40 años del asesinato de John Lennon: La muerte del talento y las ideas. I – Los sucesos del fatídico día (2).

«Naciste con dolor. El dolor es lo que somos la mayor parte del tiempo, y creo que cuanto más grande es el dolor, más se busca a Dios». — Rolling Stone, 1971

Seguimos con este homenaje por el 40 aniversario del asesinato de John Lennon. Si te perdiste la primera entrega, puedes navegar por la página para encontrarla, o seguir este enlace:

https://wordpress.com/post/elabrevaderojm.com/2657

10:35 p.m. – En camino al Dakota

Los Lennon viajan en su limusina, que los lleva hasta la Octava Avenida, sigue por Columbus Circle, continúa hacia el norte a lo largo de Central Park West, y luego hace izquierda en 72nd Street. Chapman sigue merodeando frente al edificio, donde ha entablado una conversación con el portero José Sanjenís Perdomo, expolicía batistiano, agente de la CIA y exmiembro de la Brigada 2506.

10:48 p.m. – Llegada y asesinato

Los Lennon llegan al Dakota. John había decidido no salir a cenar para poder estar en casa a tiempo y darle las buenas noches a su hijo, antes de ir al restaurante Stage Deli con su esposa. En una versión de los hechos, Lennon decide sin más salir de la limusina en la calle 72 en lugar de conducir al patio del Dakota, más seguro.

Jim Moran, oficial de la policía de Nueva York en un turno de 4 a medianoche en el Upper West Side esa noche, sin embargo, explicó el motivo de esta forma: «Cuando John y Yoko llegaron de vuelta (…) había un coche aparcado allí, así que no podían pasar por la entrada. Se aparcaron en la calle y se bajaron del coche».

Chapman está parado en las sombras junto al arco de la entrada del edificio. Los Lennon pasan frente a Chapman: Cuando Ono pasa, Chapman mueve su cabeza a manera de saludo, y la mujer hace lo mismo. Al pasar, Lennon, mira brevemente a Chapman y parece reconocerlo de antes.

Segundos más tarde, Chapman saca un revólver Charter Arms calibre 38 de un bolsillo de su abrigo, apunta directamente al centro de la espalda de Lennon y dispara cinco balas de punta hueca en rápida sucesión, desde una distancia de unos nueve o diez pies, alrededor de 3 metros.

Chapman falla el primer disparo; la bala pasa sobre la cabeza de Lennon y se estrella contra una ventana. Los próximos dos disparos dan en la espalda y el costado izquierdo del cantante. Las últimas balas penetran por el hombro izquierdo, perforan el pulmón y la arteria subclavia izquierda; las balas le ocasionan siete orificios en su cuerpo, atraviesan su pecho. Una bala rebotó del hombro izquierdo hacia el pecho, cortando la aorta y la tráquea. 

Chapman, en silencio, observa a Lennon subir los seis escalones de la entrada. El cantante accede al vestíbulo y musita con la boca ensangrentada: «Me dispararon»; cae al suelo, y con él los casetes de las grabaciones hechas en Record Plant, que se esparcen por el suelo. Yoko entra gritando: «¡Le dispararon a John!».

Perdomo corre hacia adentro y le dice al conserje Jay Hastings que el atacante había lanzado su arma al pavimento. Hastings comienza a hacer un torniquete, pero al abrir la camisa manchada de sangre de Lennon y darse cuenta de la gravedad de las múltiples lesiones del músico, le cubre el pecho con su chaqueta de uniforme, le quita las gafas ensangrentadas, y activa la alarma de NYPD.

Yoko sostiene a John, quien musita: «Ayúdame». Hastings le susurra al cantante: «Está bien, John, vas a estar bien».

«Fue algo muy repentino», dijo Yoko a Inside Edition en 1997. «Fue tan repentino que fue muy difícil para mí».

Chapman se quita el abrigo y el sombrero para recibir la llegada de la policía, a fin de demostrar que no llevaba armas ocultas, y permanece de pie en la calle 72 West. Bajo el abrigo lleva una camiseta promocional del álbum de 1978, Hermit of Mink Hollow, de Todd Rundgren.

Perdomo patea el arma homicida hacia lejos del asesino y le espeta: «¿Sabes lo que has hecho?». A lo cual aquel responde: «Sí. Le disparé a John Lennon».

10:50 p.m. – La respuesta a la emergencia

Los oficiales Steven Spiro y Peter Cullen son los primeros policías del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) en llegar a la escena; estaban en la calle 72 y Broadway cuando escucharon un reporte de disparos contra el Dakota.

Spiro rememoraba: «Cuando recibimos la llamada, unos 5 minutos pasadas las 11, algo así, dijeron: «Disparos, 1 West 72nd Street. Estábamos en Broadway y la 72».

Cullen le contó a InsideEdition.com: «Cuando recibimos la llamada, pensamos que eran fuegos artificiales en Central Park y no disparos, porque también era Año Nuevo chino».

Los oficiales llegan unos dos minutos más tarde. Encuentran varios coches, y una multitud. Según Cullen: «Siempre había como cinco, seis, diez personas, porque sabían que podían obtener firmas de John y Yoko. Pero nunca tuvieron ningún problema; era una multitud tranquila».

Spiro recordaba: «Salimos del auto y corrimos al edificio, y miramos en el arco. Aquí está este tipo, con las manos en alto. Había dejado caer el arma, que la había pateado el portero. Se había quitado todas sus prendas exteriores».

