25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (IV).

«Algunas personas tienen la impresión equivocada sobre los soviéticos. Ellos quieren la paz como yo».

De regreso a casa.

La vuelta de los Smith a los E.E.U.U. fue el 22 de julio de 1983. En el camino hicieron paradas en Terranova, Montreal, y Boston, en cada una de las cuales fueron recibidos por equipos de cámaras y periodistas.

En Boston, dijo que lo primero que tenía planeado era llamar por teléfono a su mejor amiga al llegar a casa y luego «mostrarles a mis amigos todos mis regalos; tengo cientos de ellos».

Arriba, algunos de los regalos recibidos por Samantha: las zapatillas firmadas por la ballerina Alla Sizova de Leningrado (izquierda); un traje tradicional ruso de sarafán de seda y un kokoshnik (derecha).

En una escala en Montreal, dijo estar convencida de que el pueblo soviético «no quiere dañar al mundo, al igual que nosotros». Cuando se le preguntó si le gustaría vivir en Rusia, elogió a sus anfitriones, pero declaró que «preferiría vivir en mi propio país».

De vuelta en Maine, recibió una bienvenida de heroína con alfombra roja, rosas y un viaje en limusina a su casa. Al día siguiente, participó en un desfile local, donde se le entregó una llave simbólica de la ciudad, y el gobernador de Maine, Joseph Brennan, pronunció un discurso.

«Estoy feliz de llegar a casa, a las cosas normales», confesó Samantha mientras le entregaban un ramo de rosas especiales y una docena de globos que decía: «Bienvenida a casa, Samantha».

Unas 350 personas la recibieron en el Aeropuerto Estatal de Augusta. La vitorearon cuando ella se bajó del avión, y la niña se veía cansada y un poco confundida con la apabullante multitud.

La prensa local se hizo eco de la llegada de Samantha con este artículo.

Después de un rápido saludo de los funcionarios de la ciudad natal, Samantha y sus padres fueron puestos en un Rolls-Royce y conducidos a su casa en Manchester para una fiesta privada. A lo largo de la ruta vio muchas pancartas de bienvenida.

Samantha se encontró con una sala llena de cartas de personas que leyeron sobre su viaje. La mayoría de ellas la elogiaban por haberlo hecho, según su abuela, Theresa Smith. Pero unos pocos fueron críticos y la llamaron peón propagandístico del gobierno soviético.

«Creo que hay quien se queja hasta de recibir un buen pedazo de pastel», declaró la señora Smith. «Es su prerrogativa si tienen cosas malas en su historia que no les permiten aceptar un esfuerzo por hacer amigos. El noventa y nueve por ciento de las cartas la instaron a irse».

Su padre, Arthur Smith, dijo sobre la visita, en la que los rusos la trataron como una celebridad: «De vez en cuando se veía cansada, pero ella es bastante corajuda y se recuperaba enseguida».

Cuando se le preguntó si volvería a hacer el viaje, Samantha asintió ligeramente con la cabeza y dijo «sí» en voz baja.

La fama más allá de la visita.

Antes de su viaje a la Unión Soviética, los medios en los Estados Unidos enseguida se desbordaron con la noticia de la carta de respuesta de Andrópov a Samantha publicada en el periódico Pravda. Uno de los más famosos presentadores de noticias en ese momento, Ted Koppel, le hizo esta pequeña entrevista a la niña en el programa Nightlinede la ABC el 25 de abril de 1983, al decir de Koppel: «el día que Samantha recibiera la carta de Andrópov»:

La explicación de esta entrevista la puedes encontrar en el punto 5 de este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/3854

Cuando regresó de la Unión Soviética, la fama de Samantha no hizo más que crecer: Samantha se convirtió rápidamente en una celebridad infantil en los Estados Unidos.

Se le otorgaron apariciones en televisión en las tres principales cadenas. Samantha estuvo en el Tonight Show con Johnny Carson el 28 de julio de 1983,

y en The Today Show and The Phil Donahue Show al año siguiente del viaje.

ALTAMENTE RECOMENDABLE leer la historia que cuenta Ariela Julie Gross en la entrevista con Phil Donahue, estando Samantha como invitada también. Es la otra cara de la moneda, de lo que el gobierno no habló. Lo pueden hacer en el punto 7 de este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/3854.

A Samantha le llegaron cartas de todo el país. Alrededor de seis mil llegaron en los dos años siguientes a su viaje, de niños de todo el mundo y niños soviéticos en particular. Muchas cartas también fueron de maestros estadounidenses que le pidieron que compartiera su experiencia en sus clases.

Cartas de personas inspiradas en la misión de buena voluntad de Samantha Smith también comenzaron a llegar a la Casa Blanca. Por ejemplo, Nancy L. Johnson, una congresista republicana, envió una carta de uno de sus electores durante el viaje de Samantha, preguntando si el presidente Reagan invitaría a una chica rusa a los Estados Unidos.

El autor de la carta concluía: «Samantha podría ser el comienzo de algo tremendo. Qué trágico si perdiéramos el hilo de lo que podría convertirse en un puente».

En la televisión del estado de Maine salieron al aire reportajes más extensos sobre la visita de Samantha a la Unión Soviética, tales como: To Russia With Love un especial de 60 minutos producido por Barbara Quill de la WGAN/CBS de Portland, Maine, que se transmitió el 27 de julio de 1983,

y Samantha and the Soviets, otro especial de 60 minutos producido por John Dougherty de la WCSH/NBC de Portland, Maine, transmitido el 25 de julio de 1983.

Su popularidad en la Unión Soviética se mantuvo también. Recibió una carta de Valentina Tereshkóva, la primera mujer cosmonauta, con quien se reunió en Moscú. Tereshkóva le escribió:

«El pueblo soviético continúa luchando por la paz. Hoy, cuando la amenaza de una catástrofe nuclear ha aumentado aún más, se requieren los esfuerzos de todas las personas de buena voluntad para defender la vida en la tierra». Asimismo, reiteró la afirmación de Andrópov de que el pueblo y el gobierno soviéticos querían la paz.

En diciembre de 1983, la «embajadora más joven de Estados Unidos» fue invitada a Japón con su madre en una gira de diez días, donde se reunió con el primer ministro Yasuhiro Nakasone, asistió al Simposio Internacional de Niños para el Siglo 21 en Kobe y apareció en televisión.

El «Ángel de la Paz», como la llamó la prensa japonesa, promovió el fomento de amistades internacionales a través de la línea divisoria mediante un «intercambio internacional de nietas».

En su discurso en el simposio, sugirió que los líderes soviéticos y estadounidenses intercambiaran nietas durante dos semanas cada año, argumentando que un presidente «no querría enviar una bomba a un país que su nieta estuviese visitando».

El texto de este discurso lo puedes leer en el punto 6 de este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/3854. Recomendable por lo interesante y fresco.

Mientras que esta propuesta bastante poco realista reveló su corta edad y encontró poca atención, Samantha permaneció en los ojos de los medios de comunicación.

En 1984 se convirtió en una activista política cuando Disney Channel la contrató como «corresponsal especial», para un programa titulado Samantha Smith Goes to Washington – Campaign ‘84 («Samantha se va a Washington – campaña del ’84») a fin de cubrir la próxima campaña electoral.

Al respecto, Samantha y su padre estuvieron en Nueva York en el programa Good Morning, America de ABC. En la entrevista, Samantha informó que quería discutir con los candidatos temas como los derechos de los niños, los derechos de las mujeres, el abuso infantil, la Enmienda de Igualdad de Derechos, la seguridad social y Medicaid. Y, en especial, si estaban de acuerdo con su opinión de que la edad para permitirles a los jóvenes beber debería elevarse a 21 años.

Seis candidatos a las primarias presidenciales del Partido Demócrata ya habían aceptado la invitación de Disney para ser entrevistados por Samantha, ya fuese en Washington o en New Hampshire durante la campaña primaria: George McGovern, Jesse Jackson, Ernest Hollings, Reubin Askew, Gary Hart, y Alan Cranston. Walter Mondale y John Glenn se habían negado, pero Samantha no se amilanó por eso y dijo: «Voy a tratar de que cambien de opinión».

Arriba, de izquierda a derecha, los 4 primeros nombres en la lista. Debajo, el resto en igual orden.

Samantha reveló una de las preguntas que pretendía hacerle a cada candidato: «Si los extraterrestres bajaran a la Tierra y nos dijeran que nos iban a destruir sin importar lo que hiciéramos, probablemente todos nos reuniríamos como naciones para defendernos. ¿Por qué no podemos unirnos ahora y defendernos de una guerra nuclear?». Al preguntársele si creía que alguno de los candidatos tendría una respuesta, Samantha contestó con una sonrisa que «No. Pero podría darles algo en qué pensar».

Ese mismo año, fue estrella invitada en Charles in Charge en el papel de Kim, junto a otra estrella invitada famosa, Julianne McNamara. Aunque el papel fue pequeño, esto le valió obtener un papel importante en una serie de televisión de ABC.

Esa serie se tituló Lime Street.

Eso ocurriría en febrero de 1985, cuando Samantha viajó a Hollywood para actuar como coprotagonista en el papel de la hija mayor de Robert Wagner, quien era la estrella. Al parecer Samantha comenzó a perseguir otros horizontes no relacionados con la política y la prensa siguió con entusiasmo su viaje «de Rusia a Hollywood».


Robert Wagner, la estrella de la serie, interpreta a James Greyson Culver, un granjero de Ganado equino de Virginia, quien también investiga casos de fraude a los seguros para una compañía británica de ese tipo. Samantha Smith interpreta a Elizabeth, la hija mayor de Greyson, y Maia Brewton es la pequeña Margaret Ann, hermana de Elizabeth.

También en 1985 Samantha publicó su libro «Viaje a la Unión Soviética» en el que recordaba aquellos eventos. El libro, que escribió con su padre, es todo joven, todo idealista, todo genuino, como un cuento de Tom Sawyer. Ella describe cuando probó por primera vez «pollo Kíev» y cómo se le mostró la manera de cortarlo para que la mantequilla derretida dentro «no te arrojara chorros en el ojo. Después de eso, lo pedí siempre que estuviese en el menú».

Regresando al rechazo provocado en la derecha estadounidense la publicación de las fotos de Samantha en el uniforme de pionero de Artek, la niña simplemente escribió que su líder pionera, Olga Volkova, y las chicas soviéticas la vistieron con un uniforme de Pionero de Artek la primera mañana, pero solo usó una bufanda de visitante porque no era un miembro regular.

Olga Volkova, sin embargo, enfatizó en una entrevista que fue Samantha quien pidió el uniforme completo y la bufanda, pero le dijeron que no podía tener esta última. De hecho, Olga destacó que tuvo que pasar por todo tipo de problemas para conseguir un uniforme para ella.

