A falta de cabeza, más fama: la historia de Sunset Strip y Paul McCartney.

(este artículo está conectado al principal que puede leerse siguiendo este enlace: https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/5750)

Pues la historia se las traigo según se cuenta en la página de internet de la emisora radial KRCW californiana, escrita por Victoria Bernal.

La primera cartelera en Sunset Strip de The Beatles fue la legendaria portada del álbum Abbey Road.

El diseñador Roland Young fue asignado por Capitol Records para transformar el álbum de Kosh en una valla publicitaria con vistas a Sunset Strip, y este tampoco le añadió texto a la imagen.

De hecho, mantuvo la mayor parte del diseño original del álbum, pero recortó el paisaje urbano de Londres y extendió las cabezas hacia el cielo como si la banda estuviera cruzando Sunset Boulevard.

Poco después de que Abbey Road apareciera en Sunset Strip en diciembre, Bob Quinn decidió celebrar su cumpleaños —16 para algunos, 18 para otros, ó 19 para otra fuente— con una broma que involucraba esa cartelera de la banda británica: él y sus amigos planearon cortarle aquella cabezota de madera a Paul McCartney.

En ese momento, había renacido el rumor de la muerte del músico en el accidente automovilístico de 1966. Los teóricos de la conspiración «expusieron» todo tipo de «indicios» presentes en la portada del álbum Abbey Road como nueva prueba del deceso de Paul años atrás, y así seguir apoyando la teoría del «doble».

Robert Quinn era un gran admirador de los Beatles. Los vio tocar en el Dodger Stadium en 1966. Su hermana vio a la banda en el Hollywood Bowl.

Los Beatles en vivo en el Dodger Stadium de Los Angeles (Sunday 28th August 1966).
Los Beatles en vivo en el Hollywood Bowl en 1964.

Quinn creció cerca de Sunset Strip y asistió a la escuela primaria a solo un bloque de distancia. Este famoso bulevar era como un patio de recreo para adolescentes como él, sus amigos y muchos adolescentes locales.

El fotógrafo y autor Robert Landau, quien es apenas unos años más joven que Quinn, también vivió cerca de Sunset Strip y consideró a la legendaria calle ser su patio trasero. Hijo de un prominente galerista de La Cienega, Landau se animó a crear arte y eligió la fotografía como su medio. Cuando vio estas vallas publicitarias pintadas a mano apareciendo a lo largo de la avenida, sacó su cámara para documentar este bulevar convertido en galería de arte rock and roll de gran tamaño.

Landau recordaba: «No había tantas formas para que los artistas, en este caso los artistas de rock and roll, se comunicaran. Esta era una forma en que podían comunicarse visualmente en directo con sus fans o con otras personas en su negocio. Entonces, en cierto modo, fue una forma de expresión muy personal, y se pasó por alto o se perdió».

Las compañías mantenían las vallas publicitarias en pie solo durante unas semanas antes de volver a pintarlas, por lo que las fotos de Landau proporcionan documentación rara de, como él explica, «este período realmente interesante tanto en la historia del rock and roll como en la historia de Los Ángeles». 

Landau publicó estas fotos en un libro de Angel City Press llamado Rock ‘N’ Roll Billboards of the Sunset Strip y habló con KCRW cuando se publicó. También posee un documental llamado Sign O’ The Times: Rock ‘N’ Roll Billboards of the Sunset Strip con Rugged Entertainment, que profundiza en las historias de esta forma de arte de la cultura pop.  

Libro y documental de Landau sobre las vallas publicitarias de Sunset Strip.

La única otra reliquia conocida que queda de este arte efímero es la cabeza de Paul McCartney de la cartelera. En la noche de su cumpleaños en diciembre de 1969, Quinn y sus amigos saltaron a la parte posterior de la valla publicitaria, a solo cuatro pies del suelo, y le cortaron la cabeza a Paul, en una acción que tomó solo algunos minutos.

Landau notó la cabeza faltante y fotografió la valla publicitaria alterada antes de que fuese derribada. La compañía de vallas publicitarias también detectó el vandalismo y llamó enseguida al diseñador Roland Young, que estaba trabajando en el cercano edificio de Capitol Records.

El instinto inicial de Young fue reemplazarla. Pero cuando condujo hasta el sitio y la vio en persona, cambió de opinión. Con los rumores girando sobre la muerte de Paul, esta cabeza perdida atraería más atención que el diseño original. Como explicó Young en el libro de Landau: «Ese fue otro nivel de arte, la primera cartelera interactiva. Quien lo tomó era un artista callejero y no lo sabía».

Sin todavía haber respuesta a la desaparición de cabeza de Paul McCartney 40 años después, Landau anunció que le regalaría un ejemplar con su firma a la persona que llevara la cabeza al lanzamiento del libro.

Quinn se apareció con la cabeza de gran tamaño que había estado cargando durante la mayor parte de los 43 años. De hecho, esa cabeza había estado en la pared de cada hogar en el que Quinn ha vivido en los últimos 50 años.

Robert Landau, posando junto a la cabeza del Macca. Robert Quinn con la cabeza de Paul en la pared de su casa, como lo fotografió Victoria Bernal.

Landau y Quinn coordinaron una reunión con el artista de la cartelera Mario Rueda, quien falleció en 2014. Si se mira con detenimiento la cabeza cortada, se pueden distinguir los rasgos de las pinceladas de Rueda. Como cualquier artista, Rueda firmó el reverso de su obra.

En la inauguración de una galería que expuso las fotografías en el libro de Landau, el autor hizo arreglos para que Quinn conociera al hombre que había pintado esa valla publicitaria, Mario Rueda, y para que el pintor de 94 años se reuniera con su obra de hacía tantos años.

Bob Quinn buscaba que Paul McCartney le firmara en la parte posterior de la cartelera. McCartney se presentó en el Dodger Stadium el 13 de julio de 2019.

Sin embargo, ninguna fuente sobre este tema encontrada y consultada decía algo sobre si este deseo se cumplió o no.

Así que, si sabes algo al respecto, déjalo dicho aquí en un comentario.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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