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Después del incidente
Los entendidos consideran que esta decisión evitó un ataque nuclear de represalia contra Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, lo que probablemente habría resultado en una escalada a una guerra nuclear a gran escala.

En la entrevista de 2013 con la BBC, Stanisláv (en la foto) recordó: «Cogí el auricular del teléfono, hablé con mis superiores e informé que la alarma era falsa. Pero yo mismo no estaba seguro, hasta el último momento. Sabía perfectamente que nadie sería capaz de corregir mi error si hubiera cometido uno».
Y algo similar le confesó a TASS, al admitir «que nunca estuvo absolutamente seguro de que la alerta fuera falsa; creía que las probabilidades fueron 50-50».
Pero también le aclaró a las noticiosas que «era el único oficial de su equipo que había recibido una educación civil, pues sus colegas eran todos soldados profesionales, a quienes se les enseñó a dar y obedecer órdenes».
Los expertos técnicos soviéticos tardaron meses en determinar qué salió mal esa noche. Petróv tuvo que hacer una evaluación en minutos, no en meses. Por tanto, fue el hombre adecuado en el lugar correcto en el momento correcto. Si el Kremlin lo hubiese ignorado y en su lugar hubiese actuado contra el ataque fantasma de misiles estadounidenses, el mundo se habría sumido en una guerra nuclear global.
Hoy yo no estaría escribiendo esto ni ustedes lo estarían leyendo en su momento.
Por fin, la causa:
Una fuente cita que tras el incidente se reunió una comisión estatal que no pudo averiguar la causa de la falsa alarma ni después de trabajar allí durante tres días. Aquí mismo se le adjudica a Petróv declarar esto:
| «Cuando se resumieron los resultados, nadie nos informó lo que habían escrito allí. Porque, obviamente, algunas tonterías estaban escritas allí. Un recién llegado no lo resolvería tan rápido. A nosotros, los especialistas en el sitio, nos resultó difícil determinar la razón, y el hecho de que fueran superiores no significaba que estuvieran más informados. Solo seis meses después se supo por qué falló el sistema: los rayos del sol se reflejaron de cierta manera desde las nubes e iluminaron el satélite. Es decir, lo mismo que sucede cuando un niño hace que los rayos de sol entren en los ojos de otro. Por suerte, uno de estos “conejitos” se formó justo encima de la base militar en Dakota del Norte. Posteriormente, tales situaciones se aprendieron a calcular, y no se repitieron». |
La investigación del sistema de alerta por satélite determinó más tarde que este había funcionado mal. La mayoría de las fuentes aduce que, finalmente, se concluyó que falsa alarma se activó, en apariencia, cuando un conjunto muy inusual de condiciones atmosféricas sobre el nivel norte de los Estados Unidos causó que la luz solar se reflejara en las nubes a grandes altitudes de tal manera, que los sensores de los satélites confundieron los reflejos con los lanzamientos de misiles balísticos intercontinentales.
Otras fuentes se pronuncian con mayor tecnicismo, pues puntualizan que las falsas alarmas fueron causadas por una rara alineación de la luz solar en nubes de gran altitud y las órbitas de los satélites Mólñia, un error corregido más tarde mediante referencias cruzadas de un satélite geoestacionario.

El satélite, el área de la base de los cohetes estadounidenses y el sol estaban ubicados de manera que la luz solar se reflejaba fuertemente desde las nubes ubicadas a grandes altitudes. O sea, el astro rey se había elevado sobre el horizonte en el ángulo exacto para que los satélites interpretaran sus señales térmicas como un ataque de misiles.

Este fue probablemente el primer caso de este tipo en un sistema adoptado un año antes. De hecho, Petróv declaró que el sistema había sido puesto en servicio apresuradamente en respuesta a la introducción de un sistema similar por parte de Estados Unidos., y que sabía que no era 100 por ciento confiable.
Stanisláv le habría dicho al periodista del periódico Saverchénno Sicriétno —«Altamente secreto», una publicación sociopolítica internacional, mensual, soviética y rusa—, Dimitri Albiértovich Lijánov (en la foto):

