
El seppuku no es algo que se hacía en solitario. La representación en películas, programas o cómics en la que un samurái, sentado en silencio, solo, se apuñala con una katana no es ilustrativa de este ritual. En realidad, apuñalarse en el intestino es solo la primera parte del seppuku.
Si has llegado a este trabajo ahora, no podrás tener la información necesaria en él para comprenderlo. Te dejo el enlace al comienzo de todo:
Ritual – método de realización
Sin ningún ritual acompañante o forma codificada de realizar el acto, el seppuku temprano pudo haber sido un proceso doloroso y prolongado.
Al realizar harakiri, también es difícil continuar cortando el vientre después de que el dolor de la primera incisión se activa. Después de la década de 1600, a menudo había otras personas al lado del condenado para terminar el trabajo.
Por lo general, el dolor depende de la nitidez y longitud de la cuchilla, la profundidad y velocidad del corte, la edad y la salud del ejecutante, la rectitud de la incisión, y si los huesos o la pared del abdomen se cortan o no. La mayoría de las veces la muerte es larga y dolorosa debido a la pérdida de sangre, no a la disfunción de los intestinos u otros órganos internos.
También es importante si la arteria mesentérica superior se corta o no. Si esta arteria se corta, el samurái moría con bastante rapidez. Como menciona Rankin:

| «Estrictamente hablando, el corte de estómago no es un modo de suicidio, ya que la herida no es inmediata, ni siquiera necesariamente, fatal. El fanático imperialista Takayama Hikokurō sobrevivió durante diecinueve horas después de cortar completamente su intestino delgado y grueso. El informe de un cirujano sobre la muerte de un samurái que cometió seppuku en abril de 1754 señala que logró un corte en el estómago que tenía aproximadamente cinco pulgadas de largo y una pulgada y media de profundidad, sin embargo, continuó respirando durante catorce horas. El almirante Ōnishi Takijirō, conocido como el padre del Escuadrón de Ataque Especial (kamikaze), se cortó el estómago y se apuñaló la garganta, pero no expiró hasta quince horas después. En cada uno de estos casos, la causa de la muerte fue una hemorragia». |



La práctica no fue estandarizada hasta el siglo XVII. En los siglos XII y XIII, como con el seppuku de Minamoto no Yorimasa (en la foto), el uso de un kaishakunin —idiomáticamente, «segundo, ayudante»— aún no había surgido, por lo que el rito se consideraba mucho más doloroso. La característica definitoria era sumergir el tachi —espada diferente en longitud y curvatura a la katana—, wakizashi —espada corta— o tantō —cuchillo— en el intestino y cortar el abdomen horizontalmente.




De izquierda a derecha: tachi, katana, wakizashi, tantō.
Los registros históricos muestran que, en ausencia de un kaishakunin, los samuráis terminaban con el harakiri al sacarse la cuchilla del estómago y apuñalarse en la garganta, o caía —desde una posición de pie— con la hoja colocada contra su corazón, o saltaba a las llamas.
Durante el período Edo (1600-1867), llevar a cabo seppuku llegó a implicar un ritual elaborado y detallado, se convirtió en un espectáculo altamente ritualizado de suicidio noble y artístico. Por lo general, se realizaba frente a los espectadores si era un seppuku planeado, a diferencia de uno realizado en un campo de batalla donde no había reglas estrictas para el harakiri.
Contrariamente a lo que se piensa, casi todas las formas de seppuku no implican suicidio, sino infligir lesiones fatales a uno mismo. El kaishakunin lleva a cabo el asesinato real. Por eso, lo primero que hay que hacer es reclutar a un asistente, un kaishakunin. Si a alguien se le ordenaba cometer seppuku por el bakufu —gobierno del shogunato—, podía nombrar a su propio kaishakunin.
De lo contrario, el condenado le pedía a un gran iaijutsuka —practicante de la técnica de matar con un solo y rápido golpe de espada— o a un amigo personal cercano que fuera su ayudante. Si se pedía por amistad, el aludido podía negarse sobre la base de que su waza —técnica de espada— era inadecuada. No obstante, si la solicitud se repetía, entonces se debía consentir con gracia, ya que los defectos en la técnica serían perdonados (por los vivos).
El comienzo:
El seppuku ideal se comete en un jardín o en un templo budista, pues los jinja o yashiro —templos sintoístas— no debían ser contaminados por la muerte.


