superpotencias que estaban a punto de participar en una guerra nuclear».

(El listado de las personas que han recibido este premio puede verse en este enlace: https://www.peaceabbey.org/list-of-recipients/).

La escritora estadounidense Elliott Holt escribió la novela You Are One of Them en 2013 que utiliza la historia de Samantha como inspiración para un personaje de ficción, Jennifer Jones.

En el trigésimo aniversario de la muerte de Samantha, 2015, el Museo Estatal de Maine abrió una nueva exposición de materiales relacionados con Smith, incluidas fotografías de su tiempo en el campamento de Artek, ropa tradicional rusa que le dieron y un número de la revista Soviet Life con su foto en la portada y su cita: «Ahora estoy segura de que los rusos, como los estadounidenses, no quieren la guerra». 

En la Universidad de Maine, un dormitorio estilo apartamento lleva su nombre.

Las escuelas primarias en Sammamish, Washington, y Jamaica, Queens, en la ciudad de Nueva York, llevan el nombre de Samantha.

URSS:

Mientras que Samantha ha sido casi olvidada en su tierra natal, en Rusia su legado aún perdura. Su trágica muerte impulsó su fama a nuevas esferas.

El fallecimiento de la Embajadora de Buena Voluntad de 13 años se convirtió en una pérdida personal para toda la nación soviética. A finales de la década de 1980, cada niño que creció en la Unión Soviética sabía su nombre y de su encantadora sonrisa.

De hecho, hasta el día de hoy, Samantha Smith sigue siendo un nombre que es ampliamente reconocido por los rusos comunes y corrientes nacidos durante el período soviético y que no han abandonado la política.

Los soviéticos emitieron un sello postal conmemorativo con la imagen de Samantha en diciembre de 1985.

En 1986, el escultor moscovita Vladimir Aksyónov hizo un retrato bajorrelieve de Samanta.  Su personalidad también se vinculó inextricablemente con el famoso campamento de pioneros Artek.

El 4 de julio de 1986, las autoridades inauguraron el «Callejón Samantha Smith» y develaron una estatua de la niña. Todos los niños que visitaban el campamento presentaban sus respetos a la joven heroína estadounidense.

El monumento no se ve sobre el pedestal porque fue robado por ladrones de metal en 2003 después de la disolución de la Unión Soviética en 1991.

En 1986 en Leningrado se creó un grupo de espectáculos infantiles «Samantha». Una de las canciones del grupo está dedicada a Samantha Smith. Sobre ella también se escribieron otras canciones, como «La sonrisa Samantha» y «La niña Samantha escribe».

En 1986, se hizo una película documental «En tu memoria, Samantha» sobre Samantha Smith.

Parte 1.
Parte 2.

En 1987, un libro documental y de ficción «Samantha (fantasía-realidad)» fue publicado en Moscú, escrito por el escritor Yuri Yakovlev. Samantha Smith es una de las cuatro muchachas famosas, cuyas historias se dedican al trabajo de Y. Yakovlev «Pasión para cuatro muchachas. Misterio».  

En 1988, el propio escritor trajo a Moscú un busto de Samantha que le ofrecieron varias organizaciones públicas de la ciudad de Boston. El escritor transfirió el busto al Comité para la Protección de la Paz.

En 1989, el Comité de la Paz estableció la Medalla de las Cuatro Niñas (la colegiala en el bloqueo nazi a Leningrado, Tatiana Sávicheva; la niña judía víctima del nazismo, Ana Frank; la menor que moría de leucemia por la bomba de Hiroshima, Sadako Sasaki; y la embajadora de buena voluntad, Samantha Smith), otorgada a luchadores por la felicidad de los niños y autoras de las mejores obras de arte, bajo el lema «¡Paz a los niños del mundo!».

La medalla se hizo de acuerdo con el dibujo del artista Gennady Pravotorov.La primera ganadora de la medalla fue la estadounidense Patricia Montandon, la fundadora de la organización «Los niños como pacificadores». La medalla se le entregó solemnemente en Moscú el 25 de enero de 1990 en el Salón de columnas de la Casa de las Uniones.

El poema de Yulia Drunina «Estrellita» está dedicado a Samantha.

