Un proyecto que ha levantado ronchas… (cont.)
Si has llegado a esta parte por azar, pues te has perdido la primera, que te recomiendo encarecidamente leas antes que esta para entender lo que nos ha traído hasta aquí.

Pues, retomamos la historia en el tiempo de Mr. Bad Guy (la carátula, en la foto arriba), grabado en el Musicland Studios de Múnich, Alemania.
Y aquí salen varios puntos:
- Prenter sí fue despedido por Freddie por andar de chismoso con una revista —no un programa de TV— echándole tierra a su expareja. Muchos seguidores de Queen lo tildan de ser el «Judas» de Freddie. Sí fue de gran influencia en las decisiones y movimientos de Freddie durante varios años, pero hasta la familia de Prenter protestó por el ensañamiento del guion que lo presenta como la quintaesencia de la maldad. Bueno, en el guion sí era el antihéroe. A mi entender —como mencioné antes—, Norman Sheffield hubiera llenado mejor los zapatos del malhechor. Al sentir y decir de la banda, este les robó y estafó, y Queen terminó rompiendo con él y dejando ese estudio tras un arreglo fuera de corte (Sheffield los quiso denunciar por difamación al oír una canción escrita contra él). Dos canciones escribió Freddie: Flick of the Wrist y Death On Two Legs (Dedicated To…) —denunciando a Sheffield, aunque Freddie negó haber escrito la primera contra él—, y Sheffield contrarrestó con su libro Life on Two Legs: Set The Record Straight
años después. Tal era la ira del grupo contra este hombre, que Freddie pensó no cantar la canción por lo dura de la letra, y May lo convenció que lo hiciese. ¿No les parece más villano y meritorio de mencionar que Prenter? - Tampoco Mary Austin —a quien no conoció de la forma que nos muestra la película— fue a sacarlo de allí ni a convencerlo de dejar de hacer lo que hacía. Ni había desaparecido de su vida ni mucho menos como la película da a entender. Después de confesarle su homosexualidad —porque ya Freddie, estando con Mary, andaba en amoríos con un hombre— y separarse, ellos dos se convirtieron en grandes amigos
, siempre conectados. Freddie dejó el piso que compartían y le compró una casa a Mary. - «Ser humano es una condición que requiere un poco de anestesia», dice Freddie en esta escena cuando Mary entra a la casa. Pues, contrariamente a lo que la película infiere, Freddie no era el único con excesos en Queen. De hecho, fue Brian May quien dijo una vez: «Era (un estilo de vida) excesivo (…) Queen era un vehículo mágico, una combinación mágica, pero yo creo que nos estaba destruyendo (…) (Freddie) estaba fuera de control. En cierta forma, todos estábamos fuera de control… y eso nos jodió». Ya en Cuba, yo había leído una vez sobre las épicas fiestas de Queen en las que todos participaban. Aquella fiesta de la película, que hace referencia al despelote que forma un Freddie solitario, abandonado hasta por Mary, fue un bacanal real, preparado y disfrutado por todos los miembros de la banda en Nueva Orleans. En el medio se le conoce como uno de los reventones más sonados en la historia del rock.
- Dudo muchísimo que Freddie se haya expresado NUNCA de Mr. Bad Guy en la forma que lo hizo en la reunión con la banda en la oficina de Jim Beach
. Freddie disfrutó ese disco porque era lo que quería hacer desde hacía mucho tiempo, y con Queen no podía. Mercury hizo de todo en la grabación de las pistas, trabajó en los arreglos de orquestación y hasta con los ingenieros de sonido. Ese disco era su bebé.
En fin…, esa «cueva profunda» estuvo llena de inventos, casi nada que ver con la historia real.
Tampoco fue Freddie un solitario, arrastrando las cadenas de la congoja. Si uno ve el video de Living On My Own, filmada en su 39 cumpleaños, ahí está el anfitrión rodeado de decenas de amistades que componían su círculo privado. Durante su vida, Freddie siempre tuvo pareja estable, no solamente los hombres que decía Prenter le conseguía para que pasara una noche.

