¡BEBER o NO BEBER!: Esa es la cuestión. Opiniones de un nutricionista sobre los beneficios del vino rojo.

El vino, en general, y el rojo en particular siempre ha tenido, mayormente, defensores que le atribuyen beneficios para la salud, sin hablar de lo contento que puede ponerte tras pasarse de copas.

En este artículo del Good Housekeeping Institute, hablan de esos beneficios:

  1. Puede proteger el corazón:

Se asevera que disminuye el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular.

Por otro lado, la American Heart Association señala que no se ha establecido un vínculo de causa y efecto en esta práctica y que, probablemente, se deba al seguimiento de un hábito dietético.

Por ejemplo, si se toma vino todas las noches, pues entonces el efecto estaría más vinculado al seguimiento de la dieta mediterránea.

2. Puede combatir la inflamación:

Este vino es abundante en polifenoles —sustancias químicas encontradas en ciertas plantas—, el Resveratrol sobre todo, que puede hallarse en la uva, el chocolate, cacahuetes, y ciertas bayas.

Los estudios han arrojado que los compuestos fenólicos tienen propiedades antioxidantes y antinflamatorias. Además, indican que reduce la resistencia a la insulina y reduce el estrés oxidativo.

El estrés oxidativo es causado por un desequilibrio entre la producción de especies reactivas del oxígeno y la capacidad de un sistema biológico de decodificar rápidamente los reactivos intermedios o reparar el daño resultante. La importancia de su regulación en el ser humano, radica en que el estrés oxidativo participa en los mecanismos etiopatogénicos primarios o en sus consecuencias en más de cien enfermedades de gran importancia clínica y social, como la aterosclerosis, la enfermedad de Parkinsonencefalopatía miálgicasensibilidad química múltipleperiodontitisvaricocele y la enfermedad de Alzheimer y también puede ser importante en el envejecimiento

3. Puede mejorar la mente:

La presencia de flavanoles —otro grupo de compuestos bioactivos propios de ciertas plantas—, puede proteger las células del cuerpo involucradas en desarrollar vasos sanguíneos saludables, un factor fisiológico clave en la mejora del flujo sanguíneo al cerebro y la prevención de placas de ateroma.

Los estudios en animales han revelado que el Resveratrol puede combatir la degeneración de la memoria relacionada al envejecimiento.

4. Puede incentivar la longevidad:

¡Por el simple hecho de beber! Los estudios poblacionales han establecido una relación entre la ingesta controlada de alcohol y la longevidad (no se los dice un alcohólico, que conste).

Las investigaciones también concluyen que se pueden afianzar los efectos del Resveratrol con una dieta balanceada como la Mediterránea.

5. Puede mejorar el estado de ánimo:

¡Y hablando de beber!

Ciertos estudios han vinculado la ingesta moderada de alcohol con la mejoría del estado de ánimo.

Un estudio en el 2014 demostró que las personas que habían ingerido un vaso de vino en un ambiente no placentero habían alcanzado el mismo nivel de mejoría en su ánimo, que el experimentado por abstemios en un mejor ambiente.

Para no pecar de alcohólico —supongo—, el artículo también incluye perjuicios que The American Heart Society considera que pudiera acarrear el beber demasiado vino: daño al hígado, obesidad, ciertos tipos de cáncer, embolia, cardiopatías.

El American Institute for Cancer Research ha dicho que, mientras menos vino se tome, menor es el riesgo de contraer cáncer, y aconseja abstenerse de beber si se quiere trabajar en base a no padecer de uno.

Otra cosa es que beber alcohol aumenta las calorías y, por ende, el peso.

En los Estados Unidos los estatutos federales y the American Heart Association aconsejan beber alcohol con moderación y no más de dos tragos por día para los hombres y uno para las mujeres, ofreciendo esta referencia como equivalente para un trago:

  • 12 onzas de cerveza
  • 4 onzas de vino
  • 1.5 onzas en bebidas como whiskey, bourbon, vodka, gin, tequila, etc. (menos de 50% de alcohol)
  • 1 onza para bebidas Fuertes como vodka y ron con 50% de alcohol

Como quiera, se sigue considerando al vino como la mejor opción en bebidas alcohólicas. Así que queda a nuestra elección —¿o juicio?— si bebemos o no bebemos. Siempre habrá opiniones muy diversas sobre cualquier tema.

Astrid Kirchherr: el ojo tras la cámara que primero inmortalizó a los Beatles.

El 15 de mayo de 2020, a la edad de 81 años, murió Astrid Kirchherr, de quien se dice ser la primera fotógrafa que tomó fotos profesionales de los Beatles, y que se convirtió en una amiga cercana para ellos.

