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Mención cuento de ciencia ficción en el concurso de cuento «Oscar Hurtado 2018», en Ciudad de la Habana, y luego publicado en la revista digital de literatura fantástica y de ciencia-ficción Korad. Fue un honor participar y una gran alegría recibir un reconocimiento de instituciones literarias de nuestra isla. Este cuento pertenece a la serie «De lo fantástico y antinatural». Espero que les guste y lo comenten.

LA PRIMERA HORA

Oficina Central del FBI, Washington D. C.

El Director Asistente de la División Antiterrorista y el Jefe de la Sección Adjunta de la CIA entraron a la sala repleta de agentes, quienes tomaron asiento tras un gesto hecho por el primero.

—Buen día, agentes —saludó el Director Asistente—. Acabamos de confirmar la amenaza de un ataque terrorista, supuestamente, a gran escala contra nuestra nación.

Edificio del Congreso de los Estados Unidos de América

El Portavoz de la Casa Blanca se inclinó levemente hacia el micrófono del podio, y anunció:

—Miembros del Congreso, tengo el inmenso privilegio y el distinguido honor de presentarles al Presidente de los Estados Unidos de América.

Bajo el estruendo de una entusiasta tormenta de aplausos, el presidente avanzó hacia el podio, listo para pronunciar su discurso sobre el Estado de la Unión.

Crucero turístico desde San Francisco (Océano Pacífico)

Los pocos curiosos que, estando en cubierta, alzaron la vista al rugido de la aeronave que sobrevolaba en la altura, pudieron ver el intenso destello que casi quemó sus córneas. Con una exclamación de dolor, cubrieron sus ojos, se tambalearon. Pero antes que el resto de los presentes pudiera, incluso, preguntarse qué les había sucedido a aquellos, o cuál era la naturaleza del destello que iluminó la cubierta como el flash de una supercámara, el fortísimo estruendo tras el fogonazo ensordeció a todos, levantando una exclamación de asombro y susto de proa a popa.

Golden Gate Bridge, San Francisco, California

Mei Ling dio las instrucciones necesarias al grupito de amigas frente a ella; las jovencitas, entre risas, comenzaron a posar para la cámara.

—Mei, amiga, hagámonos un selfie para que salgas con nosotras —propuso una de ellas, rompiendo las poses momentáneamente.

—Déjala, Xia —intervino otra—. Recuerda que ella quiere ganar el concurso de fotografía.

Todas rieron, mas el instinto artístico de Mei Ling había puesto su ojo y el objetivo de su cámara en la dirección de un repentino destello en el cielo, a lo lejos. Su dedo en el obturador y el modo de disparo rápido en su aparato profesional iban a darle a la muchacha algo más que un premio de concurso en su bachillerato en China.

Minion Hay Bale Park Ranger, Nebraska

La camioneta se estacionó junto a otros vehículos ya en el lugar. Los primeros en saltar de él fueron los entusiastas niños, empujados por el deseo de hallarse ya junto a los cómicos y adorables protagonistas de Despicable Me. Enseguida, llegaron junto a los muñecos de paja, alrededor de los cuales se movían las otras familias tomando fotos, en especial de sus pequeños.

Un inesperado y cercano ruido como el de un avión supersónico al romper la barrera del sonido, atrajo la atención de todos. En el cielo, un objeto reluciente descendió en caída libre como a cinco millas de allí, hasta que desapareció de sus vistas.

—¿Qué fue eso? —preguntó uno de los hombres.

—Sonó como un avión supersónico —observó un segundo hombre—. Quizás haya sido el piloto que se eyectó.

—¿Sin paracaídas? —se extrañó una de las mujeres.

Los adultos intercambiaron miradas. Uno de ellos miró a su esposa, y esta asintió.

—El hombre podría estar en problemas —indicó este—. Niños, nos vamos, nos vamos.

—Debe haber caído cerca de Beatrice —señaló otra adulta—. Mark, vámonos, cariño. Rápido.

La pareja y la mujer, con sus respectivos hijos, echaron a andar hacia los autos. Todavía otros permanecían indecisos, aunque sus críos clamaban, excitados, por embarcarse en otra aventura. Otra pareja se separó de este grupo y corrió en pos de sus motocicletas. En pocos minutos, la caravana se puso en movimiento.

Escuela pública en el área del Capitolio, Washington D. C.

Miss López revisaba la tarea evaluativa de uno de sus grupos en este su período de preparación y planificación de clases: un ensayo sobre la Guerra Fría, de acuerdo con varios temas relacionados. El trabajo de Mike era, sin dudas, el mejor hasta ahora, y la maestra estaba admirada con la seriedad con que su alumno lo había desarrollado, pues su estructura demostraba la existencia de una buena investigación:

«La plena efectividad del primer golpe es una utopía, pues la cacareada superioridad en el arsenal bélico (de ciertas naciones sobre otras) no se ha demostrado, al no contarse con fuentes fidedignas que permitan establecer un real balance de las fuerzas del enemigo.

