40 años del asesinato de John Lennon: La muerte del talento y las ideas. I – Los sucesos del fatídico día (3).

«No quiero morir, y no quiero que me lastimen físicamente. Pero, si revientan el mundo…, todos nos libramos de nuestro dolor entonces, olvídalo, ¡no más problemas!” — Rolling Stone, 1971

11:00 p.m. – Los médicos tratan de salvar a Lennon

Unos minutos antes de las 11:00 p.m., Moran llega al Hospital Roosevelt con Lennon en su coche patrulla. Moran carga a Lennon en la espalda y luego lo coloca en una camilla, exigiendo un médico para una víctima de múltiples heridas de bala; ya el personal de trauma los estaba esperando.

Lennon ya había perdido el 80% de su sangre a su llegada.

El personal de enfermería que recibe a Lennon se percata que no tiene presión arterial, ni pulso, ni respira; no da ningún tipo de respuesta, no hay signos vitales. Lennon es llevado sin dilación a un quirófano.

De vuelta en Dakota, Cullen y Spiro ponen a Chapman en su auto y lo llevan a la comisaría 20. Mientras manejan a la estación, Cullen se dirige a Chapman: «¿Estás loco? ¡Acabas de tirar toda tu vida!».

Chapman dice algo que Cullen nunca olvidará. «Hay una pequeña persona dentro de mí, y una persona grande, y esta noche, la persona pequeña ganó».

Mientras tanto, Frauenberger y Palma llevan a Yoko al hospital.

Frauenberger recordaba de Yoko: «Estaba en shock. Ella no estaba histérica. Estaba traumatizada. Ella seguía preguntando si iba a estar bien y tratamos de tranquilizarla, pero yo sabía que era serio».

En el área de espera del hospital, Ono le pide al oficial Palma un cuarto para poder llamar a alguien. Llama a su amigo, el ejecutivo discográfico David Geffen, quien corre al hospital.

Palma narraba: «Ella dejó el teléfono y la llevé a un cuarto trasero en el hospital. Me quedé con ella durante media hora mientras trabajaban en él (Lennon)».

Palma trata de calmarla mientras ella procesa lo que está sucediendo. A medida que los médicos y enfermeras tratan a Lennon, pronto se enfrentan al peor resultado.

Moran contaba: «Yoko entró. Ella era muy, muy tranquila, muy solemne. Iban a dejarla en la sala de espera, y decidimos ponerla en una de las habitaciones que estaban vacías en la parte de atrás, y me quedé con ella durante cinco, diez minutos. Dije: “Tiene los mejores médicos”».

Dentro del quirófano, el equipo de cirujanos, médicos y enfermeras despoja a Lennon de su chaqueta de cuero con forro de piel, su camisa roja y pantalones de mezclilla.

Versión de David Halleran:

David Halleran, entonces cirujano general de 29 años, le dijo a InsideEdition.com: «En aquellos días teníamos beepers. Me llamaron y me dijeron: “Tenemos una herida de bala en el pecho”. Nunca dijeron que era Lennon».

Mas, Halleran sospecha que algo está mal, porque: «Llegó en un coche de policía. Eso fue diferente».

«Fue como en una molotera de melé (scrum) de rugby: alguien cortaba la ropa, otro le tomaba el pulso; otro le abría el pecho».

En ese momento, Lennon ha perdido tanta sangre que ya no tiene pulso.

Halleran sostiene el corazón de Lennon; lo bombea, lo masajea. Todavía no sabe de quién es ese corazón en sus manos.

«Alguien dijo: “Se parece a John Lennon. Otra persona revisó su billetera y encontró su tarjeta de crédito AmEx de oro. Tenía fotos en el bolsillo de su abrigo».

«Parecía que no estábamos logrando nada. No lográbamos restablecer su pulso, no recuperábamos la presión arterial, no veíamos respuesta de las pupilas. Ya se nos había ido».