Aquellas primeras fotos, tomadas en Hamburgo, Alemania, a comienzos de los sesenta, mostraba a los chicos de Liverpool en abrigos y pantalones de cuero y peinados al estilo Elvis Presley, una imagen tan diferente a la que el grupo más tarde exhibiera al vestir sus elegantes trajes Edwardian, ya siendo famosos.  

Astrid conoció a los Beatles a través de su amigo, el artista Klaus Voormann, quien los había descubierto cuando aquellos tocaban en el club Kaiserkeller de Hamburgo en 1960. Después que Voormann llevara a Astrid a oír tocar a aquellos jóvenes, ellos dos y el fotógrafo Jurgen Vollmer formaron una muy cercana amistad con los rockeros ingleses.

«Ellos confiaban en mí, y eso es lo más importante con que debe contar un fotógrafo que le toma fotos a la gente. Si ellos no te tienen confianza, olvídalo», le dijo Astrid a Daytrippin’ Magazine en una entrevista exclusiva.

George Harrison recordó una vez: «Astrid fue la que más influenció en nuestra imagen. Lo cual nos hizo ver bien».

Eso sí: ella niega rotundamente haber incitado en los Beatles el uso de ese corte de cabello que los acompañó por años. Al respecto, Astrid dijo: «Todo eso que dice la gente que yo inventé su estilo es una tontería. Muchos jóvenes alemanes llevaban ese corte. Stuart (Sutcliffe, el primer bajista de los Beatles) lo había usado por largo tiempo y los demás se lo copiaron. A lo más importante que yo contribuí fue a la amistad».

Aquí les dejo algunas de aquellas fotos con que la fotógrafa, primero que nadie, dio a conocer la imagen de los músicos que tomarían la música contemporánea por asalto.

ASTRID Y THE BEATLES

Un caballero, un clarividente, un exorcista, entre otros inolvidables personajes; un único y gran actor.

Se ha ido uno de los mejores actores del cine de todos los tiempos que no nació en Estados Unidos ni se hizo en Hollywood: Carl Adolf von Sydow. Dicho así, es probable que a nadie le suene, incluso si se dijese «Max von Sydow», excepto para los conocedores de cine. Pero si digo: ha muerto el sacerdote Lankester Merrin, quien exorcisó a la pequeña Regan de doce años en Georgetown, lo más probable es que todo el mundo exclame: ¡El exorcista! Porque, ¿quién no ha visto esa fenomenal película que es El exorcista?

Carl Adolf von Sydow nació el 10 de abril de 1929 en Lund, Suecia. Por dos años sirvió en el servicio militar sueco, donde adoptó el nombre de «Max», tomado del actor estrella de un circo de pulgas. Tras esto, estudió y entrenó en el Teatro Real de Arte Dramático (Dramaten) en Estocolmo, entre 1948 y 1951. Allí ayudó un grupo teatral, del cual fue miembro la actriz Ingrid Thulin. Su debut lo realizó en las tablas, al actuar en un pequeño papel en una obra de Goethe, Egmont, del cual él pensaba había sido un desastre, pero que recibió buenas opiniones de la crítica. Estando allí, debuta en el cine en una película de Alf Sjöberg, Bara en mor (Sólo una madre, de 1949), y Fröken Julie (La señorita Julie, de 1951). Este último año, el actor se une al Teatro Municipal Norrköping-Linköping, y en 1953 al de Hälsingborg. Por su trabajo teatral, Von Sydow recibió críticas favorables y el premio de la cultura de la Royal Foundation of Sweden, en 1951, el que se les otorgaba a jóvenes prometedores.

Al trasladarse a Malmö en 1955, conoce a quien sería su mentorIngmar Bergman, junto al cual haría varios trabajos. El primero de todos el que realizaría en el Teatro municipal de Malmö: «La gata sobre el tejado de zinc caliente», de Tennessee Williams. Posteriormente, trabajaría en cine con Bergman en películas como Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957) —el primero que hicieran juntos—, Smultronstället (Fresas salvajes, 1957) y  Jungfrukällan (El manantial de la doncella1960), entre otros, porque fueron once. Por cierto, la escena de la película de 1957, en la que Von Sydow interpreta a Antonius Block, un trastornado caballero de las Cruzadas que regresa a una Suecia invadida por la peste, que juega ajedrez con la Muerte, está considerada ser un momento icónico en el cine. Entre 1957 y 1962, las películas actuadas por Max von Sydow fueron propuestas por Suecia para optar por el premio de la Academia en la categoría de Best Foreign Language Film. Junto a él y Bergman trabajaron Gunnar Björnstrand, Ingrid Thulin, Bibi Andersson y Gunnel Lindblom. La colaboración con Bergman tuvo tales matices, que el director sueco le puso a trabajar en varias películas junto a Liv Johanne Ullmann, la actriz noruega de quien se dice ser una de las «musas» de Bergman.