A la izquierda, un templo budista japonés. A la derecha, uno sinoísta.
Un samurái de bajo nivel no debía cometer seppuku en la propiedad de su superior a menos que el delito fuera grave.
Si se trataba de una ejecución, se erigían cortinas blancas para la audiencia. Dos esteras tatami se colocaban en el suelo junto con una canasta para la cabeza y un cubo de agua para limpiar. Los condenados debían entrar en la zona desde el norte.


Izquierda: tatami en estera. Derecha: placas para hacer un piso.
El samurái era bañado en agua fría para evitar el sangrado excesivo; en efecto, los samuráis no debían lavarse la cabeza con agua caliente antes del acto, ya que aumentaba el sangrado.
Detrás, se vestía con un kimono de muerte y ceremonial blanco llamado shiro-shōzoku, y se dejaba el torso desnudo; el participante se vestía de blanco para expresar la pureza de intención. Al usar esta prenda, el lado derecho se montaba sobre el izquierdo; los japoneses siempre ponen el kimono al revés, excepto para las ceremonias funerarias.
El samurái se sentaba en la posición de seiza (mostrada en la foto), es decir, con las piernas estiradas debajo del cuerpo para descansar los glúteos sobre los talones, con su espada colocada frente a él. Se cree que a algunos samuráis que parecían asustados se les ataba al suelo para que no intentaran escapar.

Al samurái se le colocaban enfrente hojas del árbol sakaki (Cleyera japonica), que son sagradas en la religión sintoísta. Un sirviente colocaba una sanbo —una mesa de madera sin lacar— delante del ejecutante, a unos 3 pies de distancia, con una taza de sake y alimentos. Ahí se le servía su comida favorita como última cena con una importante bebida ceremonial de sake.


Izquierda: sakaki. Derecha: sanbo.
La bebida ceremonial de sake era un acto de purificación para unir a las personas y a Dios. La taza de sake se llenaba desde la izquierda, por un asistente que usaba su mano izquierda, lo cual, por cierto, se consideraba indescriptiblemente grosero en otras circunstancias.
El ejecutante la vaciaba en dos partes a dos sorbos cada vez, porque un sorbo mostraría codicia, mientras que tres o más mostrarían vacilación. Los cuatro sorbos significaban shi (cuatro) y «muerte».
El juego de palabras formaba parte también del ritual, pues era aceptado y gustado en estos actos de suicidio.
Harakiri y té:

Antes de cometer el acto en el que se quitó la vida, Sen-no-Rikyu (en la foto) celebró una ceremonia final del té, tras la cual a cada uno de los invitados entregó un regalo: uno de los utensilios que utilizó. Sin embargo, el tazón de té no lo regaló. En cambio, lo maldijo diciendo:
«Nunca esta copa, contaminada por los labios de la desgracia, será usada por el hombre». Y la rompió. Luego, todos los invitados, excepto uno, salieron del salón. Esa persona actuó como testigo de Sen-no-Rikyu y grabó su jisei, o poema de muerte:
Una vida de setenta años Fuerza gastada hasta el final Con esta mi espada enjoyada mato patriarcas y Budas. Todavía llevo un artículo que había ganado, La espada larga, y ahora en este momento la arrojo a los cielos.
Matsunaga Hisahide, otro maestro del té y señor de la guerra menos conocido del período Sengoku, también cometió seppuku de una manera notable. Era señor del castillo de Shigisan, una fortaleza en las montañas del oeste de la prefectura de Nara y un enemigo acérrimo de Oda Nobunaga.