«El enemigo no está “desarmado” ni “desarticulado”. Las naciones poseen sistemas de desinformación y contrapartida capaces de ocultar las verdaderas cifras, incluso para los más connotados agentes infiltrados en sus filas.

«Es imposible conocer a fondo con qué cuenta el enemigo. No obstante, se pueden hacer estimaciones aproximadas —subrayado—, las cuales en nada nos muestran adversarios desprovistos de medios e información competentes para enfrentar una situación de este tipo. Por el contrario, la preparación militar, el arsenal bélico y los medios tecnológicos en su poder, amén de gozar de buena fama durante toda la Historia, no son ahora, ni por asomo, el reflejo de países indefensos. Hay que tomar en cuenta la propia reconsideración del enemigo en cuanto a política militar en estos decenios.

«El Escudo de Defensa Estratégico no impedirá, por completo, la caída de los misiles adversarios sobre el suelo de los aliados. Es importantísimo considerar el trabajo desarrollado por la CEI en materia de programas espaciales, los cuales no podemos desvincular de determinados objetivos militares trazados a alcanzar en ellos.

«En la primera hora de combate se utilizará el noventa por ciento de todo el arsenal coheteril nuclear dispuesto en la Tierra.

«(…) será demolido el sesenta por ciento de los puntos estratégicos en los países aliados de Europa.

«(…) hay un estimado de la destrucción total del setenta por ciento del arsenal búlico de los países de la CEI…

«El Escudo de Defensa Estratégico podrá ser neutralizado en más de un cincuenta por ciento…

«Los medios enemigos en el cosmos (de ambas partes) pudieran quedar reducidos a la mitad en la primera hora de combate…»

Hasta para una conocedora como ella —por ser maestra de Historia—, las líneas con tan detallada información le provocaban cierto escalofrío; aunque la mayor parte provenía de artículos de mil novecientos noventa y dos, como constaba en la página final, parecía tener tanta vigencia como hoy mismo. Había en el texto una preocupación implícita por algo que no parecía remoto, olvidado, sino latente, probable, actual.

La joven despegó los ojos del papel y miró afuera a través del cristal de la ventana cerca de su escritorio.

De pronto…

Primero fue el destello, enceguecedor, lo que le hizo exclamar y levantar su mano hasta la cara, girar la cabeza en sentido opuesto. Menos de un segundo después, la explosión. Y le siguió la oleada de intenso, abrasador calor, que reventó los cristales y quemó su piel antes de empujarla al lado opuesto de la habitación junto con el resto de los muebles.

Finalmente, la devastadora cortina de fuego avanzó en todas direcciones alrededor del hongo atómico que subía al cielo desde donde estuviese el Capitolio, arrasando la ciudad.

Complejo de la montaña Cheyenne (refugio antinuclear)

El Secretario del Interior, el «sobreviviente designado», entró con la escolta a él asignada, que le trajera desde el lugar secreto para su permanencia durante el discurso del presidente en el Congreso, hasta aquí. Varios oficiales del Comando de Combate Unificado ya estaban presentes, y en breve aparecieron, también escoltados, los senadores de «la línea de sucesión». Entre apretones de manos y frases que cruzaban de uno a otro formando una complicada, atropellada, maraña comunicativa en el grupo, mientras caminaban con rapidez bajo las instrucciones del jefe de la base y sus subalternos —todos enfundados en uniformes militares y portando armas largas—, el recién formado alto mando de la nación llegó a la sala de reuniones. Instintivamente, todos recorrieron con la vista el espacio circundante y se detuvieron en el futuro Presidente de la Unión.

—Señor ministro del Interior —un oficial en uniforme de gala se acercó al mencionado hombre parado en medio del círculo de políticos y castrenses, portando un libro—, ¿listo para jurar?

El ya, de facto, presidente norteamericano, asintió. Ambos hombres, frente a frente, conectados con sus manos a través de la Biblia, siguieron el protocolo de juramentación que convirtió al ministro en el máximo mandatario del país. Nadie tomó fotos, ni hubo aplausos. Con solemnidad, no obstante, los participantes de la corta ceremonia reconocieron y felicitaron al nuevo presidente.

—Señor Presidente —dijo el Jefe del Comando de Combate Unificado—, podemos comenzar a informarle en cuanto esté listo.

Los militares explicaron y los políticos escucharon. La imagen captada por Mei Ling, ya coinvertida en viral en las redes sociales, fue catalogada por los expertos militares como el misil nuclear que destruyera Washington, D. C. tras analizar los datos satelitales, los expertos también determinaron que el ataque provenía de un punto en o cerca de la costa asiática al Pacífico, pero era imposible apuntar un dedo acusatorio contra alguien con certeza.

