
¿Era el seppuku exclusivo de los samuráis? Esas y otras cosas, como los testimonios de los asombrados occidentales, en la última entrega de este trabajo.
Abajo te dejo el enlace al comienzo de esta investigación, en caso que no hayas empezadlo por la 1ra parte:
Un procedimiento más exigente
Algunos samuráis optaron por realizar una forma considerablemente más exigente de seppuku conocida como jūmonji giri (十文字切, «corte en forma de cruz»), en el que no hay kaishakunin para poner rápido fin al sufrimiento del samurái. Implica un segundo y más doloroso corte vertical en el vientre.

El corte a la izquierda se consideraba ser el clásico que se efectuaba al cometer seppuku. El corte a la derecha —en un solo movmiento se abría el torso de izquierda a derecha, se retornaba hasta medio camino, y se subía y bajaba— podría ser el utilizado en jūmonji giri.
Se esperaba que un samurái que realizaba jūmonji giri soportara su sufrimiento en silencio hasta morir por desangramiento con las manos sobre la cara.
El almirante Takijiro Onishi, el hombre a cargo de los kamikazis en la Segunda Guerra Mundial, se quitó la vida de esta manera tras la rendición de Japón; le tomó 15 horas perecer. El general Nogi hizo lo mismo en 1912, por motivo junshi, y era tan rudo que se abotonó completamente su uniforme militar sobre sus heridas antes de esperar el final.


Suicidio ritual femenino: también las mujeres
Stephen R. Turnbull (en la foto) proporciona una amplia evidencia de la práctica del suicidio ritual femenino, especialmente de las esposas samurái, en el Japón premoderno.

El término que se conoce y usa hoy, incorrectamente referido en algunas fuentes inglesas, para el suicidio de las mujeres es jigai (自害), la cual significa «suicidarse con un cuchillo o tantō con un corte rápido en la vena yugular del cuello» en japonés. La palabra moderna habitual para el suicidio es jisatsu (自殺).
En algunos textos occidentales populares, como las revistas de artes marciales, jigai se asocia con el suicidio de esposas samuráis. A pesar de que este tipo de suicidio era común para las mujeres samuráis, la palabra no significa «seppuku para mujeres».
El término fue introducido en inglés por Patrick Lafcadio Hearn en su Japan: An Attempt at Interpretation, un entendimiento que desde entonces ha sido traducido al japonés. Joshua S. Mostow señala que Hearn malinterpretó el término jigai como el equivalente femenino de seppuku.



(en los puntos 8 y 9 del Apéndice puedes ler una reseña del libro arriba mencionado y mayor información sobre el Dr. Mostow, respectivamente; utiliza el enlace a continuación):
El contexto de Mostow es el análisis de Madama Butterfly de Giacomo Puccini y la historia original de Cio-Cio San —la prostituta que dio origen a la historia— de John Luther Long. Aunque tanto la historia de Long como la ópera de Puccini son anteriores al uso de Hearn del término jigai, este se ha utilizado en relación con el japonismo occidental.



Extrema derecha: póster litográfico original sobre papel grueso de Madama Butterfly creado por Adolfo Hohenstein en 1914;. Impreso por Ricordi & C, Milán, Italia.
El suicidio ritual femenino fue practicado por diferentes razones: las esposas de samuráis que se habían suicidado por seppuku o caído en deshonor lo realizaron; también las mujeres que perdían a sus maridos podían cometerlo. No hubo muchos ejemplos de seppuku forzado para samuráis criminales, sin embargo, era muy común que las esposas de daimios de alto nivel cometieran seppuku voluntario cuando sus maridos eran derrotados en un campo de batalla.
De hecho, si las féminas deseaban evitar la captura por parte del enemigo tras una batalla perdida, fueran guerreras o no, lo hacían; mujeres violadas y hasta quien perdía su casa y quedaba desamparada, se suicidaban. Los ejércitos invasores a menudo entraban en las casas para encontrar a la señora sentada sola, mirando hacia otro lado de la puerta. Al acercarse a ella, descubrían que había terminado con su vida mucho antes de que la alcanzaran.
Existe el mito de que el seppuku era requerido para las esposas de los samuráis, lo cual es incorrecto. Si el marido lo cometía después de una mala conducta, se recuperaba el honor de la familia. Sin embargo, las esposas de los daimios a menudo se suicidaban si sus maridos eran capturados y asesinados por un clan rival. Sería vergonzoso para la esposa de un samurái de élite mantener un estilo de vida exclusivo después de que el esposo fuera asesinado deshonrosamente.
Según los registros históricos, los suicidios femeninos no involucraban a un kaishakunin; las mujeres lo cometían en solitario, por lo cual se esperaba que la ejecutante diera el golpe final a su propia garganta o corazón.