De izquierda a derecha: Matsunaga Hisahide; el castillo de Shigisan; y xelografía de Oda Nobunaga hecha por Utagawa Kuniyoshi. De la colección Kuniyoshi’s Warriors. Musha-e (武者絵) —tipo de xelografía—: «estampado guerrero».
Cuando Oda sitió al castillo, Hisahide sabía que no sería capaz de ganar. No quería sufrir la vergüenza de la derrota o la humillación de tener su cabeza expuesta. Tampoco quería que Oda reclamara su preciado tazón de té. Arrojó el tazón de té desde la cima de la montaña y luego, con su hijo como ayudante, realizó seppuku. Con la cabeza de su padre en las manos, el hijo saltó de la montaña para evitar que Oda la tomara.
El poema:
En una segunda sanbo, con el último plato, se le proveía al samurái con una gavilla de washi —papel hecho a mano con corteza de morera—, accesorios para escribir, y la kozuka u hoja para destripar. En este punto se esperaba que el ejecutante escribiera un poema de muerte o una despedida, que a veces se hacía en un abanico de guerra en lugar de en un pedazo de papel.
Además de ser guerreros rudos, los samuráis eran una clase culta, con educación en religión y la palabra escrita, los cuales estaban fuertemente vinculados a la poesía en el Japón feudal. Por tanto, algunos de ellos eran en realidad muy buenos poetas.


Escribir un poema no era un requisito formal de cada acto de seppuku. Sin embargo, como parte de la larga tradición de poemas de muerte en las culturas del este de Asia, los samuráis con planes inminentes de seppuku a menudo escribían poesía, y Japón tiene más que su parte justa de formas poéticas.
Aunque algunos samuráis escribieron haiku, el poema de muerte preferible debía ser escrito en el estilo waka (literalmente: «poema japonés») o yamato uta, un poema de 31 sílabas distribuidas en cinco líneas de 5, 7, 5, 7 y 7 sílabas, respectivamente.


Izquierda: Diez variedades del estilo waka (和歌躰十種 wakatai jisshu). Discusión de los diez estilos waka —supuestamente de Mibu no Tadamine— con cinco ejemplos escritos en hiragana cada uno; también llamado «Diez estilos de Tadamine»; el manuscrito más antiguo existente de esta obra. Parte de un rollo, tinta sobre papel decorativo, ubicado en el Museo Nacional de Tokio, Tokio. Derecha: Mibu no Tadamine pintado por Kanō Yasunobu, 1648.
Además, tenía que ser elegante, natural y sobre emociones transitorias. De ninguna manera podía mencionar el hecho de que se estaba a punto de morir porque, entre otras cosas, los poemas proporcionaban una prueba de que se entendía la verdadera naturaleza de la muerte. Estos poemas eran influenciados por puntos de vista budistas.
Por ejemplo, aquí hay un poema escrito por una famosa mujer del período Heian, Ono no Komachi:
Las flores se marchitaron, (5)
Su color se desvaneció, (7)
Mientras que sin sentido (5)
Pasé mis días en el mundo (7)
Y las largas lluvias estaban cayendo. (7)
(en la foto: la poetisa Ono no Komachi pintada por Suzuki Harunobu (Art Institute of Chicago)


Se dice que Asano Naganori (en la foto), cuyo seppuku precipitó el famoso incidente de los 47 rōnin, escribió un poema de muerte muy pobre, que mostró la inmadurez y la falta de carácter que lo llevaron a que se le ordenara matarse en primer lugar.
Similar opinión se ha emitido del escrito por Tametomo en el reverso de su abanico de guerra:
Como un árbol fósil del que no recogemos flores
Triste ha sido mi vida, destinada a no producir frutos

El corte:
La forma más común de seppuku para los hombres era el corte del abdomen. Acorde a dos descripciones diferentes, concluida la comida o con el último plato, un cuchillo ceremonial adornado y una tela se colocaban en otro sanbo y se entregaban al guerrero.
La hoja de ejecución podía variar en tamaño, pero la mayoría de las fuentes utilizadas en la investigación coinciden en que ninguna espada larga como una katana, por ejemplo, era utilizada en el suicidio. El arma para ello solía ser una tantō —daga— sin empuñadura, envuelta en varias hojas de papel para proporcionar un mejor agarre. Los verdaderos samuráis, sin embargo, usaban su propio wakizashi.