Con Bergman no vuelve a trabajar sino hasta 1991, cuando lo hace en The Best Intentions (Las mejores intenciones), bajo la dirección de Bille August y guion de Bergman. De nuevo, en 1996, en Private Confessions, ahora dirigido por Liv Ullmann y guion de Bergman.

Max von Sydow rechazó varias proposiciones para trabajar en Hollywood desde que se le aproximaran por primera vez en el Festival de Cine de Cannes en 1959, porque «estaba contento en Suecia y no tenía intenciones de iniciar una carrera internacional». Así, declinó el papel protagónico en Dr. No de 1962, y del Capitán von Trapp en The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas o La novicia rebelde) de 1965. Finalmente, aceptó el rol de Cristo en la épica The Greatest Story Ever Told (La historia más grande jamás contada) de George Stevens en 1965, la cual le abrió las puertas a un público más amplio, pero no tuvo éxito. Sin embargo, Hollywood lo encasilló en villanos, como el aristócrata neonazi en The Quiller Memorandum (El memorando de Quiller, 1966), el coronel ruso de The Kremlin Letter (La carta del Kremlin, 1970), el asesino meticuloso y elegante de Three Days of the Condor (Los tres días del Cóndor, 1975), el Emperador Ming «el Implacable» en Flash Gordon (1980), y el antagonista de James Bond, Ernst Stavro Blofeld de Never Say Never Again (Nunca digas nunca jamás, 1983). Nada raro en Hollywood, cuyos héroes son norteamericanos y los actores extranjeros, si los quieren en una película, tienen que ser «los malos» (con muy pocas excepciones).

En 1973, como ya había mencionado, Max von Sydow actúa en su película más taquillera, The Exorcist de William Friedkin, lo cual le valió la segunda nominación para los premios Golden Globe, y luego en la secuela Exorcist II: The Heretic de 1977. Y de ahí parte una lista de filmes de renombre en la cinematografía hollywoodense en los que él tomó parte (además de los mencionados con anterioridad):

En televisión, el actor sueco tomó parte en:

En su haber tiene haber sido miembro del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 1985. En su carrera artística recibió diez nominaciones y seis premios, entre los que se cuentan:

  • La primera nominación a un Globo de oro vino por Hawaii, de 1966, dirigida por George Roy Hill.
  • El premio a Mejor Actor por el Australian Film Institute debido a su actuación en Father, en 1990.
  • La nominación a Mejor Actor en la emisión 61 del Academy Awards en 1987 por su actuación en la película Pelle the Conqueror, de Bille August, considerada una de las mejores de su carrera. La película, por cierto, fue la ganadora en Best Foreign Language Film (Mejor película extranjera), en representación oficial de Dinamarca.
  • El premio Guldbagge —de la industria cinematográfica sueca— en 1988, en las categorías de Mejor Director y Mejor Película, por Katinka, la única que dirigió.
  • Su primera nominación al premio Primetime Emmy Award en 1989 por la película para la televisión Red King, White Knight de Geoff Murphy.
  • La segunda nominación al Primetime Emmy Award por su papel de Three-eyed Raven en la serie «Juego de tronos».  
  • La segunda nominación a premio de la Academia por su papel en Robin Hood.
  • Haber recibido honores por su carrera durante el Turner Classic Movie Festival en Hollywood, con la presentación de dos de sus filmes clásicos: Three Days of the Condor y The Seventh Seal .

Llegó a actuar, incluso, en la película española «Intacto», de Juan Carlos Fresnadillo. Sus dos últimas actuaciones tuvieron lugar en 2017, en el filme Kursk de Thomas Vinterberg, y en Echoes of the Past  de Nicholas Dimitropoulos.

El humor en los tiempos del COVID(-19): Un poco de luz en las sombras.

Charles Chaplin, «el genial cómico de todos los tiempos» —como le calificaran en Cuba—, en el artículo que escribiera para The New York Times el 27 de octubre de 1940 «Mr. Chaplin Answers His Critics”; The Comedian Defends His Ending of “The Great Dictator”» (Mr. Chaplin les responde a sus críticos; el comediante defiende el final de «El gran dictador»), escribió: «La risa es el tónico, el alivio, el cese del dolor». Lo hizo en respuesta a lo que escribió otro periodista en idéntico periódico, a propósito de la película mencionada: «quedó magnífica».

Se ha desatado una verdadera ola de humor en las redes sociales contra la pandemia que nos azota, lo cual no es nuevo, pues burlarse de las penurias, lo que nos molesta, lo que rechazamos, y hasta lo que deseamos, pero no obtenemos, es una de esas estrategias utilizadas por el hombre desde tiempos inmemoriales para paliar la frustración y ayudarse a deglutir la derrota, la rabia, la adversidad o la impotencia.

¿Alguien sabe cómo o dónde comenzó todo esto?