En efecto, se cortaban las arterias del cuello de un solo golpe, usando un cuchillo como un tantō o kaiken (en la foto), lo cual hacía que el proceso fuera más fácil y la muerte más rápida y segura.
La esposa de Onodera Junai, uno de los 47 rōnin, es un ejemplo notable de una esposa que sigue el seppuku de un marido samurái.

La esposa de Onodera Junai, uno de los cuarenta y siete Rōnin, se prepara para su suicidio; tengan en cuenta las piernas atadas, una característica del seppuku femenino para garantizar una postura decente en la muerte.
Una fuente indica que, en la familia de Saigō Tanomo, quien sobrevivió a las caídas de la ciudad de Aizuwakamatsu y del castillo de Tsuruga, se ha registrado un total de veintidós suicidios de honor femeninos; su esposa e hijos, por cierto, son todavía famosos en la región por el suicidio colectivo al perderse la batalla y el castillo.


Tanomo y el castillo de Tsuruga.
Otra fuente le atribuye al caso de Nakano Takeko en 1868 ser el seppuku más famoso de una mujer samurái. Durante la Guerra Boshin, formó la unidad de samuráis femeninos en el dominio de Aizu y luchó contra el poderoso ejército imperial. Incluso se acercó a las fuerzas enemigas y mató 5 ó 6 soldados con solo usar naginata.


Takeko y un ejemplo de naginata.
Después de ser herida, estaba preocupada por ser capturada viva y le pidió a su hermana que la decapitara.
A modo de contraste, las creencias religiosas de Hosokawa Gracia —por su nombre de bautismo católico, pero Hosokawa Tama en realidad, y normalmente conocida como Hosokawa Garasha—, la esposa cristiana conversa del daimyō Hosokawa Tadaoki (en la foto), le impidieron suicidarse.

Antes de suicidarse, una mujer a menudo ataba sus rodillas para que su cuerpo fuera encontrado en una pose digna —léase que ciertas partes del cuerpo no estuvieran expuestas después de su muerte—, a pesar de las convulsiones durante el deceso.
Testimonios
Una fuente afirma que los rastros de sangre samurái real del seppuku masivo de los criados de Torii Mototada, se pueden ver en el Templo Yogen-in —del antiguo castillo Fushimi-Momoyama— en Kioto, lo cual podría servir como testimonio gráfico de la consumación del acto.



De izquierda a derecha: Mototada; Templo Yogen-in; castillo Fushimi-Momoyama.
Incidente de Sakai:
El 15 de febrero de 1868 sucedió uno de los tres grandes incidentes diplomáticos en el periodo Bakumatsu de Japón ese año que involucró ataques contra extranjeros: el incidente de Sakai, también conocido como «el incidente Senshū Sakai» o «el incidente Myōkoku-ji».
Un oficial subalterno y varios marineros de la corbeta francesa FS Dupleix entraron en la ciudad de Sakai, prefectura de Osaka, sin permiso oficial. Aunque el puerto estaba abierto a barcos extranjeros había una gran tensión, y su presencia causó pánico entre los residentes; aquellos extranjeros groseros, desenfrenados e irrespetuosos no eran bienvenidos.

Las fuerzas de seguridad fueron enviadas para devolver a los marineros a su barco pero, poco después de que atracara la botadura, estalló una pelea entre los franceses y un grupo de guerreros samuráis del Clan Tōsa; la escaramuza terminó cuando el Tōsa abrió fuego, matando a los franceses.

Para evitar que la situación empeorara, el gobierno detuvo a 20 de los guardias del clan responsables, incluido el jefe de guardia Minoura Inokichi. Tras la protesta del capitán francés, y con el empuje autoritario de los cónsules francés y británico, se pagó una indemnización económica y los responsables fueron condenados a muerte.
Los samuráis fueron conducidos al templo de Myōkoku-ji y se les ordenó cometer seppuku frente al capitán Abel-Nicolas Bergasse du Petit-Thouars, quien observó la ejecución. Comenzando con Minoura, cada samurái se abrió el abdomen y derramó sus intestinos… hasta que el onceno hombre terminó de hacerlo. La violencia del acto horrorizó al oficial francés al punto que detuvo la ejecución.


Capitán Petit-Thouars y el templo de Myōkoku-ji.
Los nueve samuráis salvados sufrieron destierro. Se cree que esta fue la primera vez que el seppuku había sido presenciado por un extranjero y causó tal revuelo que incluso fue a dar a los periódicos de Inglaterra.