«Quería esconderme bajo una roca. No me sentí bien. Sólo quería irme a casa».

Halleran ratificó que él y su equipo hicieron todo lo posible para salvar a Lennon.

«Haces esto por cualquiera. Trajeron a un paciente mortalmente herido, y tú lo aceptas. Ojalá hubiésemos tenido un mejor resultado».

Versión de Stephan Lynn:

El Dr. Stephan Lynn, Director de Servicios de Urgencia del Hospital Roosevelt, contó que él y un equipo de siete médicos en traumatismos trataron de salvar a Lennon, recurriendo a masajes directos al corazón y transfusión de sangre.

Dijo que fue llamado de vuelta al hospital esa noche, que había dejado a las 10:30 p.m., y estaba viendo el comercial antes de las noticias de las 11 en punto, así que probablemente eran las 10:57.

«Recibí una llamada del departamento de emergencias», recordaba Lynn. «Las enfermeras recibieron una llamada de la policía de que estaban trayendo a un individuo con una herida de bala en el pecho. Salí corriendo, conseguí un taxi y llegué al hospital antes que él».

«Uno de nuestros cirujanos cardiovasculares, Richard Marks, vivía cerca del Dakota y estaba aparcando su auto. Vio lo que estaba pasando al otro lado de la calle, y simplemente decidió dar la vuelta y volver (al hospital)».

«No sabía exactamente lo que sucedía. A través de las puertas vi que dos agentes de policía entraron. Llevaban un cuerpo sin vida sobre sus hombros. Pero estábamos listos».

«Posicionamos el cuerpo delante de nosotros en una camilla en la sala de reanimación. Estaba claro que había tres heridas de bala en la parte superior del pecho izquierdo y otra en el brazo izquierdo. También quedó claro que no había circulación, ni abundancia de sangre».

«Al principio no sabíamos que era John Lennon. Como parte de nuestra rutina normal obtuvimos su identificación de su ropa y decía: John Lennon. Las enfermeras decían: “No se parece a John Lennon, no puede ser”.

«Un empleado del departamento de emergencias sacó su billetera de su bolsillo. Había una tarjeta de identificación de John Lennon. Y tenía una gran cantidad de dinero en efectivo en su billetera. Cuando Yoko Ono entró, estuvimos cien por ciento seguros de a quién teníamos. La llevaron —a Yoko— al otro extremo del departamento de emergencias. Nunca la trajeron a la habitación donde lo trataron».

«Para darle cualquier oportunidad de sobrevivir, necesitábamos hacer una toracotomía de emergencia. Así que hicimos una incisión en el lado izquierdo del pecho y separamos las costillas, y encontramos una gran cantidad de sangre.

«Buscamos una lesión en el corazón o en los vasos sanguíneos. Pero lo que descubrimos fue que todos los vasos sanguíneos principales que salían del corazón fueron destruidos. No había forma de que pudiéramos repararlos».

«Literalmente sostuve su corazón en mi mano derecha lo masajeé para tratar de reanimarlo y realizamos transfusión de sangre. Tenía la esperanza de que, quizás, al restablecer cierta circulación de sangre, lográramos hacer funcionar al corazón, pero ese no fue el caso.

Cada vez que bombeaba, la mayoría de lo que bombeaba salía por todos los agujeros. Fue totalmente ineficaz, era imposible reanimarlo. Así que, cerca de las 11:15, John Lennon fue declarado muerto».

«Si él —Lennon— hubiera sido baleado de esta manera en el medio del quirófano con todo un equipo de cirujanos listos para trabajar en él…, todavía no habría sobrevivido a sus heridas».

Lo innegable

En resumen, tres de las cuatro balas que golpearon la espalda de Lennon atravesaron su cuerpo y salieron por el pecho, mientras que la cuarta se alojó en la aorta al lado del corazón. Una de las balas que salió del pecho se desvió y alojó en la parte superior del brazo izquierdo. Casi todas ellas habrían sido fatales por sí mismas, porque cada bala había roto las arterias vitales alrededor del corazón.