Y tampoco eran hombres con los únicos que tenía sexo, porque tuvo una relación no corta con la actriz austríaca Barbara Valentin. Pero esos malabarismos que la película hace para hablarnos de la sexualidad de Freddie…, ¡por favor!
(en la foto: Freddie y Barbara)
En la entrevista que se le hiciese en Múnich, Freddie dijo que «lo importante para él era divertirse, estar feliz», tanto así, que en otra entrevista dijo que «por divertirse no le importaban las consecuencias».
¡Ay, Freddie! Si tú hubieras medido las consecuencias no creo que hubieras arriesgado tu vida por divertirte tanto. O quizás, sí. Esa entrevista de Freddie en Múnich de 1984 está muy explícita y, si se hubiese usado en la película en lugar de aquella patética escena donde a él casi le da un soponcio por la insistencia de aquella periodista por sacarle información sobre su orientación sexual, estoy seguro de que la audiencia joven y desconocedora se hubiese llevado una impresión más real del Freddie real. Porque allí, él dejó esto claro:
- Le gustaba su trabajo.
- No tenía problema con dar entrevistas, porque no lo hacía tan a menudo y era parte de su trabajo. El tipo de preguntas no le molestaban en dependencia de cuán personales fueran.
- Le gustó hacer su disco en Munich.
- Consideraba que un álbum de Queen eran 4 proyectos en solitario, trabajados hombro con hombro y después puesto todo en un solo trabajo, porque cada cual escribía sus canciones en su propio estilo.
- Eran como 4 gallos peleando en el estudio. Y así había sido desde que se conocieron porque eran 4 caracteres fuertes. La razón de seguir juntos era porque nadie quería irse. La única manera de parar y separarse era si el público dejaba de seguir su música.
- Verdad: la rutina de «álbum, tour, álbum, tour» les hizo tomarse un tiempo para dedicarse a proyectos personales. La reunificación para el tour de ese año fue considerada para el grupo como un refrescamiento, y el tour tenía la intención de volver a viejos temas (1 ó 2 por álbum anterior).
- Lo más importante para Freddie era divertirse, estar feliz.
- Le gustaba la espontaneidad en las colaboraciones, como la que se hizo con David Bowie. Nunca forzó una, ni con su amigo Elton, por ejemplo.
- I do not regret what I have done («no me lamento de lo que he hecho»).
- Nunca encasillado ni etiquetado. En la vida y en la música.
- I’m a musical prostitute, darling («soy una prostituta musical, querido»).
Si te animas, mira la grabación de esa entrevista aquí:
Jim Hutton (en la foto, con Freddie) era peluquero en el Hotel Savoy, no un camarero que hubiese trabajado eventualmente para Freddie, por lo que no se conocieron como se ve en la película sino en el club para homosexuales Copacabana, cerca de la casa de Freddie en Kensington en 1983; así que tampoco Freddie tuvo que torturarse buscándolo en la guía telefónica.

Eso sí: el Live Aid fue su primer concierto rock.
Y hablando de cucarachas… (esto es un chiste, referencia a un programa radial cubano que tenía Yoel Valdés): Live Aid, el complicadísimo —no solo por la infraestructura y el personal reunido en él, sino también por las vicisitudes por las que pasó— concierto organizado por Bob Geldof y Midge Ure, es utilizado como el «retorno del héroe con el elíxir» para cerrar su circuito heroico, y de ahí se salta a informar, con texto, la muerte de Freddie por complicaciones con SIDA. FIN.

Bob Geldof (izquierda) y Midge Ure (derecha) afuera de un estudio de grabación de Londres mientras trabajaban en Do They Know It’s Christmas? el 25 de noviembre de 1984 (Larry Ellis, Express Newspapers/Getty Images).
Bueno, no es un mal cierre para el guion que se ha escrito. Pero lo que se ha hecho con ese evento en la película… ¿A ustedes no les hubiese gustado saber que Geldof se encolerizó y hasta insultó a Freddie porque este no se decidía a participar? ¿No hubiese sido esa otra muestra del carácter de diva del cantante? Pues, así fue. Ellos sí fueron invitados desde el principio porque, donde iba a haber tanto «monstruo» de la farándula, ¿cómo no iba a pensarse en Queen para que asistiera?
Sí, como se sugiere en la película, fue una actuación de cinco estrellas de la banda, la cual está considerada la mejor actuación de una banda rock en un concierto. Sin embargo, cabe destacar que Queen no tocó allí con algunos días de ensayo pues, como podrán recordar por haberlo leído antes, ellos sacaron un disco por aquel tiempo.
Así que no estaban oxidados, sino recién acoplados como de costumbre. ¿Para qué, entonces, inventar otra cosa? Los productores de la película, ¿pensarían que la verdad minimizaría la trascendencia de la actuación del grupo? A mí, por mi parte, no me transmitieron ninguna impresión de grandeza de Queen por eso, pues ya Queen era grande y lo seguiría siendo sin Live Aid.
¿Y que Freddie le confesara al resto de los integrantes de su enfermedad en los ensayos? ¡Qué metida de pata! Live Aid fue en 1985, y Freddie no fue diagnosticado con SIDA hasta 1987. Eso sí: los miembros de la banda lo supieron de boca del enfermo con bastante rapidez, considerando que no se dijo de forma oficial hasta la víspera de la muerte del cantante.
¿Qué tal la verdad?
A propósito, ¿no hubiera sido una escena desgarradora, bien venida a menos con tal guion, el haber puesto a Freddie en su lecho de muerte, en sus últimos días junto a amigos y amante? Yo creo que sí.
O el deterioro que se le vio en el video These Are The Days Of Our Lives, el último que Freddie pudo grabar y,
así mismo, la grabación de The Show Must Go On, una canción de la que May le dijo: «si quieres no la hacemos» —May la consideraba tener registros muy altos para un Freddie enfermo ya—, y la respuesta del cantante tras apurar un vaso de vodka fue: Let’s fucking do it, darling. ¿Han oído esa canción?
O haber sido tan asediado por la prensa dondequiera, al punto que Mercury era casi un prisionero en su casa, y siempre se le irrespetaba y criticaba. Por cierto, a propósito de la estupidez de Sid Vicious en aquel estudio en Wessex, en una presentación en vivo Freddie hizo movimientos de ballet en el escenario y dijo: «Para la prensa». Eso también me hubiese gustado haberlo visto en la película. Creo que todo eso hubiese sido una buena forma de hablar del carácter de Mercury.
Una actuación de Freddie Mercury y The Royal Ballet el 7 de octubre de 1979.
¿Alguien entendió por qué Freddie dijo en aquella escena de la entrevista «soy una prostituta musical»? En la entrevista de Múnich está la explicación. Otro motivo para verla.
Mucho se obvió, sobre todo momentos amargos y controversiales: cuando actuaron en Sun City, Sudáfrica, en pleno régimen de Apartheid, por lo cual el Musician’s Union del Reino Unido los multó; la tensión de los conciertos en una Argentina bajo tiranía militar; el concierto en Hungría socialista; el rechazo en los conciertos en México.
En cuanto a esto cabe imaginar que, estando Brian May y Roger Taylor involucrados en la concepción de la película, cosas como esa podían ser pasadas por alto.
Al final, los defensores de la película dirían: «Bueno, el que quiera saber más que se compre una biografía del grupo». Aunque la cuestión no está en cuanto se sepa, sino en qué se sepa. Las mentiras contadas en Bohemian Rhapsody para cumplir con el estándar de melodrama-viaje del héroe hollywoodense distorsionan la historia de una figura prominente y de un grupo descollante en la historia del rock, y se quedan corta al compararlas con las verdades de una vida, real, que fue mucho más interesante que lo que vimos en el cine.