—Los coreanos comunistas —murmuró uno de los senadores con una mueca de odio en su rostro—. Los malditos se atrevieron a hacerlo, finalmente.

—¿Qué tal si fueron los chinos? —aventuró otro.

—No olvidemos que los rusos operan en esas aguas —recordó un tercero—. Un misil de sus submarinos estratégicos es capaz de destruir una ciudad.

El presidente se puso de pie, y el resto lo acribilló a miradas.

—Siempre habrá la posibilidad de estar expuestos a un ataque sorpresivo —reflexionó él—. Confiar en el honor ajeno nos costó Pearl Harbor, y tener la democracia más abierta del mundo les abrió la puerta a los terroristas árabes. Pero nuestra capacidad y firmeza en la respuesta fue lo que compensó esas pérdidas en el pasado. Y es lo que compensará esta de hoy, señores.

Detuvo el corto discurso para tomar resuello, pues su tono de voz fue subiendo en lo que exponía sus ideas.

—Una hora… —dijo, quedamente, y todos quedaron pendientes de la frase—. Nuestros expertos en los setenta y ochenta analizaron nuestra capacidad de respuesta y defensa en una confrontación nuclear contra nuestros enemigos, y concluyeron cuán importante era la rapidez de acción en tal caso. Una hora…, ese es el lapso para tomar ventaja sobre nuestros enemigos.

—Aunque ellos dieron el primer golpe —se le escuchó decir a una voz en la «línea de sucesión».

—Y ya casi perdimos la primera hora —agregó otra.

—La mía, no.

Los ojos del presidente eran dos infiernos escupiendo llamas.

—Esta es la primera hora de mi presidencia, y voy a emplearla como nuestro extinto líder lo hubiera hecho —casi vociferó—. Lo haré sentirse orgulloso de mí dondequiera que esté. Le haré ver cuán acertado estuvo en darme a mí esta tarea, el más legítimo abanderado de sus ideales. General, declare DEFCON 1 de inmediato. Ponga en movimiento toda nuestra maquinaria estratégica para un ataque nuclear, masivo, contra todos nuestros enemigos.

Los militares se miraron, mudos.

—¡Voy a eliminar a los extremistas, a los comunistas, a los infieles, a todo lo que amenaza y rechaza lo que somos! ¡Voy a imponerle a este mundo nuestro modo de vida de una vez y por todas! ¡Voy a hacer a América… gigante, al fin!

El «sobreviviente designado» dio un puñetazo en la mesa que aflojó todos sus clavos.

—Let’s nuke the fuck out of them all! (¡acabemos de joderlos a todos!) —aulló.

—Yeah! —aulló la manada.

2 kilómetros al norte de Beatrice, Nebraska

La caravana de curiosos se detuvo a prudencial distancia del hueco abierto en el terreno por el «piloto» caído del cielo. Tras esperar varios minutos, decidieron abandonar sus vehículos y avanzar algunos metros hacia el borde humeante del agujero…, hasta que ciertos ruidos metálicos los clavaron al suelo.

De pronto…, algo saltó a la superficie, provocando la obvia exclamación de sorpresa de los espectadores. No era verde, sino blanco. Su cabeza no era un globo apoyado en un fino cuello entre hombros estrechos; más bien semejaba un triángulo inflado, sin orejas ni oídos, pegado por un vértice al tronco. No tenía antenas, sino una colorida cresta al estilo punk. No tenía ojos como platos, sino una protuberancia cárnica que le hacía parecer llevar gafas oscuras. No carecía de boca convencional, ni era pequeña ni alargada; en su lugar, tenía un rectángulo rojizo formado por minúsculos flecos. No era bajito, pues mediría, al menos, cuatro metros de altura. El cuerpo, plano como el de una taenia saginata, era como la curva de la función exponencial básica: en el extremo ascendente hallábase la cabeza, y en el descendente dos globos sonrosados como las nalgas de una mujer. Seis extremidades exhibía este cuerpo: dos en la parte anterior del «tronco» —similares a las de un velocirraptor, pero más largas—, y cuatro en el tercio inferior, muy parecidas a las de un insecto, pero con más articulaciones.

Todo el mundo permaneció inmóvil por varios minutos. Hasta que uno de los adultos levantó un brazo, lo estiró e hizo la señal de comunicación de «Encuentro cercano del tercer tipo» con su mano. El resto de los adultos le imitó. Por su parte, los chicos mostraron el saludo vulcano aprendido en la moderna saga de Star Trek.