A Lennon le habían disparado cuatro veces a corta distancia con balas de punta hueca y sus órganos afectados, en particular su pulmón izquierdo y los vasos sanguíneos principales por encima de su corazón, fueron prácticamente destruidos con los impactos.

Como pueden entender, la información sobre quién operó e intentó resucitar a Lennon es incierta.

Muchos informes atribuyen a Stephan Lynn la realización de la cirugía de Lennon. En 2005, Lynn recordó haber sido la única persona que masajeó el corazón de Lennon e intentó resucitarlo durante 20 minutos, que otros dos médicos estaban presentes, y que los tres juntos declararon la muerte de Lennon.

Por el contrario, en 1990, Richard Marks declaró que operó a Lennon, administró una transfusión de sangre masiva y proporcionó masaje cardíaco en vano. Luego, cerró el cuerpo con suturas.

En 2015, el cirujano David Halleran discutió los relatos de Marks y Lynn, afirmando que los dos médicos «no hicieron nada». Halleran también declaró que no se dio cuenta de a quién estaba operando al comienzo, y que Lynn solo vino a ayudarlo cuando se enteró de que era Lennon. En ese momento, Halleran era un residente de cirugía general de tercer año en el Hospital Roosevelt.

Todo parece indicar que cada uno quería asegurar su fama para afianzar su carrera futura a costa del genio que, de todas formas, no fue salvado por ninguno.

Lo cierto sí fue que, más tarde, en una conferencia de prensa improvisada en el Hospital Roosevelt el Dr. Lynn dijo: «Lennon nunca tuvo oportunidad después del primer disparo. Sufrió heridas en sus hombros, pecho y espalda, siete en total, producidas por cinco balas».

Tras la noticia del deceso de Lennon en el hospital

Volviendo a las incongruencias, unos reportes indican que Lennon fue declarado muerto a la llegada a las 11:15 p.m., pero también se ha informado que la hora de su muerte fue las 11:07 p.m. Como curiosidad, los testigos señalaron que la canción de los Beatles All My Loving se escuchaba por el sistema de audio del hospital en el momento en que Lennon fue declarado muerto.

Palma recuerda el momento en que un médico entró en la sala para entregar la devastadora noticia a Yoko, que se vio superada por la emoción.

El doctor Lynn le informa que el personal médico no pudo reanimar a su marido. Ono estalla en histeria.

Lynn dijo en una entrevista de 2005 con el Washington Post: «Ella se negó a aceptar o creer eso. Durante cinco minutos, ella repetía entre sollozos: “No, no es verdad. Estás mintiendo. No puede ser verdad. No me estás diciendo la verdad. No puede estar muerto, si simplemente estaba vivo. Estás mintiendo. No. ¡Dime que no es verdad!”.

Para seguir con las incongruencias, Lynn dijo que Ono luego se tiró al suelo y comenzó a golpear su cabeza contra él, pero se calmó cuando una enfermera le dio el anillo de bodas de Lennon. Su relato, empero, fue discutido por dos de las enfermeras que estaban allí.

En una entrevista de 2015, Yoko negó haber golpeado su cabeza en un piso de concreto y declaró que su principal preocupación en ese momento era mantener la calma y cuidar de su hijo Sean.

Después de recuperar su compostura, Ono le pide a Lynn que espere para anunciar públicamente la noticia para poder decírselo a Sean.

Según Lynn: «Me dijo: “Mi hijo Sean está en casa, y no quiero que se entere de la muerte de su padre por un anuncio en la televisión”. Así que, hicimos los arreglos para sacar el cuerpo de John Lennon del hospital, porque este era el tipo de caso que iría a la Oficina del Médico Forense en Jefe de la Ciudad de Nueva York.

