Si has abierto este artículo por azar, pues te recomiendo que te detengas antes de leer, pues esta es la segunda parte de una interesantísima historia que comienza en el enlace deba:
Así describió el asedio en sus memorias un testigo ocular de los acontecimientos en el B-59, el Comandante del Grupo de Asignaciones Especiales —los famosos Spetsnaz, abreviatura del ruso Voiská Spetsiálnovo Naznachéñia— Vadim Pávlovich Orlóv (luego retirado como Capitán de 2º Rango):
| Las fuerzas antisubmarinos del oponente, en especial la aviación, estaban preparadas para un encuentro con nosotros desde el primer momento que zarpamos hacia las costas de Cuba. Incluso cuando otros comandantes de la OSNAZ —acrónimo ruso para Voiská Osóbovo Naznachéñia, otro término con que también se nombraba a las fuerzas especiales soviéticas— y yo conocíamos los objetivos y la ruta de nuestra misión, sin lo cual hubiera sido imposible planear y llevar a cabo nuestro trabajo, pudimos no haber esperado este tipo de acción (del oponente). Al principio, los hidroaviones noruegos nos buscaban; luego, en la línea Farer, los Shackletons británicos. Después les llegó el turno a los Neptunes estadounidenses. Pero, a juzgar por los eventos, no habían tenido éxito en descubrirnos. En cualquier caso, no antes de llegar al Mar de los Sargazos. Allí nos descubrieron. |



De izquierda a derecha: línea fronteriza entre Noruega e Inglaterra; Avro 696 Shackleton 1; Lockheed P-2 Neptune 1.
| Un grupo de portaaviones de búsqueda avanzada naval encabezado por el portaviones USS Randolph (CV-15) confrontó al submarino B-59. Acorde a nuestros especialistas hidro-acústicos, 14 unidades de superficie seguían nuestra nave. Junto con el navegante, trazamos coordenadas paralelas (en el mapa) —él hizo la ruta del B-59, como le fue asignada, en la manera que recuerdo mi primera especialidad naval—, y trazó los movimientos de los barcos estadounidenses. Por algún tiempo fuimos capaces de evadirlos satisfactoriamente. Sin embargo, ellos no eran principiantes tampoco: siguiendo los cánones del arte militar, nos rodearon y comenzaron a cerrar el círculo, practicando ataques y lanzando cargas de profundidad, que reventaban junto al casco. Aquello se sentía como estar sentado dentro de un barril metálico que alguien estuviese golpeando sin parar con un martillo. La situación era inusual, sino chocante para la tripulación. |

| Las baterías del B-59 se descargaron, solo funcionaba la iluminación de emergencia. La temperatura en los compartimentos era de 45-50 ºC, y en el compartimento del motor eléctrico, más de 60. El ambiente estaba insoportablemente cargado. El contenido de dióxido de carbono había alcanzado un nivel crítico, casi fatal para los humanos. Los oficiales en turno perdían el conocimiento. Detrás caía un segundo, y luego un tercero. Caían como fichas de dominó. Pero, aun así, aguantábamos, buscando cómo escapar. Sufrimos esto durante cuatro horas. Los estadounidenses nos golpearon con algo más fuerte que cargas de profundidad; en apariencia debió ser una bomba práctica de profundidad. Pensamos: “¡Ahora sí es el final!” Después de este ataque, el completamente agotado Savitski, que tampoco tuvo la oportunidad de ponerse en contacto con el Estado Mayor de la Marina, enfureció. Convocó al oficial asignado al torpedo atómico y ordenó que lo preparara para el combate. «¡Tal vez la guerra ya ha comenzado arriba, y estamos aquí inertes!», gritó emocionado Valentin Grigórievich, para justificar su orden. “¡Vamos a reventarlos ahora! Nosotros mismos pereceremos, pero los hundiremos a todos, ¡no deshonraremos a la flota!” |
Por supuesto que la frustración y la exasperación eran justificables al estar siendo atacados por el enemigo mientras se contaba con una ojiva nuclear que podía acabar con todo en un instante, pero de la cual no se podía hacer uso a la ligera. Los marineros soviéticos no habían tenido contacto con sus superiores durante varios días. La información que obtenían sobre lo que estaba sucediendo en el mundo se basaba solamente en lo que podían observar por sí mismos, y lo que sabían era que estaban acosados por la flota estadounidense.
| RELATED: 40 años más con vida en el planeta: el regalo que nos hizo un oficial soviético al salvarnos de «otra» guerra nuclear (I) Para conocer sobre otro importante suceso que también le evitó al mundo caer en una guerra nuclear. |
De hecho, lo único que escuchaba la tripulación del submarino eran las comunicaciones de radio de aquellas naves, las cuales dejaron claro que el mundo se estaba moviendo hacia la guerra.
Contó Orlóv que Savitski, tras consultar con Vasili e Ivan, decidió no lanzar el torpedo nuclear y salir a la superficie. «Emitimos una señal que, en las reglas de navegación internacionales, significa “el submarino asciende a la superficie”. Entonces, nuestros perseguidores se calmaron», rememoraba Orlóv.
En contraposición, la explicación en los Archivos Nacionales y Administración de Documentos de los Estados Unidos apunta en un sentido diferente. Según ella, acorde a un informe rendido más tarde por Arjipóv, «el submarino salió a la superficie en la noche del 27 de octubre para cargar sus baterías».
Con independencia del motivo para realizar la operación, lo cierto es que el B-59 emergió en medio de sus perseguidores.