En 1989, se fundó en Moscú el Centro Samanta Smith para la Diplomacia Infantil. En la época soviética, el Centro promovió la diplomacia ciudadana. El 19 de agosto de 1991, después del colapso de la URSS, bajo los auspicios del Centro se estableció la escuela Samantha para niños de 6 a 16 años, que abrió sus puertas el 1 de octubre de 1991, y cuya misión era organizar la educación de los niños en el extranjero y prepararlos para su admisión en instituciones educativas extranjeras.

En el distrito de Bibirevo, Moscú, en la intersección de las calles Pleshcheev y Leskov en la década de 1990, se erigió un pequeño monumento a Samantha Smith.

Era una estatua de bronce de cuerpo entero de una niña con una rama de olivo en las manos. Según vecinos de la zona, la estatua se erigió tras la muerte de una niña atropellada en esa intersección. En 2003, tras actos de vandalismo, fue robada por personas desconocidas.

Un busto de bronce de Samantha fue colocado en el centro para la diplomacia de los niños en Moscú. 

Un diamante que pesaba 32.7 quilates, encontrado en Yakutia, cerca de la ciudad de Mirny, fue nombrado en honor a Samantha.

Lo mismo se hizo con una variedad de dalias, tulipanes y tomates, así como una de las variedades de echinopsis —plantas de la familia de los cactus—, logrados por criadores soviéticos.   

Una variedad de hilo también fue nombrada en honor a Samantha y a la embajadora soviética de la paz Katya Lycheva.

Lo mismo se hizo con un pico de la cordillera del Cáucaso en la frontera entre Georgia y Osetia.

Un asteroide que orbita el sol entre Marte y Júpiter, descubierto por el astrónomo soviético Lyudmila Chernykh en el observatorio de astrofísica de Crimea el 16 de diciembre de 1976, fue nombrado 3147 Samantha.

En la aldea de Armak y en la villa de Shanai, Buriatia, así como en la aldea de Gobiki y la ciudad de Uniecha de la región de Bryansk, se han nombrado calles por Samantha.

El torneo de balompié en Dagestán, que fue celebrado por varios años, llevó el nombre de Samantha.

Federación Rusa:

Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, la amplia cobertura de los medios de comunicación rusos de todos los eventos relacionados con Samantha Smith se detuvo.

Ya sabemos que hasta el monumento que se le construyó en Moscú fue robado por ladrones de metal en 2003.

Sin embargo, algunas entrevistas con su madre, Jane Smith, se publicaron en periódicos rusos a principios de la década de 2000 y muchas personas en Rusia todavía la recuerdan con cariño.

Jane Smith en un programa televisivo ruso en 2009.

Jane Smith también regresó al campamento de Artek a participar en una celebración que recordó a Samantha.

El campamento Artek dedicó su nueva sesión de la temporada 2017 a Samantha. Jane Smith le escribió un breve correo electrónico a un corresponsal de TASS en Nueva York:

«Es muy conmovedor y verdaderamente un honor que Artek todavía recuerde a Samantha, y de una manera tan concreta», enfatizó Jane. «Es tan importante que todos continuemos trabajando arduamente para contruir un mundo más seguro para las generaciones futuras».

En 2003, el jubilado Valentin Vaulin, construyó un monumento a ella sin ningún apoyo del gobierno. En el «Callejón del abedul», junto a su parcela de jardín, situado en el pueblo de Kuzikha, distrito de Khokholsky de la región de Vorónezh, instaló un pequeño monumento de metal a Samantha Smith en el aniversario de su muerte.

Es su retrato a bajorrelieve en círculo (autor-escultor Anatoly Frolov), bajo el cual hay una placa de metal con la inscripción «Samantha Reed Smith. 29.06.72 — 25.08.85. Joven Embajadora de Buena Voluntad». Bajo la placa está las imágenes de los hemisferios occidental y oriental del globo.

Un barco de placer nombrado «Samantha Smith» operaba en Yalta llevando pasajeros a Gurzuf en 2013. Desafortunadamente, se incendió en el 2015.

Durante su visita al campamento de Artek en 2017, reabierto rápidamente tras la anexión de Crimea por parte de Rusia, el presidente Vladímir Putin participó en la ceremonia de apertura de una sección del campamento dedicada a la vida de Samantha Smith.

A los 35 años de la muerte de Samantha, todavía los medios de Rusia la recordaban.

Dinamarca:

En 1985, el compositor danés Per Nørgård escribió el concierto para viola, Remembering Child, en memoria de Samantha.

Un análisis del fenómeno Samantha viene en próxima entrega. ¿Y qué pasó con Jane Smith? También se sabrá más adelante.

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