| «El 13 de julio de 1983 se realizó el mantenimiento rutinario previsto del nuevo programa de combate se llevó a cabo en el puesto de mando central —en el argot militar en ruso referido como ЦКП (TSKP) o tsentrálñii komándñii punkt—. En una computadora especial, desconectada de todos los objetos notificados, probamos un programa de combate a través de sistemas de simulación durante todo el día y al final incluso preparamos un certificado de aceptación para este programa con las modificaciones realizadas. Pero cuando intentaron ejecutar el programa a través de una computadora en función, debido a un desperfecto en uno de los bloques del sistema de intercambio, la máquina dio información falsa sobre el lanzamiento masivo de misiles balísticos. El jefe del Estado Mayor del Ejército, General Zavaliy, dio una orden oral para retirar todo el equipamiento del servicio, pero los instaladores, que era personal civil, se negaron categóricamente a seguir la orden y abandonaron las instalaciones. Luego, los militares terminaron haciéndolo. Creo que este incidente estuvo directamente relacionado con lo que sucedió en septiembre». |
Como resultado de la investigación, sacaron a la luz un montón de fallas en el sistema de alerta espacial para el lanzamiento de misiles balísticos. Los principales problemas se dieron en el programa de combate y en la imperfección de los aparatos espaciales. Y esta es la base de todo el sistema.
En el sistema espacial se hicieron cambios para eliminar esta situación. El programa informático que se suponía que debía filtrar dicha información tuvo que ser reescrito.
Todas estas deficiencias fueron eliminadas sólo en el año 1985, cuando el sistema fue finalmente puesto en servicio de combate.
La pesquisa:
Petróv se sometió a un intenso interrogatorio por sus superiores acerca de sus acciones. Inicialmente, fue elogiado por su decisión. El general Yuri Vsiévolodovich Vótintsev, entonces comandante de las fuerzas de defensa de misiles de las Tropas de Defensa Aérea soviética —Vaiská PVO o V-PVO, transliteración: Vaiská protivovozdúshnoi abaróni—, quien fuera el primero en escuchar el informe de Petróv sobre el incidente, declaró que las «acciones correctas» de Petróv fueron «debidamente notadas».
Al explicar los factores que condujeron a su decisión, Stanisláv se refirió a su creencia y formación sobre que cualquier primer ataque de Estados Unidos sería masivo, por lo que cinco misiles parecían un comienzo ilógico. Además, el sistema de detección de lanzamiento era nuevo y en su opinión aún no totalmente digno de confianza, mientras que el radar de tierra había fallado al recoger pruebas de corroboración, incluso después de varios minutos de la falsa alarma.
Una fuente cita que cuando al oficial le preguntaron por qué no había dado la alerta, contestó simplemente: «La gente no empieza una guerra nuclear con solo cinco misiles».
Asimismo, otro «historiador» señala que, en esta investigación, al preguntársele por qué no había registrado todo en su cuaderno de bitácora, el oficial respondió: «Porque tenía un teléfono en una mano y el intercomunicador en la otra, y no tengo una tercera mano». Esto, en mi modesta opinión, parece más propio de un personaje en un guion hollywoodense que salido de la boca de Stanisláv.

El mayor general Vladímir Zinóvievich Dvórkin (en la foto), investigador jefe del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales —IMEMO, por la transliteración Institút Miravói Económiki y Miezhdunaródnij Atnachéñii—, le dio importancia al acto de Stanisláv con esta evaluación:
| «Casi nadie enfatizó el factor clave para tomar una decisión sobre lanzamientos de misiles: tal decisión podría tomarse únicamente sobre la base de la información del segundo escalón de los sistemas de alerta temprana, es decir, datos de radares terrestres (radar) que determinan la escala, las trayectorias de los misiles y los objetivos para los que se forma la señal “Ataque con misiles”. E incluso si el comandante en Jefe Supremo estuviera sentado frente a una “maleta nuclear”, nunca tomaría decisiones catastróficas sobre la información “Lanzamiento de cohetes” desde el escalón espacial». |
IMEMO es un instituto de investigación independiente con sede en Moscú, Rusia, que en agosto de 2015 cambió su nombre a Instituto «Yevguéni Maksímovich Primakóv» (en la foto) de Economía Mundial y Relaciones Internacionales para conmemorar el nombre de su exdirector, el académico Primakóv, quien dirigió el Instituto de 1985 a 1989. Fundado en 1956 como sucesor del anterior Instituto de Economía y Política Mundial (1925-1948), el instituto es una organización sin fines de lucro que actúa dentro de la Carta de la RAN —por Rosiískaya Akademiya Naúk—, la Academia de Ciencias de Rusia.
(foto del archivo de Leo Medvediev)

La recompensa:

Petróv mismo afirmó que inicialmente fue elogiado por su calma por Vótintsev (en la foto) y hasta se le prometió alentarlo y presentarlo públicamente como recompensa, pero aclaró también que, al final, fue reprendido por la presentación incorrecta de documentos con el pretexto de que no había descrito el incidente en el diario militar o cuaderno de bitácora.
Petróv, como cualquier otro oficial militar, tenía un diario de combate donde, según el reglamento, tenía que registrar sus órdenes y las respuestas recibidas a ellas. Dado que en la noche del 26 de septiembre la situación se desarrolló en muy escaso tiempo, simplemente no tuvo la capacidad física para escribir mientras actuaba, y quedaron lagunas en el registro.
Una fuente cita a Petróv declarando: «Por esto, me acusaron de haber redactado incorrectamente los documentos de combate. Había que fastidiarme, y eso hicieron».
Otra aduce que, según las memorias de Petróv, la comisión que investigó el incidente incluyó solo a aquellas personas cuyas deficiencias llevaron al fracaso del sistema, y se dice: «Resulta que debieron regañarse a sí mismos, y ahí aparece una figura blanca e inmaculada: el oficial de servicio operativo. Les fue necesario bajarme a su nivel».
El incidente y otros errores encontrados en el sistema de detección de misiles avergonzaron a sus superiores y a los científicos influyentes que fueron responsables de ello, por lo que si Petróv hubiera sido recompensado oficialmente, habrían tenido aquellos que ser castigados.
Décadas más tarde, admitió que no guardaba rencor contra esas personas: entendió que no tenía sentido ofenderse, porque ese era el momento y tales eran las peculiaridades de su servicio. Pero en sus primeras conversaciones con periodistas —en particular, en una entrevista con la BBC—, declaró abiertamente:
| «Me convirtieron en chivo expiatorio. En general, cuando comencé a dar entrevistas, no sentía lástima por ninguna de estas personas que me hicieron mucho daño. Luego, hubo resentimiento en mi alma, pero ahora solo queda como un rasguño. Solo trato de no pensar en eso, tomo el pasado con filosofía». |
El suceso ve la luz:
Stanisláv guardó silencio durante 10 años: «Pensé que era vergonzoso para el ejército soviético que nuestro sistema fallara de esta manera», dijo.
El coronel Petróv se había desvanecido en gran medida en la oscuridad.
(en la foto: Petróv en 1999)

En realidad, debido al secretismo militar y a lógicas consideraciones políticas, la información sobre el incidente del 26 de septiembre en Serpujóv-15 siguió siendo un secreto de Estado, y fue desclasificada solo en 1993, después del colapso de la Unión Soviética. Según una fuente, «la noticia comenzó a filtrarse cuando los exoficiales soviéticos se sintieron libres de hablar e incluso escribir sobre el desgarrador evento».
También este eslabón de la historia muestra diferentes versiones. Todas coinciden en que fue el propio coronel general Vótintsev quien desclasificó por primera vez este incidente, pero después difieren en cómo Petróv salió a la luz y se hizo famoso.
Por un lado, se describe que Vótintsev publicó el artículo «Tropas desconocidas de la superpotencia desaparecida», un resumen de estos eventos en 1993, en el cual, por primera vez, se hacía mención del «Jefe Adjunto del Departamento de Algoritmos y Programas de Combate, Teniente Coronel-Ingeniero S.E. Petróv» (sin embargo, tal como aparece en la publicación digital de arta46.narod.ru/libr/wotin, no pude corroborar la mención de Stanisláv en ella).
Otra versión con el general —ya retirado— afirma que el incidente se dio a conocer públicamente en 1998 a raíz de la publicación de las memorias del general Vótintsev (no un artículo), donde se mencionó a Petróv.
En otro giro, lo que Vótintsev hizo fue conceder una entrevista a finales de 1990, donde habló por primera vez sobre ese incidente.
Por otro lado, se le atribuye el darle a conocer al público general las acciones de Petróv en 1991, cuando Saverchénno Sicriétno publicó un ensayo de Lijánov «sobre la hazaña de S. E. Petróv, escrito sobre la base de una entrevista con el coronel general Y. V. Vótintsev, celebrada a finales de 1990». Posteriormente, añade esta fuente, Vótintsev reflejó los acontecimientos en sus propias memorias.



Folleto periodístico (número oral con Yulián Semiónovich Semiónov -centro- y Yevguéni Yúrievich Dódoliev -derecha- en 1989).
Otra versión, que igualmente utiliza esta revista como dato, afirma que lo que Lijánov hizo fue entrevistar a Petróv por primera vez en 1993 y que, entonces, la publicación no recibió ninguna resonancia.
Con el tiempo, Petróv fue encontrado por periodistas extranjeros, después de lo cual su nombre se dio a conocer en todo el mundo. Los mayores medios europeos escribieron sobre él, se hicieron varios documentales.
Pero hasta principios de la década del ‘90, incluso su esposa no sabía nada sobre este incidente. Él mismo no le dio mucha importancia a lo sucedido, pues estaba acostumbrado al trabajo secreto, así que selló ese día así: «Dormí bien y olvidé todo». Ni siquiera le dijo a su esposa que en realidad había evitado la Tercera Guerra Mundial.
Es que Stanisláv siempre siempre dijo que no se consideraba un héroe, sino que «simplemente, había hecho su trabajo».
Acorde a una fuente, «Raisa había pensado que su esposo era piloto hasta que un periodista de Pravda llamó a la puerta del edificio de apartamentos de la familia, y le dijo a la mujer que su esposo había salvado al mundo de una guerra nuclear, lo que llevó a Petróv a cerrar la puerta y, al menos al principio, decirle a su esposa que el reportero estaba mintiendo, temeroso de que lo estuvieran probando».
Las tensiones de la Guerra Fría persistieron. En noviembre de 1983, la OTAN llevó a cabo Able Archer 83, un gran ejercicio militar que simulaba un ataque nuclear coordinado.
El ejercicio, junto con la llegada a Europa de los misiles nucleares Pershing II, llevó a algunos en el liderazgo soviético a creer que Estados Unidos lo estaba utilizando como cortina de humo para la guerra; los soviéticos pusieron sus unidades aéreas en la República Democrática Alemana y Polonia en alerta.
Vale la pena señalar que casos similares ocurrieron no solo en la URSS. Según la inteligencia soviética, los sistemas de alerta temprana estadounidenses para ataques con misiles tampoco funcionaron y también dieron falsas alarmas, acercando a la humanidad a una catástrofe monstruosa.
En un caso, los estadounidenses incluso alertaron a sus bombarderos estratégicos, que lograron llegar al Polo Norte, desde donde planeaban lanzar un ataque masivo con misiles en el territorio de la Unión Soviética.
En otro caso, los estadounidenses hicieron sonar la alarma, al confundir la migración de bandadas de aves como misiles soviéticos. Por fortuna, se pudo reconocer tales casos a tiempo, por lo que las cosas no llegaron a lanzarse en respuesta a los misiles balísticos.
Algunos analistas de la Guerra Fría cuestionan si el protocolo estándar de la Unión Soviética —que requería múltiples fuentes de advertencia— podría haberse seguido estrictamente en caso de que la advertencia del ataque de misiles involucrara a Petróv.

Oleg Danílovich Kalúguin (en la foto), un exjefe de la contrainteligencia extranjera de la KGB —el Comité para la Seguridad del Estado—, que conocía bien al presidente soviético Andrópov, afirmó que la desconfianza de Andrópov hacia los líderes estadounidenses era profunda.
Es posible que, si Petróv hubiera declarado las advertencias del satélite como válidas, un informe tan erróneo podría haber provocado que los líderes soviéticos se tornaran belicosos. Kalugin dijo:
| «El peligro estaba en el pensamiento de los líderes soviéticos: los estadounidenses pueden atacar, por lo que es mejor atacar primero». |
Así las cosas, mis queridos lectores. Quédate pendiente de la próxima entrega, porque no hemos terminado. Aquí dejo el enlace a la continuación:
¿Qué opinas sobre la acción de Petróv? ¿Le salvó la vida a este planeta, a esta humanidad? ¿Crees que estaríamos con vida si él hubiese apretado ese «botón rojo»? ¿Qué valoración le darías a la integridad de este oficial soviético?
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