El comandante Savitski, quien subió a la torre de mando con Arjipóv, se sorprendió y cegó por las acciones inesperadas de los barcos y aviones de guerra antisubmarina estadounidenses, que el comandante describió como «sobrevuelos de aviones a solo 20-30 metros sobre la torre de mando del submarino, uso de potentes reflectores, fuego de cañones automáticos —más de 300 proyectiles—, lanzamiento de cargas de profundidad, corte frente al submarino por destructores a una distancia peligrosamente (pequeña), apuntar armas al submarino, gritar desde altavoces para detener los motores».
El informe de Arjipóv señalaba que el comandante pudo haber ordenado una inmersión de emergencia y, pensando que estaba bajo ataque, pudo haber usado armas nucleares contra el atacante.
En una entrevista con la Doctora Svetlana Savránskaya —analista sénior en el Archivo, y desde 2001 directora de los programas de Rusia en él—, el 12 de julio de 2012, el Capitán de 1er Rango en el submarino B-4, Riúrik Aleksándrovich Ketóv, dijo que Savitski pensaba que estaban bajo ataque, y que la guerra con los Estados Unidos ya había comenzado.


Tomado por sorpresa por las agresivas acciones estadounidenses, Savitski entró en pánico, pidió una «inmersión urgente», y la preparación del torpedo #1 —con la ojiva nuclear—, pero no pudo descender a tiempo por la estrecha escalera de la torre de control, que estaba bloqueada en ese momento por el oficial de señalización y su equipo.
Una fuente indica que, para lanzar el torpedo con ojiva nuclear, Savitski tenía que obtener el consentimiento de Masliennikóv y de Vasili. Arjipóv, que todavía estaba en la torre y vio que los estadounidenses en realidad emitían señales, no atacaban, persuadió a los oficiales para que esperaran un mensaje del alto mando de la Unión Soviética antes de usar armas nucleares. La orden de Savitski nunca fue transmitida al oficial a cargo del torpedo.
Por el contrario, el submarino transmitió la señal «detenga la provocación», lo cual logró calmar la situación un poco. Se hizo contacto con el destructor estadounidense USS Corry, y la aeronave que sobrevolaba al submarino soviético fue retirada. Los marineros estadounidenses no intentaron subir a bordo del B-59, sino que simplemente lo bloquearon.
Después de discusiones con el mando del submarino, la dirección de la flota rusa le ordenó al B-59 regresar a la Unión Soviética. Con las baterías completamente cargadas, el B-59 aprovechó una oportunidad en la noche, se sumergió sin aviso, y logró alejarse de los estadounidenses con una astuta maniobra.


Gary Slaughter y Andy Bradick, oficiales del USS Cony —a la izquierda— que estuvieron en el incidente (una foto de Kian McKellar).
Cierre para un verdadero héroe
Aunque los marineros pudieron salvarse de una fusión nuclear, toda la tripulación recibió radiación. Todos los miembros del equipo de ingenieros y su oficial de división murieron en el transcurso de un mes al incidente debido a la radiotoxemia. En el transcurso de dos años, 15 marineros más de la tripulación murieron a causa de las secuelas.
Por supuesto, Arjipóv también recibió una dosis de radiación como resultado del accidente. Durante el resto de su vida, sufrió los efectos de la exposición a la radiación y murió de cáncer de riñón, una enfermedad que se llevó a muchos marineros que entonces servían en submarinos.