Cullen rememoraba: «Lennon ya estaba en el vestíbulo y la gente estaba a su alrededor. Todo el mundo estaba petrificado».

Lennon sangra por la boca y el pecho, pero increíblemente, tiene pulso. Los oficiales le apuntan a Hastings, gritándole: «Levanta las manos». Pero Perdomo les rectifica: «Ese no…, él trabaja aquí. Aquel es el tipo». Chapman, quien está parado con mucha calma en la calle 72 Oeste.

Luego, informaron que Chapman había tirado el revólver al suelo y estaba sosteniendo un libro de bolsillo, The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno), de J. D. Salinger. Más tarde, se supo que el asesino había escrito en el libro: «Para Holden Caulfield —protagonista de la novela—. De Holden Caulfield. Esta es mi declaración».

Dijo Spiro: «Pensé que había un robo. No sabía cuántos tipos había allí. Agarré a este y lo hice caminar conmigo en derredor. Vi los agujeros en el cristal del vestíbulo, y luego a mi derecha, José, el portero, a quien conozco trabajando allí durante años, dice, “No, él es el único”.

Así que me dije “genial, OK”. Lo tiro contra la pared, y entonces José me grita: “Le disparó a John Lennon”. Y yo dije, “Tú, ¿qué?”».

Los oficiales Herb Frauenberger y Tony Palma llegan en ese momento, y ven a Hastings atendiendo a Lennon.

«Cuando escuchas algo en el Dakota, hay algo serio», dijo Frauenberger. «Estuvimos allí en menos de un minuto y llegamos con las armas listas».

Cullen valoró el suceso con esta frase: «El resto de la noche fue Bedlam (referencia al hospital psiquiátrico londinense)».

Al principio, los policías no se dan cuenta de quién es la víctima. Palma recuerda haber oído a una mujer gritar: Giré la cabeza y algo en mi mente dijo: “Conozco a este tipo”. Lo habíamos visto antes; era una figura connotada en Nueva York. Entonces, el portero dijo: “Este es John Lennon”. Y aquello me golpeó como una tonelada de ladrillos».

Entretanto, Spiro prepara las esposas y le pega la nariz al asesino contra la pared para que no vea nada. Así, le recita la Advertencia Miranda mientras lo esposa. Chapman no hizo ningún intento de huir ni resistirse al arresto.

Otro auto policía con los oficiales Bill Gamble y Jim Moran llega a la escena.

Moran recordaba: «Había otros patrulleros allí, y mi compañero Bill y yo atravesamos el arco y subimos los escalones; alguien dijo que un hombre había sido baleado. Dijimos que lo llevaríamos al hospital».

Los policías llaman a una ambulancia primero, y el despachador de radio les dice que estaría allí en 10 minutos. Al darse cuenta de la magnitud de las lesiones de Lennon, los policías deciden que no pueden esperar tanto.

Palma dijo luego: «Si ves a alguien sangrando así, no quieres dejarlo ahí». Tenían que trabajar rápido. «Lo tratamos como si le hubiesen disparado a un policía».

Spiro recordaba: «Giro a mi derecha, y veo a John Lennon siendo llevado fuera del edificio, boca arriba, en hombros. Vi la sangre saliendo de su boca. “Dios mío, este tipo se está ahogando en su propia sangre, está herido en los pulmones”».

Spiro pone a Chapman en el asiento trasero de su coche patrulla, donde Chapman le confiesa a Spiro: «Actué solo». A pesar de que el policía no se lo preguntara.

Palma y Frauenberger deciden trasladar a Lennon en el patrullero de Moran y Gamble, así que lo colocan en el asiento trasero.

Frauenberger contó: «(Gamble y Moran) llamaron por radio que tenían una herida de bala y les dije: “No digan que es John Lennon, no queremos un zoológico en el hospital”».

Lo llevan de urgencia al Hospital Roosevelt en West 59th Street.

Según los informes, Moran preguntó: «¿Eres John Lennon?», a lo que Lennon asintió y respondió: «Sí». Según otro relato del oficial Bill Gamble, Lennon sacudió un poco la cabeza e intentó hablar, pero solo escucharon un gorgoteo, y perdió el conocimiento poco después.

Los oficiales tratan de sentar a Yoko junto a Lennon, pero estaba demasiado apretado. Por tanto, deciden ponerla en otro auto e irse volando a Columbus Avenue.

James Sullivan, el jefe de detectives del NYPD, declararía para la prensa: «Arrestamos a Mark David Chapman, de la calle 55 South Kukui, K-U-K-U-I, Hawaii, por el homicidio de John Lennon. Ellos salieron del auto, de la limusina, y entraron en la zona del arco del Dakota».

«El señor Chapman se acercó por detrás de él y le llamó: “señor Lennon”, y luego, en una postura de combate —posición Weaver para disparar con arma de fuego corta—, vació el revólver calibre 38 de Charter Arms que tenía con él, y alcanzó a John Lennon».

Las audiencias judiciales posteriores y las entrevistas con testigos no incluyeron ni «Mr. Lennon» ni la descripción de «postura de combate». Chapman ha dicho que no recordaba haber llamado a Lennon antes de disparar, y que Lennon no se dio vuelta. En una entrevista de 1992 con Barbara Walters sí afirmó haber asumido una «postura de combate».

Esto no termina aquí. Espera la tercera entrega.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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