Participación en el evento que lo hizo históricamente famoso
Comienzo de aquel día:
Fue en la noche del 25 al 26 de septiembre de 1983 o temprano en la mañana del 26; hay cierta imprecisión en los datos. El entonces teniente coronel Stanisláv Yevgráfovich Petróv estaba de servicio en el puesto de mando del sistema de advertencia de ataque con misiles —o, como otros lo nombran «sistema de detección de lanzamiento de misiles»— en la parte secreta de Siérpujov-15, pues algunas fuentes indican que para la gente común aquello era un «centro de monitoreo de cuerpos celestes».



En el edificio de las fotos central y derecha se hallaban los puestos de control, en uno de los cuales estaba Stanisláv esa noche.
Las responsabilidades de Petróv incluían la observación de la red de alerta temprana por satélite y notificar a sus superiores de cualquier inminente ataque de misiles nucleares contra la Unión Soviética.

Según él mismo recordaba luego: «El turno comenzó como de costumbre, a las 20:00 —8 p.m.— llegué a trabajar. Ese día, tenía 80 militares bajo mi mando. Estábamos haciendo lo que solíamos hacer, solo una rutina».

De hecho, según Peter Anthony (en la foto), el cineasta danés que dirigió The Man Who Saved the World —«El hombre que salvó al mundo»—, un documental de 2014 sobre el coronel Petróv, se suponía que no debía estar allí en primer lugar. Según Peter: «Otro oficial estaba enfermo, así que Stanisláv tuvo que hacerse cargo». Lo cual también corrobora el resto de las fuentes utilizadas en esta investigación.
Se da la alarma:
Una fuente que usó horarios exactos en su artículo señala que a las 00:15 se activaron las alarmas luminosas y sonoras en el puesto de control. Las sirenas se dispararon, y en la pantalla frente al lugar de trabajo de Petróv apareció de repente la palabra «INICIO»: el sistema anunciaba el lanzamiento de un misil balístico intercontinental contra territorio de la URSS, presumiblemente un Minuteman, desde la Base de la Fuerza Aérea Grand Forks, Dakota del Norte —una fuente cita la Base de la Fuerza Aérea F.E. Warren, Wyoming—. La información sobre el ataque, por supuesto, provino del sistema de alerta temprana espacial Oko.

Exitoso lanzamiento de un Boeing LGM-30A Minuteman IA que tuvo lugar en Cabo Cañaveral, Florida, el 17 de noviembre de 1961. Minuteman I entró en funcionamiento menos de un año después. (Foto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos).
Unos segundos más tarde parecieron detectar el lanzamiento de 4 misiles más. De acuerdo con una fuente, en el lugar también se podía ver un mapa de América del Norte y una pequeña plaza cerca de una base militar en la costa oeste, desde la cual se supuso que salieron los misiles.

En caso de un ataque, los líderes del país tenían que ser notificados de inmediato y se tomaba la decisión de tomar represalias. Era responsabilidad de Petróv, precisamente, informarles a sus superiores, quienes a su vez lo harían con el Estado Mayor del ejército soviético. Luego consultarían al líder soviético, Yuri Vladímirovich Andrópov (en la foto), sobre el lanzamiento de un contraataque.

Recordaba Petróv tiempo después:
| «La sirena aulló, pero me senté allí durante unos segundos, mirando la gran pantalla roja, retroiluminada con la palabra “lanzamiento”. Un minuto después, la sirena volvió a sonar. El segundo misil fue lanzado. Luego el tercero, y el cuarto, y el quinto. Las computadoras cambiaron sus alertas de “lanzamiento” a “ataque con misiles”. Estábamos en estado de shock. Necesitábamos entender: “¿Qué sigue?” Y no podía levantarme de la silla; era como si me hubiesen quitado las piernas. Estaba terriblemente preocupado, como si me hubieran llevado al Gólgota. Así de nervioso estaba». |