Una las primeras manifestaciones de este «movimiento» apareció en unos tuits en las redes sociales angloparlantes. Como se publicó en la revista Rolling Stone online, la historia sucedió así:

Poco antes de la medianoche del miércoles 11 de marzo, Brittany Barkholtz, una terapeuta en la ciudad de St. Paul, Minnesota, tenía dificultades para dormir. A la hora que se fue a la cama, Donald Trump ya había hecho el intento de tranquilizar a la nación con una aparición en horario estelarTom Hanks y Rita Wilson habían anunciado que dieron positivo en un examen por coronavirusHarvey Weinstein había sido sentenciado a veintitrés años de prisión por descaradito, y la NBA había suspendido los juegos por el resto de la temporada tras descubrirse que un jugador del Utah Jazz también había dado positivo al examen del COVID-19.

Todavía presa del insomnio, Barkholtz se metió en las redes sociales y encontró este tuit: «Hoy fue un día tipo We Didn’t Start the Fire (Nosotros no iniciamos el fuego)». El autor del mensaje era el escritor para televisión Matt Warburton, cuyos créditos incluyen The Simpsons y The Mindy Project.

Barkholtz, quien enseña piano y es una seguidora de Billy Joel, le dio forma a esta idea y, en media hora, tuiteó en su cuenta una nueva versión del éxito de Joel de 1989:

Schools close, Tom Hanks, trouble in the big banks/No vaccine, quarantine, no more toilet paper seen/ Travel ban, Weinstein, panic COVID-19, NBA, gone away, what else do I have to say?

(Las escuelas cerradas, Tom Hanks, problemas en los grandes bancos/No hay vacunas, sí cuarentena, y el papel higiénico no se encuentra/Prohibición de viajar, Weinstein, pánico por el COVID-19, la NBA cancelada; ¿qué más puedo decir?)

(Por supuesto, para que esas frases tengan sentido al comparárseles a la canción de Billy Joel es necesario, primero, recordar cómo va el ritmo de la letanía de eventos históricos cantados y, segundo, hacerlo en inglés).

La terapista declaró luego: «Nací en 1990, y esa canción recoge los sucesos hasta el final de los 80. Pero, me dije “necesitamos una segunda parte porque toda mi vida ha transcurrido después de esa canción».

Aunque Barkholtz se haya inspirado en el tuit de Warburton, ella no fue la única en hacerlo. Otros parecen haber visto otro post, ahora del veterano humorista de televisión Mike Royce, que escribió: «Billy Joel debería hacer una nueva versión de We Didn’t Start the Fire que recoja los eventos de los últimos diez minutos».

Lo que sea que haya sido, escritores profesionales, amateurs, y fanáticos de la música inundaron las redes sociales con sus propias versiones de la canción.

Para Barkholtz, por ejemplo, fue una sorpresa que su tuit se pasara 68,000 veces en los próximos dos días, en parte gracias a tuits que colgaron George Takei y Patton Oswalt.

Recordemos, entonces, el trabajo del artista que dio pie a esa ola de humor. We Didn’t Start the Fire apareció en el álbum de Billy Joel de 1989 Storm Front. Es un rápido conteo de sucesos que fueron titulares entre 1949 —el año en que nació Billy Joel— y 1989, cuando salió el disco. La idea se la dio al cantante una conversación que sostuvo con un amigo veinteañero de Sean Lennon, quien se quejaba de lo terrible que era esa época para sus cortos 21 años.

Joel le apoyó, al decir: «Sí, me acuerdo cuando tenía 21 años. Pensaba que pasábamos por duros momentos con lo de la guerra de Vietnam, los problemas con las drogas, y la lucha por los derechos civiles». El amigo de Sean replicó a esto: «Sí, sí, pero usted era un niño en los cincuenta, y todo el mundo sabe que en aquella época no pasó nada». A lo que Joel ripostó con: «Un momento. ¿Ustedes no han escuchado nunca nada sobre la Guerra de Corea o la crisis del Canal de Suez?».

Ante la pregunta del biógrafo Fred Schruers, «¿Qué significa la canción? ¿Una apología por los baby boomers?», Billy Joel respondió: «No, no lo es. Es tan solo una canción que explica que el mundo es un desastre. Que siempre ha sido un desastre, y que siempre será un desastre».

Y no diré más sobre la canción, pues eso puede ser tema para otro trabajito.

En cuanto a mí, me vino a la mente un «chiste» que decíamos en la Lenin:

  • ¡Ay, así no se puede vivir!
  • ¡Ay, así no se puede!
  • ¡Ay, así no sé!
  • ¡Ay, así no!
  • ¡Ay, así!
  • ¡Ayyyyyyyy!

