¡TÚ ERES ESPARTACO!

Mi modesto homenaje a la partida de un GIGANTE.

Ha dejado de existir físicamente un ACTOR, con una carrera prolífica que comenzó en los años cuarenta y terminó en el nuevo siglo, lo cual suma más de sesenta años brindando actuaciones merecedoras de premios junto a actrices y actores renombrados.

Desde que se lanzó al estrellato con Champion, por cuya actuación recibió su primera nominación al premio Oscar, su carrera no paró de cosechar éxitos en todos los medios en los que demostró su valía: teatro, radio, televisión y cine.

En su polifacético desempeño en la industria del arte cinematográfico, fundó la Bryna Productions en 1955, con la cual produjo películas como Paths of Glory («Senderos de gloria» en su versión hispana) y Spartacus («Espartaco»). Con esto le dio oportunidad de demostrarse al entonces muy poco conocido director Stanley Kubrik (que no merece presentación para quienes amamos el buen cine), y dio una muestra de solidaridad y entereza no muy abundante en aquellos tiempos al permitirle a Dalton Trumbo escribir el guion de «Espartaco» y añadir su nombre en los créditos de la película. No suena a nada extraordinario si no se sabe, empero, que Dalton pertenecía al «Grupo de los Diez» y por eso estaba en la infame «Lista negra de Hollywood».

Afortunadamente para quienes amamos el derroche de talento cuando los gigantes de la actuación se unen en una sola película (sin considerar ciertas, muy ásperas rivalidades a lo tipo Bette Davis y Joan Crawford en What Ever Happened to Baby Jane? -«¿Qué pasó con Baby Jane?»-, o la crítica adversa que le hicieron a Tom Cruise por Interview with the Vampire -«Entrevista con el vampiro»-, y me quito el sombrero con Cruise), Kirk Douglas actuó en siete de ellas con otra leyenda: Burt Lancaster. Así se les pudo ver desde I Walk Alone, pasando por aquella Gunfight at the O.K. Corral (la de 1957, que después vinieron varias versiones), hasta Tough Guys («Otra ciudad, otra ley»). Y ya que menciono la película de la famosa batalla del mítico sheriff Wyatt Earp, sus hermanos y el jugador Doc Holliday contra el clan de los Clantons en Tombstone, Arizona, pongo en el sitio de honor de quienes interpretaron al dentista, junto a Kirk Douglas, a Dennis Quaid por su papel en Wyatt Earp de 1994.

Kirk Douglas actuó en la puesta de Broadway de One Flew Over the Cuckoo’s Nest («Atrapado y sin salida» se le conoce en el mundo hispano) en el papel protagónico (el de Randle Patrick McMurphy), el que, probablemente, la mayoría lo recordemos en la imagen de un Jack Nicholson imbatible bajo la dirección de Miloš Forman. A Kirk Douglas lo rechazaron para la película porque tenía más edad que la requerida por el personaje, pero compró la historia y, tras diez años de no conseguir que un estudio la rodara con él, se la cedió a su hijo Michael para que la produjera, convirtiéndose aquel derroche de talento en celuloide en ganadora de Óscares (un aplauso también para Brad Dourif quien se llevó el premio por mejor actor de reparto. ¡Qué actuación!).

A propósito de Jack Nicholson, la rápida ascensión en la carrera de Kirk Douglas fue comparada con la de ese actor. Al igual que Nicholson, Kirk Douglas ignoraba a los directores intervencionistas, y se preparaba en privado para cada papel al punto de luego robarse las escenas en las narices de sus colegas. Melville Shavelson, productor y director de Cast a Giant Shadow («La sombra de un gigante»), dijo que él tendría dificultades con dirigir a Kirk Douglas, porque era inteligente, se imbuía en cada papel —no únicamente en el suyo— para establecer cuán correcto este estaba desarrollado en el guion, y hasta las acotaciones del director. Kirk discutía con el director si se sentía en el derecho de hacerlo.

Kirk Douglas opinaba que las claves del éxito en la actuación eran la determinación y la aplicación. Él decía: «Tienes que saber cómo funcionas y cómo mantenerte, tienes que amar lo que haces. Pero también necesitas mucha buena suerte y yo la he tenido». ¡Vaya con la modestia de un monstruo de la actuación! Pero tal actitud le valió esta calificación del biógrafo John Parker: «desde su actuación en Champion, Kirk Douglas pasó del estrellato a las grandes ligas, exhibiendo un estilo contrastante con la mayoría de los actores de primera en el Hollywood de aquella época».