Una tercera versión que apareció en los medios estadounidenses en un artículo publicado tras la muerte de Samantha decía que fue Jane Smith quien aconsejó a su hija que se negara a llevar la bufanda, algo que su madre llamó «un símbolo de devoción al Partido Comunista».

Su viaje inspiró otros intercambios de niños embajadores de buena voluntad, como la visita de la niña soviética de once años Katya Lychiova a los Estados Unidos en 1986, quien llegó a encontrarse con Reagan.

En 1987, un grupo de adolescentes soviéticos hizo un viaje de buena voluntad a Estados Unidos para promover la paz mundial en el espíritu de Samantha. «Los niños son los mejores embajadores de la paz», dijo la líder del grupo Zinaida Dragunkina, una de las cuatro acompañantes soviéticas de la visita patrocinada por la Fundación Samantha Smith, una organización sin fines de lucro.

Tatyana Nikitina, de 16 años, quien conoció a Samantha en el Artek, recordó que «cantábamos y bailábamos muchas juntas», y que Samantha fue memorable por «su apertura, su franqueza y su naturalidad. Lo más importante es que Samantha les dio a los niños del mundo la esperanza de que todos podamos reunirnos y comunicarnos. Esperamos que nuestra visita también contribuya a la causa de la paz y el entendimiento mutuo».

La fama de Samantha resultó en que se convirtiera en blanco del acosador Robert John Bardo, el hombre que más tarde pasaría a acechar y finalmente asesinar a la actriz de My Sister Sam,Rebecca Schaeffer. Bardo viajó a Maine en un intento de encontrarse con Samantha, pero fue detenido por la policía y regresó a casa.

Los que no se montaron en el Tren de la Paz.

Peace Train («El tren de la paz») es una canción deCat Stevens de 1971, que aparece en su álbum Teaser and the Firecat, la cual ascendió al puesto No. 7 en la lista de Billboard Hot 100 durante la semana del 6 de noviembre del mismo año.

El viaje de Samantha causó mucha controversia política en su tierra natal y no fue bien recibido por los defensores de la «paz a través de la fuerza» que habían entrado en la Casa Blanca en enero de 1981. Los padres de Samantha, así como las autoridades soviéticas, tenían un interés compartido en evitar alimentar una narrativa antisoviética que sugería que la joven estaba siendo explotada con fines políticos.

La Casa Blanca rechazó la idea de Nancy L. Johnson, enfatizando la naturaleza propagandística del viaje de los Smith. «Antes de que se pueda considerar iniciar intercambios de pueblo a pueblo muy publicitados con los soviéticos, debemos tener pruebas de que la Unión Soviética está intentando cumplir sus promesas de Helsinki, tal y como se aplican a todos los ciudadanos soviéticos, y no solo a los casos excepcionales por los que obtienen beneficios propagandísticos».

En noviembre de 1983, el propio Ronald Reagan expresó esta opinión en una respuesta a una carta que había planteado la historia excepcional de Samantha Smith:

«Creo que la mayoría de la gente lo vio simplemente como una estratagema propagandística. Por supuesto, no cabe duda de que las personas que están detrás de “la cortina de hierro” quieren la paz. Y nadie quiere una guerra nuclear. Pero la gente de esos países no tiene voz ni voto en lo que hace el gobierno. La Unión Soviética es un imperio hostil y depredador. Sigue tratando de expandirse mediante el uso directo de sus propias tropas como en Afganistán, o indirectamente a través de marionetas como Fidel Castro».

La Casa Blanca hizo todo lo posible para evitar comentar en público sobre el viaje de Samantha mientras desafiaban con la fuerte retórica del «imperio del mal». La destrucción del avión de pasajeros coreano KAL007 por los soviéticos el 1 de septiembre de 1983, matando a 269 personas, había aumentado las tensiones entre las superpotencias pocas semanas después del regreso de Samantha.

El incidente reafirmó la dura postura de Reagan contra la Unión Soviética. De hecho, muchos periodistas se acercaron a los Smith preguntando por la reacción de Samantha a la masacre, a lo que su padre declaró: «Todos estábamos muy molestos, y no entendíamos cómo podía suceder eso (preguntar por la reacción). Mucha gente no se da cuenta de que una niña de 11 años no se sienta a hablar de política».

El artículo Children Diplomacy During the Late Cold War: Samantha Smith’s Visit of the ‘Evil Empire’ («La diplomacia infantil durante la etapa final de la Guerra Fría: La visita de Samantha Smith al “imperio del mal:») de Matthias Neumann, publicado el 21 de marzo de 2019, basado en un amplio estudio de este suceso y del cual estos escritos míos se nutrieron bastante, demostró que el viaje de Samantha Smith fue un momento crucial en un proceso más amplio porque proporcionó un desafío público al fuerte discurso político de la administración Reagan, que promovió el conflicto.

No fue sorprendente, por tanto, que la continua cobertura mediática de su participación en asuntos políticos también recibiera comentarios críticos. En un artículo titulado Out of the Mouths of Babes: The Making of Samantha Smith («Salido de las bocas de niños: La creación de Samantha Smith»), Susan Stobaugh atacó la cobertura de su viaje a la Unión Soviética y el posterior ascenso a la fama: «¿La historia de Smith es una parábola de la vida estadounidense moderna? ¿Cuál es su gran talento, después de todo, engrandecer la publicidad?»

Haciendo referencia a la noción de Andy Warhol de los «quince minutos de fama» de todos, la autora declaró:

(Andy en la foto)

«Esta niña es atractiva, y tal vez incluso inteligente. Pero ella sigue siendo una niña. Hay algo mal con los adultos que piensan que cualquier niño tiene una contribución que hacer a cuestiones complejas de relaciones exteriores. Y también hay algo malo en la explotación mutua que ha estado sucediendo».

Mientras que tales críticas duras de los medios eran relativamente infrecuentes, el artículo de Stobaugh destacó el cambio de la imagen de Samantha en el público estadounidense. Su carta a Andrópov y su viaje a la Unión Soviética en el verano de 1983 siguió siendo un punto de referencia en toda la cobertura de los medios, pero Samantha estaba siendo vista cada vez más como una celebridad de la televisión infantil estadounidense. 

La escritora, profesora e historiadora Lena Nelson, quien en 2018 trabajaba en un libro sobre Samantha, creció en la Unión Soviética y recuerda vívidamente a la joven que visitó su país. Nelson escribió: «Para mi generación de niños soviéticos que crecían a principios de la década de 1980, la palabra “estadounidense” significaba solo una cosa: un enemigo, similar al de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Ver a Samantha y sus padres en mi televisor ese verano y darme cuenta de que se veían y actuaban “como nosotros” fue una experiencia reveladora. Era difícil pensar en los estadounidenses como enemigos».

Pero con la intensa cobertura llegaron preguntas sobre si Samantha había sido utilizada como peón por ambos gobiernos para distraer de los problemas reales. Los reporteros de United Press International señalaron que los Smith habían llevado consigo en su viaje cientos de cartas de emigrantes rusos que vivían en los Estados Unidos con la esperanza de adquirir visas de salida para sus familiares, pero no se entregó ninguna.

Una carta a Andrópov de una niña soviética llamada Irina Tarnopolsky llegó a la prensa estadounidense, describiendo cómo la familia judía de la niña esperaba emigrar a Israel, pero su padre había sido arrestado por agitación antisoviética. A diferencia de Samantha, Irina nunca recibió una respuesta y su padre fue enviado a un campo de trabajo siberiano. Más tarde, sin embargo, se descubrió que Irina firmó la carta, pero no la escribió y, finalmente, la familia Tarnopolsky pudo salir de la URSS.

Nelson argumenta que al hablar por sí misma como una chica estadounidense regular, Samantha tuvo un impacto que reemplazó la desconfianza general de las intenciones de los gobiernos. «Si bien es posible que el objetivo de los soviéticos fuera usarla para proyectar una imagen de una nación amante de la paz, el viaje de Samantha y sus padres también colocó a los estadounidenses en una luz favorable, lo que hizo más difícil para los soviéticos continuar con sus representaciones de los estadounidenses como belicistas malvados», dijo Nelson.

Una reflexión similar la presentó Tinatin Japaridze del Instituto Harriman en la Universidad de Columbia al escribir que, a primera vista, la misión de Samantha, motivada por la buena voluntad juvenil y el idealismo, era parte de la propaganda pro-soviética meticulosamente escrita y llevada a cabo por los funcionarios del Kremlin como una forma de otorgar al país socialista un «rostro humano».

Sin embargo, también había otra cara de la misma moneda: «Samantha Smith» como un proyecto cultural concebido y orquestado con el esfuerzo y la participación del gobierno de los Estados Unidos, específicamente la Casa Blanca y/o el Departamento de Estado como un medio para difundir el poder blando estadounidense en todo el bloque comunista.

¿Fue este proyecto cultural un intento de las partes soviética o estadounidense, o tal vez de ambas partes, de participar en el diálogo político a través de la diplomacia ciudadana? Los documentos primarios de los «Archivos Ronald Reagan» sugieren que la Casa Blanca y el entusiasmo de la administración presidencial frente al proyecto de diplomacia ciudadana de Smith palideció junto al afán de la parte soviética de involucrar a la «Paloma de la Paz» estadounidense en un esfuerzo por construir un puente de comunicación a través de medios diplomáticos.

A través de memorandos y cartas recientemente desclasificados, está claro que la Oficina del presidente de los Estados Unidos y el presidente Reagan temían que los temas en los que los Estados Unidos y la URSS no estaban de acuerdo fueran demasiado complejos para ser objeto de resolución con «algunos golpes diplomáticos audaces».

La falta de suficientes documentos primarios que verifiquen si el proyecto «Samantha Smith» fue concebido por cualquiera de los dos estados rivales puede explicarse por dos posibles teorías.

Por un lado, parece que el proyecto fue mutuamente beneficioso para ambos países que estaban a punto de participar en una guerra nuclear sin precedentes. Por lo tanto, para evitar la confrontación directa sin compromiso político, recurrieron a la Diplomacia de la Vía II, es decir, la práctica de «contactos y actividades no gubernamentales, informales y no oficiales entre ciudadanos privados o grupos de individuos, a veces llamados “actores no estatales”».

Por otro lado, el hecho mismo de que las circunstancias que rodearon el proyecto «Samantha Smith» y su fallecimiento sigan siendo ambiguas en el mejor de los casos puede explicar por qué, hasta el día de hoy, muy pocos de los documentos primarios han sido completamente desclasificados en ambos lados. Este factor puede, a su vez, reforzar la teoría de que la misión de Samantha Smith fue por igual beneficiosa para los líderes estadounidenses y soviéticos, y demostrar que su muerte prematura sirvió como un impedimento temporal para un mayor desarrollo de las relaciones diplomáticas ciudadanas.

El primero también puede arrojar luz sobre la repentina decisión de designar a otra embajadora juvenil, Katya Lycheva, para reemplazar a Samantha Smith, manteniendo así un puente de comunicación entre los dos adversarios.