Comparto la opinión de Billy Joel, pero me voy a entregar al optimismo de Charles Chaplin, quien también es uno de esos artistas que venero y respeto como de lo mejor que ha pasado por la humanidad:

«Nada es permanente en este malvado mundo, ni siquiera nuestros problemas» (dicho en una escena de Monsieur Verdoux).

«Tenemos que reírnos en la cara de nuestra indefensión ante las fuerzas de la naturaleza, o volvernos locos» (en su My Autobiography (Mi autobiografía), en la concepción de The Gold Rush (La quimera del oro)).

«En realidad, todo está oscuro»: con motivo de la salida de The Dark Side of the Moon, una obra maestra de Pink Floyd.

Al decir de la revista Rolling Stone (RS), «existen álbumes de música, y existe The Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la luna), la superlativa, adictiva sinfonía, y uno de los trabajos conceptuales más grandes de todos los tiempos», creación de Pink Floyd, la banda británica de rock psicodélico que se formó en Londres en 1965, por estudiantes, y que se convirtió en grupo líder en el estilo de rock progresivo. Este disco, el octavo trabajo del grupo, el cual se lanzó el 1o de marzo de 1973 por la Harvest Records, estuvo 937 semanas en la lista del Billboard 200. Fue grabado en los Abbey Road Studios de Londres en varias sesiones entre mayo de 1972 y enero de 1973, por el ingeniero de sonido de la casa productora, Alan Parsons, y el veterano productor Chris Thomas. El LD (larga duración) fue promovido con los sencillos Money y Us and Them

Concepción del disco

La portada, que representa la descomposición de la luz al pasar por un prisma —donde falta el azul oscuro—, fue creada por el diseñador gráfico británico George Hardie, con ayuda de Storm Thorgerson y Aubrey Powell de Hipgnosis —un grupo de diseño artístico londinense que se especializaba en las cubiertas de los discos de bandas y artistas del rock—, según la idea del tecladista Richard Wright de un diseño «simple y atrevido» que representara la luz de la banda y los temas grabados. David Gilmour le dijo a RS en una entrevista en 2003 que «cuando Storm nos mostró todas las ideas, con aquella —del prisma— no hubo ninguna duda. Esa era. Era una cubierta brillante». No obstante, una de las ideas originales a utilizar fue la del Silver Surfer de Marvel Comics.

El disco fue concebido acorde a las experimentaciones ya hechas por Pink Floyd en conciertos en vivo, mas carece de los largos instrumentales que, al decir de David Fricke, se habían convertido en la característica de esta banda de rock tras la salida de Syd Barrett en 1968. De hecho, las canciones en el concierto fueron tocadas en el mismo orden en el que aparecieron un año después en el producto final.  La premier se hizo bajo el nombre provisional de Dark Side of the Moon: A Piece for Assorted Lunatics en el Brighton Dome el 20 de enero de 1972, y a pesar de que tuvieron que acortarlo por lo que Roger Waters calificó de «un severo horror mecánico y eléctrico», la banda continuó tocando el ciclo entero de canciones en los conciertos sucesivos, así puliendo las canciones y las transiciones entre ellas.

Wright dijo sobre este disco: «Creo que cada álbum (anterior) fue un paso hacia Dark Side of the Moon. Estábamos todo el tiempo aprendiendo sobre las técnicas de grabación y nuestras letras estaban mejorando». En verdad, al final de los 70, después de este disco, se estableció un estándar de trabajo en estudio y de innovación musical.  Las canciones del disco salieron antes que el mismo, en conciertos en vivo hechos por la banda, según el concepto presentado por Waters para su gira de 1971, lo cual contradice en parte la idea de Gilmour de cómo escuchar este disco: en un cuarto cerrado, semioscuro, con toda tranquilidad y los audífonos puestos. Las canciones quedaron —para el disco— casi idénticas a las interpretadas en vivo, excepto por la sustitución de The Travel Sequence —idea original— por On the Run, debido a la preferencia que sintieron Waters y Gilmour por utilizar su nuevo sintetizador EMS Synthi AKS.

La canción se inspiró en el miedo de Wright a volar. «Habían infinitas, interesantes posibilidades con ese pequeño artefacto. Nosotros siempre nos consideramos ser un poquito electrónicos. Siempre tuve obsesión con encontrar sonidos que pudieran llevar algo a la tercera dimensión», le dijo Gilmour a RS.