Ejemplos de sala de control de radar de misiles (izquierda) y de pantalla en dicha sala.
El tiempo era corto. Según los cálculos, basados en la idea de destrucción recíproca asegurada, desde el momento en que el enemigo lanzó un misil balístico hasta la decisión de llevar a cabo un lanzamiento de represalia, el liderazgo de la URSS no tenía más de 28 minutos, de los cuales Stanisláv tenía únicamente 15.
Una fuente, de hecho, asegura que solo pasarían 25 minutos entre el lanzamiento de los misiles y su detonación.
En 2013 le dijo al Servicio Ruso de la BBC:
| «No había ninguna regla sobre cuánto tiempo se nos permitía pensar antes de informar de un ataque. Pero sabíamos que cada segundo de dilación quitaba un tiempo valioso, que los líderes militares y políticos de la Unión Soviética necesitaban ser informados sin demora. Todo lo que tenía que hacer era alcanzar el teléfono, levantar la línea directa con nuestros principales comandantes, pero no podía moverme. Me sentía como si estuviera sentado sobre una sartén caliente». |
El protocolo soviético decía que los militares deberían responder a un ataque nuclear con uno de los suyos.
Todos en la habitación le miraban, esperando instrucciones. Alguna que otra fuente incluso cita que varios soldados le conminaron a actuar con palabras. Pero él les ordenó que se quedaran quietos.
En una entrevista con Channel Five lo contó así:
| «Me levanté de mi mesa de control con el corazón apretado. Vi que la gente estaba confundida. Los operadores volvieron la cabeza, saltaron de sus asientos, todos me miraban. Estaba asustado, francamente». |
El propio teniente coronel, de acuerdo con las reglas, tenía que notificar al comandante del sistema de advertencia de ataque con misiles y al jefe de personal.
Esto posibilitaba que el liderazgo político-militar del país tuviera un poco más de tiempo para tomar una decisión sobre un ataque de represalia, en unos 10 minutos. Si los misiles volaron, deberían haber sido detectados por el segundo escalón del sistema de defensa: radares que debían informar de un ataque con misiles unos 20 minutos antes de que las ojivas golpearan el territorio de la URSS. Por lo tanto, se suponía que los misiles explotarían en ese territorio en solo media hora.
La técnica en 1983 estaba lejos de ser perfecta y no se parecía en nada a las imágenes de películas, donde una variedad de pantallas muestra video en tiempo real de cámaras ubicadas en satélites.


Izquierda: sala del mando de control de misiles de la película WarGames —«Juegos de guerra»—. Derecha: anuncio publicitario de la película.
Sin embargo, los sistemas informáticos a disposición de Stanisláv corroboraban que la confiabilidad de la información de los satélites estaba en el nivel «más alto».
Stanisláv recordaba con la BBC:
| «Tenía todos los datos (para sugerir que había un ataque con misiles en curso). Si hubiera enviado mi informe a la cadena de mando, nadie habría dicho una palabra en contra. Pero la información recibida tenía que ser verificada. No podría haber sido que en realidad era un misil balístico con ojivas a bordo». |
Toma de una decisión trascendental:
Aunque la naturaleza de la alerta parecía ser muy clara, Petróv tenía algunas dudas. Parecer ser que él admitió en algún momento que la primera de ellas fue que Estados Unidos decidiera lanzar un ataque nuclear contra su país.
Desde el principio, le pareció extraño al oficial que el radar registrara un lanzamiento desde una sola base, esto no sucede con un ataque de tal categoría. De acuerdo con las disposiciones básicas de la doctrina del momento, un ataque nuclear preventivo debía ser llevado a cabo por todo el arsenal de misiles al mismo tiempo, y no sólo unos pocos misiles balísticos.
Así que era ilógico que los misiles supuestamente fueran lanzados desde una sola base, ya que un primer ataque de los Estados Unidos era probable que involucrara a cientos de misiles simultáneamente lanzados con el fin de desactivar cualquier medio soviético para un contraataque.
Al igual que todos los demás oficiales, Stanisláv, entonces, estaba instruido en que, durante un ataque nuclear real contra la URSS, los misiles se lanzarían desde las 9 bases estadounidenses —según asegura una fuente— de este tipo en ese momento a la vez, y no desde una, como mostraba el sistema.
Por otro lado, el sistema de advertencia, en cuya creación —cuentan la historia— trabajó el propio Petróv, no mostró signos de falla. Este oficial lo recordaba de esta manera:
| «El sistema dio la calificación más alta de confiabilidad de la información del lanzamiento. En la región donde se encontraba la base estadounidense en ese momento, había una frontera de día y noche. Tal confiabilidad no podía ser, algo no encajaba». |
Junto a los especialistas como él, la Unión Soviética tenía otros expertos, que también observaban las fuerzas de misiles de Estados Unidos. Pero esas personas eran solo un servicio de apoyo.