Sobre el ofrecimiento del arma para la ejecución del seppuku hay algunos detalles que varias fuentes señalan. Hay quien escribe que la daga no tenía empuñadura para evitar que el condenado pudiera defenderse (mi suposición es que el ejecutante se arrepintiera de improviso e intentara interrumpir el acto, blandiendo la daga para el corte).
Otros señalan que, si el ejecutante era muy joven, muy vil, o se le consideraba demasiado peligroso para confiarle un arma, esta se sustituía por un abanico de guerra; en tal caso, este fungía más como el medio para señalarle al ayudante el momento de cortar la cabeza.
El condenado tomaba asiento y se inclinaba en silencio ante los testigos. Acto seguido, se quitaba la prenda superior del kamishimo —muy probable que vistiese el kataginu y el kimono—: primero el lado derecho, y luego el izquierdo. Las mangas se calzaban bajo las rodillas para evitar que el samurái hiciese algo indigno como caer hacia un lado.

Un conjunto kamishimo del período Edo, con el kataginu (una chaqueta sin mangas con hombros exagerados) y el kimono a la izquierda, y el hakama a la derecha. Este era el atuendo formal típico para los samuráis y los hombres de la corte (foto de Rama).
Era deshonroso para el samurái mostrar cualquier signo de debilidad o cobardía mientras cortaba el vientre. Es por eso que, a menudo, se les daba un trozo de tela para sostener en su boca durante el seppuku. Cuando el dolor intenso golpeaba, podían apretar la tela en la boca y así evitar que gritaran o hicieran sonidos involuntarios.

A continuación, se tomaba el arma, y con la otra mano se colocaba el sanbo bajo las nalgas para hacer que el cuerpo se inclinase ligeramente hacia adelante en la actitud adecuada (aproximadamente como se muestra en la foto, aunque el objeto usado aquí es un pequeño asiento para aligerar el peso del cuerpo sobre los pies mientras se está sentado en posición seiza).
La hoja, envuelta en un paño o papel para no cortarse la mano ni perder el agarre, se tomaba primero con la mano izquierda, y luego también con la derecha. La punta se colocaba en el lado izquierdo del vientre, y entonces la hoja se agarraba con la mano derecha. Ahora, con la mano izquierda, se acariciaba el estómago tres veces, una pulgada más o menos por encima o por debajo de su ombligo.
En el procedimiento de nueve pasos citados por los literatos como reglas para el corte de estómago se menciona «cortar por encima del ombligo». Una fuente utilizada en este trabajo indica que al seppuku se le relaciona menos con cortar el estómago y más con dividir el área debajo de este para derramar los intestinos.


Izquierda: el samurái establece el lugar del corte con una mano. Derecha: la piel no se apuñala, porque le hace resistencia a la hoja; en su lugar, se corta y se va abriendo mientras se arrastra el arma.
El samurái sostenía la hoja con las dos manos, la empujaba e introducía en su lado izquierdo y la arrastraba hacia la derecha, cortando el vientre. Lo mejor era hacer una incisión poco profunda y cortar con rapidez; no más profundo que aproximadamente una pulgada y no más ancho que seis. El corte debía ser dirigido por la mano derecha, con la izquierda como apoyo.
En cuanto al agarre correcto, mientras que muchos asumen que el puño derecho debía estar con la palma hacia arriba, de modo que el pulgar quedase más lejos del vientre, de hecho, se lograba una mayor fuerza con el puño invertido, haciendo que el pulgar apuntara hacia el vientre.
Un patrón común era hacer el corte en «L», girando la hoja hacia arriba desde la derecha, o sea, al llegar con la cuchilla al lado derecho, se hacía girar el ángulo de la hoja noventa grados. Después se hacía un corte hacia abajo: usando ambas manos si era necesario, se forzaba la cuchilla hacia abajo hasta debajo del ombligo.
Un samurái que se sintiera capaz podía hundir la hoja en su ingle y cortar hacia arriba hasta el esternón, seguido de un corte horizontal en la base de la caja torácica.