Sus temas, que representan las reflexiones muy personales de Roger Waters acerca de la locura de la vida diaria expresadas con precisión melódica, tienen significación genuina. Hay temas sobre la riqueza (Money), los conflictos armados (Us and Them), la locura (Brain Damage), las existencias desperdiciadas (Time), y la muerte (The Great Gig in the Sky). Según las palabras de Waters a RS en 2011: «Dark Side fue el primer disco (de Pink Floyd) genuinamente temático y sobre algo». Billy Corgan, de Smashing Pumpinks, declaró una vez: «Puedes proyectar una grabación conceptual en Sgt. Pepper —de The Beatles—o en Pet Sounds —de Beach Boys— que no esté, en realidad, allí. Dark Side es un disco conceptual. Tiene una narración: principio, mitad, y final. Va hacia un lugar y tiene sentido. No hay ni una onza de desperdicio en esa cosa. No se puede crear ese tipo de perfección; es una cuestión de sincronismo». Artistas como Radiohead y Flaming Lips, que han sido profundamente influenciados por este álbum, atestiguan que su música y sus letras se mantienen aún hermosas hoy en día.

El disco tiene mayor semejanza con la cara B del Abbey Road de The Beatles que con cualquier otra cosa hecha por Pink Floyd con anterioridad. Waters dijo: «Honestamente, pensábamos que The Beatles eran demasiado buenos para competir contra ellos. Sgt. Pepper fue otro álbum sin fallos; quizás ese estándar tan alto haya sido motivo de aliento». La banda grabó todas las diez canciones en la misma cinta maestra de dieciséis pistas, lo cual era muy inusual en aquella época. Alan Parsons, quien ganó reputación con el álbum antes de tener éxito con su Alan Parsons Project, recordaba: «La manera en que una canción fluía hacia la siguiente fue una parte muy importante dentro de la concepción general».

The Dark Side of the Moon fue el primer álbum de este grupo en el que Roger Waters escribió todas las canciones, al que seguirían otros posteriores. Además de apegarse a un concepto coherente, Waters deseaba presentar en Dark Side canciones más lúcidas y directas que las escritas con anterioridad por la banda. Al respecto, él le dijo a Mark Blake para su Comfortably Numb – The Inside Story of Pink Floyd: «Esa fue siempre mi gran pelea dentro de Pink Floyd: intentar arrastrarlos, pateando y gritando desde los límites del espacio, lejos del encaprichamiento en el que Syd estaba —Barrett, el líder original de la banda, había escrito la mayoría del material para Piper(at the Gates of Dawn)—, hacia mis propias preocupaciones, que eran más políticas y filosóficas».

En lugar del nombre con el cual terminó, este LD estuvo a punto de llamarse Eclipse. La banda tenía la intención de ponerle el título que finalmente se le dio en referencia no al satélite terrestre, sino a la locura. Sin embargo, decidieron cambiar a Eclipse toda vez que el grupo británico Medicine Head sacó un álbum con ese mismo título en 1972. Gilmour le dijo a la revista Sounds: «No estábamos molestos con Medicine Head, sino por el hecho que ya se nos había ocurrido el nombre antes que ellos sacaran el disco». La oportunidad para Pink Floyd de retornar a la idea original se la dio el fracaso comercial del disco de Medicine Head, el cual terminó en el olvido.

Y a propósito de «eclipse», Dark Side carecía de final hasta que Waters llegó un día con la canción Eclipse, una corta, pero muy poderosa letanía. Gilmour recordaba: «Trabajamos duro para estructurarla y añadirle armonías que se unieran a medida que la canción avanzara. Porque no hay nada allí: ni coros, ni medios ocho —un tipo de puente en teoría musical—; solamente una lista y ya. Así que, cada cuatro líneas, hacíamos algo diferente».  

La canción Money, el primer éxito de Pink Floyd que entró al Top 20 en los Estados Unidos, y en el número 13 en la lista del Billboard Hot 100 en julio de 1973, estuvo influenciada por Booker T and the MGs, aun siendo la más rockera del disco. Incluye un potentísimo solo de saxofón ejecutado por Dick Parry, y una combinación de sonidos de cajas registradoras y monedas. A pesar de que la canción enmascara las raíces del Rhythm & Blues de Memphis de Booker T and the MGs, Gilmour opinaba que ellas estaban allí. «Era un gran aficionado de Booker T. Tenía el álbum Green Onions cuando era adolescente. En la banda anterior en la que estuve, pasábamos de Beatles y Beach Boys a Stax y los ritmos de soul. En el escenario tocábamos Green Onions», recordaba Gilmour.  