(en el punto 10 del Apéndice encontrarás información sobre un libro que recoge trabajos de dos grandes escritores japoneses —Mori incluido— y su autora; sigue este enlace):
«Los cuentos del viejo Japón» de Mitford:
En la década de 1860, el embajador británico en Japón, Algernon Bertram Freeman-Mitford (Lord Redesdale) vivía a la vista de Sengaku-ji, donde están enterrados los 47 rōnin. En su libro Tales of Old Japan, describe a un hombre que había ido a las tumbas para suicidarse:
| «Añadiré una anécdota a fin de mostrar la santidad que se adjunta a las tumbas de los cuarenta y siete. En el mes de septiembre de 1868, cierto hombre vino a rezar ante la tumba de Oishi Chikara. Habiendo terminado sus oraciones, deliberadamente realizó harakiri, y como la herida del vientre no era mortal, se despachó cortándose la garganta. En su persona se encontraron documentos que establecían que, siendo un rōnin y sin medios para ganarse la vida, había solicitado que se le permitiera ingresar al clan del Príncipe de Chōshū, al que consideraba el clan más noble del reino; habiendo sido rechazada su petición, no le quedaba nada más que morir, porque ser un rōnin era odioso para él, y no serviría a otro maestro que al Príncipe de Chōshū. ¿Qué lugar más apropiado podría encontrar para poner fin a su vida que el cementerio de estos Bravos? Esto sucedió a unos doscientos metros de distancia de mi casa, y cuando vi el lugar una o dos horas más tarde, el suelo estaba salpicado de sangre y perturbado por la lucha a muerte del hombre». |
Mitford también describió el relato de un amigo que fue testigo ocular de un seppuku:
«Hay muchas historias registradas de heroísmo extraordinario que se muestra en el harakiri. El caso de un joven, de sólo veinte años, del clan Choshiu, que me contó el otro día un testigo ocular, merece ser mencionado como un maravilloso ejemplo de determinación. No contento con darse el único corte necesario, se cortó tres veces horizontalmente y dos veces verticalmente. Luego se apuñaló en la garganta hasta que el dirk sobresalió del otro lado, con su borde afilado hacia el frente. Apretando sus dientes en un esfuerzo supremo, condujo el cuchillo hacia adelante con ambas manos a través de su garganta y cayó muerto». |
Otro de los incidentes internacionales de 1868 en Japón que involucró seppuku como castigo fue el de Kōbe. Una fuente cita que esta historia fue contada en el libro de Mitford, quien describe haber presenciado este harakiri. Otra fuente dice que el suceso aparece narrado en el libro Bushido: The Soul of Japan del Dr. Inazō Nitobe. De cualquier manera, esto fue lo que describió el británico en su libro:


Derecha: Portada del Bushido: The Soul of Japan (Filadelfia: Leeds & Biddle, 1900) de Inazō Nitobe (1862-1933). Versión en inglés. Biblioteca Houghton, Universidad de Harvard.
«El condenado fue Taki Zenzaburō, un oficial del Príncipe de la provincia de Bizen, quien dio la orden de disparar contra el asentamiento extranjero de Kōbe en el mes de febrero de 1868 (…) Hasta ese momento ningún extranjero había presenciado tal ejecución, que más bien se consideraba como una fábula de viajero».


Izquierda: paisaje urbano del asentamiento extranjero de Kobe alrededor de 1885, en la carretera costera Kaigan-dōri; trabajo de Adolfo Farsar titulado BUND, KOBE; fotografía coloreada sobre papel albuminoso. Derecha: en la caricatura de Joseph Ferdinand Keppler, publicada en el periódico ilustrado de Frank Leslie el 8 de marzo de 1873, se muestra al Tío Sam conminando a los senadores estadounidenses implicados en el escándalo Crédit Mobilier a cometer harakiri, lo cual demuestra claramente que en ese momento el público estadounidense en general ya estaba familiarizado con el ritual japonés y sus implicaciones sociales.
«La ceremonia, que fue ordenada por el propio Mikado (Emperador), tuvo lugar a las 10:30 de la noche en el templo de Seifukuji, el cuartel general de las tropas de Satsuma en Hiogo. Se envió un testigo de cada una de las delegaciones extranjeras. Éramos siete extranjeros en total. Después de otra profunda reverencia, Taki Zenzaburo, con una voz que delataba tanta emoción y vacilación como podría esperarse de un hombre que está haciendo una confesión dolorosa, pero sin signos ni en su rostro ni en sus movimientos, habló de la siguiente manera:
«Yo, y sólo yo, di la orden injustificada de disparar contra los extranjeros en Kōbe, y de nuevo mientras trataban de escapar. Por este crimen me destripo, y les ruego a ustedes que están presentes que me hagan el honor de presenciar el acto».