No obstante, me levanto y aplaudo la actuación de Rami Malek (en la foto) —a mi esposa le había dicho: eso hay que verlo por la inclusión de ese actor— que fue, en segunda instancia, la razón por la que fui a ver la película. La primera: todo el tiempo que estuve esperando que esta saliera desde que hablaron de ella.
No soy otra barca que se ha echado a esta corriente de Queenmanía. Soy seguidor de Queen desde que oíamos las canciones de la banda en secundaria. Desde que disfrutaba con los amigos las canciones en discos de acetato, y conversábamos sobre la brillantez de aquellos músicos que serían eternos. Y no nos equivocamos.
Pero veo con beneplácito que, incluso debido a una explosión de simpatía causada por la película, la gira de los restantes músicos y una buena publicidad, las nuevas generaciones y hasta los viejos que desconocían lo que se habían perdido se hayan conectado a la buena música, hayan conocido la existencia del arte en un género que muchos creen que es todo gritos, sexo y drogas. Y nada de cerebro o sensibilidad.
Debido a eso la película tiene un grado de mérito. Y, a propósito, todo el mundo quiere cantar Bohemian Rhapsody, la cual está considerada como la obra cumbre de Queen. Me quito el sombrero.
No obstante, me sucede con eso algo parecido a lo que a Ritchie Blackmore cuando en una entrevista le dijeron que Smoke On The Water era la mejor canción de Deep Purple.
(en la foto: Deep Purple; Ritchie, de pie, a la izquierda)

En aquella ocasión, él admitió que esa era muy buena, pero que había muchas otras, también muy buenas, pero que si el periodista lo decía… Yo, como Deacon: me quedo con Draggon Attack (aunque un amigo se asombró de mi elección).
No podemos escapar de las normas establecidas en el cine hollywoodense para satisfacer a un público que va a comer palomitas, tomar Coca-Cola —u otra soda de marca— y matar el tiempo.

Sobre todo, si se trata de una biografía de alguien que, la mitad de los asistentes, pueda que no hayan conocido hasta la proyección de la película, como sucedió con las canciones de ABBA hasta que salió Mamma Mía!
Bueno…, peor quedó la de Elton John.
No obstante, se agradece el homenaje hecho a Freddie, tan vilipendiado siempre, que mereció mayor exaltación cuando aún estaba vivo, creando arte. Y el haber asistido a gran histrionismo, encabezado por el ya mencionado Malek. Y la banda sonora: una música inmortal, que siempre se agradece escuchar y venerar por existir.
Y tú, lector, ¿qué piensas ahora, al final de este trabajo? ¿Es la misma que al final dse la primera parte? ¿Cambió en algo? Hazte escuchar… o leer en los comentarios. Gracias.
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