Pero si la mayoría reconocemos el valor histriónico de la leyenda hollywoodense, cabe destacar la parte filantrópica en la que este hombre descolló por igual. Kirk Douglas y su esposa donaban dinero a causas sin fines de lucro, y hasta planearon hacerlo con los más de ochenta millones de dólares que constituía su fortuna. Entre otras causas, ayudó a financiar el musical Amsterdam Oratorio de su bachillerato, donó cinco millones para su alma mater St. Lawrence University, ayudó a reconstruir áreas de juego y recreación en 400 escuelas del sur de California, establecieron el «Centro para mujeres desamparadas» de Los Angeles Mission, donaron casi dos millones y medio para el Children’s Hospital Los Angeles, y otros cincuenta y cinco para Harry’s Haven, una institución para el tratamiento del Alzheimer en Woodland Hills.

¡Uff! Eso me recuerda que, si las naciones ricas del planeta destinaran un pequeño porcentaje de su riqueza a los países pobres, millones de seres humanos tendrían calidad de vida —no mejor, sencillamente la tendrían— y, de seguro, todo el mundo se sentiría mejor ser humano, como apuesto que era el sentimiento de Kirk Douglas. En tu idioma te digo: Kudos, Kirk!

Dije al comienzo que había dejado de existir físicamente un ACTOR, así, con mayúsculas. Su legado de actor excelso y su quehacer de sensible ser humano se queda en cada molécula de celuloide con sus personajes y en los pensamientos de quienes nos jactamos de haber tenido el honor de disfrutar del trabajo de un GIGANTE —no una estrella, que las estrellas se convierten en huecos negros cuando consumen su núcleo—, sino de un ACTOR que, como hombre, fue consecuente con su tiempo y vida.

Preferencia sexual

En Diciembre de 2018, Revista Demencia me otorgó un diploma por la aceptación de este cuento para ser publicado. Otro que pudo pasar el corte, como dicen en las películas sobre las escenas que llegan a la edición final, o de las selecciones -tan abundantes en internet- de los 10 más esto, o los cincuenta más de lo otro, y así. Aquí les dejo, pues, otra variante de mis grupos de cuentos, este de la categoría “Ellos entre nosotros”. Gracias por leerlo, y déjame tu comentario si te mueve a hacerlo.

PREFERENCIA SEXUAL

 «¡Está deliciosa!», concluyó él, después que analizara a su presa en detalle, repasando con la vista cada palmo de su presencia. Su condición de «amarilla» quedaba bien compensada con los atributos que la Naturaleza había acoplado con mano maestra, para formar un conjunto deseable hasta por sus más pequeños e intrascendentes componentes.

Así que no estaba nada mal para constituir su primer cambio. Había arrancado espasmos, suspiros, jadeos, gritos a decenas y decenas de hembras de su raza, pero aún no en ninguna fuera de ella. Y eso que su padre se había revolcado con varias negras en su vida de casado, inclusive, mientras su pobre madre…, bueno, lo hizo con un latino. En todo caso, parecía ser una muestra de la atracción que su estirpe superior ejercía sobre los colores de menor cuantía. Y en esta asiática se demostraba.

No se equivocó. Después de un par de miradas, regalarse mutuamente algunas sonrisas, varias copas, y el inevitable intercambio de palabras conminativas, supo que él se llevaba este gato al agua donde otros habían sólo calentado el asiento.

Después que ella hubo puesto sus ojos en cada rincón del salón, en cada rostro, en cada parecer, en cada pensamiento, escogió y aguardó, pero sin restringir las pequeñas estratagemas propias para atraer la atención de su elegido.

No tuvo que agotarse en una larga espera, aunque sí necesitó de ciertos rechazos para afianzar la legitimidad de su elección. Él llegó, resuelto, confiado en su atractivo y poder de macho a la caza, empujado por su pensamiento de dominar a la raza inferior, clavándole —como él mismo se promoviera— su pica de 24 centímetros.

En la cama, él comprendió enseguida con qué clase de «perla» había ido a dar. ¡Aquella «bicha» sí sabía cómo hacer lo suyo! Todo su ser, sus actitudes, sus movimientos descargaban un apabullante erotismo sobre el cuerpo del hombre, haciéndole experimentar sensaciones que no había sentido con tal intensidad desde aquel verano del dos mil seis cuando aquella «loca» lo librara de su virginidad. Solo que esta era mejor. ¡Nada mal para la «amarilla»!

Por eso le permitió tomar las riendas de la placentera contienda, luego que ella le tumbara de espaldas sobre el colchón y se trepara encima de su duro miembro para tragarlo con un apetito voraz, lubricándolo profusamente con cada espasmo de su vientre goloso.

Por eso…, y porque las bellas manos de la mujer hacían tanta presión sobre su pecho y estómago, que casi no le dejaba hacer movimiento alguno. Aún más: las largas uñas comenzaban a horadar la piel de sus bien formados músculos. Sin embargo, el hombre trataba de desviar su atención de esto y poner sus cinco sentidos en el acto sexual, pues… ¡Dios, a ese paso le haría eyacular en menos de cinco minutos!