El protocolo decía, muy claramente, que la decisión tenía que basarse en lecturas de computadora. Y esa decisión recaía en él, el oficial de servicio. Stanisláv sospechaba de cuán fuerte y clara había sido la alerta. Y así pensaba:
| «Había 28 ó 29 niveles de seguridad —una fuente usada en este trabajo cita que eran 30 los niveles de control de buen funcionamiento del sistema de alerta—. Después de identificar el objetivo, tuvo que pasar todos esos “puntos de control”. No estaba muy seguro de que fuera posible, en esas circunstancias». |
Los especialistas en control visual que atendían las pantallas de los dispositivos de control de video no vieron nada. En esas pantallas debían mostrarse los destellos y columnas de fuego de los misiles que volaban desde el silo de disparo hacia el cielo característicos de este proceso, una cola brillante salida del tubo de escape del misil lanzado dejada en el aire. Petróv tampoco vio eso.
Asimismo, el radar terrestre de la Unión Soviética fue incapaz de detectar misiles más allá del horizonte. Los especialistas del radar sobre el horizonte tampoco pudieron detectar los misiles lanzados y así lo reportaron.
El radar sobre el horizonte —conocido en el argot militar anglosajón como OTH, por Over The Horizon—, a veces llamado «radar más allá del horizonte» —BTH, por Beyond The Horizon—, es un tipo de sistema de radar con la capacidad de detectar objetivos a distancias muy largas, generalmente a cientos de miles de kilómetros, más allá del horizonte del radar, que es el límite de distancia para el radar ordinario.

En una entrevista con TASS, Stanisláv confesó: «No tenía derecho a usar esta información; la usé después de todo. Aun así, violé un poco las instrucciones».
Una fuente cita que «un grupo de operadores de radar satelital le dijeron que no habían registrado misiles». Pero no pude comprobar si este era otro escalón de chequeo del buen funcionamiento del sistema, o si se referían, simplemente, a los operadores del radar sobre el horizonte, empleando otro término.
Una de las fuentes militares consultadas para este trabajo apuntó algo muy importante: el teniente coronel Stanisláv era un ingeniero de procesamiento de señales, no un típico observador de instrumentos y pantallas, por lo cual poseía un conocimiento único de las fortalezas y fallas en el nuevo sistema de alerta satelital soviético. Acorde a una fuente, la fiabilidad del sistema de satélites había sido cuestionada en el pasado.
Así que, después de analizar toda la información recibida, concluyó que el sistema de advertencia podría haber funcionado erróneamente. Petróv decidió reportar un sistema de falsos positivos a lo largo de la cadena.
Si se equivocaba, las primeras explosiones nucleares habrían ocurrido minutos después.

Al mismo tiempo, todos los datos procesados por la computadora del centro de control eran duplicados a las autoridades superiores. En este punto del evento, los relatos difieren en cuanto a si se notificó a los superiores o no.
Algunas fuentes dicen que Stanisláv lo recuerda así:
| «Estaban perplejos: ¿por qué no hay confirmación del turno de servicio? Un par de minutos más tarde, al puesto de mando entró una llamada sobre comunicaciones del gobierno. Al levantar el teléfono, informé a la persona que llamaba: “Es una falsa alarma”. El asistente respondió: “Entendido”». |
Pero otras fuentes lo describen de otra manera. Acorde a ellas, Petróv lo contó de esta forma:
| «La máquina nos dio toda la información introductoria, proporcionó la “base de evidencia”, y el oficial de servicio en el puesto de mando —él mismo, en este caso— tenía que informar arriba. El tema de los lanzamientos de retorno ya se estaba resolviendo allí. Llamé a la gerencia dos minutos después y dije al teléfono que la alarma era falsa, que la computadora falló. Ahora todo lo que quedaba era esperar a que los misiles, si realmente fueron lanzados, invadieran nuestro espacio aéreo y fueran detectados por el radar. Se suponía que iba a suceder en 18 minutos, pero no fue así». |
Algunos minutos después, las alarmas de advertencia dejaron de notificar y el tablero de advertencia se apagó.
Más tarde, el comandante de las fuerzas de defensa antimisiles y antiespaciales, el coronel general Yuri Vsiévolodovich Vótintsiev, al llegar al puesto de mando, informó la falsa alarma del sistema al comandante en jefe y ministro de Defensa del país, Dimitri Fiódorovich Ustínov.


Con una sonrisa, Petróv le dijo a la BBC:
| «Veintitrés minutos después me di cuenta de que no había pasado nada. Si hubiera habido un ataque real, entonces ya lo sabría. Fue un gran alivio. Me fui a casa a dormir». |
Una fuente utilizada llegó a escribir, incluso que «como su hijo recordó más tarde, ¡su padre durmió durante dos días después de ese deber!». No suena improbable, pero sí efectista y de opinión personal del bloguero. En mi particular, no creo que eso haya sucedido; suena irreal por incomprobable (en ninguna entrevista con Stanisláv o trabajo sobre él se dice algo similar).
Si ya respiraste al enterarte que sigues vivo gracias a la acción de este hombre, espera la próxima entrega para que sepas lo que siguió después; quizás tu espíritu justiciero o solidario —y hasta crítico, pudiera ser— se vea movido por la continuación de esta historia.
Porque recuerda: accióny reacción. La decisión de este oficial soviético tuvo más de una consecuencia. Así que manténte al tanto de la información que viene.
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