De cualquier manera, en los meses posteriores a la gira de Samantha las relaciones soviéticas y estadounidenses continuaron deteriorándose. El mundo estuvo a punto de caer en una guerra nuclear durante un ejercicio de entrenamiento en noviembre por parte de la OTAN y las fuerzas estadounidenses llamado Able Archer.

Marc Ambinder, profesor de periodismo en la Universidad del Sur de California y autor del libro The Brink: President Reagan and the Nuclear War Scare of 1983 (»Al borde: el presidente Reagan y el miedo de la guerra nuclear de 1983»), dijo: «Los líderes de las superpotencias no se habían reunido en años y el diálogo se había roto en una serie de vías. No creo que (el viaje de Samantha) haya tenido mucho efecto, pero sí refleja la corriente cruzada de los estadounidenses que generalmente son escépticos de una acumulación nuclear».

En muchos aspectos, Samantha había sido reclamada con éxito como la atípica novia estadounidense que jugaba softbol. Regresando de filmar el cuarto episodio de Lime Street, su vida llegó a un trágico final.

Esa historia llegará con la quinta entrega.

25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (III).

«Los chicos a menudo me preguntaban sobre Estados Unidos, especialmente cómo nos vestíamos y qué tipo de música nos gustaba. Todo el mundo quería saber cómo vivía yo, y a veces por las noches hablábamos de guerra y paz, pero parecía superfluo, porque todo el mundo trataba bien a Estados Unidos y, por supuesto, no quería ninguna guerra».

Samantha Smith

Llegada a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Con la llegada a los medios de difusión de la carta escrita a Samantha y el consentimiento de los padres de ella a viajar a la Unión Soviética, la familia Smith se inundó de cartas de estadounidenses, la mayoría de los cuales apoyaban la decisión de Samantha.

Muchos, sin embargo, criticaron duramente su próxima visita, alegando que era simplemente una estratagema de propaganda de los comunistas. Una muestra inequívoca de quienes ven la paja en el ojo ajeno. Fíjense en la estrella que dibujó en la tarjeta.

La traducción del mensaje lo puedes leer en el punto 1 de este enlace: https://elabrevaderojm.com/2021/08/22/textos-informativos-relacionados-con-25-de-agosto-de-1985-a-36-anos-de-su-muerte-mi-homenaje-a-la-memoria-de-samantha-smith-iii/

Hasta cierto punto, tenían razón: Andrópov vio con claridad la visita de Smith como una oportunidad para tratar de disipar algunas impresiones negativas del país. Por otro lado, Andrópov también tenía claro que quería tener relaciones más estrechas con Occidente, y su invitación a la pequeña era una forma de indicar este deseo.

En medio de una retórica hostil, donde Reagan llamó «imperio del mal» a la Unión Soviética y Andrópov comparó a Reagan con Hitler, el 7 de julio de 1983, Samantha voló tras «la cortina de hierro», a Moscú, con sus padres y un séquito de prensa que rivalizaba con la de cualquier celebridad, y así se metió en la espesura de la política de la Guerra Fría.

Los Smith aterrizaron en el aeropuerto de Sheremétyevo el 8 de julio de 1983 en un vuelo de Aeroflot desde Montreal. En el aeropuerto los recibieron sus dos guías para el viaje, Gennady Fedosov y Natasha Semenikhina —luego Batova—, una gran multitud de periodistas emocionados de todo el mundo, deseosos de capturar el momento de la llegada de la joven embajadora de buena voluntad, y representantes de varias organizaciones soviéticas.

Se organizó una breve conferencia de prensa antes de que fueran trasladados con urgencia al famoso Hotel Soviétskaya, una clara indicación de su tratamiento como «persona muy importante», y la antesala a lo que prometía convertirse en una historia de cuento de hadas seguida con entusiasmo por más de treinta periodistas acreditados de la nación anfitriona, el bloque del este, y occidentales de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la República Federal Alemana.

Cada uno de los días del viaje comenzó con una conferencia de prensa.

Tras «la cortina de hierro».

Los medios la siguieron a cada paso: las fotografías y artículos sobre ella fueron publicados por los principales periódicos y revistas soviéticas a lo largo de su viaje y después de él. Samantha se hizo muy conocida por los ciudadanos soviéticos y fue bien considerada por muchos de ellos.

En los Estados Unidos, el evento atrajo sospechas y algunos lo consideraron como un «truco de relaciones públicas al estilo estadounidense». Todo ladrón juzga por su condición.

En el transcurso de dos semanas, Samantha visitó Leningrado, Moscú y el campamento de pioneros de Artek en una gira cuidadosamente organizada. Sin embargo, también encontró tiempo para hablar con grupos de ciudadanos soviéticos que no hicieron ningún intento de ocultar algunos de los problemas que enfrentaba su nación, en particular la escasez de alimentos.

Después de visitar Artek, Samantha lo hizo a Leningrado, donde estuvo en los lugares clave de la Revolución Rusa y el Cementerio Memorial Piskaryóvskoye, dedicado a las víctimas del asedio de 900 días de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, colocó una corona de flores en una fosa común y leyó el diario de Tatiana Sávicheva.

 

Samantha vio una actuación en el Teatro de Ópera y Ballet Kírov, visitó el palacio Peterhof, el Museo del Hermitage y el Palacio de pioneros de Leningrado, donde los chicos organizaron una noche de cuentos de hadas rusos.

Samantha escribiría en su libro, posteriormente, que en Leningrado ella y sus padres se asombraron por la amabilidad de la gente y por los regalos que muchas personas les hicieron.

Samantha visitó Moscú dos veces, al principio de su viaje y al final.

En Moscú la familia visitó el Mausoleo de Lenin y el apartamento en el que este vivió. Samantha dijo que Vladimir Ilích Lenin para los soviéticos era como George Washington para los estadounidenses.

La familia también estuvo en el Kremlin, colocó flores en el lugar de entierro de Yuri Gagarin,

y en la Tumba del Soldado Desconocido, visitó la sala de reuniones del Soviet Supremo de la URSS, la Exposición de Logros de la Economía Nacional (VDNJ, que en ruso se pronuncia vedenjá), y un Palacio de pioneros.

La familia Smith, asimismo, visitó la Casa de la Amistad de los Pueblos Extranjeros de Moscú.

Otras visitas fueron al Circo de Moscú, el Museo del Juguete y el Centro Olímpico de Krylatskoye, donde vio la formación de gimnastas soviéticas y montó en la pista de bicicletas.

Samantha se reunió con la primera mujer cosmonauta Valentina Tereshkóva. Además, visitó al embajador estadounidense en la URSS, Arthur Hartman.

Desafortunadamente, los Smith no pudieron disfrutar de ninguna presentación en el famoso Teatro Bolshói de Moscú porque estaba cerrado por reparaciones.

Hablando en una conferencia de prensa en Moscú, declaró que «los rusos eran como nosotros».

Para conocer de lo que Samantha habló con estos periodistas en Moscú, busca las notas aquí en el punto 2: https://elabrevaderojm.com/2021/08/22/textos-informativos-relacionados-con-25-de-agosto-de-1985-a-36-anos-de-su-muerte-mi-homenaje-a-la-memoria-de-samantha-smith-iii/

Andrópov nunca se reunió con Samantha bajo el pretexto de estar muy ocupado, aunque hablaron por teléfono. Más tarde se descubrió que Andrópov se había enfermado gravemente y se había retirado del ojo público durante este tiempo.

No obstante, el mandatario le envió una tarjeta de visita y muchos regalos, deseándole paz y salud. A Samantha le gustaron, en especial, dos álbumes de fotos sobre su viaje. En respuesta, la niña le dio a Andrópov un libro con discursos de Mark Twain.

El campamento de pioneros de Artek.

La parte central del viaje, la verdadera experiencia sobresaliente en la cobertura de los medios de comunicación en los bloques oriental y occidental, fue su viaje al famoso campamento de pioneros Artek, en la ciudad de Gurzuf en la península de Crimea.

En la guerra de propaganda entre Oriente y Occidente, Artek se convirtió en un escenario principal para la Unión Soviética para proyectar la imagen de los niños como activistas por la paz.

En esencia, se suponía que el campamento internacional cambiaría las percepciones de la Unión Soviética entre los visitantes del extranjero, para exponerlos a la educación soviética, aunque sólo fuera con brevedad, a fin de asegurar que las actividades y excursiones dieran una impresión positiva sobre el nivel de vida soviético que los invitados se llevarían a casa, y para presentar a la Unión Soviética como una nación multiétnica amante de la paz.

Samantha Smith no fue la primera niña estadounidense en visitar Artek. Delegaciones de niños estadounidenses asistieron al período de sesiones internacional desde finales del decenio de 1960. Sin embargo, sus visitas habían pasado inadvertidas en los medios de comunicación occidentales.

El Campamento pionero de Artek era un lugar verdaderamente mágico. Marchando hacia el campamento, Tracey Broadhead, una joven negra de Oakland, recordaba: «Me sentía como entrando en la fábrica de chocolate de Willy Wonka…, caminando en este mundo lleno de color y vitalidad, uniformes, y esas hermosas flores, árboles, y un océano con olas rompiendo en la orilla. Estaba muy feliz».

Artek era un lugar con su propia regla y estructuras. Sin embargo, la visita de una joven de América, invitada personal del secretario general, acompañada por un enorme séquito mediático internacional rompía toda norma. Samantha llegó al campamento en julio de 1983 varias semanas antes de la sesión internacional anual.

El campamento estaba lleno de niños de toda la Unión Soviética que habían discutido la correspondencia de Samantha con Andrópov durante la discusión política regular. Había una verdadera emoción en el campamento acerca de su visita. La mayoría de los niños nunca habían conocido a un estadounidense.

Cuando Samantha llegó al aeropuerto internacional de Simferópol fue recibida por un grupo de pioneros emocionados, que se unieron a ella en el viaje en autobús a Artek.

En Artek, la gerencia se estaba preparando para la recepción de Samantha: completaron el comedor, prepararon la mejor habitación. Ya en el campamento, miles de pioneros con sus uniformes se habían reunido para una ceremonia sosteniendo pancartas de bienvenida en inglés. Los pioneros corearon su nombre.

La niña fue recibida con una orquesta, flores y la canción «Que siempre brille el sol».

Si abres este enlace, podrás leer el mensaje de esta canción en español en el punto 4: https://elabrevaderojm.com/2021/08/22/textos-informativos-relacionados-con-25-de-agosto-de-1985-a-36-anos-de-su-muerte-mi-homenaje-a-la-memoria-de-samantha-smith-iii/

Samantha fue obsequiada con una barra de pan y un tazón de sal, una antigua tradición rusa para dar la bienvenida a los invitados de honor. La comitiva mediática, cuyo autobús había llegado tarde desde el aeropuerto, captó con entusiasmo esos momentos.