Agarrando a la mujer por los brazos, quiso voltearla para quedar encima de ella, pero no logró moverla ni un milímetro, pues su suave y caliente cuerpo, vibrando ahora como nunca, era como una roca sembrada sobre la pelvis y los muslos de él. Un poco ofuscado, el macho intentó con mayor energía imponer su deseo, mas… una sensación indescriptible le paralizó por completo. Sintió como si algo húmedo y liso apretara con fuerza su pene, deslizándose arriba y abajo por él, mientras ejercía esa presión creciente. Quiso desembarazarse de ella, quien, con los ojos cerrados por el éxtasis, parecía ignorar su existencia, pero su intento pereció en el fracaso. También su garganta estaba atorada, por lo cual su maldición se atascó en su cabeza.

No pudo, por tanto, gritar cuando experimentó aquel profundo dolor en el pecho, que bajó por todo su tórax, sus testículos y su pene, doblándole el torso ligeramente hacia adelante. Ni tampoco cuando sus azorados ojos vieron el cuerpo de la mujer hincharse, como estirándose hacia atrás y los costados, aun con las uñas clavadas ya bien profundo en sus abdominales.

Con un ruido sordo, el cuerpo femenino estalló en pedazos, lanzando carne, huesos y sangre en todas direcciones. Entonces, el hombre cayó sobre el colchón, expirando y relajándose.

Unos minutos después, el «pura sangre» abrió los párpados, respiró profundo y se sentó, con lentitud, en la cama. Sin apuro, apartó de su cuerpo los despojos que sobre él dejara la mujer al reventar, y los lanzó al suelo. Un poco inseguro, mareado, plantó sus pies en el piso y se irguió sobre ellos, buscando equilibrio. Sabía que los primeros minutos de ocupar un cuerpo eran así: tenía que acostumbrarse a la nueva estructura, insertarse al ADN, adherirse a la columna vertebral, y controlar el cerebro. Pero eso era rápido…, como ahora…, que ya estaba pasando.

Miró en derredor y se regocijó con el panorama sanguinolento de la pequeña habitación salpicada por todas las partes integrantes de aquel ser humano que había sido su morada hasta… que escogiera a éste como sustituto. ¡En verdad esta parte la disfrutaba tanto!

En el baño, su recién adquirida anatomía se reflejó en un espejo largo y sucio. Aunque todavía el glande estaba siendo regenerado, después que se pulverizara en el intercambio, ya no sangraba, y las heridas del abdomen igualmente iban desapareciendo bajo la rápida cicatrización que el parásito lograba en ellas. Se encogió de hombros y suspiró. A pesar de que aquel era un cuerpo masculino deseado, definitivamente las mujeres eran más bellas y seguían siendo sus preferidas.

La primera hora.

Aquí les dejo el primer cuento que habré de publicar en mi abrevadero. Fue mención cuento de ciencia ficción en el concurso de cuento «Oscar Hurtado 2018», en Ciudad de la Habana, y luego publicado en la revista digital de literatura fantástica y de ciencia-ficción Korad. Fue un honor participar y una gran alegría recibir un reconocimiento de instituciones literarias de nuestra isla. Este cuento pertenece a la serie «De lo fantástico y antinatural». Espero que les guste y lo comenten.

LA PRIMERA HORA

El abrevadero…

La palabra es tomada de una novela de Daína Chaviano, talentosa escritora, mujer cubana que ha seguido triunfando en el exilio, y bella persona. El libro es una pieza entrañable de mi vida en Cuba antes de emigrar, como las personas especiales, los amigos que siguen siendo hermanos, la familia perdida y los lugares inolvidables. Como La Habana. Cuando pensé en un nombre para el blog, nada me vino a la mente tan rápido como esa palabra. Así que, simplemente, ella estaba esperando a que yo me decidiera a crear este sitio. Y, por fortuna, Daína no pone reparos en que yo busque mi sed entre nuestros dinosaurios.

El empuje me lo dio el escritor y maestro Alejandro Quintana, en cuya academia estoy tratando de pulirme para escribir «algo que merezca la pena leerse» como él mismo dice. Gracias, Alejandro, por avivarme la sed de crear algo que yo pudiera compartir con el resto de la humanidad (o la parte que aquí llegue). porque mi abrevadero, como le comenté a Daína: «no es un oasis en mi desierto para calmarme la sed, sino un modesto motivo para buscar la sed en mi desierto».

En mi país yo diría: no soy de la gran escena, pero me gusta decir lo mío a tiempo y sonriente. Y de eso, precisamente, se trata este sitio: de decir y compartir. Y para avivar las sospechas de haber bebido de El Abrevadero alguna vez en forma de dinosaurio. Al visitante, gracias por acercarte a mi abrevadero, el cual irá mejorando en lo que pase el tiempo. Como los buenos vinos, espero.

Así que: ¡gracias por llegarte!

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