La canción Money, el primer éxito de Pink Floyd que entró al Top 20 en los Estados Unidos, y en el número 13 en la lista del Billboard Hot 100 en julio de 1973

Para enlazar las canciones en la producción, a Roger Waters se le ocurrió grabar las entrevistas que le hicieron a miembros de la casa Abbey Road, del equipo de apoyo, y cualquier otra persona trabajando en el estudio, acorde a preguntas impresas en tarjetas que oscilaban entre la banalidad —como decir la comida o los colores favoritos— hasta cuestiones profundas relacionadas con la locura y la muerte. Algunas de esas respuestas fueron a dar a las pistas finales del álbum. Paul McCartney, quien estaba terminando con Wings el disco Red Rose Speedway en Abbey Road, también fue entrevistado, pero sus respuestas no pasaron el corte pues, a decir de Waters, «fue la única persona que consideró necesario que debía “actuar” al contestar, algo totalmente innecesario, por supuesto. Él intentó ser gracioso, lo cual no era lo que nosotros buscábamos». No obstante, algo de parte tomó, al fin y al cabo, en el disco: si se escucha con atención hacia el final de Eclipse, la pista que cierra, se puede notar un pasaje de una versión orquestal de Ticket to Ride de Beatles. Al parecer, la canción estaba sonando en el estudio mientras se grababan las respuestas del portero de la casa productora Gerry O’Driscoll, el mismo, por cierto, cuyas palabras suenan en lo que el disco concluye con el mismo latido de corazón con que comienza.  

La canción Us and Them, el segundo sencillo que salió de Dark Side —Money fue el primero—, un éxito menor en EUA y Canadá, vio la luz en 1969 a manera de un adorable instrumental de piano bajo el título The Violent Sequence, el cual fue escrito por Wright y Waters para incluirlo en la banda sonora de la película de Michelangelo Antonioni Zabriskie Point. Incluso cuando el director italiano incluyó tres grabaciones de Pink Floyd —Heart Beat, Pig Meat; Crumbling Land; y Come in Number 51, Your Time Is Up—, rechazó The Violent Sequence por inapropiada para el filme. En una entrevista dada para Classic Albums: The Making of Dark Side of the Moon, Waters recordaba que Antonioni había dicho: «Es hermoso, pero muy triste. ¡Me hace recordar a una iglesia!» Más de dos años después, la banda volvió a trabajar en el demo de la canción y la convirtió en una meditación acerca de la guerra y la pobreza.

Un éxito rotundo y hasta influencia

Este álbum fue el primero de Pink Floyd en entrar a la lista de los US Top 40, pues los anteriores trabajos del grupo habían logrado muy pobre recibimiento en los Estados Unidos; antes que Dark Side, el único éxito de la banda en ese país había sido Obscured by Clouds, de la banda sonora del filme francés La Vallée, que llegó al número 46 en el Billboard 200 del verano de 1972. Waters le dijo a RS en 2003: «(Dark Side) Ascendió en las listas de Estados Unidos muy rápidamente. Nosotros andábamos de gira por la Unión cuando eso estaba sucediendo. Como era obvio, se iba a convertir en un gran disco, sobre todo después que las emisoras de radio en AM y FM adoptaron Money».

Se convirtió, asimismo, en el disco más vendido de la banda, con ventas superiores a las 45 millones de copias, y el que le agenció al grupo una masividad de seguidores no antes lograda, que ahora lo conocían por el exitazo, pero no por la sensibilidad que había llevado a tal creación, algo para lo cual los miembros de Pink Floyd no estaban preparados, y puede verse en estas declaraciones de David Gilmour hechas a Fricke en 1982: «Estábamos acostumbrados a una audiencia que permitía oír hasta la caída de un alfiler. Intentábamos estar bien callados, sobre todo al comienzo de (la canción) Echoes o cualquier otra con tonos tintineantes para crear una buena atmósfera, y allí estaban todos aquellos muchachos gritando: Money!».

El éxito del álbum influyó, parcialmente, en la existencia de la brillante y absurda comedia cinematográfica Monty Python and the Holy Grail. Los miembros de Pink Floyd eran tan fanáticos de la serie televisiva Monty Python’s Flying Circus, que Alan Parsons aprovechaba las interrupciones que hacía la banda para ver el show de la BBC2 para dedicarse a experimentar con las diferentes mezclas y efectos de sonido en el estudio. Así que, Pink Floyd —entre otras ricas celebridades de la música rock, como Elton John y Led Zeppelin— contribuyó a financiar la película en el momento que estos cómicos británicos estaban en serias dificultades con la recaudación de dinero para el filme.

Este álbum recibió una sola nominación al Grammy, y fue por la producción. Por tanto, la única persona laureada por este monumental trabajo musical fue Alan Parsons, el productor, quien —hay que reconocerlo— hizo una labor titánica en la era que se usaban cintas y se producía con «corta y pega». Parsons fue responsable por las mezclas cuadrafónicas e hizo otras contribuciones en los sonidos, como el famoso preámbulo de Time, en el cual se escucha sonar a muchos relojes distintos. La grabación la hizo el mismo Alan en una relojería local para demostrarle al grupo la conveniencia de usar las citadas mezclas.

La voz mágica detrás de The Great Gig in the Sky

Un aparte merece, en mi opinión, The Big Gig in the Sky —sobre la vida y el inevitable descenso a la muerte—, debido a la electrizante contribución de Clare Torry en la vocalización. El concepto de esta canción comenzó con unos acordes que tocaba Wright, y David o Roger decidió incluirlos en las pistas de grabación. La banda tenía la idea de un instrumental con la vocalización de una mujer, por lo que Alan propuso se utilizara la voz de Clare Torry, una cantante británica.