Se le ofreció elegir dónde quería vivir: con sus padres en el hotel o con las niñas en el campamento y ella, sin pensarlo, escogió quedarse con las niñas soviéticas. Sus padres accedieron a ello con la condición de que no fuera seguida a cada paso por los periodistas, sino solo en ocasiones especiales.

Para facilitar la comunicación, los maestros y los niños que hablaban inglés con fluidez fueron elegidos para permanecer en el edificio donde estaba alojada. Smith compartió un dormitorio con otras nueve chicas, entre las cuales estaba Natasha Kashirina, una niña de trece años de Leningrado.

El director del campamento asignó a Olga Volkova, una joven consejera de Artek, para convertirse en la líder pionera personal de Samantha y Natasha durante la duración de la estancia de la visitante.

La consejera y las niñas le pusieron a Samantha un uniforme de pionera y le ataron una corbata blanca y azul. A Samantha le gustó mucho el uniforme y se lo llevó consigo.

Samantha pasó una semana en este campamento de arte y recreación en Artek, haciendo lo que los niños hacían: reír, nadar, comer, bailar, reírse después de apagar las luces; Samantha aprendió canciones y bailes rusos. Según ella dijo en una conferencia de prensa antes de irse a casa, lo que más disfrutó fue nadar en el mar.

«No tuve problemas para hacer amigos. Desde mi cama podía mirar directamente a la playa rocosa y oler el mar Negro salado. No es realmente negro o diferente del Océano Atlántico».

En su recorrido por Artek, Samantha vio el rincón de los animales, un museo y una exposición espacial. La niña se interesó en especial por la sección de la exposición dedicada al vuelo espacial conjunto Soyuz-Apollo.

En el campamento, Samantha observó la rutina diaria habitual. Como todos los niños soviéticos hizo ejercicios, fue a la playa, y asistió a la excursión a Alupka, y también al mar para enviar mensajes tradicionales en botellas.

Durante su estancia en Artek, se rodó una película documental para el sexagésimo aniversario del campamento. Todavía hay tomas de Samantha cantando en inglés la canción «Que siempre brille el sol».

La estancia en Artek de Samantha captó la atención de la audiencia soviética y estadounidense por igual, causando reacciones muy diferentes. En la esfera soviética, la llamada «República de los Niños» —o sea, Artek—, representaba naturalmente una encarnación de la sociedad comunista prometida y un microcosmos de un mundo mejor, más pacífico y alegre.

Incluso para muchos ciudadanos soviéticos que se habían convertido en conformistas apáticos en la década de 1980, la existencia de cientos de campamentos de verano para niños se erigió como manifestaciones visibles de la vasta inversión del estado en educación y su cuidado de las generaciones futuras.

Puedes leer lo que explica el narrador en el punto 3 de este enlace: https://elabrevaderojm.com/2021/08/22/textos-informativos-relacionados-con-25-de-agosto-de-1985-a-36-anos-de-su-muerte-mi-homenaje-a-la-memoria-de-samantha-smith-iii/

Artek, como campo de exhibición, asumió un simbolismo especial en la memoria colectiva de la infancia soviética. Y fue así que, con Artek, el público soviético comenzó a abrazar a Samantha como una de las suyas.

Por el contrario, muchos estadounidenses miraban con inquietud las imágenes de todos esos niños con uniformes de pioneros y una joven estadounidense entre ellos usando uno también. 

El Boston Globe llamó a Artek «un símbolo de la hipocresía socialista soviética», alegando que era exclusivo de los niños de la élite soviética, algo que simplemente no era el caso.

El corresponsal de la CBS que informaba sobre el viaje trató de contrarrestar las imágenes de niños felices nadando en el Mar Negro, mostrando imágenes de una película soviética que mostraba a jóvenes pioneros en entrenamiento y ejercicio paramilitar.

¿Serían estos de arriba, fotografiados in fraganti, los pioneros que estaban entrenándose? Samantha incluida…

El mensaje editorial, como comentó Gayle Warner, fue que «bajo la superficie sonriente y soleada de Artek se escondía un campo de entrenamiento comunista».

No en balde en Estados Unidos había quien pensaba que los «rusos» eran verdes con antenas en la cabeza.

Los medios de comunicación de tendencia conservadora en los Estados Unidos no pudieron ser menos impresionados. El 18 de julio, pocos días después de que Samantha hubiera dejado Artek, el U.S. News and World Report publicó un artículo atacando su viaje con el titular «Samantha Smith: Peón en guerra de propaganda».

Independientemente de las inclinaciones políticas de los periódicos, los editores recibían numerosas cartas de sus lectores destacando la evaluación divisiva del esfuerzo de Samantha. Los Angeles Times, por ejemplo, imprimió seis cartas el 25 de julio de 1983.

Tres de las cartas la caracterizaron como una tonta de propaganda soviética. Sus críticas agudas, agresivas y a veces sarcásticas planteaban el historial de derechos humanos del régimen soviético, la cuestión de la emigración judía, el encarcelamiento de disidentes en hospitales psiquiátricos y los costos humanos de la guerra en Afganistán.

Las otras tres cartas, sin embargo, menos detalladas y mucho más cortas, enfatizaban su papel en romper el discurso del conflicto. Matthew Stern de Reseda afirmó que «en medio de la retórica de la estrategia militar y la ideología política, Samantha Smith nos ha demostrado que los rusos no son menos humanos o diferentes a nosotros. A su vez, ha mostrado al país de acogida el lado humano de nuestro país».

Los soviéticos estaban muy conscientes del hecho de que el viaje sería reportado como un truco de propaganda en ciertas partes del panorama de los medios de comunicación en Estados Unidos y sería visto como tal por muchos estadounidenses.

Es interesante, en este contexto, que la prensa y algunos de los propios protagonistas soviéticos prestaran especial atención a la cuestión de cómo Samantha Smith terminó vistiendo un uniforme de pionero de Artek.

Por un lado, estas imágenes fueron en extremo valiosas para la narrativa soviética emergente de la joven estadounidense que abrazó las costumbres y la cultura del país anfitrión. Por otro lado, los soviéticos estaban interesados en evitar alimentar el discurso crítico occidental que enfatizaba la explotación de la inocente e ingenua niña de Maine para la propaganda soviética.

La narrativa en los medios estadounidenses siguió siendo discutida, con historias negativas y positivas sobre el viaje de la joven embajadora cultural que se publicaron a lo largo del verano de 1983.

Sin embargo, en la Unión Soviética, las imágenes de la chica estadounidense risueña y sonriente, divirtiéndose mucho con sus pares soviéticos en Artek proporcionaron a la prensa evidencia visual para producir una narrativa coherente de una joven estadounidense que abrazó con entusiasmo al país que la acogió y se convenció de que «los rusos, como los estadounidenses, no quieren la guerra».

Esto quizás se resumió mejor en la tradición altamente simbólica de Artek de llevar a los niños en un barco a las aguas neutrales del Mar Negro para poner a flotar una botella con mensajes de los jóvenes activistas por la paz.

Samantha, Natasha y otros pioneros soviéticos salieron juntos y lanzaron una botella al mar. Samantha escribió: «Paz para la vida»; su amiga Natasha: «No quiero la guerra, quiero estudiar y vivir en paz».

El periódico infantil, Pionerskaya Pravda, cubrió de cerca el viaje para el público joven soviético y adoptó a Samantha como una de las suyas.

Para cuando el viaje de Samantha llegó a su fin, el periódico había recibido cartas y dibujos de muchos niños dirigidos a Samantha. Se los entregaron como regalo de despedida.

Samantha se convirtió en un ícono de la amistad soviético-estadounidense para las organizaciones pioneras, la cara amiga del adversario ideológico.

Si bien una relación especial se estaba desarrollando claramente entre los niños soviéticos y la imagen de Samantha Smith como Embajadora de Buena Voluntad de la Paz, es importante señalar que ella también empatizó con el público soviético en general.

En contraste con las claras imágenes cargadas ideológicamente de Samantha entre los pioneros con el uniforme de Artek, las imágenes de esta inocente y hermosa chica estadounidense visitando un circo o teatro ruso, vistiéndose con un traje tradicional ruso de sarafán de seda y un kokoshnik, mostraron a un visitante amable abrazando abierta y entusiastamente la cultura de su anfitrión.

Esto, como era de esperar, apeló al fuertemente desarrollado sentido público de orgullo cultural, encantó a una audiencia mucho más amplia y permitió que Samantha fuera llevada a su corazón colectivo.

Al final, puede haber sido ventajoso que la reunión con Andrópov nunca se llevara a cabo debido a su mala salud, pues así su visita no fue totalmente condicionada y eclipsada por la alta política. Samantha se convirtió en una novia estadounidense-soviética, la cara buena de Estados Unidos.

En la despedida, Samantha dijo: «Extrañaré a mis amigos de otro país. Seguiremos siendo amigos en el futuro. Dejemos que nuestros países también sean amigos. Algún día espero volver aquí. ¡Te amo, Artek!».

Aquí se cierra el capítulo de la visita de Samantha Smith a la Unión Soviética, pero no se termina su historia que, aún efímera, resonó más que cualquier campana en cualquier campanario. Por tanto, sígueme a la cuarta entrega con el regreso a casa de la niña que, ajena a la lucha ideológica de los adultos, disfrutó su viaje y cumplió su objetivo personal.

Textos informativos relacionados con 25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (III).

  1. Tarjeta capciosa escrita a Jane Smith, dice:

¡Jane, Jane, Jane! ¿No sabes de los asesinatos de los soviéticos en Afganistán, Nicaragua, el sudeste asiático, etc.? ¿Por qué te conviertes en un peón de la propaganda del mundo soviético? ¿Eres «roja» (esta palabra es despectiva contra ser ciudadano soviético o de izquierda)? ¿No estás enterada de la lucha de esta nación contra el comunismo? Uno tiene que preocuparse al verte en las noticias de CNN en estos días. Por favor, piénsalo bien y con la mente clara.

2. Conferencia de prensa de Samantha y Jane Smith en Moscú en 1983:

Samantha confiesa que fue tratada muy bien y que recibió muchos regalos.

Lo que más le gustó fue haber estado en Artek: cantó, bailó; hubo buena comida; le gustó el mar verde y le agradaron los niños con quienes estuvo. Deseó pasar más tiempo allá.

Comentó que los soviéticos eran muy agradables, como los estadounidenses.

Alguien le preguntó si los soviéticos querían la guerra, y ella contestó que no (pero una voz fuera de cámara pidió que no le hicieran ese tipo de preguntas).

A la petición de un niño de actuar en una producción soviético-norteamericana de Tom Sawyer, Samantha dijo que tal vez lo haría.

Samantha deseó regresar a la URSS al año siguiente.

Jane Smith también elogió la estancia en la URSS. Consideró la visita a Artek como algo único, pero habló también de las visitas a monumentos, el Hermitage de Leningrado, y los recorridos por esa ciudad y Moscú.