El general Akashi Gidayu se prepara para llevar a cabo seppuku después de perder una batalla por su maestro en 1582. Acababa de escribir su poema de muerte, que también es visible en la esquina superior derecha. Es un trabajo en madera de Tsukioka Yoshitoshi, alrededor de 1890.
Otro corte, llamado jūmonji giri, consistía en cortar con dos líneas rectas, una de izquierda a derecha, y otra de arriba hacia abajo, como escribiendo el número 10 (十) en japonés.
Tras el corte, cualquiera que fuese, el paso 9 en el procedimiento citado con anterioridad dice que «el ejecutor retiraba la hoja y apoyaba la espada en la rodilla derecha».
No obstante, en mi humilde opinión, esto dependería de la acción del ayudante.
El kaishakunin y la decapitación:

El kaishakunin (en japonés: 介錯人) era una persona designada para decapitar al individuo que cometiera el seppuku, en el momento de la agonía. Al papel desempeñado por el kaishakunin se le llama kaishaku; nin significa «persona» en japonés. Se cree que la palabra kaishaku se deriva de la palabra baishaku, que significa «ayudar».
(en la foto: kaishakunin listo para decapitar al suicida)
El kaishakunin se paraba detrás y hacía el corte final para reducir el dolor del samurái y evitarle soportarlo durante horas. Aunque esta persona podía ser un funcionario del gobierno o una persona del clan enemigo, la mayoría de las veces era el criado, un amigo o un designado por el samurái, en especial si se trataba de un seppuku voluntario.
Los registros históricos también muestran que a la mayoría de los seppuku voluntarios de daimios famosos seguía el propio suicidio del kaishakunin, que se cortaba el estómago o el cuello (durante la investigación, este hecho se daba en situaciones específicas: si el ayudante era un familiar, si el seppuku precedía a una derrota militar, si el ayudante era un fiel seguidor del ejecutor del suicidio, y cosas así).
Durante el seppuku forzado, el carcelero solía ser el kaishakunin, y a menudo no usaba su propia espada para la decapitación.
Al comienzo, el asistente se anunciaba con algo así: «Se me ha pedido que sea tu kaishakunin. Haré todo lo posible para no fallarte». Al menos una fuente cita que había 2 asistentes, y otra que, en ciertas ocasiones, había tres: uno para traer la bandeja y la espada, otro para hacer el corte, y un tercero para mostrar la cabeza a los testigos.
Los samuráis asistentes debían ser mentalmente fuertes y no rechazar el llamado para tal deber, que podía implicar cortar la cabeza de su amigo más cercano. También, se esperaba que fueran espadachines talentosos para que no cometieran un error o salpicaran sangre sobre los espectadores. Su trabajo era decapitar al samurái de un solo golpe, pues de lo contrario podían causarle una gran vergüenza a sí mismos y a sus familias.
En el Hagakure, Yamamoto Tsunetomo escribió:
| «Desde épocas pasadas ha sido considerado un mal presagio por los samuráis el ser solicitado como kaishaku. La razón de esto es que uno no gana fama, incluso si el trabajo está bien hecho. Además, si uno comete un error, se convierte en una desgracia de por vida. En la práctica de tiempos pasados, hubo casos en que la cabeza voló. Se dijo que lo mejor era cortar dejando un poco de piel restante para que no volara en dirección a los oficiales verificadores». |


En efecto, el kaishakunin realizaba kirioroshi —un corte vertical—, decapitación parcial. La cabeza no podía volar hacia los espectadores. Asimismo, si la cabeza se daba vuelta, sería muy irrespetuoso para el samurái cuya vida acababa de terminar. La maniobra tenía que hacerse a la manera dakikubi (literalmente, «cabeza abrazada»), por eso la precisión necesaria para tal maniobra exigía que el segundo fuera un hábil espadachín.
En fin, una vez que el condenado estaba en posición, el kaishakunin se paraba en la parte trasera izquierda, teniendo cuidado de sostener su espada en un ángulo tal que no fuera visible para aquel, como acto de cortesía. El asistente tomaba una posición llamativa cuando el condenado sacaba los brazos de su kimono. Si era necesario, ajustaba su manga derecha para facilitar el movimiento que realizaría.
El momento preciso de golpear quedaba a discreción del kaishakunin, quien se suponía estuviese muy atento y atacara a la primera señal de dolor o vacilación del samurái. Se cita que cuando el condenado completaba el corte, su segundo debía dar un paso adelante para asestar el golpe mortal al cuello expuesto del condenado, quien debía estirarlo para que le cortaran la médula espinal.
Pero, volviendo a un detalle citado con anterioridad, si a la persona que cometía seppuku no se le proveía de una hoja de acero, sino un abanico, el kaishakunin ejecutaba el corte tan pronto como la persona pegara el abanico en su estómago.
También el ejecutor del seppuku y el kaishakunin podían acordar de antemano cuándo se efectuaría la decapitación. Por lo general, esta ocurría tan pronto como la daga se hundiera en el abdomen. O si el samurái ya no podía continuar el corte, movía la cabeza hacia adelante o alcanzaba su abanico para darle al asistente la señal de golpear.
De cualquier manera, si se pretendía preservar el honor en el acto, se esperaba que este corte no cercenara el cuello por completo, sino que permitiera suficiente carne adherida en la garganta para que la cabeza cayera naturalmente hacia adelante en los brazos del hombre ejecutado. De esta manera, no solo la ropa de los espectadores no se manchaba con la sangre, sino que también la cabeza caía entre las dos manos del samurái semejando que este terminara sosteniéndola.
Se consideraba indigno que la cabeza del ejecutante del seppuku diera vueltas por la habitación, rociando sangre a medida que avanzaba; solo los criminales de clase baja eran tratados así.
En especial, el asistente no debía golpear a su samurái en la mandíbula con la katana, como lo hizo el kaishakunin de Yukio Mishima en 1970. Las imperfecciones menores en el waza de alguien se perdonaban si se estuviera actuando como kaishakunin por amistad, pero actuar de una manera tan pobre hacía que se hablara mal de uno.
Yamamoto escribió en su libro:
| «Con el tiempo, el proceso se volvió tan altamente ritualizado que tan pronto como el samurái alcanzaba su espada, el kaishakunin golpeaba. Eventualmente, incluso la espada se volvió innecesaria y el samurái podía alcanzar algo simbólico como un abanico, y esto desencadenaba el golpe asesino de su segundo. El abanico probablemente se usaba cuando el samurái era demasiado viejo para usar la hoja o en situaciones en las que era demasiado peligroso darle un arma. Este elaborado ritual evolucionó después de que el seppuku dejó de ser principalmente una práctica en el campo de batalla o en tiempos de guerra y se convirtió en una institución parajudicial. El asistente era, por lo general, pero no siempre, un amigo. Si un guerrero derrotado había luchado honorablemente y bien, un oponente que quisiera saludar su valentía se ofrecía como voluntario para actuar como su segundo». |
El kaishakunin tenía que permanecer tranquilo si el cuerpo del difunto se movía por unos segundos o los ojos parpadeaban después de la decapitación.
El kaishakunin más reciente en el siglo XX fue Hiroyasu Koga, quien decapitó al novelista Yukio Mishima y a Masakatsu Morita.

«Tokio: El líder y sus hombres». Esta foto, tomada unos días antes del dramático suicidio de Yukio Mishima (centro), lo muestra con los cuatro hombres que lo siguieron cuando atacó una oficina del ejército el 25 de noviembre de 1970. Los hombres son (de izquierda a derecha): Masakatsu Morita, Hiroyasu Koga, Masahiro Ogawa y Masayoshi Koga. Los hombres llevan el uniforme del ejército privado de Mishima.
Final del ritual:
Los japoneses creen que este tipo de acto mancha los elementos en cuestión. A medida que el espíritu se libera del cuerpo, conserva su honor, mientras que el deshonor terrenal es destruido con tus posesiones. Por eso, después del acto, el sanbo, el kozuka, el tantō, y cualquier otra cosa que se tocara durante el ritual, desde telas hasta esteras de tatami, eran descartados como contaminados por la muerte.
Finalmente, la cabeza se lavaba y limpiaba de una manera muy respetuosa, y se presentaba al daimio o al gobernante.
El asistente devolvía el cuchillo al emperador como evidencia de que el acto se había consumado.

¿Qué opinas de todo esto hasta el momento? ¿Apruebas o desapruebas esta costumbre japonesa? En la última entrega haremos el cierre de este interesante tema. ¡No te lo pierdas!
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