«Hicimos los arreglos para permitir que Yoko saliera del departamento de emergencias, pero cuando su auto se detuvo en la entrada, toda la prensa y todo el mundo en la escena apareció por una esquina, y literalmente no pudimos empujar la puerta abierta».

«Había una entrada de admisión más abajo en la calle 58, hacia la parte trasera del hospital, que tenía una doble entrada donde se podía cerrar la puerta exterior o la puerta interior, o ambas».

«Ellos parquearon, cerraron las puertas exteriores, y luego abrieron la puerta interior, y pusimos su cuerpo —el de Lennon— en la ambulancia de la morgue. En realidad, había otro cuerpo allí en ese momento. No tengo ni idea (de quién era)».

«Luego cerramos la puerta interior y abrimos la puerta exterior. La policía había acordonado por completo la calle 58, y no había tráfico ni gente en la calle. Y el vehículo del médico forense se fue».

Joe Demaria, fotógrafo del New York Post, quien atrapó a Yoko y Geffen saliendo del Roosevelt, recuerda: «Estábamos por ahí fuera de la sala de emergencias. Había susurros, y mucha policía. Recibí una pista de que Yoko saldría por una puerta lateral.

«Retrocedí y me escabullé por la calle 58. Me detuve en la primera puerta. Estaba a unos 10, 15 pies de distancia. Había un auto aparcado allí. No estuve ni 15 minutos; dos personas salieron antes que ella. Entonces salió, mirando muy solemne, no dijo una palabra. (Geffen) se aferraba a ella».

De vuelta en la entrada principal, el doctor Lynn enfrenta a un grupo de periodistas:

«Hice el anuncio en lo que entonces era el vestíbulo al hospital», contó Lynn. «Había una pequeña escalera de unos tres o cuatro escalones que conducía hasta la oficina de admisiones».

«Me paré en la parte superior de los escalones, y lo primero que vi fue unas 200 ó 300 personas con micrófonos, en su mayoría de radio, y algunas cámaras de televisión, todas apuntando en mi dirección».

«Bajé la cabeza y puse las manos a un lado para dar a entender que tenía algo que decir y que se callaran. Annie Leibovitz me tomó una foto. Probablemente soy el único médico que ha estado en la revista Rolling Stone».

Frauenberger y Palma llevan a Geffen y a Yoko —quien está sombría y tranquila— de vuelta al Dakota, donde los dolientes y la prensa han inundado la calle. Los dos oficiales llaman a otros colegas adicionales al edificio para controlar la multitud.

Lennon es llevado a la morgue de la ciudad en el 520 de la Primera Avenida para una autopsia.

La causa de la muerte fue reportada en su certificado de defunción como «shock hipovolémico, causado por la pérdida de más del 80% del volumen sanguíneo debido a múltiples heridas de bala a través del hombro y el pecho izquierdos, daño al pulmón izquierdo, la arteria subclavia izquierda, la aorta y el arco aórtico».

Según el informe, incluso con tratamiento médico rápido, ninguna persona podría haber vivido por más de unos minutos con múltiples heridas de bala que afecten todas las arterias y venas principales alrededor del corazón.

“Tenemos que darle gracias a Dios o a lo que sea que esté arriba, por el hecho que todos sobrevivimos. Todos sobrevivimos a Vietnam o Watergate o a la tremenda turbulencia que es el mundo. El mapa completo está cambiando y nos dirigimos a un futuro desconocido, pero aún todos estamos allí y mientras haya vida habrá esperanza.”

Este no es el final de esta historia. Más noticias interesantes vendrán en próximas entregas.

Publicado por jmhernandezgonzalez

Cubano por nacimiento y corazón. Amigo de quien se lo merece, porque nada comparable con el amor a la familia como la lealtad a un buen amigo. ¿Escritor? Solamente sé que escribir para mí es más que multiplicarme en la inmensidad del tiempo y el espacio dando campanazos de imaginación.

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