Izquierda: templo de Seifukuji. Derecha: una ilustración sobre el seppuku deTaki Zenzaburoen julio 4 de 1868 apareció en este número de Frank Leslie’s Illustrated Newspaper—más tarde cambiado a Leslie’s Weekly—, una revista literaria y de noticias ilustrada estadounidense fundada en 1855 y publicada hasta 1922. Fue una de varias revistas iniciadas por el editor e ilustrador Frank Leslie.
«Inclinándose una vez más, el orador permitió que sus prendas superiores se deslizaran hasta su faja y permaneció desnudo hasta la cintura. Con cuidado, según la costumbre, se metió las mangas debajo de las rodillas para evitar caer hacia atrás; porque un noble caballero japonés debía morir cayendo hacia adelante. Deliberadamente, con mano firme, tomó el dirk que tenía delante; lo miró con nostalgia, casi cariñosamente; Por un momento pareció recoger sus pensamientos por última vez, y luego apuñalándose profundamente por debajo de la cintura en el lado izquierdo, dibujó el dirk lentamente hacia el lado derecho y, girándolo en la herida, dio un ligero corte hacia arriba. Durante esta operación repugnantemente dolorosa, nunca movió un músculo de su cara. Cuando sacó el dirk, se inclinó hacia adelante y estiró el cuello; Una expresión de dolor por primera vez cruzó su rostro, pero no emitió ningún sonido. En ese momento, el kaishaku, que, todavía agachado a su lado, había estado observando atentamente cada uno de sus movimientos, se puso de pie, apuntó su espada por un segundo en el aire; hubo un destello, un golpe sordo y pesado, una caída estrepitosa; de un solo golpe la cabeza había sido cortada del cuerpo.
«Siguió un silencio sepulcral, roto solo por el horrible ruido de la sangre palpitando del montón inerte ante nosotros, que un momento antes había sido un hombre valiente y caballeroso. Fue horrible.
«El kaishaku hizo una reverencia baja, limpió su espada con un pedazo de papel de arroz que tenía listo para el propósito, y se retiró del piso elevado; y el dirk manchado fue solemnemente llevado, una prueba sangrienta de la ejecución. Los dos representantes del Mikado abandonaron sus lugares y, cruzando hacia donde estaban sentados los testigos extranjeros, nos llamaron para presenciar que la sentencia de muerte sobre Taki Zenzaburo se había cumplido fielmente. Habiendo terminado la ceremonia, salimos del templo. La ceremonia, a la que el lugar y la hora dieron una solemnidad adicional, se caracterizó en todo momento por esa extrema dignidad y puntillosidad que son las marcas distintivas de los procedimientos de los caballeros japoneses de rango; Y es importante señalar este hecho, porque lleva consigo la convicción de que el hombre muerto era efectivamente el oficial que había cometido el crimen, y no un sustituto. Aunque profundamente impresionado por la terrible escena, era imposible al mismo tiempo no llenarse de admiración por el porte firme y varonil del sufriente, y por el nervio con el que el kaishaku cumplió su último deber para con su maestro».
Durante la investigación di con una respuesta dada por un traductor profesional de nombre Clyde Mandelin en legendsoflocalization.com en octubre de 2013 a la pregunta de alguien con alias Shadowmanwkp, quien es holandés. El interesado quería saber por qué la palabra harakiri la subtitulaban como seppuku, según él. La respuesta de Clyde no estuvo desacertada, como mostró en una parte:
«No siendo holandés no puedo decirlo con certeza, pero mi corazonada es que seppuku es probablemente la palabra más conocida fuera de Japón, dado que es el término más formal».
Pero en otra parte hallé este comentario:
«(…) las palabras importadas de otros idiomas a menudo comienzan a cobrar vida propia y absorben nuevos significados y matices. Como no hablo holandés, realmente no puedo decir qué nuevos matices podrían tener seppuku y harakiri en ese idioma».
Lo cual me hizo pensar en el sentido que le damos los cubanos a harakiri. En nuestro caso, le dimos un significado y matiz distintos al significado original de la palabra japonesa.
Como sea, aquí les va una recomendación que también tomo prestada de otra fuente: ¡asegúrense de no llamarlo hari-kari! Ni escribirlo así, tampoco. Solo un gaijin se refiere a harakiri como hiri-kiri o hari-kari. Según las fuentes explican, esto parece ser una pifia de los hablantes de inglés estadounidense, quienes lo escriben y pronuncian mal.
Si te ha gustado este artículo, demuéstralo con un «pulgar arriba» y un «aplauso», y compartiendo el contenido con tus amistades y en tus redes sociales. Es muy gratificante. Y quizás otras personas se enteren de estas cosas interesantes que has leído hoy.
Si tienes algo que comentar, preguntar o agregar, o decirme como expositor, por favor hazlo dejando tu comentario.
Siempre lo mejor para estar al tanto de estas interesantes entregas es suscribirte a mi blog, que trato de surtir con nuevos trabajos siempre que me sea posible.
Gracias por leer.
sobresalió del otro lado, con su borde afilado hacia el frente. Apretando sus dientes en un esfuerzo supremo, condujo el cuchillo hacia adelante con ambas manos a través de su garganta y cayó muerto».
Deja un comentario