Como debe haber quedado claro con anterioridad, después del final de la crisis de los misiles cubanos, Arjipóv (en la foto) continuó sirviendo la flota, de la cual se retiró con el rango de vicealmirante.
Durante muchos años, los detalles de la campaña de los submarinos soviéticos a las costas de los Estados Unidos se mantuvieron en secreto. No fue hasta el 13 de octubre de 2002 que, durante una conferencia en La Habana dedicada al 40 aniversario de la crisis de los misiles cubanos, se habló de ello.
El entonces ex secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Strange McNamara, basándose en documentos estadounidenses desclasificados, admitió que el comienzo de una guerra nuclear estuvo mucho más cerca de lo que muchos habían imaginado.
Uno de los organizadores de la conferencia, Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington (en la foto), explicó lo que McNamara quiso decir: «Un hombre llamado Vasili Arjipóv salvó la paz en la Tierra».



El vicealmirante Vasili Arjipóv murió el 19 de agosto de 1998. Fue enterrado en el cementerio de Savvino en Zhelieznodorózhni (a 30 minutos en tren de la estación de tren de Kursk en Moscú).

Vasili fue galardonado con:
- Orden de la Bandera Roja;

- Orden de la Estrella Roja;

- «Por Servicio a la Patria en las Fuerzas Armadas de la URSS» III grado;
las medallas:
- «Por Mérito Militar»,
- «Por Distinción en la Protección de la Frontera Estatal de la URSS»,
- «Por Valor Militar»,
- «Por la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patriótica de 1941-1945» (en conmemoración del 100 aniversario del nacimiento de V. I. Lenin),
- «Por la victoria sobre Japón»,
- «Por el fortalecimiento de la comunidad militar»,
- «Por el servicio impecable en las Fuerzas Armadas de la URSS» del 1er grado,
entre otras premiaciones.
En 2003 fue galardonado póstumamente con el Premio Nacional de Italia, el Premio Rotondi «Ángeles de nuestro tiempo» por la perseverancia, el coraje y la resistencia mostrados en condiciones extremas. En enero de 2005, este premio le fue entregado a su viuda, quien durante varios años trabajó como profesora de física en el internado especializado que lleva el nombre de Najicheván en Bakú.


El premio italiano y la viuda Olga Marianna Yaróvskaya (foto de M. Yaróvskaya y A. Labúnskaya).
En 2017 se otorgó por primera vez el Premio Futuro de la Vida, y Arjipóv fue el primer galardonado con él, también en homenaje póstumo. Se le galardonó por «negarse a lanzar un torpedo con una ojiva nuclear durante la «Crisis de los Misiles» de Cuba en 1962». 50 mil dólares fueron transferidos a su nieto.
The premio fue establecido por el Future of Life Institute —FLI; en español «Instituto de Vida Futura»—para otorgarlo por «actos desinteresados sobresalientes, a menudo cometidos a riesgo de la vida, destinados a la preservación de la humanidad». FLI es una organización sin fines de lucro con el objetivo declarado de reducir los riesgos catastróficos y existenciales globales que enfrenta la humanidad, particularmente el riesgo existencial de la inteligencia artificial avanzada.

Los eventos que tuvieron lugar en B-59 formaron la base de la película estadounidense K-19: The Widowmaker, una película coproducción de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Alemania estrenada en 2002, dirigida por Kathryn Bigelow (en la foto), protagonizada por Harrison Ford y Liam Neeson.
En 2012, con motivo del 60 aniversario de la Crisis de Octubre, por la cadena televisiva PBS se pasó el documental Secrets of the Dead: The Man Who Saved the World, una producción de Bedlam Productions Ltd. para THIRTEEN en asociación con WNET y Piervi Kanal —«Primer Canal» de la Federación de Rusia—, según libreto del canadiense Nick Green (en la foto).

Según una de las fuentes utilizadas para esta investigación, si se hubiera lanzado un torpedo atómico, la Unión Soviética habría ordenado que se lanzaran sus armas nucleares contra Londres y Alemania. Los Estados Unidos hubiesen lanzado 5,500 misiles nucleares contra objetivos enemigos que incluirían a China y Albania.
Gracias a Vasili Arjipóv, una de esas personas con resistencia y prudencia, el mundo, que estuvo al borde de la guerra nuclear en 1962, no llegó a cruzar esa línea.
Ante todo, gracias a las fuentes utilizadas para hacer este trabajo: dzen.ru, ourbaku.com, nettavisen.no, inosmi.ru, Wikipedia, vremya.tv, polit.ru, nsarchive2.gwu.edu.
¿Y ustedes qué opinan del peligro al que nos expuso la arrogancia yanqui? ¿Aprueban o condenan tal postura? Si la apoyan, ¿creen que estarían vivos hoy, viviendo en una sociedad como la actual? ¿O todo se parecería más a una película catastrofista en la que los sobrevivientes se muerden como perros rabiosos, se matan por la mierda de recursos disponibles?
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