Samantha mencionó los nombres de algunas de las amistades que hizo durante su visita.

Samantha no se decepcionó por no haberse encontrado con Andrópov, sino que se sintió honrada con haber recibido la visita de un representante expresamente enviado por el mandatario.

También pronunció algunas palabras en ruso —dijo que aprendió 23—, y a la pregunta de si estudiaría idioma ruso en Estados Unidos, explicó que quizás cuando estuviese en el grado apropiado en la escuela.

Samantha explicó que Andrópov se había disculpado por no poder ir a verla pues «estaba muy ocupado». Y le aclaró a un periodista que el mandatario no había enviado ningún mensaje específico a nadie en el gobierno norteamericano. Tampoco ninguna nota escrita, en especial, sino muchas tarjetas de felicitación.

En otra intervención, Jane aseguró que presentaría a los ciudadanos soviéticos ante la opinión pública estadounidense como «gente cálida y buena que querían la paz», y opinó que «nosotros deberíamos comunicarnos más como pueblos y gente común».

Jane también apoyó las palabras de su hija al referirse que no se sentía decepcionada por no haberse entrevistado con Andrópov pues algo así podía esperarse, pero que había sido suficiente con haber recibido un enviado especial del mandatario.

Ante otra pregunta, Samantha comentó que algunos estadounidenses tenían una idea errónea sobre la Unión Soviética, pero quienes habían visitado ya este país sabían que los soviéticos querían la paz y no la guerra, como ella misma. Quienes pensaban mal de los soviéticos lo hacían porque no los conocían; por eso ella se decidió a hacerlo.

Algo similar opinó Jane, quien añadió que los líderes de ambos países tenían dificultades para entenderse.

Samantha no se quejó de los reporteros, pero dijo que era difícil andar por la calle porque siempre estaban detrás de ellos. Confesó que en Montreal había tenido la peor experiencia en cuanto a esto, porque «mordió un micrófono» por la cercanía de los reporteros a su persona.

Al momento, Samantha no declaró tener ningún plan cercano para realizar a su llegada a los Estados Unidos con respecto a esta visita, aunque mencionó California como una posibilidad de hacer algo en lo adelante.

Samantha también mencionó los presentes recibidos de Andrópov.

3. Samantha en Artek: video del 11 de julio de 1983.

El narrador le da la bienvenida a Samantha al campo de pioneros de Artek. Dice que, a pesar de la campaña antisoviética en los Estados Unidos, ella decidió ver la Unión Soviética con sus propios ojos. Los pioneros del campamento, orgullosos, le mostraron a la niña el lugar, donde todo estaba concebido para que los niños se sintieran felices y gozasen de buena salud. Le mostraron la plaza donde en 1925 estuviese el primer grupo de muchachos en el área; hoy —en esa fecha— ya el lugar contaba con 4500 escolares. En el museo, Samantha pudo conocer que niños de todo el mundo habían estado en ese lugar. Los niños también contaban con un servicio postal mundial a través del cual enviaban sus cartas a diferentes partes del planeta.

4. Textos en ruso y español de la canción «Que siempre brille el sol»:

Солнечный круг,
Небо вокруг –
Это рисунок мальчишки.
Нарисовал он на листке
И подписал в уголке:

Coro:

Пусть всегда будет солнце,
Пусть всегда будет небо,
Пусть всегда будет мама,
Пусть всегда буду я.

Пусть всегда будет солнце,
Пусть всегда будет небо,
Пусть всегда будет мама,
Пусть всегда буду я.

Милый мой друг,
Добрый мой друг,
Людям так хочется мира!
И в тридцать пять
Сердце опять
Не устаёт повтрять…


(Coro)

Тише, солдат,
Слышишь, солдат,-
Люди пугаются взрывов.
Тысячи глаз
В небо глядят,
Губы упрямо твердят:

(Coro)

Против беды,
Против войны
Встанем за наших мальчишек.
Солнце – навек! Счастье – навек!-
Так повелел человек.

(Coro)

Esfera solar,
el cielo alrededor
Este es el dibujo del niño.
Lo dibujo en la hoja
y anotó en una esquina:

Que siempre haya sol,
que siempre haya cielo,
que siempre esté mama
que siempre esté yo.

Que siempre haya sol,
que siempre haya cielo,
que siempre esté mama
que siempre esté yo.

Mi querido amigo
Mi buen amigo
A la gente le apetece tanto vivir en paz.
Y teniendo 35 años
Y corazón otra vez
No se canse repetir…

(Coro)

Silencio, soldado,
escucha soldado,
la gente se asusta de las explosiones
Miles de ojos
miran al cielo,
los labios repiten obstinadamente:

(Coro)

Contra la pena
contra la guerra
levantémonos por nuestros niños
¡Sol para siempre! ¡Felicidad para siempre!
Así venció el hombre.

(Coro)

  1. 5. Aparición en el programa Nightline de ABC con Ted Koppel el 25 de abril de 1983:

Koppel presenta a Samantha como «una niña de 10 años de Manchester, Maine», quien le escribió una carta a Andrópov y recibió, finalmente, respuesta del líder soviético. Samantha se hallaba, en ese momento, en los estudios de la ciudad de Nueva York.

Samantha cuenta que, en su carta, Andrópov la compara con Becky del libro «Las aventuras de Tom Sawyer», porque tenía coraje.

El modulador le pregunta lo que se escribieron en las misivas. Samantha dice que ella solamente le preguntó por qué quería conquistar al mundo, y Andrópov respondió que no deseaba nada parecido, ni tampoco ir a una guerra.

El anfitrión comenta que otros niños también le habían escrito a los líderes del mundo, pero ella decidió escribirle a la Embajada Soviética (en Estados Unidos) tras la primera carta que no había recibido respuesta. Samantha comenta que ella había seguido con la preocupación de la guerra, y Andrópov era más importante, por lo que ella prefirió escribirle al mandatario soviético en lugar de a Reagan.

Así que le dirigió otra carta a la embajada, y así recibió la invitación a viajar a la URSS.

El entrevistador comenta que Samantha ha logrado una de las acciones más efectivas en diplomacia que hayan sucedido en los Estados Unidos, y le pregunta a la niña qué conclusión saca de esto. Samantha responde que ella solo quiere hacer el bien lograr la paz.

A la pregunta de si regresaría a la Unión Soviética tras el primer viaje, Samantha dice que «quizás».

Samantha también comenta que luego le escribiría a Reagan. El modulador bromea sobre la posibilidad remota de que Samantha reciba una respuesta del presidente estadounidense.

Al final, Samantha comenta que sus padres y vecinos estaban contentos y orgullosos de ella.

6. Discurso de Samantha Smith en el Simposio Internacional de Niños para el Siglo 21 en Kobe el 26 de diciembre de 1983:

Tengo que comenzar con una disculpa. Mi padre me ayudó con el discurso, y miren, ¡descubrí que no sabe ni una sola palabra de japonés!

Afortunadamente, he aprendido algo de su idioma. Desde que llegué aquí, he estado tratando de aprender tantas como sea posible. Así que permítanme comenzar diciendo Nihon no minasan Konnichiwa («Hola a todos en Japón»).

Hasta abril pasado, nunca había viajado fuera del este de los Estados Unidos, ¡nunca había oído hablar del sushi!

Luego, debido a que le había escrito una carta a Yuri Andrópov, me encontré en Moscú, Leningrado, y en un hermoso campamento en el Mar Negro cerca de Yalta.  Estuve en aviones que me llevaron a través de muchos países extranjeros. Después de mi viaje a Rusia, que en realidad debería llamársele Unión Soviética, regresé a la misma escuela y a los mismos maestros y a los mismos niños en Manchester, Maine. No pensé que yo hubiese cambiado en absoluto, pero, chico, ¡cómo ellos habían cambiado!  

Pero, hoy, no estamos aquí para rememorar el verano o para mirar hacia atrás en absoluto. Estamos aquí para mirar hacia adelante. Pasé las últimas semanas imaginándome a mí misma en el año 2001, y pensé en todas las cosas que me gustaría que el mundo fuera dentro de dieciocho años.

En primer lugar, no quisiera tener estas pecas, y quisiera que este diente se enderezara, y espero que me guste la idea de tener casi treinta años. Tal vez sea porque he viajado mucho y tal vez sea porque he conocido a tantas personas maravillosas que se ven un poco diferentes de la forma en que me veo, tal vez su piel, o sus ojos, o su lenguaje no es como el mío, pero puedo imaginarlos convirtiéndose en mis mejores amigos.

Tal vez sea por estas cosas que creo que el año 2001 y los años que siguen van a ser simplemente geniales.  

Lo que deseo es algo que llamaré el «Intercambio Internacional de Nietas». Supongo que, si fuera un niño, lo llamaría el «Intercambio Internacional de Nietos». Pero no soy un niño, así que me quedaré con mi nieta. El «Intercambio Internacional de Nietas» haría que los más altos líderes políticos en naciones de todo el mundo enviaran a sus nietas o sobrinas —o, de acuerdo, nietos y sobrinos— a vivir con familias de naciones opuestas. Las nietas de los líderes soviéticos pasarían dos semanas en Estados Unidos. Las nietas de los líderes estadounidenses pasarían dos semanas en la Unión Soviética. Y, siempre que fuera posible, las nietas de otros países opuestos intercambiarían visitas y tendríamos una mejor comprensión en todo el mundo.

Y ahora intentaré mi deseo en japonés: Sekaiju ni heiwa ga kimasu yo mi («Deseo la paz y el entendimiento mundial»).

El verano pasado, tuve la increíble oportunidad de visitar la hermosa e impresionante Unión Soviética. Me encantó hacerme amiga de esas chicas y esos chicos, y creo que disfrutaron el conocer a una niña estadounidense. ¡Sigamos haciéndolo! Encontremos una manera de hacer que algunas de esas niñas y esos niños visiten Japón, Estados Unidos, China y Perú. Y busquemos una manera de visitar a los niños soviéticos y a los niños estadounidenses, niños que no pueden hablar una palabra de japonés, incluso a los niños que conducen en automóviles estadounidenses.

Si comenzamos con un «Intercambio Internacional de Nietas» y seguimos expandiéndola y expandiéndola, entonces el año 2001 puede ser el año en que todos podamos mirar a nuestro alrededor y ver solo amigos, sin naciones opuestas, sin enemigos y sin bombas.

Mis abuelos no son líderes políticos importantes. De hecho, un abuelo mío era médico y otro es ministro religioso jubilado. Pero he tenido el privilegio de ser una nieta internacional, y déjenme decirles que es una experiencia estupenda.  

Mi padre, que está de vuelta en Maine, no ayudó con el final de mi discurso, por lo que probablemente se sorprenderá cuando le diga: ¿Por qué no regresan todos a casa conmigo y se encuentran con mis amigos allí?

Gracias por su atención.  Domo arigato gozai mashita.

7. La historia de Ariela Julie Gross en The Phil Donahue Show:

Ariela Julie Gross había sido seleccionada para el Programa Presidencial de Escolares —el cual se describe como uno de los honores más altos que un estudiante pueda recibir en los Estados Unidos— en 1983, al concluir el bachillerato. Ella, además, lidereaba en aquel momento el esfuerzo de 14 estudiantes como ella por detener la carrera armamentista nuclear. Para ello, escribieron y firmaron una carta que le enviaron a Reagan, que decía:

«Nos sentimos honrados por la confianza que nos tiene como forjadores del futuro de este país. Sin embargo, no podemos aceptar este alto honor sin expresar nuestros temores por ese mismo futuro. Por tanto, le exhortamos a que haga su mayor esfuerzo por detener la proliferación de las armas nucleares que amenaza el mañana en el cual queremos cumplir nuestros sueños de hoy».

La Casa Blanca llamó a casa de Ariela para instar a los padres de la joven a que la convencieran de dejar esas acciones políticas. La prensa fue notificada acerca de esta llamada, que la familia consideró ponía una sutil presión para que la petición no fuese presentada durante la ceremonia de premiación (la del otorgamiento de las medallas del programa antes mencionado).

Al llegar a Washington, Ariela fue montada en una limusina cuyo destino le era desconocido, que la llevó a la Casa Blanca a ver a Reagan en persona.

Tras la ceremonia, Ariela le comenta a un periodista que en su encuentro con el presidente no había escuchado nada que ya no supiera, pero que había sido más terrorífico haberlo hecho en persona. Ariela dice que Reagan creía firmemente que «incrementar es la forma de disminuir». A lo cual Ariela expresó que, a ese ritmo, no tendría un futuro.

En la porción del discurso de Reagan a los homenajeados que Phil Donahue presenta en su programa, aquel dice: «Algunos desean que nos desarmemos unilateralmente, porque así otros seguirían el ejemplo. Hemos intentado eso, pero no funcionó. Ustedes tienen la responsabilidad y el derecho de expresar sus preocupaciones, aquí y en sus casas. Tenemos ese derecho porque somos estadounidenses. Pero, recordemos, que ese privilegio conlleva una responsabilidad: estar en lo correcto».

Después de la porción del discurso, Ariela cuenta que el tono de la llamada no fue sutil: «¿Usted sabe lo que su hija está haciendo?», le preguntaron a la madre, quien contestara el teléfono. Y continuaron: «Su título honorífico podría ser revocado, su nombre marcado como “el de una radical”, todos sus programas cancelados, y hasta amenazar un futuro trabajo».

(Pónganle atención a la cara de Samantha durante estas revelaciones).

Ariela se vio en la disyuntiva de rechazar el dinero que el programa presidencial podría darle para sus estudios en aras de sus principios, o abdicar ante la amenaza y darles la victoria a los lobos de la Casa Blanca. Cuando la joven puso a la prensa en conocimiento de este suceso, el periodista llamó al recinto presidencial y los representantes del Departamento de Educación se retractaron de lo dicho.

Ariela luego comenta que una treintena de quienes iban a recibir la medalla se entusiasmaron con la idea de la petición al presidente, una parte no se decidía, y los menos no estuvieron de acuerdo en firmarla. La joven revela que, ya en Washington, se le recalcó que la ceremonia no se trataba de escuchar su pinto de vista político, sino de una celebración estudiantil; ellos no querían saber de ningún punto de vista.

Sin embargo, quienes apoyaban la petición no pretendían formar un revuelo frente a Reagan en la ceremonia, sino entregarle la carta al secretario de Educación, quien otorgaba las medallas, para que la hiciera llegar a aquel.

Como explica Ariela, la reacción del gobierno provocó, incluso, desacuerdos entre los estudiantes homenajeados, quienes le reclamaron a ella por el alboroto que se había formado y por ponerlos a ellos en una situación indeseada. Esto salió en una reunión que ellos tuvieron antes de la ceremonia, en la cual muchos la acusaron de haberles arruinado la fiesta desde el instante que atrajo la atención de la prensa. Semejante actitud de sus compañeros hizo sentir muy mal a Ariela. Ellos también reconocieron el derecho de la joven a expresarse y actuar, pero si no interfería con sus propios derechos.

Ariela estuvo a punto de regresar a casa en medio de toda aquella desavenencia sin llegar a la celebración.

25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (II).

Samantha Smith nació el 29 de junio de 1972, en la pequeña ciudad de Houlton, Maine, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, de padres Jane Goshorn y Arthur Smith. A la edad de cinco años le escribió una carta a la reina Isabel II con el fin de expresar su admiración por la monarca.

Cuando Smith había terminado el segundo grado en la primavera de 1980, la familia se estableció en Manchester, Maine, donde asistió a la Escuela Primaria de Manchester. Su padre sirvió como instructor en la universidad de Ricker en Houlton antes de enseñar literatura y escritura en la Universidad de Maine, Augusta, mientras que su madre trabajó como trabajadora social con el departamento de servicios humanos de Maine.

La carta de Andrópov.

La carta de Samantha pareció haber sido olvidada, pero cinco meses más tarde, el 11 de abril de 1983, fue citada en Pravda, junto con extractos de varias cartas de ciudadanos estadounidenses igualmente preocupados dirigidas al líder soviético.

Cabe señalar que el momento de esta publicación no fue una coincidencia. Hacía apenas unas semanas que Ronald Reagan había pronunciado su discurso sobre el «imperio del mal» y planteado la perspectiva de un regreso a la carrera armamentista anunciando el programa de Iniciativa de Defensa Estratégica.

En su discurso a la nación el 23 de marzo de 1983, Reagan acusó específicamente a la Unión Soviética de haber perseguido la acumulación de arsenales de armas «que sólo pueden considerarse una fuerza militar ofensiva».

La carta de Samantha había hecho una acusación similar sobre las ambiciones expansionistas del país comunista al preguntar: «¿por qué quieres conquistar el mundo?» La publicación de la carta le permitió así a Pravda ilustrar la propaganda a la que, supuestamente, fueron sometidos todos los niños estadounidenses bajo la presidencia beligerante de Reagan y también le asignó a este una clara responsabilidad por el deterioro de las relaciones.

Samantha estaba contenta de que una parte de su carta apareciera en Pravda. No obstante, al no haber recibido una respuesta de Andrópov y ver la mayor parte de su pregunta ignorada en el artículo, escribió otra carta, esta vez al embajador soviético en los Estados Unidos, Anatoly Dobrynin, para indagar si podía esperarse una respuesta del señor Andrópov.

Tras esta segunda carta las cosas parecieron ponerse en marcha.

El 26 de abril de 1983 llegó la respuesta de Andrópov, la cual fue expuesta, simultáneamente, por la agencia de prensa soviética, TASS, para maximizar el efecto mediático. Samantha se emocionó cuando recibió la respuesta.

Querida Samantha,

He recibido tu carta, que es como muchas otras que me han llegado recientemente desde tu país y desde otros países de todo el mundo.

Me parece –lo puedo decir por tu carta– que eres una chica valiente y honesta, parecida a Becky, la amiga de Tom Sawyer en el famoso libro de su compatriota Mark Twain. Este libro es muy conocido y querido en nuestro país por todos los niños y niñas.

Escribes que estás preocupada por si habrá una guerra nuclear entre nuestros dos países. Y preguntas si estamos haciendo algo para que la guerra no estalle.

Tu pregunta es la más importante de las que cualquier ser pensante pudiera plantear. Te responderé con seriedad y honestidad.

Sí, Samantha, en la Unión Soviética estamos tratando de hacer todo lo posible para que no haya guerra en la Tierra. Esto es lo que todo hombre soviético quiere. Esto es lo que nos enseñó el gran fundador de nuestro estado, Vladimir Lenin.

Los soviéticos saben muy bien lo terrible que es la guerra. Hace cuarenta y dos años, la Alemania nazi, que luchaba por la supremacía en todo el mundo, atacó nuestro país, quemó y destruyó muchos miles de nuestras ciudades y pueblos, mató a millones de hombres, mujeres y niños soviéticos.

En esa guerra, que terminó con nuestra victoria, estábamos en alianza con los Estados Unidos: juntos luchamos por la liberación de muchas personas de los invasores nazis. Espero que lo sepas por tus lecciones de Historia en la escuela. Y hoy queremos mucho vivir en paz, comerciar y cooperar con todos nuestros vecinos en esta Tierra, con los que están lejos y los que están cerca. Y, ciertamente, con un país tan grande como los Estados Unidos de América.

En Estados Unidos y en nuestro país hay armas nucleares, armas terribles que pueden matar a millones de personas en un instante. Pero no queremos que se utilicen nunca. Es precisamente por eso que la Unión Soviética declaró solemnemente en todo el mundo que nunca usará armas nucleares primero contra ningún país. En general, proponemos suspender su producción y proceder a la desmantelación de todas las existentes en la Tierra.

Me parece que esta es suficiente respuesta a tu segunda pregunta: «¿Por qué quieren hacer la guerra contra todo el mundo o al menos contra los Estados Unidos?» No queremos nada de eso. Nadie en nuestro país —ni los trabajadores, ni los campesinos, ni los escritores, ni los médicos, ni los adultos, ni los niños, ni los miembros del gobierno— quiere una guerra grande o «pequeña».

Queremos la paz, hay algo que nos ocupa: cultivar trigo, construir e inventar, escribir libros y volar al espacio. Queremos paz para nosotros y para todos los pueblos del planeta. Por nuestros hijos y por ti, Samantha.

Te invito, si tus padres te lo permiten, a que vengas a nuestro país, siendo la mejor época este verano. Descubrirás sobre nuestro país, te reunirás con tus contemporáneos, visitarás un campamento infantil internacional –el Artek– en el mar. Y verás por ti misma: en la Unión Soviética todo el mundo está a favor de la paz y la amistad entre los pueblos.

Gracias por tu carta. Te deseo todo lo mejor en tu joven vida.

Y. Andrópov

El acostumbrado circo mediático y político.

La cobertura de los medios de comunicación de la correspondencia de Samantha con Andrópov se aceleró con rapidez desde la publicación de la carta en Pravda.

Con la respuesta directa de Andrópov a la colegiala de Maine y su invitación a visitar la Unión Soviética, Samantha se convirtió de la noche a la mañana en una verdadera estrella de los medios de comunicación.

La prensa saltó sobre esta extraordinaria camaradería de cuento de hadas entre una niña de diez años y el viejo líder soviético. En la noche del 26 de abril, Samantha y su madre Jane fueron puestas en un avión fletado por CBS y NBC a fin de llevarlas a la ciudad de Nueva York para varias apariciones en televisión.

Entrevistas en periódicos nacionales y apariciones en programas de televisión, como el popular Tonight Show Starring Johnny Carson, elevaron su perfil en todo Estados Unidos.

Samantha demostró estar increíblemente a gusto frente a las cámaras, siendo capaz de mirar directamente a ellas y manejar bien las preguntas. Gale Warner comentó que eso había fomentado sus «valores de producción».

De hecho, el productor ejecutivo del Tonight Show buscó asegurar los derechos exclusivos del programa para acompañar a la familia con un equipo de cámaras en su próximo viaje a la Unión Soviética.

Ted Koppel, presentador de noticias para Nightline de ABC, entrevistó a Samantha el 25 de abril de 1983, como el mismo Koppel dijo, el día que ella recibiera la carta de Andrópov.

Con el protagonismo mediático también llegó la política. Samantha no sólo se estaba convirtiendo rápidamente en una embajadora de su país, sino también en una representante del estado progresista de Maine. El senador demócrata George J. Mitchell la felicitó por su conducta en la primera ola de entrevistas, mostrándose a sí misma como una joven inteligente y preparada.

Unas semanas más tarde, la Cámara de Representantes y la Cámara del Senado del Estado de Maine firmaron una resolución conjunta reconociendo a Samantha por su «correspondencia histórica» con el líder soviético.

La resolución declaró que Samantha, «un rayo de luz solar de Manchester, Maine, había provocado un rayo de esperanza en la tensa frialdad de las relaciones internacionales (…) Una niña de 10 años había tenido éxito donde otros habían fracasado en iniciar un diálogo franco con el líder de la Unión Soviética».

Desde las primeras etapas de su fama en rápido aumento, Samantha Smith mostró un talento natural al lidiar con el frenesí de los medios. Conectó bien con su público y con todos los que conoció. En muchos aspectos encapsuló la belleza y la inocencia de la infancia estadounidense.

Con su pelo negro, sus ojos inocentes y una sonrisa encantadora, Samantha, la niña de Manchester que jugaba al softbol, a quien le gustaba Michael Jackson y tenía un cobrador de la bahía de Chesapeake como su mejor amiga, se conformó con las imágenes populares de la linda novia estadounidense.

Periodistas de The Daily Free Press, el periódico estudiantil independiente de la Universidad de Boston, que entrevistaron a Samantha después de su viaje, le confesaron en una carta a su padre que «estaban encantados con Samantha».

Samantha tuvo este efecto en muchas personas que encontró. La forma en que acopló con la audiencia estadounidense e internacional agitó la cobertura de los medios, lo que a su vez significaba que los Smith ya estaban recibiendo cientos de cartas de compatriotas estadounidenses antes de que se embarcaron en su viaje a la Unión Soviética.

Estas cartas le resaltaban a los padres la grave naturaleza política de los acontecimientos que se desarrollaban. En particular, los emigrados judíos soviéticos en Europa, Israel y los Estados Unidos le suplicaron a la familia que se llevara a la Unión Soviética cartas de solicitud de emigración y las entregara a Andrópov.

Muchos de los escritores de cartas también querían que Samantha usara su viaje para hacer una declaración pública sobre los derechos humanos y la falta de ellos en la Unión Soviética.

La cuestión de la emigración judía soviética era una preocupación importante en la comunidad judía internacional y la Casa Blanca fue bombardeada con peticiones para seguir adelante con el tema. Al final, los Smith decidieron llevar esas cartas con ellos y entregarlas de buena fe a un funcionario soviético, pero no quisieron hablar de ellas públicamente.

El inesperado encuentro de los Smith con la política de la emigración judía mostró que la iniciativa de invitar a una colegiala estadounidense a visitar la Unión Soviética no estaba exenta de riesgos para el gobierno soviético. El viaje claramente ofrecía un gran potencial para ser utilizado en la guerra de propaganda entre los dos adversarios ideológicos, pero involucrar a un niño y un ejército de medios de comunicación internacionales que la seguían a cada paso significaba que había peligros obvios para que el viaje fuera contraproducente.

Una vez que los Smith aceptaron la invitación, tanto los gobiernos estadounidense como el soviético se vieron obligados a prepararse lo mejor que pudieron para el inevitable circo mediático que acompañaría esa visita.

A medida que la publicación de la respuesta de Andrópov llegó a los medios de comunicación de todo el mundo, dentro de la Unión Soviética varias organizaciones comenzaron a trabajar para armar un programa en caso de que —y esto no estaba de ninguna manera claro cuando la carta fue publicada por TASS—, los Smith aceptaran la invitación.

Natasha Semenikhina —a quien Samantha se referiría luego como la «Natasha grande» de sus amistades creadas durante la visita—, quien trabajaba para la sección de Estados Unidos y la URSS de la Unión de Sociedades Soviéticas de Amistad y Relaciones Culturales con Países Extranjeros (SSOD), recordaba cómo las cosas se complicaron rápidamente a medida que numerosas organizaciones e instituciones hicieron propuestas para el posible itinerario.

Una parte importante del viaje ya había sido anunciada en la carta de Andrópov: una visita al famoso campamento de pioneros, Artek, en Crimea. La organización detallada de esos días se dejó en manos de las autoridades del campo, que estaban acostumbradas a dar la bienvenida a muchos dignatarios y niños soviéticos y extranjeros de todo el mundo.

A través de la embajada en Washington D.C., los miembros del SSOD a cargo de preparar el viaje obtuvieron más información sobre la familia y la joven. Al final, el itinerario reunido para el viaje de dos semanas de los Smith fue un recorrido clásico por los principales lugares de interés histórico y cultural ruso en Moscú y Leningrado. Se discutió una reunión con el propio Andrópov, y su oficina estuvo interesada en que se organizara si la frágil salud del líder lo permitía.

Mientras que estos preparativos ya rodaban, la Casa Blanca parecía, al igual que con la publicación original en Pravda, haber sido tomada por sorpresa debido a los acontecimientos en medio del circo mediático subsiguiente. No queriendo adornar lo que con claridad vieron como una estratagema de propaganda soviética con cualquier respuesta oficial, la Casa Blanca permaneció en silencio. La carta de Andrópov los había puesto a la defensiva.

Como resultado, la Casa Blanca continuó siendo reactiva en lugar de activa y de darle forma a los acontecimientos y la narrativa emergente. Dicho esto, el Buró de Asuntos Soviéticos en el Departamento de Estado envió a un representante a Maine para hablar con los padres de Samantha después de que aceptaran la invitación. Jane Smith recordó este encuentro en términos muy positivos. Tenían muchas preguntas para el hombre de Washington.

Por supuesto, los miembros de la familia eran conscientes de la dimensión política de su esfuerzo y estaban deseosos de recibir asesoramiento sobre cómo comportarse en situaciones públicas en la Unión Soviética. Una de las principales preocupaciones era, recordó Jane, cómo reaccionar si el lado soviético les pedía que hicieran algo con lo que no se sintieran cómodos. Pero la respuesta del representante del Departamento de Estado los tranquilizó al responderles que no anticipaban que las autoridades soviéticas los pusieran en situaciones difíciles.

El riesgo para el lado soviético de que este viaje fuera contraproducente era muy obvio para el representante del gobierno. Al final, Jane Smith afirmó en una entrevista que el hombre tuvo razón en este punto.

Aparte de una situación, donde Samantha fue abordada por un grupo de personas para firmar una petición contra Reagan, que fue rápidamente tratada por la intervención de su acompañante soviética, Natasha Semenikhina, el viaje se realizó sin ninguna complicación según los recuerdos de Jane Smith.

¿Cómo le fue a Samantha Smith y a sus padres con el viaje a la Unión Soviética? Eso sigue en la tercera parte de este homenaje. Y todavía hay más después de eso.

¡No te lo pierdas!

25 de agosto de 1985: a 36 años de su muerte, mi homenaje a la memoria de Samantha Smith (I).

Si no les falla la memoria o han leído Historia, quizás recuerden a Yuri Andrópov como el sucesor de Leoníd Briézhnev, el director de la KGB, el reformista antes que Mijaíl Gorbachóv -aunque no a la manera de este último-…, y quien le respondió una carta a una adolescente estadounidense. Esa niña fue Samantha Smith.

Contexto histórico que propició la carta.

Los programas de intercambio cultural y educativo, así como el desarrollo del turismo, facilitaron un aumento constante de los contactos entre personas de ambos lados de la «línea divisoria» en las décadas del 60 y el 70.

Pero a principios de la década de 1980 se produjo un marcado deterioro de la relación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Después de haber sido arrastrada a involucrarse en la Guerra Civil Etíope y las intervenciones en Mozambique y Yemen, la fatídica decisión de la Unión Soviética de enviar tropas a Afganistán, tomada en diciembre de 1979, casi puso fin al período de distensión. La intervención militar que duraría diez años socavó gravemente la pretensión moral de la Unión Soviética de ser una potencia antimperialista.

Sin embargo, la diplomacia cultural soviética estaba menos preocupada por demostrar la superioridad del socialismo soviético —una batalla que pocos todavía creían realmente que era ganable—, que por la promoción de las iniciativas soviéticas para fortalecer la paz mundial.

Además, más allá de los acuerdos culturales establecidos y las instituciones centrales, las iniciativas de bajo nivel de los ciudadanos estadounidenses y soviéticos, a menudo en respuesta a la reanudación de la carrera de armamentos y el temor real a la guerra nuclear, facilitaron los contactos a través de esa «línea divisoria», un hecho que fue ampliamente bien recibido en Moscú.

Según David Foglesong (en la foto), la diplomacia ciudadana vio una verdadera explosión a finales de la Guerra Fría, produciendo cientos de miles de reuniones cara a cara entre ciudadanos estadounidenses y soviéticos que desafiaron los estereotipos negativos. Empujados por la información en los medios de comunicación nacionales y locales, estos encuentros fueron parte de un «proceso multifacético y multinivel que acabó con la enemistad estadounidense y soviética».

Ronald Reagan entró en la Casa Blanca en enero de 1981. Si bien ocuparse de los problemas internos y externos significó para los líderes soviéticos dejar de hablar durante mucho tiempo de superar a Occidente con cualquier convicción real, el virulento anticomunismo de Reagan, la retórica altamente beligerante y su compromiso de fomentar la carrera armamentista plantearon un claro desafío a la noción que la Unión Soviética tenía de mantener un estatus de superpotencia.

En su primera conferencia de prensa, Reagan calificó a la Unión Soviética de régimen corrupto e inmoral, dispuesto a «cometer cualquier delito, a mentir, a engañar, para lograr» su objetivo de un «Estado socialista o comunista de orden mundial».

Era «un Estado y una ideología que había que derrotar», como afirmó en mayo de 1982. Dos años más tarde, en marzo de 1983, Reagan —probablemente ya imbuido en su fascinación por Star WarsLa guerra de las galaxias»)— etiquetó a la Unión Soviética como un «imperio malvado».

Las crecientes tensiones entre las superpotencias y la política de confrontación de Reagan sobre el control de armas y los conflictos regionales aumentaron los temores de la amenaza del holocausto nuclear en todo el mundo. Como resultado de ello, el activismo antinuclear experimentó un verdadero aumento a principios de la década de 1980.

El 12 de junio de 1982, casi un millón de personas se reunieron en el Central Park de Nueva York para una gigantesca manifestación de desarme, una de las mayores manifestaciones en la historia de Estados Unidos.

Una encuesta de Gallup en otoño de 1981 encontró que el 70% de los estadounidenses pensaban que la guerra nuclear era una posibilidad real y el 30% sentían que las posibilidades de que estallara eran «buenas» o «ciertas». En Europa, las campañas de desarme nuclear también experimentaron un impresionante resurgimiento.

Para algunas personas manifestarse no era suficiente y comenzaron a promover la diplomacia de persona a persona para romper un discurso ideológico en escalada que parecía conducir a la guerra.

En 1983, por ejemplo, Cynthia Lazaroff (en la foto), una graduada de la Universidad de Princeton que había enseñado en escuelas soviéticas creó el Programa de Intercambio de Jóvenes entre Estados Unidos y la URSS, que permitiría a cientos de jóvenes estadounidenses participar en giras personalizadas por la Unión Soviética.

Los niños se convirtieron en armas inocentes en la lucha ideológica por la superioridad moral desde el comienzo de la Guerra Fría. La imagen tradicional del niño, símbolo de inocencia y victimización, se complementaba con visiones de movilización de la próxima generación en el ámbito de la política.

Como Margaret Peacock (foto) demostrara enérgicamente, tanto en la Unión Soviética como en los Estados Unidos, el gobierno, las organizaciones y los individuos por igual instrumentalizaron la imagen del niño para construir o desafiar el consenso.

Mientras los adultos impugnaban la imagen del niño en la propaganda de la Guerra Fría, los niños y adolescentes crecieron con verdadera ansiedad y miedo real a la aniquilación nuclear. De hecho, entre la generación de más edad, el fin de la distensión y el inicio de la Segunda Guerra Fría elevaron los niveles de ansiedad a nuevas alturas.

Los psicólogos, educadores y padres estaban cada vez más preocupados por los efectos que la amenaza de una guerra nuclear podría tener en los niños (en la foto la técnica de protección personal contra los efectos de una explosión nuclear enseñada en Estados Unidos «agacharse y cubrirse»).

Los estudios realizados en varios países revelaron que los niños a menudo se enfrentaban a la amenaza solos a través de los medios de comunicación o de sus compañeros, sin una orientación clara de los padres o de las escuelas. Esto dejó a muchos «desconcertados y perplejos» y les causó una verdadera sensación de impotencia que generó una «profunda sensación de miedo sobre el futuro».

Una encuesta realizada a 913 personas de 11 a 19 años de edad en la zona de San José y Los Ángeles en mayo de 1983, por ejemplo, reveló que el 58% estaba «preocupado» o «muy preocupado» por la posibilidad de una guerra nuclear. Más de la mitad de los jóvenes que completaron el cuestionario sintieron que la guerra nuclear entre las dos superpotencias ocurriría durante su vida.

Los niños soviéticos no estaban menos preocupados. Un estudio estadounidense, basado en entrevistas con 293 niños soviéticos en dos campamentos de pioneros, reveló que estaban aún más preocupados por los horrores de la guerra nuclear que sus pares estadounidenses. Al estar mejor informados sobre el poder destructivo de las armas nucleares que los niños estadounidenses, muy pocos creían que se podría sobrevivir a una guerra nuclear.

Sin embargo, eran más optimistas sobre la posibilidad de evitar la guerra. De hecho, como señalaron los autores del estudio, prácticamente todos los niños soviéticos habían participado «en actividades y educación por la paz organizadas oficialmente, como el envío de cartas a los líderes mundiales, el diseño de pancartas y carteles, la recogida de nombres para peticiones y la participación en reuniones y manifestaciones».

No sorprende que esas actividades patrocinadas por el Estado, organizadas en su mayoría a través de las organizaciones comunistas de niños y jóvenes, no se estuvieran llevando a cabo en los Estados Unidos. Empero, las campañas de peticiones y de redacción de cartas eran actividades muy comunes de las organizaciones no gubernamentales y religiosas estadounidenses que promovían el diálogo y la paz.

De todas formas, el activismo por la paz también ingresó al sistema educativo estadounidense. No solo en algunos casos aislados los maestros pidieron a sus alumnos que escribieran cartas a los líderes políticos para expresar sus opiniones sobre los asuntos mundiales y expresar sus temores. En su discurso a la nación sobre la reducción de las armas estratégicas y la disuasión nuclear en noviembre de 1982, Ronald Reagan reconoció esta práctica.

La Casa Blanca recibió tales cartas no sólo de niños estadounidenses asustados, sino también de niños de ambos bloques políticos, así como de los países no alineados durante el tiempo de Reagan en el cargo.

Muchas de esas cartas fueron escritas por niños suplicando por el derecho de su generación a tener un futuro. En un ejemplo de 1982, Reagan recibió cartas de un grupo de niños de la Escuela Primaria Gamleby (en la foto, Gamleby) en Suecia expresando su oposición a la guerra, con preguntas como:

«¿Te gusta la guerra? ¿Sabes lo que estás haciendo?», y afirmando que «Creemos que eres estúpido si piensas que puedes resolver problemas con la guerra».

Los niños revelaron lo que ellos, y por extensión probablemente también sus profesores y padres, vieron como la causa subyacente de las tensiones internacionales exacerbadas.

Los líderes soviéticos estaban recibiendo grandes cantidades de cartas de ciudadanos soviéticos preocupados y personas de todo el mundo también. Una de las chicas de Suecia que escribió a Reagan le mencionó explícitamente que ella también había escrito a Briézhnev:

Soy una chica sueca, normal y corriente, sin importancia, que piensa que la guerra es de lo peor. Usted allí en su sombrero de vaquero que tiene tanto poder, ¿tiene que entrometerse en las pequeñas peleas de otros países sólo porque en otros países lo hace? (le he escrito una carta similar a Briézhnev). Si usted hace esto, la tercera guerra mundial no está lejos y con las armas que tenemos hoy el mundo quedaría destruido. Piénselo… somos nosotros, los niños, los que heredaremos esto en caso de que el mundo sea destruido, si es que algo queda en ese momento. Piénselo, Ronald R. ¡QUIERO VIVIR! ¿Por qué existe la guerra? ¿Nunca le temes a la guerra?

Cuando Samantha Smith se sentó a escribir su breve carta al recién nombrado líder soviético, Yuri Andrópov, en el invierno de 1982, no estaba sola. Es evidente que la escritura de cartas por los niños a los dirigentes mundiales se había convertido en un fenómeno cultural más amplio de la cultura de la Guerra Fría y en una forma para que los educadores, y a veces los padres, permitieran a los niños enfrentar y expresar sus temores y esperanzas del futuro.

Al subir a la dirección de la Unión Soviética en noviembre de 1982, los principales periódicos y revistas occidentales publicaron numerosas fotografías en primera página y artículos sobre Andrópov. La mayor parte de la cobertura fue negativa y tendió a dar una percepción de una nueva amenaza a la estabilidad del mundo occidental.

Andrópov había sido embajador soviético en Hungría durante la Revolución húngara de 1956 y presidente de la  KGB de 1967 a 1982; durante su mandato, fue conocido en Occidente por aplastar la Primavera de Praga y la brutal represión de disidentes, como  Andrei Sájarov y Aleksandr Solzhenitsyn. Andrópov comenzó su mandato como líder soviético fortaleciendo los poderes de la KGB y reprimiendo a los disidentes.

Según Vasili Mitrokhin, Andrópov vio la lucha por los derechos humanos como parte de un complot imperialista de amplio alcance para socavar los cimientos del estado soviético. Mucha tensión internacional rodeó los esfuerzos soviéticos y estadounidenses para desarrollar armas capaces de ser lanzadas desde satélites en órbita.

Ambos gobiernos tenían amplios programas de investigación y desarrollo para desarrollar dicha tecnología. Sin embargo, ambas naciones estaban bajo una creciente presión para disolver el proyecto.

En Estados Unidos, Reagan fue presionado por un grupo de científicos y expertos en armas estadounidenses, mientras que en la Unión Soviética el gobierno emitió una declaración que decía: «Prevenir la militarización del espacio es una de las tareas más urgentes que enfrenta la humanidad».

Durante este período, grandes protestas antinucleares estaban teniendo lugar en toda  Europa  y América del Norte, mientras que el 20 de noviembre de 1983, la proyección de la película postapocalíptica de ABC The Day AfterEl día después») se convirtió en uno de los eventos de los medios de comunicación más esperados de la década.

Quizás despés de haber visto TerminatorEl exterminador») estas imágenes no impacten lo suficiente, pero en 1983 fueron muy perturbadoras para los espectadores en los Estados Unidos.

Las dos superpotencias habían abandonado en este punto su estrategia de distensión y en respuesta al despliegue soviético de los SS-20 (abajo a la izquierda), Reagan se movió para desplegar misiles de crucero y Pershing II (abajo a la derecha) en Europa.

La participación de la Unión Soviética en una guerra en Afganistán estaba en su tercer año, una cuestión que también estaba contribuyendo a la tensión internacional. En esta atmósfera, el 22 de noviembre de 1982, la revista Time publicó un número con Andrópov en la portada.

Según su propio relato, Samantha decidió escribir su carta al nuevo líder soviético después de leer el artículo junto con su madre y discutir el miedo generalizado a la guerra nuclear en ambos países. Samantha le preguntó a su madre: «Si la gente le tiene tanto miedo, ¿por qué alguien no le escribe una carta preguntando si quiere tener una guerra o no?» Su madre la instó a escribirla.

Como su padre, un profesor de inglés en la Universidad de Maine, Augusta, también acababa de pedir a sus estudiantes que escribieran cartas a personas famosas, ella se sintió inspirada a hacerlo también.

La carta de Samantha.

Estimado Sr. Andrópov,

Mi nombre es Samantha Smith. Tengo 10 años. Enhorabuena por su nuevo trabajo. He estado preocupada de que Rusia y los Estados Unidos entren en una guerra nuclear. ¿Van a votar a favor de una guerra o no? Si no lo hará, por favor dígame cómo va a ayudar a no tener una guerra. Esta pregunta no tiene que responderla, pero me gustaría que lo hiciera. ¿Por qué quieren conquistar el mundo o al menos a nuestro país? Dios hizo el mundo para que lo compartiéramos y cuidáramos. No para pelear o hacer que un grupo de personas lo posea todo. Por favor, hagamos lo que Él quería y hagamos que todos sean felices también.

Samantha Smith

«Un niño puede desempeñar un papel poderoso en traer la paz al mundo».

Samantha Smith

No te pierdas la respuesta de Yuri Andrópov a Samantha Smith y lo que aconteció luego en la segunda parte de este homenaje.

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