El extraterrestre pareció haber prestado atención a los movimientos de los humanos, pero él no hizo ninguno. Sin embargo, en breve, dio su propia señal: los flecos de su «boca» vibraron con vigor en lo que fue una sonora trompetilla. Los humanos casi saltaron hacia atrás, asustados, mas uno de los niños le respondió al visitante con su propia explosión de lengua y saliva. La banda rojiza en el triángulo se estiró y estrechó, en lo que los de casa consideraron ser «una sonrisa», sobre todo porque, tras eso, el alien volvió a sonar otra trompetilla.

Los terrícolas se miraron, complacidos, y así comenzó el «diálogo», el cual se prolongó por varios minutos, entre risas, hasta que… el extraterrestre irguió el tronco de súbito, quedando tieso. Se hizo el silencio. Algo chasqueó y dos mallas en forma de abanico salieron por los costados de la cabeza; el público terrestre exclamó y, otra vez, dio un salto atrás. Tras quedar así por varios segundos, los abanicos retornaron al interior del triángulo, el tronco se relajó, el alien estiró uno de sus brazos e hizo girar la madeja de largos y delgados dedos en su punta.

Algo ascendió desde el agujero: una cápsula metálica en forma de nuez, que se quedó flotando en el aire. El visitante puso otra vez su atención en los humanos, estiró un brazo —con el consiguiente sustito y saltito atrás de los anfitriones—, ejecutó las señas de la película de Spielberg, y abrió después los dedos como el saludo de Spock. Acto seguido, la cápsula absorbió su cuerpo, se colocó en posición vertical, y desapareció en las alturas en un pestañazo con un estruendo.

Cheyenne, Wyoming

Tembló la tierra en este día ordinario, tranquilo, aunque esta no era un área sísmica. La alarma de la ciudad comenzó a dar alaridos a los cuatro puntos cardinales, aunque no se avistaba ningún tornado. Incrédulos o asustados los adultos, confundidos por ser desconocedores los menores, los habitantes vieron subir al cielo los misiles nucleares lanzados desde la base de la Fuerza Aérea «Francis E. Warren».

Varios kilómetros al este de Ulukhaktok, Canadá

Pensativo, el extraterrestre permanecía de pie ante el helado paisaje delante suyo. Delicadamente, los flecos rojizos vibraron con la suave expiración de aire. Hizo un círculo con un brazo frente a sí y la imagen desapareció; la pared metálica de su cápsula volvió a ser cual era. Acomodó su cuerpo de cara a un rectángulo holográfico en curva, y lo tocó: la pantalla se llenó de figuras. Puso un dedo sobre cierto símbolo, que desplegó un letrero: «Solicitar un canal de comunicación». Pero, no, lo descartó. En su lugar, apareció otro, abierto por un símbolo distinto: «Mensaje». Tocó un comando: «Prioridad». Seleccionó: «Altamente secreto». Otro comando: «Grabar». Seleccionó: «Sí».

—Memsemere —comenzó a emitir sonidos con el vibrar de sus flecos rojos—. He aterrizado, fortuitamente, en Venea, cuarto planeta de Galena, y pude establecer contacto satisfactorio con sus habitantes en la primera pratanna de mi llegada.

La banda rojiza se estiró y formó dos ligeras curvas hacia arriba en los extremos, en tanto sus ojos se agrandaban. Sin embargo, varios segundos después borró esa expresión, quedó «serio», y borró lo grabado.

—Memsemere —reinició el mensaje—. Le saluda Mett Fitt, Experto Mediador Comercial ¥ʕӃ‡ⱦ⌂. En la ruta hacia Eritanata, de Umaganmma III, el acelerador crotónico-maniácoco perdió sus parámetros normales de trabajo tras una inesperada reconversión de crotonios en monomios. Como resultado, el túnel endocósmico se torció y abrió sobre el espacio de Venea, cuarto planeta de Galena. Imposibilitado de controlar la nave, esta se estrelló en una metrogóroti llamada «Washington», desencadenando una macroenergética hipervariación en multicadena…, que la arrasó por completo. Al parecer, los veneanos no comprendieron la naturaleza del suceso, y utilizaron lo que ellos llaman «armamento» para atacarse mutuamente.

Puso «cara compungida» y prosiguió:

—Por la magnitud de los daños, podría catalogarse de desastre lo acontecido. Adjunto todas las imágenes recopiladas en mi bojeo al planeta. Estando esto fuera de mi preparación pericial, dejo esto en sus expertísimas manos. ¡Actamarúm!

Inclinó la cabeza y puso los dedos de un brazo sobre la cresta punk. Ante el gesto, el sistema detuvo la grabación automáticamente.

Presionó: «Enviar».

2 comentarios sobre “Publicación

  1. Estimado amigo me encantó. Una sensación dulce que me decía: serán felinos o humanos? En fin un erotismo rico, agradable y poético. Un abrazo. Tu semi tocayo de la Lenin

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