Cuando ella llegó al estudio, nadie —entiéndase Clare y Pink Floyd— tenía idea de qué debía hacerse, así que, después de escuchar la grabación de fondo, Torry comenzó a improvisar una serie de «Oh, baby, baby, oh, yeah, yeah», pero, como se mencionó anteriormente, el grupo no quería incluir palabras. David Gilmour, entonces, se acercó a Torry para darle algunas instrucciones sobre lo que debía hacerse con la voz. Finalmente, la cantante pensó «que debía emplearla como un instrumento más». Así fue que, antes de comenzar, le pidió a Alan que arrancara a grabar enseguida, pues «la primera toma es la más espontánea», y se hicieron solamente dos, tras lo cual Clare se fue del estudio sin saber qué pensaban los miembros de Pink Floyd sobre su canto, pues no le dieron ninguna opinión. Tiempo después, y por casualidad, Torry escuchó su voz proveniente de un disco que alguien escuchaba en su barrio. Al averiguar, leyó su nombre como la voz de la arriba mencionada canción en el álbum de Pink Floyd The Dark Side of the Moon; la banda había quedado impresionada con el trabajo vocal de Torry y lo había incluido en el producto final. Esta anécdota la hizo la cantante inglesa en una entrevista. En 2004, Torry demandó al grupo y a la compañía de grabación por no recibir regalías como coautora de la canción, la cual ganó. A partir de entonces, los discos vendidos llevan su nombre como coautora de The Big Gig in the Sky. En 1990, Torry fue invitada a cantar en un concierto en vivo de Pink Floyd.

The Great Gig in the Sky: Una maravilla de la vocalización.

El lado oscuro de «el lado oscuro»

Magnífico y todo, la concepción y grabación del álbum tuvo su «lado oscuro» también. Una de las cosas fue lo que le hicieron a Clare Torry. Otra, es que los miembros, sobre todo después de la ruptura, reclaman haber tenido diferente nivel de participación en el trabajo como, por ejemplo, quién había aportado más en el concepto del disco durante aquella reunión en casa de Nick Mason. Roger Waters recordaba haber llegado allí con la idea de escribir una serie de canciones interconectadas sobre la vida bajo presión que ellos, como músicos, conocían, mientras Mason opinaba que la idea había sido desarrollada en colectivo.

Gilmour dijo sobre las letras: «Nunca me he calificado muy alto en el departamento de composición (de letras), y Roger quería hacerlo, lo cual fue un alivio. Sin embargo, incluso cuando él era el compositor y la fuerza pujante, no quería decir que estuviese totalmente a cargo de la dirección musical. Así que siempre hubo un poco de tensión en ese tipo de áreas». Aunque la responsabilidad de las letras se aceptó dársela a Waters, esto plantó la manzana de la discordia que llevó a este a dejar el grupo tiempo después.

Ser el vocalista principal y la guitarra prima en la banda, le dio primacía a Gilmour en el disco, a pesar de que su participación en componer letras fue pobre. Waters, por tanto, se limitó a cantar en las últimas dos canciones. Él dijo sobre esto: «Recuerdo que me pinchaban para hacerme sentir mal. David y Rick —Richard Wright— se esforzaban por señalarme que no sabía cantar o no tenía oído para las melodías, y se ponían con esa chorrada de que Rick tenía que afinarme el bajo».

Según RS, The Dark Side of the Moon, que sació la urgencia de Pink Floyd de salir bajo la sombra de su líder Syd Barrett —quien tuvo que ser internado por demencia—, tiene todo lo que pudiera desearse de una obra de rock progresivo: grandes melodías, experimentos y mezcla de sonidos con rasgadas sinapsis de sintetizadores, musicalidad intrincada, sonido de estudio que es una obra de arte, y letras en un estilo John LennonThom Yorke como (estrofas de Brain Damage):

The lunatic is on the grass El loco está (sentado) en el césped

Remembering games and daisy Recordando los juegos, y las cadenetas

chains and laughs de margaritas, y las risas

Got to keep the loonies on the path Hay que mantener a los locos en su curso

The Dark Side of the Moon fue una terrorífica representación de enfermedad mental, los excesos del capitalismo y una humillante evaluación del sistema clasista británico. Como obra, «un álbum que fluye cual si fuese una sola canción».

Y el que siempre he dicho ser uno de los mejores discos de la historia de la música…, y el que más me gusta de Pink Floyd, una de mis bandas preferidas.

(A la derecha: Un afiche en conmemoración al 30 aniversario del lanzamiento del álbum).

A %d blogueros les gusta esto: