¿QUEENMANÍA? Reflexión sobre un fenómeno actual y la película.

Casi todo el mundo sabe que The Beatles tomaron al mundo por asalto desde que aterrizaron en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York ante una multitud calculada en 3000 personas, y luego irrumpieron en el hogar de setenta millones de televidentes —la audiencia televisiva más grande de Estados Unidos, a decir del servicio rating Nielsen— a través del programa The Ed Sullivan Show. De aquel suceso se dijo, incluso, que se había reflejado en el índice de criminalidad más bajo de la nación. A partir de ahí, leyenda, historia, y música que trasciende y trascenderá los siglos de cultura humana.

¿Qué pasa con Queen en nuestros días? El impulso a escribir esta modesta reflexión sobre otro fenómeno de idolatría masiva fue el coro de estudiantes que cantaron Bohemian Rhapsody en el programa Georgia’s Got Talent. Sin embargo, ellos han sido tan solo un componente más de este mosaico de ¿«nuevos fans»? del grupo inglés, porque hoy se sobran las interpretaciones de canciones de Queen en internet, concursos, programas televisivos, etc., etc. Hasta yo mismo me he visto movido a conocer más de Marc Martel —cuya voz es sorprendentemente similar a la de Freddie y fue utilizada en la banda sonora del filme—, de quien no sabía nada hasta unos meses atrás, aunque, según he averiguado, era parte de Queen Extravaganza, a quienes nunca he ido a ver. Claro, y para no ser injusto, este joven no solo tiene talento, sino que posee una profunda percepción del arte y el sentir de Freddie, lo cual le adiciona valor emocional como artista (recomiendo verlo en este video):

El detonante de todo esto ha sido, por supuesto, la película Bohemian Rhapsody, centrada, mayormente, en la figura de Freddie Mercury más que en la banda per se, y la exitosa gira de Queen + Adam Lambert. Por eso es del tipo autobiográfica, pero hecha con Freddie en mente en lugar de Queen. Un guion que, por demás —y no para mi gusto—, fue escrito siguiendo las pautas de la famosa «ruta del héroe» y no observando la realidad que vivieron el cantante y sus compañeros de banda. Por cumplir el patrón establecido por Hollywood, la película parece un melodrama que no compite con la vida real del cantante ni del grupo. El proyecto fue un sufrimiento desde que se habló de él por primera vez en 2010.

Lo que más resalta —y de lo cual se ha hecho eco mucha gente que escribe para internet— son las imprecisiones, el evidente «desfase» que la película tiene con la vida real. Como la forma en que Freddie se une a Brian May y Roger Taylor en Smile, pues Freddie no era un completo desconocido para el guitarrista y el baterista. Con la verdad, el público —sobre todo el joven y no seguidores o desconocedores de Queen— hubiera sabido que Freddie no les cayó del cielo con su voz como varita mágica, sino que ya la estaba «puliendo» en otras bandas que no tuvieron éxito, como Ibex. Incluso, ellos habían sido compañeros de piso, Freddie era amigo de Tim Staffell, y aquellos dos no aceptaron a Freddie en el grupo hasta después de la salida de Staffell, aunque ya Freddie había insistido con anterioridad en hacerlo.

Nos muestran a un Freddie entre desconcertado y frustrado con la rotura del soporte del micrófono en la primera presentación que hace con Smile. Pero eso fue un accidente que le ocurrió en una presentación con Ibex —y no en la primera con aquel grupo, tampoco. Deacon no estaba en ese momento en Smile, porque pasaron tres bajistas antes que llegara él. Tampoco la primera presentación de Queen fue en aquel lugar usado por Smile, sino en un poco concurrido acto benéfico de la Cruz Roja en Cornwall en mayo de 1970, y el primer número fue Stone Cold Crazy, que ya Freddie había cantado antes, no Keep Yourself Alive, la cual Brian May no compone hasta 1970. Tampoco Freddie violaba las letras de su amigo tal como se sugiere en la película.

Aunque entendemos que el personaje Ray Foster representa a un productor escéptico y poco receptivo a un trabajo completamente nuevo en el mercado del rock como lo fue, sin dudas, A Night At The Opera, el verdadero jefe de EMI, Roy Featherstone, a quien se tomó como patrón para este personaje, era fanático del trabajo de Queen. Sin embargo, hubo otros que —a mi entender— hubiera sido mejor enseñar, y que marcaron negativamente la vida y el trabajo de la banda, como Norman Sheffield, dueño de Trident Studios y primer mánager de Queen. De eso hablaré más adelante.

Por cierto, eso deja fuera la necesidad de la banda de vender la vieja van que tenían, porque no sucedió así. Y más: incluso Elton John y el mismísimo John Deacon no aprobaban un número tan largo como Bohemian Rhapsody.

Tras este personaje aparece John Reid, de inmediato, que tampoco fue así. Para colmo, en la película parecer ser quien consigue el primer tour de la banda en los Estados Unidos en 1974, en una de cuyas presentaciones cantan Fat Bottomed Girls. ¡Alaba’o! Queen ya había tocado en los Estados Unidos, incluso abriendo para otro grupo conocido, antes que John Reid apareciese. Y Fat Bottomed Girls… ¡no fue escrita e incluida en un disco hasta el Jazz de 1978! Interesante aquí hubiese sido haber mostrado que esa canción —escrita por May por su pasión por las «culonas»— fue como la hermana de otra, Bicycle Race —escrita por Freddie—, a propósito de observar la decimoctava etapa del Tour de France que pasaba por el municipio de Montreux, Suiza, cuando ellos estaban grabando, precisamente, el álbum arriba mencionado en Mountain Studios. Más interesante aún: Queen hizo un video con 65 modelos desnudas montando bicicleta en el Wimbledon Greyhound Stadium, y la compañía a quienes ellos les rentaron las bicicletas pidió que compraran los sillines cuando se enteraron para qué la banda las había usado. . Más tarde, en el concierto dado en el Madison Square Garden, Queen repitió un poco de esta dosis, aunque hasta los afiches de propaganda y la cubierta del sencillo habían sido censuradas.

Algo interesante y significativo que el guion pudo haber considerado, y que precedió al Jazz, fue la necesidad de Queen de regresar a sus raíces ante el empuje del punk liderado entonces por Sex Pistols. Hubo ahí un cambio marcado en el estilo de la banda, si recordamos el tono de discos predecesores como A Night At The Opera y A Day At The Races. Eso hubiera permitido mostrar otra faceta de la personalidad de Freddie a través del famoso encuentro entre Freddie y Syd Vicious de Sex Pistols durante el tiempo que ambas bandas estuvieron usando Wessex Sound Studios para grabar. Según contó Peter “Ratty” Hince —un roadie de Queen—, Syd entró al estudio de Queen a mofarse de Freddie al preguntarle «si ya había tenido éxito llevando el ballet a las masas», a lo que Freddie respondió: «estamos haciendo lo que podemos, darling», y lo sacó del estudio empujándolo de las solapas.

¿A ustedes no les hubiera gustado haber visto eso en la película?

A propósito de lo mencionado en el párrafo anterior, Queen estaba grabando News Of The World, de 1977, que es donde aparece We Will Rock You, escrita por May. ¿De dónde, entonces, salió el bigotazo con el cual llega al estudio cuando May está presentando su idea de una nueva canción? Una prueba irrefutable de ello pueden verlo en el video oficial de esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=-tJYN-eG1zk. En lo que a mí respecta, yo no me acuerdo haber visto una foto de Freddie con bigote hasta la salida de The Game en 1980 (¿se acuerdan? Con los jackets de cuero y pelados, siendo Brian May el único con pelo largo y traje). Por cierto, la película da una explicación del motivo que Brian tuvo para escribir la canción, pero con falta de exactitud. Es verdad que May compuso una canción para que fuese cantada por la multitud, de lo cual salió la combinación We Will Rock You-We Are the Champions, pero la inspiración vino del cierre de un concierto en el Stafford’s Bingley Hall durante el A Day at the Races Tour: de salida del escenario la multitud, en lugar de aplaudir y gritar, comenzó a cantar You’ll Never Walk Alone, una tonada del musical Carousel de Rodgers y Hammerstein de 1945, que ya solía usarse por la fanaticada del fútbol al terminarse un partido. La banda quedó tan gratamente conmocionada con esto, que regresaron al escenario y crearon luego la archifamosa dupleta musical. Como dato curioso, quizás hubiese valido la pena mencionar, al menos, que Mercury ya había tenido la idea de hacer una canción «de masas» al escribir In The Lap Of The Gods, pero no salió como esperaba.

¿No hubiese servido ese pasaje para escribir una escena verdaderamente conmovedora y reveladora de la conexión de Queen con su público?

Y ya que llegamos a los ’80 —que fue cuando Freddie cambió su look al bigotazo mencionado—, hablemos de otro momento de torsión en la carrera del grupo y de la película. Freddie sí estaba persiguiendo nuevos sonidos, más bailables, más pop, lo cual no era del gusto de Brian May y Roger Taylor, pero sí de John Deacon. Taylor consideraba que con el disco y el funk «su batería no sonaba», y May era rockero de corazón. The Game introdujo los sintetizadores, no antes usados por Queen. Esta línea retorna con el Hot Space bajo el empuje de Paul Prenter y el apoyo de Deacon, donde incluso utilizan la batería eléctrica. Recuerden que para el The Game Deacon escribe uno de los éxitos de Queen: Another One Bites The Dust, también considerado uno de los riffs en bajo —instrumento— más famosos del rock.

Sin embargo, esto no fue motivo para que Freddie, desleal y ambicioso, empujara al grupo por el precipicio como lo presentan en aquella escena donde Taylor dice: «Acabas de matar a Queen», y Freddie responde «Bueno, dale un beso de mi parte un día. Quizás despierte». ¡Ay, por favor, Hollywood y esas frasecitas de la cocina de la industria tan imposibles de vadear! Mas, con esa escena, se transmite una imagen de Freddie que nada tuvo que ver con la realidad.

NOTA: Tampoco Freddie despidió a John Reid a cajas destempladas como lo hace en la película. Reid estaba enfrascado en la carrera —y la relación— de Elton John, así que dejó lo de Queen. ¿Algo curioso que la película debió haber presentado como otra característica de Freddie? La manera en que convenció a Reid de trabajar con Queen: después que Reid dejara plantado a Freddie en una cita para hablar al respecto, Freddie se le apareció en la casa y le apedreó una ventana. Reid recordaba eso entre risas años después en un documental. Y ambos sabían que el otro era homosexual, según contó Reid.

Regresando. Lo cierto es que TODOS los integrantes de la banda estuvieron de acuerdo en eso de tomarse un respiro de lo que habían estado haciendo por años (¿recuerdan la línea de May en la misma escena: album, tour, album, tour?). El primero en hacer un álbum en solitario fue Roger Taylor, y detrás le siguieron los demás. En un artículo que leí en una revista cuando estudiaba la carrera, Freddie dijo sobre los barruntos de una separación a raíz del The Game: «¿Para qué matar la gallina de los huevos de oro?». Freddie nunca fue motivo de disgusto en la banda por temor a una separación, ni mucho menos por dedicarle tiempo a un disco en solitario.

Que tampoco fue motivo para que Queen dejara de tocar por años antes de «reunirse» para hacerlo en Live Aid. ¡Ay, mamá! Otro galletazo que nos dio el guion. Esa «escenita» se supone que haya «sucedido» en 1983 —que la banda sí decidió parar los conciertos en vivo y dedicarse a los proyectos en solitario—, pero en 1984 sale The Works, de donde es I Want to Break Free, cuyo video —una parodia a la soap opera británica Coronation Street— por controversial fue vetada por MTV. Y eso sí fue un acierto de la película. Muy a nuestro pesar, ya el «viaje del héroe» (¿recuerdan que lo mencioné al comienzo?) tenía que llevar a nuestro protagonista a la «cueva más profunda», que es la grabación de Mr. Bad Guy en el Musicland Studios de Munich.

 Y aquí salen varios temas:

  • Prenter sí fue despedido por Freddie por andar de chismoso con una revista —no un programa de TV— echándole tierra a su expareja. Muchos seguidores de Queen lo tildan de ser el «Judas» de Freddie. Sí fue de gran influencia en las decisiones y movimientos de Freddie durante varios años, pero hasta la familia de Prenter protestó por el ensañamiento del guion que lo presenta como la quintaesencia de la maldad. Bueno, en el guion sí era el antihéroe. A mi entender —como mencioné antes—, Norman Sheffield hubiera llenado mejor los zapatos del malhechor. Al sentir y decir de la banda, este les robó y estafó, y Queen terminó rompiendo con él y dejando ese estudio tras un arreglo fuera de corte (Sheffield los quiso denunciar por difamación al oír una canción escrita contra él). Dos canciones escribió Freddie: Flick of the Wrist y Death On Two Legs (Dedicated To…) —denunciando a Sheffield—, y Sheffield contrarrestó con su libro Life on Two Legs: Set The Record Straight años después. Tal era la ira del grupo contra este hombre, que Freddie pensó no cantar la canción por lo dura de la letra, y May lo convenció que lo hiciese. ¿No les parece más villano y meritorio de mencionar que Prenter?
  • Tampoco Mary Austin —a quien no conoció de la forma que nos muestra la película— fue a sacarlo de allí ni a convencerlo de dejar de hacer lo que hacía. Ni había desaparecido de su vida ni mucho menos como la película da a entender. Después de confesarle su homosexualidad —porque ya Freddie, estando con Mary, andaba en amoríos con un hombre— y separarse, ellos dos se convirtieron en grandes amigos, siempre conectados. Freddie dejó el piso que compartían y le compró una casa a Mary.
  • «Ser humano es una condición que requiere un poco de anestesia», dice Freddie en esta escena cuando Mary entra a la casa. Pues, contrariamente a lo que la película infiere, Freddie no era el único con excesos en Queen. De hecho, fue Brian May quien dijo una vez: «Era (un estilo de vida) excesivo (…) Queen era un vehículo mágico, una combinación mágica, pero yo creo que nos estaba destruyendo (…) (Freddie) estaba fuera de control. En cierta forma, todos estábamos fuera de control… y eso nos jodió». Ya en Cuba, yo había leído una vez sobre las épicas fiestas de Queen en las que todos participaban. Aquella fiesta de la película, que hace referencia al despelote que forma un Freddie solitario, abandonado hasta por Mary, fue un bacanal real, preparado y disfrutado por todos los miembros de la banda en New Orleans. En el medio se le conoce como uno de los reventones más sonados en la historia del rock.
  • Dudo muchísimo que Freddie se haya expresado NUNCA de Mr. Bad Guy en la forma que lo hizo en la reunión con la banda en la oficina de Jim Beach. Freddie disfrutó ese disco porque era lo que quería hacer desde hacía mucho tiempo, y con Queen no podía. Mercury hizo de todo en la grabación de las pistas, trabajó en los arreglos de orquestación y hasta con los ingenieros de sonido. Ese disco era su bebé.

En fin…, esa «cueva profunda» estuvo llena de inventos, casi nada que ver con la historia real.

Tampoco fue Freddie un solitario, arrastrando las cadenas de la congoja. Si uno ve el video de Living On My Own, filmada en su 39 cumpleaños, ahí está el anfitrión rodeado de decenas de amistades que componían su círculo privado. Durante su vida, Freddie siempre tuvo pareja estable, no solamente los hombres que decía Prenter le conseguía para que pasara una noche. Y tampoco eran hombres con los únicos que tenía sexo, porque tuvo una relación no corta con la actriz austríaca Barbara Valentin. Pero esos malabarismos que la película hace para hablarnos de la sexualidad de Freddie…, ¡por favor! En la entrevista que se le hiciese en Munich, Freddie dijo que lo «más importante para él era divertirse, estar feliz», tanto así, que en otra entrevista dijo que «por divertirse no le importaban las consecuencias».

¡Ay, Freddie! Si tú hubieras medido las consecuencias no creo que hubieras arriesgado tu vida por divertirte tanto. O quizás, sí. Esa entrevista de Freddie en Munich de 1984 está muy explícita y, si se hubiese usado en la película en lugar de aquella patética escena donde a él casi le da un soponcio por la insistencia de aquella periodista por sacarle información sobre su orientación sexual, estoy seguro de que la audiencia joven y desconocedora se hubiese llevado una impresión más real del Freddie real. Porque allí, él dejó esto claro:

  • Le gustaba su trabajo.
  • No tenía problema con dar entrevistas, porque no lo hacía tan a menudo y era parte de su trabajo. El tipo de preguntas no le molestaban en dependencia de cuán personales fueran.
  • Le gustó hacer su disco en Munich.
  • Consideraba que un álbum de Queen eran 4 proyectos en solitario, trabajados hombro con hombro y después puesto todo en un solo trabajo, porque cada cual escribía sus canciones en su propio estilo.
  • Eran como 4 gallos peleando en el estudio. Y así había sido desde que se conocieron porque eran 4 caracteres fuertes. La razón de seguir juntos era porque nadie quería irse. La única manera de parar y separarse era si el público dejaba de seguir su música.
  • Verdad: la rutina de «álbum, tour, álbum, tour» les hizo tomarse un tiempo para dedicarse a proyectos personales. La reunificación para el tour de ese año fue considerada para el grupo como un refrescamiento, y el tour tenía la intención de volver a viejos temas (1 ó 2 por álbum anterior).
  • Lo más importante para Freddie era divertirse, estar feliz.
  • Le gustaba la espontaneidad en las colaboraciones, como la que se hizo con David Bowie. Nunca forzó una, ni con su amigo Elton, por ejemplo.
  • I do not regret what I have done.
  • Nunca encasillado ni etiquetado. En la vida y en la música.
  • I’m a musical prostitute, darling.

Si te animas, mira la grabación de esa entrevista aquí:

Jim Hutton era peluquero en el Savoy Hotel, no un camarero que hubiese trabajado eventualmente para Freddie, por lo que no se conocieron como se ve en la película sino en el club gay Copacabana, cerca de la casa de Freddie en Kensington en 1983; así que tampoco Freddie tuvo que torturarse buscándolo en la guía telefónica. Eso sí: el Live Aid fue su primer concierto rock.

Y hablando de cucarachas… (esto es un chiste, referencia a un programa radial cubano que tenía Yoel Valdés).

Live Aid, el complicadísimo —no solo por la infraestructura y el personal reunido en él, sino también por las vicisitudes por las que pasó— concierto organizado por Bob Geldof y Midge Ure, es utilizado como el «retorno del héroe con el elíxir» para cerrar su circuito heroico, y de ahí se salta a informar, con texto, la muerte de Freddie por complicaciones con SIDA. FIN. Bueno, no es un mal cierre para el guion que se ha escrito. Pero lo que se ha hecho con ese evento en la película… ¿A ustedes no les hubiese gustado saber que Geldof se encolerizó y hasta insultó a Freddie porque este no se decidía a participar? ¿No hubiese sido esa otra muestra del carácter de diva del cantante? Pues, así fue. Ellos sí fueron invitados desde el principio porque, donde iba a haber tanto «monstruo» de la farándula, ¿cómo no iba a pensarse en Queen para que asistiera? Sí, como se sugiere en la película, fue una actuación de cinco estrellas de la banda, la cual está considerada la mejor actuación de una banda rock en un concierto. Sin embargo, cabe destacar que Queen no tocó allí con algunos días de ensayo pues, como podrán recordar por haberlo leído antes, ellos sacaron un disco por aquel tiempo. Así que no estaban oxidados, sino recién acoplados como de costumbre. ¿Para qué, entonces, inventar otra cosa? Los productores de la película, ¿pensarían que la verdad minimizaría la trascendencia de la actuación del grupo? A mí, por mi parte, no me transmitieron ninguna impresión de grandeza de Queen por eso, pues ya Queen era grande y lo seguiría siendo sin Live Aid.

¿Y que Freddie le confesara al resto de los integrantes de su enfermedad en los ensayos? ¡Qué metida de pata! Live Aid fue en 1985, y Freddie no fue diagnosticado con SIDA hasta 1987. Eso sí: los miembros de la banda lo supieron de boca del enfermo con bastante rapidez, considerando que no se dijo de forma oficial hasta la víspera de la muerte del cantante.

A propósito, ¿no hubiera sido una escena desgarradora, bien venida a menos con tal guion, el haber puesto a Freddie en su lecho de muerte, en sus últimos días junto a amigos y amante? Yo creo que sí. O el deterioro que se le vio en el video These Are The Days Of Our Lives, el último que Freddie pudo grabar y, así mismo, la grabación de The Show Must Go On, una canción de la que May le dijo: «si quieres no la hacemos» —May la consideraba tener registros muy altos para un Freddie enfermo ya—, y la respuesta del cantante tras apurar un vodka: Let’s fucking do it, darling. ¿Han oído esa canción? O haber sido tan asediado por la prensa dondequiera, al punto que Mercury era casi un prisionero en su casa, y siempre se le irrespetaba y criticaba. Por cierto, a propósito de la estupidez de Syd Vicious en aquel estudio en Wessex, en una presentación en vivo Freddie hizo movimientos de ballet en el escenario y dijo: «Para la prensa». Eso también me hubiese gustado haberlo visto en la película. Creo que todo eso hubiese sido una buena forma de hablar del carácter de Mercury.

¿Alguien entendió por qué Freddie dijo en aquella escena de la entrevista «soy una prostituta musical»? En la entrevista de Munich está la explicación. Otro motivo para verla.

Mucho se obvió, sobre todo momentos amargos y controversiales: cuando actuaron en Sun City, Sudáfrica, en pleno régimen de Apartheid, por lo cual el British Musician’s Union los multó; la tensión de los conciertos en una Argentina bajo tiranía militar; el concierto en Hungría socialista; el rechazo en los conciertos en México. En cuanto a esto cabe imaginar que, estando Brian May y Roger Taylor involucrados en la concepción de la película, cosas como esa podían ser pasadas por alto.

Al final, los defensores de la película dirían: «Bueno, el que quiera saber más que se compre una biografía del grupo». Aunque la cuestión no está en cuanto se sepa, sino en qué se sepa. Las mentiras contadas en Bohemian Rhapsody para cumplir con el estándar de melodrama-viaje del héroe hollywoodense distorsionan la historia de una figura prominente y de un grupo descollante en la historia del rock, y se quedan corta al compararlas con las verdades de una vida, real, que fue mucho más interesante que lo que vimos en el cine.

No obstante, me levanto y aplaudo la actuación de Rami Malek —a mi esposa le había dicho: eso hay que verlo por la inclusión de ese actor— que fue, en segunda instancia, la razón por la que fui a ver la película. La primera: todo el tiempo que estuve esperando que la película saliera desde que hablaron de ella.

No soy otra barca que se ha echado a esta corriente de Queenmanía. Soy seguidor de Queen desde que oíamos las canciones de la banda en secundaria. Desde que disfrutaba con los amigos las canciones en disco de acetato, y conversábamos sobre la brillantez de aquellos músicos que serían eternos. Y no nos equivocamos. Pero veo con beneplácito que, incluso debido a una explosión de simpatía causada por la película, la gira de los restantes músicos y una buena publicidad, las nuevas generaciones y hasta los viejos que desconocían lo que se habían perdido se hayan conectado a la buena música, hayan conocido la existencia del arte en un género que muchos creen que es todo gritos, sexo y drogas. Y nada de cerebro o sensibilidad.

Debido a eso la película tiene un grado de mérito. Y, a propósito, todo el mundo quiere cantar Bohemian Rhapsody, la cual está considerada como la obra cumbre de Queen. Me quito el sombrero. No obstante, me sucede con eso algo parecido a lo que a Ritchie Blackmore cuando en una entrevista le dijeron que Smoke On The Water era la mejor canción de Deep Purple. En aquella ocasión, él admitió que esa era muy buena, pero que habían muchas otras, también buenas, pero que si el periodista lo decía… Yo, como Deacon: me quedo con Draggon Attack.

¡TÚ ERES ESPARTACO!

Mi modesto homenaje a la partida de un GIGANTE.

Ha dejado de existir físicamente un ACTOR, con una carrera prolífica que comenzó en los años cuarenta y terminó en el nuevo siglo, lo cual suma más de sesenta años brindando actuaciones merecedoras de premios junto a actrices y actores renombrados.

Desde que se lanzó al estrellato con Champion, por cuya actuación recibió su primera nominación al premio Oscar, su carrera no paró de cosechar éxitos en todos los medios en los que demostró su valía: teatro, radio, televisión y cine.

En su polifacético desempeño en la industria del arte cinematográfico, fundó la Bryna Productions en 1955, con la cual produjo películas como Paths of Glory («Senderos de gloria» en su versión hispana) y Spartacus («Espartaco»). Con esto le dio oportunidad de demostrarse al entonces muy poco conocido director Stanley Kubrik (que no merece presentación para quienes amamos el buen cine), y dio una muestra de solidaridad y entereza no muy abundante en aquellos tiempos al permitirle a Dalton Trumbo escribir el guion de «Espartaco» y añadir su nombre en los créditos de la película. No suena a nada extraordinario si no se sabe, empero, que Dalton pertenecía al «Grupo de los Diez» y por eso estaba en la infame «Lista negra de Hollywood».

Afortunadamente para quienes amamos el derroche de talento cuando los gigantes de la actuación se unen en una sola película (sin considerar ciertas, muy ásperas rivalidades a lo tipo Bette Davis y Joan Crawford en What Ever Happened to Baby Jane? -«¿Qué pasó con Baby Jane?»-, o la crítica adversa que le hicieron a Tom Cruise por Interview with the Vampire -«Entrevista con el vampiro»-, y me quito el sombrero con Cruise), Kirk Douglas actuó en siete de ellas con otra leyenda: Burt Lancaster. Así se les pudo ver desde I Walk Alone, pasando por aquella Gunfight at the O.K. Corral (la de 1957, que después vinieron varias versiones), hasta Tough Guys («Otra ciudad, otra ley»). Y ya que menciono la película de la famosa batalla del mítico sheriff Wyatt Earp, sus hermanos y el jugador Doc Holliday contra el clan de los Clantons en Tombstone, Arizona, pongo en el sitio de honor de quienes interpretaron al dentista, junto a Kirk Douglas, a Dennis Quaid por su papel en Wyatt Earp de 1994.

Kirk Douglas actuó en la puesta de Broadway de One Flew Over the Cuckoo’s Nest («Atrapado y sin salida» se le conoce en el mundo hispano) en el papel protagónico (el de Randle Patrick McMurphy), el que, probablemente, la mayoría lo recordemos en la imagen de un Jack Nicholson imbatible bajo la dirección de Miloš Forman. A Kirk Douglas lo rechazaron para la película porque tenía más edad que la requerida por el personaje, pero compró la historia y, tras diez años de no conseguir que un estudio la rodara con él, se la cedió a su hijo Michael para que la produjera, convirtiéndose aquel derroche de talento en celuloide en ganadora de Óscares (un aplauso también para Brad Dourif quien se llevó el premio por mejor actor de reparto. ¡Qué actuación!).

A propósito de Jack Nicholson, la rápida ascensión en la carrera de Kirk Douglas fue comparada con la de ese actor. Al igual que Nicholson, Kirk Douglas ignoraba a los directores intervencionistas, y se preparaba en privado para cada papel al punto de luego robarse las escenas en las narices de sus colegas. Melville Shavelson, productor y director de Cast a Giant Shadow («La sombra de un gigante»), dijo que él tendría dificultades con dirigir a Kirk Douglas, porque era inteligente, se imbuía en cada papel —no únicamente en el suyo— para establecer cuán correcto este estaba desarrollado en el guion, y hasta las acotaciones del director. Kirk discutía con el director si se sentía en el derecho de hacerlo.

Kirk Douglas opinaba que las claves del éxito en la actuación eran la determinación y la aplicación. Él decía: «Tienes que saber cómo funcionas y cómo mantenerte, tienes que amar lo que haces. Pero también necesitas mucha buena suerte y yo la he tenido». ¡Vaya con la modestia de un monstruo de la actuación! Pero tal actitud le valió esta calificación del biógrafo John Parker: «desde su actuación en Champion, Kirk Douglas pasó del estrellato a las grandes ligas, exhibiendo un estilo contrastante con la mayoría de los actores de primera en el Hollywood de aquella época».

Pero si la mayoría reconocemos el valor histriónico de la leyenda hollywoodense, cabe destacar la parte filantrópica en la que este hombre descolló por igual. Kirk Douglas y su esposa donaban dinero a causas sin fines de lucro, y hasta planearon hacerlo con los más de ochenta millones de dólares que constituía su fortuna. Entre otras causas, ayudó a financiar el musical Amsterdam Oratorio de su bachillerato, donó cinco millones para su alma mater St. Lawrence University, ayudó a reconstruir áreas de juego y recreación en 400 escuelas del sur de California, establecieron el «Centro para mujeres desamparadas» de Los Angeles Mission, donaron casi dos millones y medio para el Children’s Hospital Los Angeles, y otros cincuenta y cinco para Harry’s Haven, una institución para el tratamiento del Alzheimer en Woodland Hills.

¡Uff! Eso me recuerda que, si las naciones ricas del planeta destinaran un pequeño porcentaje de su riqueza a los países pobres, millones de seres humanos tendrían calidad de vida —no mejor, sencillamente la tendrían— y, de seguro, todo el mundo se sentiría mejor ser humano, como apuesto que era el sentimiento de Kirk Douglas. En tu idioma te digo: Kudos, Kirk!

Dije al comienzo que había dejado de existir físicamente un ACTOR, así, con mayúsculas. Su legado de actor excelso y su quehacer de sensible ser humano se queda en cada molécula de celuloide con sus personajes y en los pensamientos de quienes nos jactamos de haber tenido el honor de disfrutar del trabajo de un GIGANTE —no una estrella, que las estrellas se convierten en huecos negros cuando consumen su núcleo—, sino de un ACTOR que, como hombre, fue consecuente con su tiempo y vida.

Preferencia sexual

En Diciembre de 2018, Revista Demencia me otorgó un diploma por la aceptación de este cuento para ser publicado. Otro que pudo pasar el corte, como dicen en las películas sobre las escenas que llegan a la edición final, o de las selecciones -tan abundantes en internet- de los 10 más esto, o los cincuenta más de lo otro, y así. Aquí les dejo, pues, otra variante de mis grupos de cuentos, este de la categoría “Ellos entre nosotros”. Gracias por leerlo, y déjame tu comentario si te mueve a hacerlo.

PREFERENCIA SEXUAL

 «¡Está deliciosa!», concluyó él, después que analizara a su presa en detalle, repasando con la vista cada palmo de su presencia. Su condición de «amarilla» quedaba bien compensada con los atributos que la Naturaleza había acoplado con mano maestra, para formar un conjunto deseable hasta por sus más pequeños e intrascendentes componentes.

Así que no estaba nada mal para constituir su primer cambio. Había arrancado espasmos, suspiros, jadeos, gritos a decenas y decenas de hembras de su raza, pero aún no en ninguna fuera de ella. Y eso que su padre se había revolcado con varias negras en su vida de casado, inclusive, mientras su pobre madre…, bueno, lo hizo con un latino. En todo caso, parecía ser una muestra de la atracción que su estirpe superior ejercía sobre los colores de menor cuantía. Y en esta asiática se demostraba.

No se equivocó. Después de un par de miradas, regalarse mutuamente algunas sonrisas, varias copas, y el inevitable intercambio de palabras conminativas, supo que él se llevaba este gato al agua donde otros habían sólo calentado el asiento.

Después que ella hubo puesto sus ojos en cada rincón del salón, en cada rostro, en cada parecer, en cada pensamiento, escogió y aguardó, pero sin restringir las pequeñas estratagemas propias para atraer la atención de su elegido.

No tuvo que agotarse en una larga espera, aunque sí necesitó de ciertos rechazos para afianzar la legitimidad de su elección. Él llegó, resuelto, confiado en su atractivo y poder de macho a la caza, empujado por su pensamiento de dominar a la raza inferior, clavándole —como él mismo se promoviera— su pica de 24 centímetros.

En la cama, él comprendió enseguida con qué clase de «perla» había ido a dar. ¡Aquella «bicha» sí sabía cómo hacer lo suyo! Todo su ser, sus actitudes, sus movimientos descargaban un apabullante erotismo sobre el cuerpo del hombre, haciéndole experimentar sensaciones que no había sentido con tal intensidad desde aquel verano del dos mil seis cuando aquella «loca» lo librara de su virginidad. Solo que esta era mejor. ¡Nada mal para la «amarilla»!

Por eso le permitió tomar las riendas de la placentera contienda, luego que ella le tumbara de espaldas sobre el colchón y se trepara encima de su duro miembro para tragarlo con un apetito voraz, lubricándolo profusamente con cada espasmo de su vientre goloso.

Por eso…, y porque las bellas manos de la mujer hacían tanta presión sobre su pecho y estómago, que casi no le dejaba hacer movimiento alguno. Aún más: las largas uñas comenzaban a horadar la piel de sus bien formados músculos. Sin embargo, el hombre trataba de desviar su atención de esto y poner sus cinco sentidos en el acto sexual, pues… ¡Dios, a ese paso le haría eyacular en menos de cinco minutos!

Agarrando a la mujer por los brazos, quiso voltearla para quedar encima de ella, pero no logró moverla ni un milímetro, pues su suave y caliente cuerpo, vibrando ahora como nunca, era como una roca sembrada sobre la pelvis y los muslos de él. Un poco ofuscado, el macho intentó con mayor energía imponer su deseo, mas… una sensación indescriptible le paralizó por completo. Sintió como si algo húmedo y liso apretara con fuerza su pene, deslizándose arriba y abajo por él, mientras ejercía esa presión creciente. Quiso desembarazarse de ella, quien, con los ojos cerrados por el éxtasis, parecía ignorar su existencia, pero su intento pereció en el fracaso. También su garganta estaba atorada, por lo cual su maldición se atascó en su cabeza.

No pudo, por tanto, gritar cuando experimentó aquel profundo dolor en el pecho, que bajó por todo su tórax, sus testículos y su pene, doblándole el torso ligeramente hacia adelante. Ni tampoco cuando sus azorados ojos vieron el cuerpo de la mujer hincharse, como estirándose hacia atrás y los costados, aun con las uñas clavadas ya bien profundo en sus abdominales.

Con un ruido sordo, el cuerpo femenino estalló en pedazos, lanzando carne, huesos y sangre en todas direcciones. Entonces, el hombre cayó sobre el colchón, expirando y relajándose.

Unos minutos después, el «pura sangre» abrió los párpados, respiró profundo y se sentó, con lentitud, en la cama. Sin apuro, apartó de su cuerpo los despojos que sobre él dejara la mujer al reventar, y los lanzó al suelo. Un poco inseguro, mareado, plantó sus pies en el piso y se irguió sobre ellos, buscando equilibrio. Sabía que los primeros minutos de ocupar un cuerpo eran así: tenía que acostumbrarse a la nueva estructura, insertarse al ADN, adherirse a la columna vertebral, y controlar el cerebro. Pero eso era rápido…, como ahora…, que ya estaba pasando.

Miró en derredor y se regocijó con el panorama sanguinolento de la pequeña habitación salpicada por todas las partes integrantes de aquel ser humano que había sido su morada hasta… que escogiera a éste como sustituto. ¡En verdad esta parte la disfrutaba tanto!

En el baño, su recién adquirida anatomía se reflejó en un espejo largo y sucio. Aunque todavía el glande estaba siendo regenerado, después que se pulverizara en el intercambio, ya no sangraba, y las heridas del abdomen igualmente iban desapareciendo bajo la rápida cicatrización que el parásito lograba en ellas. Se encogió de hombros y suspiró. A pesar de que aquel era un cuerpo masculino deseado, definitivamente las mujeres eran más bellas y seguían siendo sus preferidas.

La primera hora.

Aquí les dejo el primer cuento que habré de publicar en mi abrevadero. Fue mención cuento de ciencia ficción en el concurso de cuento «Oscar Hurtado 2018», en Ciudad de la Habana, y luego publicado en la revista digital de literatura fantástica y de ciencia-ficción Korad. Fue un honor participar y una gran alegría recibir un reconocimiento de instituciones literarias de nuestra isla. Este cuento pertenece a la serie «De lo fantástico y antinatural». Espero que les guste y lo comenten.

LA PRIMERA HORA

El abrevadero…

La palabra es tomada de una novela de Daína Chaviano, talentosa escritora, mujer cubana que ha seguido triunfando en el exilio, y bella persona. El libro es una pieza entrañable de mi vida en Cuba antes de emigrar, como las personas especiales, los amigos que siguen siendo hermanos, la familia perdida y los lugares inolvidables. Como La Habana. Cuando pensé en un nombre para el blog, nada me vino a la mente tan rápido como esa palabra. Así que, simplemente, ella estaba esperando a que yo me decidiera a crear este sitio. Y, por fortuna, Daína no pone reparos en que yo busque mi sed entre nuestros dinosaurios.

El empuje me lo dio el escritor y maestro Alejandro Quintana, en cuya academia estoy tratando de pulirme para escribir «algo que merezca la pena leerse» como él mismo dice. Gracias, Alejandro, por avivarme la sed de crear algo que yo pudiera compartir con el resto de la humanidad (o la parte que aquí llegue). porque mi abrevadero, como le comenté a Daína: «no es un oasis en mi desierto para calmarme la sed, sino un modesto motivo para buscar la sed en mi desierto».

En mi país yo diría: no soy de la gran escena, pero me gusta decir lo mío a tiempo y sonriente. Y de eso, precisamente, se trata este sitio: de decir y compartir. Y para avivar las sospechas de haber bebido de El Abrevadero alguna vez en forma de dinosaurio. Al visitante, gracias por acercarte a mi abrevadero, el cual irá mejorando en lo que pase el tiempo. Como los buenos vinos, espero.

Así que: ¡gracias por llegarte!

A %d blogueros les gusta esto: